Lista recopilada por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina - SEA sobre la que se basa el proyecto de ANTOLOGÍA Escritoras y Escritores detenidos-desaparecidos y víctimas del terrorismo de estado
1 CLAUDIO CÉSAR ADUR*: Ensayista, periodista. 2 JORGE DE LA CRUZ AGUERO: Poeta. 3 LUCINA ÁLVAREZ DE BARROS*: Poeta. 4 ENRIQUE ANGELELLI, Monseñor: Poeta. 5 ARMANDO ARCHETTI*: Poeta. 6 JOAQUÍN ENRIQUE ARETA: Poeta. 7 OSVALDO BALBI: Poeta. 8 OSCAR OSVALDO BARROS: Ensayista, cuentista, editor, periodista. 9 MARIANA CARLOTA BELLI*: Poeta. 10 RAMÓN OSCAR BIANCHI*: Poeta. 11 ALICIA RAQUEL BURDISSO: Poeta. 12 ALBERTO SANTIAGO BURNICHON*: Editor, poeta. 13 MIGUEL ÁNGEL BUSTOS: Poeta. 14 JULIO CÉSAR CAMPOPIANO: Poeta. 15 ARTURO CANEDO*: Poeta. 16 ROBERTO EUGENIO CARRI: Ensayista. 17 CARLOS CARRIZO*: Poeta, cuentista. 18 CONRADO GUILLERMO CERETTI*: Ensayista, traductor, periodista. 19 ÁLVARO MARTÍN COLOMBO: Poeta. 20 HAROLDO PEDRO CONTI: Cuentista, novelista, dramaturgo, periodista. 21 JOSÉ CARLOS CORONEL: Poeta. 22 ENRIQUE GREGORIO COURAU: Poeta. 23 DARDO SEBASTIÁN DORRONZORO: Poeta, cuentista, novelista, periodista. 24 ALICIA GRACIANA EGUREN DE COOKE*: Ensayista, poeta. 25 CLAUDIO EPELBAUM: Poeta. 26 DANIEL OMAR FAVERO: Poeta. 27 OSCAR FERNÁNDEZ CORRALES*: Cuentista, novelista, dramaturgo 28 CLAUDIO ARNALDO FERRARIS: Poeta. 29 ALCIRA GRACIELA FIDALGO: Poeta. 30 HÉCTOR MANUEL FREIJO*: Ensayista, periodista. 31 LILIANA ÉLIDA GALLETTI*: Poeta. 32 HORACIO OSCAR GARCÍA GASTELÚ: Poeta. 33 MARCELO ARIEL GELMAN: Poeta, periodista. 34 RAYMUNDO GLEYZER: Cineasta, guionista. 35 ALBERTO JORGE GORRINI*: Ensayista, periodista. 36 SARA ELBA GRANDE: Poeta. 37 NICOLÁS GRANDI*: Poeta, cuentista. 38 DIEGO JULIO GUAGNINI: Poeta. 39 LUIS GUAGNINI: Narrador, periodista. 40 DIANA GRISELDA GUERRERO: Ensayista, periodista. 41 NORBERTO ARMANDO HABEGGER: Ensayista, periodista. 42 MARIO HERNÁNDEZ*: Ensayista, periodista. 43 JUAN CARLOS HIGA: Poeta, periodista. 44 IGNACIO IKONICOFF: Narrador. 45 FRANCA JARACH: Poeta. 46 MAURICE JEGER*: Crítico literario, periodista. 47 GLORIA KEHOE WILSON: Cuentista. 48 DAVID LAMUSCOU*: Poeta. 49 MATILDE LAMUSCOU*: Poeta. 50 MAURICIO LÓPEZ*: Ensayista, profesor universitario. 51 SUSANA "PIRÍ" LUGONES: Ensayista, cuentista, periodista. 52 NEBIO ARIEL MELO CUESTA*: Cuentista. 53 MÓNICA MARÍA CANDELARIA MIGNONE: Poeta, narradora. 54 CECILIA LAURA MINERVINI: Poeta. 55 ALBERTO MOLINAS: Poeta. 56 LILIANA EDITH MOLTENI*: Ensayista, periodista. 57 MÓNICA MORÁN*: Cuentista, poeta. 58 CARLOS MUGICA: Poeta. 59 AGUSTINA MARÍA MUÑIZ PAZ: Poeta. 60 HÉCTOR GERMÁN OESTERHELD: Novelista, cuentista, guionista de historietas, editor. 61 RODOLFO ORTEGA PEÑA: Ensayista. 62 CLAUDIO OSTREJ*: Poeta. 63 EDUARDO PEREYRA ROSSI*: Poeta. 64 CARLOS ALBERTO PÉREZ*: Editor, periodista. 65 RAFAEL PERROTTA*: Ensayista, periodista. 66 SUSANA MARÍA TERESA PERTIERRA*: Poeta, editora. 67 RAÚL PREMAT (seudónimo: Pablo Rivas): Cuentista, novelista. 68 MARTA IRENE PRIOLI*: Poeta, narradora y dramaturga. 69 ENRIQUE RAAB: Traductor, ensayista, periodista. 70 EDUARDO RAMOS: Poeta. 71 JULIO RICARDO RAWA JASINSKI: Poeta. 72 CARLOS RINCÓN: Poeta. 73 IVÁN ROQUE*: Poeta. 74 RAQUEL DEL CARMEN RUBINO: Poeta. 75 RICARDO LUIS SALINAS: Poeta. 76 HUGO OSCAR "PAJARITO" SÁNCHEZ: Poeta. 77 MARÍA ELENA SAN MARTÍN DE VALETTI*: Poeta. 78 ROBERTO JORGE SANTORO: Poeta, ensayista, editor, periodista. 79 RENÉ FRANCISCO SANTUCHO*: Ensayista, antropólogo. 80 GUILLERMO OSCAR SEGALLI: Poeta. 81 EDUARDO SERRANO: Poeta, cuentista. 82 MARÍA ROSA SILVEIRA GRAMONT: Poeta. 83 LUIS ALBERTO SOLDATI: Poeta. 84 DELFOR SANTOS SOTO*: Narrador. 85 HORACIO RODOLFO SPERATTI*: Ensayista, periodista. 86 EDUARDO SUÁREZ*: Poeta, periodista. 87 CARLOS MIGUEL TILLET: Poeta. 88 FRANCISCO "PACO" URONDO: Poeta. 89 SILVIO VALDERRAMA: Cuentista. 90 ROBERTO CLAUDIO VALETTI*: Músico, poeta. 91 MARÍA ANTONIA VARGAS DE RUEDA: Poeta. 92 MARGARITA WAISSE DE LOMBARDI*: Poeta. 93 ENRIQUE JUAN RICARDO WALKER: Ensayista, periodista. 94 RODOLFO WALSH: Traductor, novelista, cuentista, dramaturgo, periodista. 95 MAURICIO FABIÁN WEINSTEIN*: Poeta. 96 TILO ARENST WENNER: Poeta, cuentista, periodista.
* El asterisco luego del nombre significa que no tenemos material.
SE PUBLICARÁ LA PRIMERA RECOPILACIÓN DE OBRAS DE AUTORES DESAPARECIDOS
“Es un trabajo doloroso pero indispensable”
Víctor Redondo, presidente de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, cuenta detalles de esta iniciativa. El libro, de 260 páginas, incluye poemas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos y cartas.
Víctor Redondo dice que todavía resta encontrar material de otros 32 escritores desaparecidos.
Por Silvina Friera
El bache era insólito, un agujero negro en la memoria del cuerpo social. El presidente de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA), el poeta y editor Víctor Redondo, se pregunta, entre asombrado e incrédulo, cómo no se publicó antes la primera antología que reúne obras de autores desaparecidos durante la última dictadura militar, que la SEA está preparando, y que se presentará en la Feria Internacional del Libro. Y confiesa que uno de los primeros objetivos que se propusieron cuando crearon la SEA –en marzo de 2001– fue averiguar cuántos escritores había desaparecidos y quiénes eran. “Lanzamos un llamado a toda la entidad para que aquellos que tuvieran algún tipo de información nos hicieran llegar los nombres. Así armamos la primera lista con 60 escritores, que la presentamos públicamente en el Palais de Glace. A partir de ahí se formó una comisión de socias que durante casi un año estuvo haciendo una tarea detectivesca, que consistía en conseguir un contacto con aquel del cual apenas teníamos un nombre y después encontrar algún texto que haya escrito”, recuerda Redondo en la entrevista con Página/12. Los nombres desaparecidos fueron apareciendo y la lista completa, desgraciadamente, creció: son 103 escritores, pero sólo se consiguieron textos de 71.
La antología, que tendrá 260 páginas y una tirada inicial de 5.000 ejemplares –comprados en buena parte por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip)–, incluye poemas, cuentos, artículos periodísticos y cartas de Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo, Roberto Santoro, Enrique Angelelli (el obispo de La Rioja), Miguel Angel Bustos, Roberto Carri, Raymundo Gleyzer, Norberto Habegger, Susana "Pirí" Lugones, Carlos Mujica, Héctor Oesterheld y Enrique Raab, entre otros. “Sabemos que esta primera edición será el disparador para que otra gente que tenga datos nos los haga llegar. No sólo de aquellos que tenemos el nombre, y nos falta el material, sino de otros que no tenemos ni siquiera el nombre”, señala Redondo. “Hay una cierta injusticia para los escritores que no son conocidos, porque cuando mencionamos a Walsh, a Conti, a Bustos, a Santoro, no mencionamos a los Walsh que mataron y que no pudieron desarrollar su trabajo; chicos que tenían 17 años, y cuando mirás las fotos te revuelve las tripas. Este es un trabajo doloroso pero indispensable, porque no sólo está el texto sino que hay una mínima biografía. Gente demasiado humana termina siendo un nombre y dos renglones.”
Redondo advierte que le resulta increíble estar haciendo un libro sobre muertos, que rápidamente requerirá de una segunda edición porque, seguramente, la lista (que se puede consultar en www.lasea.org) se incrementará con nuevos nombres y textos después de la publicación. “El proyecto tuvo repercusión en todo el mundo; llaman de Holanda, de Francia, de España, del País Vasco, de Italia, de México. Esa repercusión es positiva –aclara el poeta– porque es la manera de prepararnos para evitar en el futuro cualquier posibilidad de que se repitan asesinatos en masa como ocurrieron en nuestro país.”
Redondo también menciona a la SADE, la otra entidad que nuclea a los escritores, y explica por qué este trabajo de recopilación no se hizo antes: “La SADE nunca hizo este trabajo porque no existe, o existe en los papeles y la están terminando de destruir. La SADE no hizo esto porque, entre otras cosas, los militares les dieron pensiones graciables de por vida a varios de los integrantes de comisiones directivas. La SADE está en otra cosa, se vació de contenido, está usurpada por un grupito que está usando lo que queda de esa institución para su disfrute personal. La SADE no representa nada para los escritores, por eso creamos la SEA, por el vacío de representación que tenían los escritores”.
Además de la antología, la SEA está empezando la mudanza a la nueva sede en Once (Bartolomé Mitre 2815), en donde a partir de abril funcionará un centro cultural de la entidad, que tendrá una biblioteca con autores argentinos y un auditorio para conferencias y presentaciones de libros. La nueva sede fue otorgada en comodato por la Onabe (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado) y su remodelación se realizará gracias a un subsidio de 40.000 pesos, aprobado en diciembre por la Legislatura porteña.
–¿Qué rol ocupa hoy el escritor en la sociedad argentina?
–El rol del escritor es contar historias, desarrollar el lenguaje, recrear las palabras y volverlas a poner en circulación. No tiene ninguna otra obligación más que escribir, pero si además de eso el escritor quiere jugar un rol en la sociedad, yo, personalmente, creo que debe hacerlo. La gracia de la vida consiste en involucrarse en todo lo que pasa. Mi ideal, lo que yo trato de poner en práctica, es el del militante. Al margen de mi escritura, aunque yo escriba de angelitos, trato de luchar por mejorar la vida de todos. El ideal de ser humano es el del militante, que implica estar en organizaciones. Estoy absolutamente en contra de las ideas de transversalidad y autodeterminación; lo mejor que podemos hacer es organizarnos, tener un programa y luchar por eso.
–¿Cuáles serían los problemas que enfrenta el autor en el siglo XXI?
–Quisiera encontrar una manera original de decir lo que ya todos sabemos. El problema principal que tiene elescritor es la estupidización del mundo, la vulgarización de las cosas, la masificación, la nulificación y la concentración económica, que transformó a las editoriales en empresas puramente comerciales. El escritor no tiene una manera normal de dar a conocer su trabajo porque tiene enfrente a editoriales que se manejan con criterios de marketing, y muchos de los que trabajan en esas editoriales son íntimos amigos. La lógica del mercado se impuso hasta para nuestros amigos; saben que no pueden editar un libro porque es buena literatura, tienen que editar un libro porque se supone que va a vender. Como conocen las recetas, las siguen aplicando constantemente. Y además, en nuestro país, no hay prácticamente ningún incentivo a la creación literaria: los premios Nacionales y Municipales están parados hace años, el Fondo Nacional de las Artes sigue parado.
–¿Cómo definiría usted la lógica del oficio del escritor?
–El oficio literario es el secreto, el misterio, lo que cada uno hace en la soledad más absoluta, es encontrarle nuevos sentidos a la realidad, es poder expresar lo que mucha gente siente pero no le encuentra nombre, es luchar para que el lenguaje, que está siendo reducido por el capitalismo a meras consignas, vuelva a tener riqueza, para que la juventud que maneja ochocientas palabras pueda tener mejores maneras de hablar y de entenderse. Pero eso es el viejo oficio: de Homero para acá el oficio del escritor implica encontrarles palabras a las cosas.
–El año pasado se empezó a hablar de una suerte de renacimiento del mundo editorial. ¿Está de acuerdo?
–La primavera que están viviendo las editoriales argentinas es un producto pasajero de la devaluación. Nada más que eso. La verdad es que se está leyendo cada vez menos, no sólo en la Argentina. El problema que tienen las editoriales es que no pueden parar de editar, porque si paran de editar tienen que cerrar y como son un negocio tienen que, inevitablemente, sacar libros todos los meses, aunque lo que editan lo tengan a los dos meses de vuelta en los depósitos. Es una máquina, un circuito que necesita alimentarse a sí mismo. Las editoriales viven en una burbuja financiera, pero la cuestión es que las editoriales cada vez están más ricas y los escritores cada vez más pobres, salvo una pequeña elite que forma parte de ese circuito que vende. •
***
103 ESCRITORAS Y ESCRITORES DESAPARECIDOS Y ASESINADOS
¡PRESENTES!
Jorge de la Cruz Agüero, Lucina Álvarez de Barros, Enrique Ángel Angelelli, Joaquín Enrique Areta, Osvaldo Domingo Balbi, Oscar Osvaldo Barros, José Beláustegui, Carlota Belli, Alicia Raquel Burdisso, Miguel Ángel Bustos, Julio César Campopiano, Arturo Canedo del Oso, Eugenio Carri, Conrado Ceretti, Álvaro Martín Colombo, Haroldo Conti, José Carlos Coronel, Enrique Courau, Dardo Sebastián Dorronzoro, Claudio Epelbaum, Luis Fabbri, Daniel Omar Favero, Claudio Ferraris, Alcira Fidalgo, Liliana Élida Galletti, Horacio Oscar García Gastelú, Marcelo Ariel Gelman, Raymundo Gleyzer, Sara Elba Grande, Nicolás Grandi, Diego Julio Guagnini, Diana Guerrero, Norberto Armando Habegger, Juan Carlos Higa, Ignacio Ikonicoff, Franca Jarach, Enrique Juárez, Gloria Kehoe Wilson, Ana María Lanzillotto, Susana Pirí Lugones, Mónica María Candelaria Mignone, Cecilia Laura Minervini, Alberto Molinas, Jorge Money, Carlos Mugica, Agustina María Muñiz Paz, Héctor Germán Oesterheld, Rodolfo Ortega Peña, Ana María Ponce, Raúl Horacio Premat, Enrique Raab, José Eduardo Ramos, Julio Ricardo Rawa-Jasinski, Carlos Alberto Rincón, Raquel del Carmen Rubino, Ricardo Luis Salinas, Hugo O. Pajarito Sánchez, Roberto Jorge Santoro, Guillermo Oscar Segalli, Eduardo Aníbal Serrano, María Rosa Silveira Gramont, Luis Alberto Soldati, Carlos Miguel Tillet, Francisco Paco Urondo, Silvio Mario Valderrama, María Antonia Vargas de Rueda, Enrique Walker, Rodolfo Walsh, Mauricio Fabián Weinstein, Tilo Arenst Wenner, Oscar Wurm
ESCRITORAS/ES DE LOS QUE NO CONSEGUIMOS TEXTOS PERO CUYAS BIOGRAFÍAS FIGURAN AL FINAL DEL LIBRO:
Claudio Adur, Armando Archetti, Ramón Oscar Bianchi, Alberto Santiago Burnichón, Carlos Carrizo, Alicia Graciana Eguren de Cooke, Oscar Fernández Corrales, Héctor Manuel Freijo, Silvio Frondizi, Alberto Jorge Gorrini, Luis Rodolfo Guagnini, Mario Hernández, Maurice Jeger, Mauricio Amílcar López, Nebio Ariel Melo Cuesta, Liliana Edith Molteni, Mónica Morán, Claudio Alejandro Ostrej, Eduardo Pereyra Rossi, Carlos Alberto Pérez, Rafael Perrota, Susana María Teresa Pertierra, Marta Irene Prioli, Julio Iván Roqué, María Elena San Martín de Valetti, Francisco René Santucho, Elías Semán, Delfor Santos Soto, Horacio Rodolfo Speratti, Eduardo Suárez, Roberto Claudio Valetti, Margarita Rosa Waisse de Lombardi.
PALABRA VIVA. Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Argentina 1974-1983 saldrá con el sello editorial de la SEA y tendrá una tirada inicial de 5.000 ejemplares de 260 páginas. Su edición es posible gracias a un acuerdo con la Conabip por el cual nos compran 2.000 ejemplares para distribuir en todas las bibliotecas populares del país. Cuenta con el auspicio de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Será presentado a fines de abril en un gran acto en la Feria del Libro.
SEA Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina
Boletín Informativo número 10
Febrero / Marzo 2005
http://www.lasea.org
Correo-e: escribanos@lasea.org
Bartolomé Mitre 2815 - 2º piso, ofic. 226-230
(C1201AAA) Ciudad de Buenos Aires
Homenaje a un poeta desaparecido
“Recordar a través de las voces de quienes lo conocieron, no a través de un manual”, explicó el ministro de Educación porteño, Alberto Sileoni, el sentido del homenaje que le realizaron ayer al poeta desaparecido y preceptor porteño Roberto Santoro. El acto se realizó en el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, al lado de la Escuela Técnica 25, en la que Santoro trabajó diez años y donde se encontraba al momento de su detención, el 1º de junio de 1977. El homenaje a Santoro se enmarca dentro de la ley 547, que estableció que el gobierno porteño debe elaborar un listado de alumnos, docentes y no docentes que fueron vítcimas del terrorismo de Estado.
Haroldo Conti fue secuestrado en la madrugada del 5 de mayo de 1976 por una brigada del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Argentino. Desde entonces continúa desaparecido.
Por Marta Scavac
Apenas entramos, unos diez hombres estrafalariamente vestidos con vinchas, gorras y ropas raras, se nos vino encima. Inmediatamente me ataron las manos detrás de la espalda y me cubrieron, con ropa, la cara y la cabeza. Escucho que hacen lo mismo con Haroldo; aunque él se resiste, no es fácil reducirlo, es muy fuerte, pero le dicen que se quede quieto por el pibe, se referían al bebito. Escucho luego un ruido de cadenas. Pasados los primeros momentos de sorpresa yo también intento resistirme, pero las dos personas que me sujetaban me arrojaron al piso y comenzaron a patearme y a gritarme que me quede quieta. No sabía de qué se trataba. Pensé que era un asalto porque escuché cómo revisaban toda la casa y rompían objetos, quizá buscando dinero. Les dije que no teníamos dinero, que no era una casa de ricos, pero seguían buscando y rompiendo. El otro muchacho gritaba, les decía "dejen a la señora, cobardes, ella no tiene nada que ver, no le peguen, déjenla" y le respondían con fuertes golpes. También pedía agua, aterrada alcancé a pedirles que le diesen agua, que no le pegasen. Él reclamaba por la Convención de Ginebra. Ahí mi desconcierto era total. No entendía qué decía al mencionar la Convención de Ginebra. No entendía nada de toda esa pesadilla espantosa.
Distinguía dos voces entre todas, las del que al parecer dirigía todo, el "malo" del grupo, y otra suave, la del "bueno" que me sacó del comedor y me llevó al escritorio. Se notaba que era una persona con cierto nivel cultural y en todo momento tuvo un trato muy especial conmigo. Lo escuchaba romper papeles. afiches que teníamos en las paredes, me decia: "señora, ¿cómo una mujer de su clase se metió en esto?". Le pedí que me explicara quiénes eran, qué querían. Me respondió que estábamos en guerra: "o nosotros los matamos o ustedes nos matan a nosotros". Le respondí que nosotros no matábamos a nadie, que yo no conocía ninguna guerra en nuestro país. Escucho que sigue rompiendo papeles. Le suplico que no rompa el cuento que Haroldo estaba escribiendo. Después comprobé que dejó la máquina de escribir de Haroldo, junto al borrador del cuento, intacto. Quedó sólo eso sin romper como un símbolo en medio de la casa revuelta, como sacudida por un terremoto.
Me preguntó de dónde veníamos. Le respondí que del cine y que en el abrigo estaba el programa. Comenzó a molestarse cuanto me preguntó por qué había viajado a Cuba con Haroldo. Le dije el motivo, que Haroldo había sido jurado de novela de Casa de las Américas. Me reprochó por qué no viajaba a Estados Unidos y le respondí que sí había viajado a ese país, y que podía comprobarlo en el pasaporte. Censuró además mi colaboración con Haroldo en la novela "Mascaró" y le pregunté qué tenía en contra de la novela. Me respondió que era una novela subversiva e insistió en por qué había colaborado en eso. Le expliqué que trabajaba junto a mi marido ayudándolo en su tarea de escritor. Simultáneamente escuchaba cómo el "malo" le hacía preguntas a Haroldo. No podía distinguir bien las preguntas y respuestas, aunque se filtró la voz del "malo" diciendo: "Don Haroldo ¿por qué se metió en esto? Lo va a pagar caro". Me aterroricé al escuchar esto y le pregunté al "bueno" qué estaba pasando, qué pasaba con mi marido, por qué le decían eso. No me respondió. Seguía revisando papeles. Yo escuchaba el ruido de los libros contra el suelo.
Interrumpió el "malo" para preguntarme sobre un escrito taquigráfico que había en mi cartera. Yo, por los nervios, no podía recordar de qué se trataba. Como soy taquígrafa, así se lo expliqué, muchas de las notas que hacíamos con Haroldo para la revista las escribía yo. Uno de ellos dice que les estoy tomando el pelo. que voy a hablar cuando me lleven. Era desesperante, mi impotencia era total, no sé si me creyeron, pero yo les decía la verdad.
Me preguntaban sobre la vida del muchacho que estaba en la casa. Yo no sabía nada de él, solamente que vivía en Córdoba y que estaba de paso por la Capital, que nos había pedido estar unos días en casa mientras buscaba buenos precios porque trabajaba de decorador y hacía los arreglos de escenografía en teatros de Córdoba. Les expliqué que eran frecuentes las visitas y que yo no tenía tiempo, por el trabajo de la casa y los chicos, de conocer la vida de cada uno. Me decían que era un guerrillero, yo les preguntaba de dónde, yo no conocía su vida íntima y seguían insistiendo en que era un subversivo, que por qué estaba en mi casa. Otra vez trataba de explicarles como podía la presencia de esta persona en casa. que era muy correcto, muy bueno.
Comienza a llorar el nene. Les pido que me dejen ir con mi hijo que lloraba de hambre. Haroldo escucha y grita: "dejen que la madre esté con el nene dejen a mi mujer dejen que le dé la mamadera". El "bueno" me pregunta cómo se prepara y cuando termino de darle las indicaciones, dice que me quede tranquila que él va a atender a Ernestito. Uno de los sujetos encuentra unas fotos que Federico Vogelius nos había sacado. a mí y al nene, dos meses atrás en Claromecó. Me dice qué lindo pibe tenía, qué linda que estaba yo en esa foto, qué bien que habíamos salido madre e hijo. Vuelve a preguntarme que cómo era que me había metido en esto. Vuelvo a decirle que yo no estaba metida en nada que nuestra vida era pública, normal que todo era perfectamente legal, que no teníamos que ocultar nada. Se aleja y me doy cuenta de que estoy sola en el escritorio. Seguía escuchando cómo rompían los jarrones de adorno y me doy cuenta que sacan cosas de la casa, que se llevan los muebles. Ahí me confundo de nuevo pensando que podía tratarse de ladrones comunes. Vuelve el bueno y me pregunta qué temperatura debe tener la leche para el nene. yo le explico y le vuelvo a pedir que me deje atender a mi hijo. Me dice nuevamente que eso no podía ser, que me quedara tranquila, que él se había hecho cargo. Me quedé con la sensación de que él era padre o estaba por serlo. Estaba desconcertada. Seguían llevándose cosas y no entendía cómo podían actuar tan tranquilamente, siendo que la comisaría 29a. estaba a menos de dos cuadras y el patrullaje por esta zona era frecuente. Lo que para nada era común era una mudanza a estas horas de a noche. Confiaba en que alguien se diera cuenta de la situación y que interviniera. pero no pasó nada.
Ya no escucho llorar al bebé. El "bueno" viene a decirme que me quede tranquila que Ernestito había comido. Le pregunto por mi hija, no entendía cómo tanto ruido no la había despertado. Me dice que está bien, que no me preocupe. Vuelve el "malo" y me informa: "nos llevamos a su marido porque tenemos unas cuantas preguntas que hacerle. Yo le respondo que había escuchado toda la noche cómo lo interrogaban y que si querían continuar con las preguntas que lo hicieran en casa. El "malo" pierde el control otra vez y me insulta, me grita, me amenaza. Interviene el "bueno" pidiendo que me deje tranquila. Escucho que hablan entre ellos. No entiendo lo que dicen. Se filtran unas palabras: "no, no tenemos lugar, el coche está completo". Yo seguía a los pies de ellos. tirada. atada y encapuchada. De pronto se acerca nuevamente el "malo" y me dice: "bueno, hemos decidido llevarnos a Haroldo y vos te quedás piola, no intentés escapar porque dejamos un coche en la puerta y en cuanto asomés la cabeza te limpiamos". Les pido nuevamente que no se lo lleven. Fueron inútiles mis ruegos. Cuando comprendí que no podía convencerlos de que lo dejaran, les pedí que se llevasen los remedios que Haroldo tomaba desde que un patrullero lo había atropellado en diciembre del '73. Me preguntan dónde están esos remedios y les digo que en la mesita de luz. No me responden. En un momento de desesperación les grité que quería despedirme de mi marido. Interviene el "bueno" y me dice: "yo la voy a llevar señora" . Sigo sus pasos porque, lógicamente, no veía nada. En el trayecto uno de ellos le dice al que me llevaba: "¿vas a bailar el vals con la señora que está tan elegante?". Yo imagino que estaría muy elegante después de haber estado en manos de ellos. Seguimos caminando hasta que, en un momento, el que me llevaba se detiene y me doy cuenta que estamos en la entrada del dormitorio. Comienzo a llamar a Haroldo. Le pido que se acerque. que no lo puedo ver y escucho su voz que me responde y siento su cuerpo próximo al mío. Me desespero tratando de verlo. de tocarlo pero sigo con las manos atadas y la cabeza encapuchada. Haroldo me responde: "estoy bien querida, no te preocupes por mí, cuidate vos y el nene, yo estoy bien. Siento que Haroldo se acerca y me besa la barbilla, que era la única parte de la cara que tenía descubierta. Ahí me doy cuenta que Haroldo no estaba encapuchado, ya que me besó directamente la parte descubierta. Comienzo a gritar que no me lo lleven, quiero tender mis manos hacia Haroldo pero no puedo desatarme. Siento que bruscamente nos apartan. Todo sucede rápidamente. Me tiran sobre la cama. Uno de ellos cubre mi cuerpo con el suyo y me pone un revólver en la nuca. Siento los gritos del muchacho cuando se lo llevan, siento un ruido de cadenas nuevamente y motores de automóviles que se encienden. El tipo que me estaba custodiando gritaba sin parar "no te muevas, no te muevas, no te muevas". Pero no podía moverme. Apenas podía respirar con mi cara apretada contra el colchón. Escucho que se abre la puerta de calle y una voz llama al sujeto que estaba conmigo. Este sale corriendo y ahora escucho un portazo y que cierran la puerta con llave. Luego un silencio de muerte me rodea. Me doy cuenta que se han ido todos. Trato, con gran esfuerzo. de incorporarme de la cama y llego al cuarto de mis hijos. No sé cómo logro desatarme y quitarme la ropa que cubría mi cabeza; son dos camisas, una de Haroldo y otra de Miriam. Veo al bebito durmiendo en la cuna, me acerco a la cama de Miriam y comienzo a llamarla a los gritos, desesperada. Ella no me responde, mis fuerzas físicas no dan más, las piernas se me doblan y la cabeza me da vueltas. Sigo llamando a la nena, enloquecida empiezo a sacudirla y siento un olor muy fuerte. Me doy cuenta que estaba dormida con cloroformo. Ernestito comienza a llorar, seguramente asustado por mis gritos, y Miriam abre los ojos enormes, sus pupilas están dilatadas. Rápidamente le cuento a la nena lo que había pasado, le pido que se levante y me ayude a salir de la casa. Sigue mirándome espantada y comienza a llorar cuando ve la casa toda revuelta. Las dos lloramos juntas, aterrorizadas. Le pongo un abrigo sobre el camisón y envuelvo al nene en una frazada. Comienzo a caminar por la casa hacia la puerta. En el piso hay que sortear objetos rotos, ropa, papeles y libros. Miro hacia el comedor y veo platos, cubiertos y restos de comida. Habían comido las milanesas que tenía preparadas. También tomado café. El aparato de teléfono no estaba, se lo habían llevado. Dejaron un sillón grande de cuero, allí siento a los chicos y me subo al respaldo tratando de alcanzar una ventana. La abro y salto a la vereda. No veo ningún coche vigilando. La nena me pasa al bebito y salta con mi ayuda Comenzamos a caminar. Eran alrededor de las seis de la mañana. Llovía y hacía mucho frío. Un amanecer gris y destemplado, clásico de un día de mayo. Cuando siento que las piernas no me dan más, veo pasar un taxi desocupado. No podía creer en ese milagro. Lo llamo y el taxista se detiene y baja a ayudarme. Le cuento brevemente lo que me había pasado y le pido que nos lleve hasta la casa de mis padres, pero le aclaro que no tengo un solo peso para pagarle, ya que me habían robado hasta las monedas. El taxista me di jo "señora, yo trabajo de noche y todos los días veo casos como el suyo, yo la llevo donde sea". El hombre tapa la banderita del reloj del taxi, me ayuda a sentarme, acomoda a mis hijos y parte a toda velocidad. No hablamos una palabra en todo el trayecto. Al llegar se baja y vuelve a ayudarme con los chicos. Me pregunta: "¿en qué puedo ayudarla?". No sé quién es este hombre, ignoro su nombre, sólo tengo este medio para agradecerle profundamente su solidaridad. Jamás lo olvidaré.
Testimonio de Marta Scavac, esposa de Haroldo Conti, revista Crisis, Nº 41, abril de 1986.
Haroldo Conti
Cronología
1925 Nace el 25 de mayo en Chacabuco, Provincia de Buenos Aires. Hijo de Petronila Lombardi y Pedro Conti, un tendero ambulante, fundador del partido peronista en su pueblo. "La cosa empezó de esta manera. Yo era alumno de una escuela de pupilos. En aquel tiempo no había cine, y reemplazábamos esa diversión dominical con unas funciones de títeres. Yo me ocupaba de escribir los libretos que, como en todas las seriales, se acababan en el momento de mayor suspenso y se continuaban en el próximo domingo. Así nació en mí una parte de esa vocación por la literatura La otra parte se la debo a mi padre. El siempre fue un gran cuentero y lo es todavía. Es un hombre de pueblo que cuenta y cuenta cosas como toda la gente de pueblo, que a veces no tiene otra cosa que hacer. Mi padre era un viajante, un tendero ambulante y yo salía a recorrer el campo con él; se encontraba con la gente y antes de venderle nada se ponía a charlar y contar cosas. Así recibí ese hábito de contar oralmente", señaló en la entrevista realizada con Heber Cardoso y Guillermo Boido, La Opinión, 15 de junio de 1975.
1944 Luego de trabajar un tiempo como maestro de escuela en la localidad de General Pirán, ingresa en el Seminario Metropolitano Conciliar, de Villa Devoto (ciudad de Buenos Aires).
"Estudié de sacerdote, con sotana y todo. Leía muchos libros misionales, libros escritos por misioneros. Me imaginaba en algún confín del mundo redimiendo infieles. [...] Finalmente, todo eso acabó: tuve una gran crisis religiosa y volví a mi pueblo. Cada persona tiene destinado un paisaje y debe coincidir con él.", dijo el escritor en una entrevista publicada en la revista Gente, Buenos Aires, 1971.
1947 Abandona los estudios en el Seminario para ingresar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. "Un día en el colegio de curas donde estudiaba, se me ocurrió escribir una novela misional, sobre aventuras de misioneros en tierras extrañas. La novela se llamaba ‘Luz en Oriente’. No me acuerdo si la terminé. Así fue naciendo la cosa. Después ingresé a la Facultad de Filosofía y Letras y hubo una época de silencio en la que me dediqué a estudiar y, voluntariamente, dejé todo ese tipo de inquietudes. Por ese camino acabé siendo un triste profesor de escuela secundaria. Hace veinte años que enseño latín. Después se me dio por el teatro. En aquella época estaban en boga los teatros independientes. (...) Por aquellos años conocí el Delta, uno de los metejones de mi vida, me dediqué a construir un barco, me fui metiendo muy adentro de un determinado mundo, fui conociendo la gente de la costa, los isleños, la gente de barcos. Y con toda naturalidad, mientras construía ese barco, surgió ‘Sudeste’. Así empezó todo", señala en la entrevista realizada por Heber Cardoso y Guillermo Boido, en La Opinión, Buenos Aires, 15 de junio de 1975.
1952 Obtiene dos becas del Cine Club. Trabaja como asistente de dirección en la película "La bestia debe morir", con dirección de Román Vignoli Barreto y guión de Narciso Ibáñez Menta.
1954 Concluye sus estudios de Filosofía y Letras.
Realiza trabajos como asistente de dirección en la película "La bestia debe morir", del director Román Vignoli Barreto.
"En todos mis libros yo he visto a los personajes como parte de una película; yo necesito encarnarlos, pensarlos como seres vivos, darles cara y cuerpo para poder escribir sus historias.", comentó a la revista Análisis.
1955 Contrae matrimonio con Dora Campos, quién será la madre de sus hijos Alejandra y Marcelo.
1956 Recibe el premio teatral OLAT (Organización Latinoamericana de Teatro) por "Examinado", una obra de un solo acto, que fue seleccionada para ser leída en el Teatro Odeón.
1960 Su cuento "La causa" obtiene una mención en la edición en español de la revista Life. Se recluye en el Tigre y comienza a fabricar su pequeño barco "El Alejandra".
1962 Publica su primera novela, "Sudeste", por la que obtiene el Primer Premio del concurso organizado por Fabril Editora.
"Aunque oriundo de la ciudad recostada junto a una laguna célebre que le da el nombre, su gran devoción fue para el río, el delta y su gente, esa legión de marginados que viven sus días en morosa y tal vez bucólica intimidad con la naturaleza hasta que irrumpe la violencia. Ya en ‘Sudeste’ esa tendencia es evidente. La tradición señala que en algún momento, mientras Conti trajinaba en la construcción de su propio barco, surgieron los personajes que pueblan la novela: el Viejo, el Boga, el Cabecita, el largo Fourcade y los otros, los que arriban al final, perversos andrajos de las orillas, las aguas y los negocios sucios. Y si al leer la novela se hace presente, de entrada, el poderoso recuerdo de Hemingway en El viejo y el mar y también el de Fray Mocho en ‘Un viaje al país de los matreros’, otras influencias más intelectuales, filosóficas, podría decirse, recuerdan a los existencialistas y por sobre todo a Albert Camus en ese Boga que, desde su primitivismo sin fisuras, se deja llevar por la vida, así como va a la deriva por las aguas que conoce al dedillo en sus intrincados laberintos, o se permite ser arrastrado por los sucesos que le van llegando en la imprevisibilidad de los días. Es notable la parquedad de su escritura impregnada de poesía y de ternura, morosamente volcada en situaciones, personajes y circunstancias, sobria como sus rústicos agonistas, acostumbrados a manejarse con monosílabos, a pergeñar los diálogos sobre la base de escuetos gestos, a contemplar en silencio la majestuosidad del ambiente en que están. Pero que no llame a engaño la placidez inicial, casi bucólica, de la historia. En crescendo dramático arriba el estallido último", escribió María Esther de Miguel, en La Nación, el 23 de enero de 2002.
1963 Su novela "Sudeste" aparece en la lista de best-sellers de la revista Primera Plana.
1964 Se publica en Buenos Aires su libro de cuentos "Todos los veranos" (Editora Nueve 64), que recibe el Segundo Premio Municipal. Se establece en Buenos Aires y comienza a trabajar como docente.
1966 Recibe el Premio de la Universidad de Veracruz (México) por su novela "Alrededor de la jaula" (publicada en Buenos Aires por la editorial Sudamericana, 1967).
1967 El Centro Editor de América Latina publica su libro de relatos "Con otra gente". Hasta 1976, trabajará como profesor de latín en el Liceo Nacional Nº 7, de Buenos Aires. Luego de su desaparición, se le seguirán computando las ausencias y será recién a mediados de 1979 que el Ministerio de Educación enviará al Liceo una notificación por la cual se lo declara "cesante por abandono de tareas".
1971 La novela "En vida" es publicada por el Centro Editor de América Latina. Un jurado integrado por Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, entre otros, le concede el Premio Barral (España). Viaja a Cuba como jurado del concurso "Casa de las Américas".
1972 Escribe el guión del film "La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro", dirigida por Nicolás Sarquis y finalizada en 1977. Rechaza una invitación para participar en la beca Guggenheim. "Con el respeto que ustedes merecen por el sólo hecho de haber obrado con lo que se supone es un gesto de buena voluntad, deseo dejar en claro que mis convicciones ideológicas me impiden postularme para un beneficio que, con o sin intención expresa, resulta cuanto más no sea por fatalidad del sistema, una de las formas más sutiles de penetración cultural del imperialismo norteamericano en América latina", escribió en una carta a Stephen L. Schlesinger, de la Fundación Guggenheim. Se une a Marta Scavac, quien había sido su alumna en el Liceo y será su compañera hasta su muerte.
1974 Regresa a Cuba para participar nuevamente como jurado del concurso literario "Casa de las Américas".
1975 Su novela "Mascaró, el cazador americano" recibe el Premio Casa de las Américas. La editorial Corregidor publica, en Buenos Aires, su libro de cuentos "La balada del Álamo Carolina".
A partir del mes de octubre, comienza a recibir avisos de que su nombre está incluido en una lista de "agentes subversivos", realizada por las Fuerzas Armadas.
1976 En el mes de febrero, nace su hijo Ernesto.
El 5 de mayo es secuestrado por la dictadura militar en su departamento de la calle Fitz Roy. En los días anteriores al secuestro, había colgado en su escritorio un cartel con la frase "Hic meus locus pugnare est et hinc non me removebunt" ("Este es mi lugar de combate y de aquí no me moverán"). Hasta el día de hoy permanece desaparecido. "A Haroldo Conti, que era un escritor argentino de los grandes, le advirtieron en octubre de 1975 que las fuerzas armadas lo tenían en una lista de agentes subversivos. La advertencia se repitió por distintos conductos en las semanas siguientes y, a principios de 1976, era ya de dominio público en Buenos Aires. Por esos días, me escribió una carta a Bogotá, en la cual era evidente su estado de tensión. ‘Martha y yo vivimos prácticamente como bandoleros’, decía, ‘ocultando nuestros movimientos, nuestros domicilios, hablando en clave’. Y terminaba: ‘Abajo va mi dirección, por si sigo vivo’. Esa dirección era la de su casa alquilada en el número 1205 de la calle Fitz Roy, en Villa Crespo, donde siguió viviendo sin precauciones de ninguna clase hasta que un comando de seis hombres armados la asaltó a medianoche, nueve meses después de la primera advertencia, y se lo llevaron vendado y amarrado de pies y manos, y lo hicieron desaparecer para siempre. Haroldo Conti tenía entonces 51 años, había publicado siete libros excelentes y no se avergonzaba de su gran amor a la vida. Su casa urbana tenía un ambiente rural: criaba gatos, criaba palomas, criaba perros, criaba niños y cultivaba en canteros legumbres y flores," escribió el colombiano Gabriel García Márquez, en El País, 21 de abril de 1981.
Seis meses después del secuestro, Martha Scavac se asila en la Embajada de Cuba, en donde vivirá durante un año y medio hasta que se le facilita la salida del país.
1977 Dirigido por Sergio Renán y con guión de Aída Bortnik, se estrena el film "Crecer de golpe", basado en su novela "Alrededor de la jaula".
1983 El 17 de marzo se estrena, en Buenos Aires, el film de Nicolás Sarquís "La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro", según el argumento de Haroldo Conti, Luis Priamo y Nicolás Sarquís.
2002 Se estrena el telefilm sobre la obra homónima de Haroldo Conti "Los perfumes de la noche", dirigido por Santiago Palavecino.
2003 El 11 de septiembre se estrena, en Buenos Aires, el film "Sudeste", con dirección de Sergio Bellotti y guión de Daniel Guebel, basado en la novela homónima de Conti.
Preguntas sin respuestas
Por Marta Conti *
Haroldo, te cuento: estamos en pleno otoño. Amabas el otoño. Las alfombras de hojas empiezan a desplegarse por doquier. El viento, conocedor de los caminos y los cambios, juega con ellas en todos sus movimientos. El sol enfoca sabiamente los árboles perennes. Las hojas lucen espléndidas en armoniosa diversidad de colores. Asombra tanta belleza. Naturaleza viva generando energía.
Hace 29 años, el 5 de mayo de 1976, también era otoño. Muy distinto. Sus
días fueron grises, fríos, neblinosos. Como si el cielo llorara ininterrumpidamente tanto dolor. Como si el sol se negara a mostrarse ante tanta barbarie. El terror ganó las calles. Los pájaros enmudecieron. Las sombras de figuras tenebrosas se agitaban en todos y en cualquier lugar. Eran muchos, siempre muchos, torturando, violando, robando, matando. Así fue. Eso hacían. Patotas cobardes. De rodillas, luego, frente a los ingleses. Miles de muchachos, casi niños fueron también víctimas del vampirismo que azotó a nuestro querido y ensangrentado país.
Pese a los años transcurridos, a los reclamos permanentes, las preguntas que recorrieron el mundo siguen sin respuestas.
¿Dónde están los detenidos desaparecidos?
Reivindico la lucha de todos y cada uno de ellos exigiendo justicia.
* Compañera de Haroldo Conti.
5 de mayo de 1976: La última y mala noticia sobre Haroldo Conti
Por Gabriel García Márquez
A Haroldo Conti, que era un escritor argentino de los grandes, le advirtieron en octubre de 1975 que las fuerzas armadas lo tenían en una lista de agentes subversivos. La advertencia se repitió por distintos conductos en las semanas siguientes y, a principios de 1976, era ya de dominio público en Buenos Aires. Por esos días, me escribió una carta a Bogotá, en la cual era evidente su estado de tensión. "Martha y yo vivimos prácticamente como bandoleros", decía, "ocultando nuestros movimientos, nuestros domicilios, hablando en clave". Y terminaba: "Abajo va mi dirección, por si sigo vivo". Esa dirección era la de su casa alquilada en el número 1205 de la calle Fitz Roy, en Villa Crespo, donde siguió viviendo sin precauciones de ninguna clase hasta que un comando de seis hombres armados la asaltó a medianoche, nueve meses después de la primera advertencia, y se lo llevaron vendado y amarrado de pies y manos, y lo hicieron desaparecer para siempre. Haroldo Conti tenía entonces 51 años, había publicado siete libros excelentes y no se avergonzaba de su gran amor a la vida. Su casa urbana tenía un ambiente rural: criaba gatos, criaba palomas, criaba perros, criaba niños y cultivaba en canteros legumbres y flores. Como tantos escritores de nuestra generación, era un lector constante de Hemingway, de quien aprendió además la disciplina de cajero de banco. Su pensamiento político era claro y público, lo expresaba de viva voz y lo exponía en la prensa, y su identificación con la revolución cubana no era un misterio para nadie.
Desde que recibió las primeras advertencias tenía una invitación para viajar a Ecuador, pero prefirió quedarse en su casa. "Uno elige", me decía en su carta. El pretexto principal para no irse era que Martha estaba encinta de siete meses y no sería aceptada en avión. Pero la verdad es que no quiso irse. "Me quedaré hasta que pueda, y después Dios verá", me decía en su carta, "porque, aparte de escribir, y no muy bien que digamos, no sé hacer otra cosa". En febrero de 1976, Martha dio a luz un varón, a quien pusieron el nombre de Ernesto. Ya para entonces, Haroldo Conti había colgado un letrero frente a su escritorio: "Este es mi lugar de combate, y de aquí no me voy". Pero sus secuestradores no supieron lo que decía ese letrero, porque estaba escrito en latín.
El 4 de mayo de 1976, Haroldo Conti escribió toda la mañana en el estudio y terminó un cuento que había empezado el día anterior: A la diestra. Luego se puso saco y corbata para dictar una clase de rutina en una escuela secundarla del sector, y antes de las seis de la tarde volvió a casa y se cambió de ropa. Al anochecer ayudó a Martha a poner cortinas nuevas en el estudio, jugó con su hijo de tres meses y le echó una mano en las tareas escolares a una hija del matrimonio anterior de Martha, que vivía con ellos: Myriam, de siete años. A las nueve de la noche, después de comerse un pedazo de carne asada, se fueron a ver El Padrino II. Era la primera vez que iban al cine en seis meses. Los dos niños se quedaron al cuidado de un amigo que había llegado esa tarde de Córdoba y lo invitaron a dormir en el sofá del estudio.
Cuando volvieron, a las 12.05 horas de la noche, quien les abrió la puerta de su propia casa fue un civil armado con una ametralladora de guerra. Dentro había otros cinco hombres, con armas semejantes, que los derribaron a culatazos y los aturdieron a patadas.
El amigo estaba inconsciente en el suelo, vendado y amarrado, y con la cara desfigurada a golpes. En su dormitorio, los niños no se dieron cuenta de nada porque habían sido adormecidos con cloroformo.
Haroldo y Martha fueron conducidos a dos habitaciones distintas, mientras el comando saqueaba la casa hasta no dejar ningún objeto de valor. Luego los sometieron a un interrogatorio bárbaro. Martha, que tiene un recuerdo minucioso de aquella noche espantosa, escuchó las preguntas que le hacían a su marido en la habitación contigua. Todas se referían a dos viajes que Haroldo Conti había hecho a La Habana. En realidad. había ido dos veces -en 1971 y en 1974-, y en ambas ocasiones como jurado del concurso de La Casa de las Américas. Los interrogadores trataban de establecer por esos dos viajes que Haroldo Conti era un agente cubano.
A las cuatro de la madrugada, uno de los asaltantes tuvo un gesto humano, y llevó a Martha a la habitación donde estaba Haroldo para que se despidiera de él. Estaba deshecha a golpes, con varios dientes partidos, y el hombre tuvo que llevarla del brazo porque tenía los ojos vendados. Otro que los vio pasar por la sala, se burló: "¿Vas a bailar con la señora?". Haroldo se despidió de Martha con un beso. Ella se dio cuenta entonces de que él no estaba vendado, y esa comprobación la aterrorizó, pues sabía que sólo a los que Iban a morir les permitían ver la cara de sus torturadores. Fue la última vez que estuvieron juntos. Seis meses después del secuestro, habiendo pasado de un escondite a otro con su hijo menor, Martha se asiló en la Embajada de Cuba. Allí estuvo año y medio esperando el salvoconducto, hasta que el general Omar Torrijos intercedió ante el almirante Emilio Massera, que entonces era miembro de la Junta de Gobierno Argentina, y éste le facilitó la salida del país.
Quince días después del secuestro, cuatro escritores argentinos -y entre ellos los dos más grandes- aceptaron una invitación para almorzar en la casa presidencial con el general Jorge Videla. Eran Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Alberto Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, v el sacerdote Leonardo Castellani. Todos habían recibido por distintos conductos la solicitud de plantearle a Videla el drama de Haroldo Conti. Alberto Ratti lo hizo, y entregó además una lista de otros once escritores presos. El padre Castellani, entonces tenía casi ochenta años y había sido maestro de Haroldo Conti, pidió a Videla que le permitiera verlo en la cárcel. Aunque la noticia no se publicó nunca, se supo que, en efecto, el padre Castellani lo vio el 8 de julio de 1976 en la cárcel de Villa Devoto, y que lo encontró en tal estado de postración que no le fue posible conversar con él.
Otros presos, liberados más tarde, estuvieron con Haroldo Conti. Uno de ellos rindió un testimonio escrito, según el cual fue su compañero de presidio en el campo de concentración de la Brigada Goemez, situada en la autopista Richieri, a doce kilómetros de Buenos Aires por el camino de Ezeiza. "En mayo de 1976", dice el testimonio, "Haroldo Conti se encontraba en una celda de dos metros por uno, con piso de cemento y puerta metálica. Llegó el día 20. Dijo haber estado en un lugar del Ejército, donde lo pasó muy mal. Dijo que se había quedado encerrado en un baño, donde se desmayó. Apenas sí podía hablar y no podía comer. El día 21 pudo comer algo. Se ve que andaba muy mal porque le dieron una manta y lo iban a ver con frecuencia. En la madrugada del día 22 lo sacaron de la celda. Parece que lo iban a revisar o algo así. Estaba muy mal y no retenía orines". El testigo no lo volvió a ver en la prisión. No ha habido gestión, ni derecha ni torcida, que la esposa y los amigos de Haroldo Conti no hayamos hecho en el mundo entero para esclarecer su suerte.
Hace unos dos años sostuve una entrevista en México con el almirante Emilio Massera, que ya entonces estaba retirado de las armas y del Gobierno, pero que mantenía buenos contactos con el poder. Me prometió averiguar todo lo que pudiera sobre Haroldo Conti, pero nunca me dio una respuesta definitiva. En junio de 1980, la reina Sofía de España viajó a Argentina al frente de una delegación cultural que asistió al aniversario de Buenos Aires. Un grupo de exiliados le pidió a algunos miembros de la comitiva que intercedieran ante el Gobierno argentino para la liberación de varios presos políticos prominentes. Yo, en nombre de la Fundación Habeas, y como amigo personal de Haroldo Conti, les pedí una gestión muy modesta: establecer de una vez y para siempre cuál era su situación real. La gestión se hizo, pero el Gobierno argentino no dio ninguna respuesta. Sin embargo, en octubre pasado, cuando ya estaba decidido su retiro de la presidencia, el general Jorge Videla concedió una entrevista a una delegación de alto nivel de la agencia Efe, y respondió algunas preguntas sobre los presos políticos. Por primera vez habló entonces de Haroldo Conti. No hizo ninguna precisión de fecha, ni de lugar ni de ninguna otra circunstancia, pero reveló sin ninguna duda que estaba muerto. Fue la primera noticia oficial, y hasta ahora la única. No obstante, el general Videla les pidió a los periodistas españoles que no la publicaran de inmediato, y ellos cumplieron. Yo considero, ahora que el general Videla no está en el poder, y sin haberlo consultado con nadie, que el mundo tiene derecho a conocer esa noticia.
En la 5º Sesión Ordinaria del H.C.D de Morón, llevada a cabo el día Jueves 22 de Junio del 2006, en la parte correspondiente a los homenajes, el concejal Raúl Floreal Esteban del Bloque Frente Para la Victoria e integrante de la Agrupación Político-Social 26 de Julio de Morón, hizo uso de la palabra para rendir homenaje al Compañero Francisco "Paco" Urondo.
"Queremos rendir homenaje a Francisco "Paco" Urondo, de quien el 17 de Junio se cumplieron 30 años de su muerte".
"Quiero destacar que estos 30 años han servido, para que tanto su obra como su nombre, fuera rescatado del olvido, al que había sido condenado".
Gran parte de la Sociedad Cultural e Intelectual lo condenó al destierro del silencio y olvido, porque no podían comprender como un exquisito poeta e intelectual, se convirtió en un militante político, un revolucionario, que entregó su vida en forma total por su compromiso político".
"Paco" Urondo, fué poeta, periodista, académico y principalmente un Militante Peronista, que jamás silenció su voz para denunciar las injusticias y combatirlas de todas las formas posibles".
Y en ese camino entregó su vida. Siguió combatiendo contra la dictadura militar aún después del golpe del 24 de Marzo, y cuando una patrulla lo encerró en Mendoza, decidió matarse él mismo, tragándose una píldora de cianuro, antes de entregarse a las manos de los asesinos, dando un claro ejemplo de su compromiso y coherencia con la Causa que había abrazado".
"Paco Urondo, había trabajado en diversos medios como periodista y escritor, entre ellos en Primera Plana, Crisis, La Opinión y Noticias, escribió numerosos libros de poemas y cuentos, así como ese colosal libro llamado "La Patria Fusilada", en el que cuenta los relatos de los tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew, ocurrida el 22 de Agosto de 1972 en la base Aérea de esa localidad".
"En su homenaje, rescatando su Honor y Compromiso, quiero leer unas palabras que sobre él ha escrito, otro gran poeta, Juan Gelman, quien fué tambień su Amigo y Compañero: -"Dicen que un escritor atraviesa al morir un purgatorio de veinte años en la memoria pública"-
"El plazo está más que cumplido para ese gran poeta que fué -que és_ Francisco Urondo, caído en combate contra la dictadura militar un dia de Junio de 1976, a los 46 años de edad".
"Dejaba un libro inédito Cuentos de Batalla, que se perdió en la noche genocida. Como Rodolfo Walsh, como Haroldo Conti, Paco escribió hasta el final, en medio de tareas, urgencias y peligros de la vida clandestina. Para estos pilares de la Literatura Nacional nunca hubo contradicciones entre la militancia por una Patria Justa, Libre y Soberana, y la condición de la escritura".
"Buitres de la memoria -que siempre se han cuidado mucho cada centímetro de piel- le han reprochado a "Paco"su capacidad de arriesgar la vida por un ideal. Paco no quería morir, pero no podía vivir sin oponer su belleza a la injusticia, es decir, sin respetar el oficio que más amaba".
Fué -és- uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento, para que el mundo entero entrara en la história de la alegría. Las dos luchas fueron una sóla para él. Ambas lo escribieron y en ambas quedó escrito".
Copiado por: Prensa 26 de Julio Morón 27 de junio de 2006
Francisco Urondo - historia
Francisco "Paco" Urondo nació en Santa Fe en 1930. Poeta, periodista, académico y militante de la organización Montoneros, donde pertenecía al equipo de prensa. Dio su vida luchando por el ideal de una sociedad más justa. "No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo." -dice Juan Gelman-, "corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso y sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra. Fue -es- uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura.
Hace 28 años me separé de Rodolfo en Constitución, sin saber que ese mediodía radiante de marzo iba a quedar clavado en mi memoria. Fue el último día que vi su sonrisa cuando le dije que no se olvidara de regar esa noche el almácigo de lechugas que habíamos sembrado la tarde anterior en el jardín de nuestra casa en San Vicente. Era la 1.30 cuando cruzó la calle Brasil apretando bajo un brazo el portafolio donde llevaba las primeras copias de la Carta de un Escritor a la Junta Militar. Había cumplido con lo que también fue su última apuesta: terminar y distribuir esa carta al cumplirse un año del nefasto gobierno de Videla, Massera y Agosti.
Los meses previos habían sido dolorosamente intensos. La muerte de su hija Vicki en un enfrentamiento con fuerzas militares y el allanamiento de la casita en el río Carapachay donde solíamos pasar los fines de semana, nos habían obligado a salir de la Capital Federal, el “territorio cercado”. Así llegamos a San Vicente, en el conurbano bonaerense, donde Rodolfo, en su integralidad como intelectual y militante, imaginó el tiempo por venir trabajando en sus escritos literarios y políticos sin dejar de pertenecer a la organización Montoneros. En ese largo verano, comenzó a definir la estructura de la Carta a la Junta, pulió el cuento Juan se iba por el río, organizó sus papeles en carpetas con los despachos de la Agencia Clandestina de Noticias y de Cadena Informativa; otras que clasificó con los títulos de sus futuros cuentos, como El 27 (un relato sobre su padre y su infancia en el campo), y también una en cuya carátula escribió “Los caballos”, donde guardó las páginas de sus memorias sobre su relación con la política, la literatura y la vida.
La noche del 24 de marzo terminó de teclear en la Olympia portátil la última copia de la Carta. Había ganado la apuesta. Salimos al jardín bajo la claridad del cielo estrellado y, como tantas otras veces, señaló las constelaciones. Desde afuera, la casa, iluminada por dentro con las lámparas de querosén, se veía cálida y protectora. Caminamos por el pasto recién cortado; todo estaba listo para recibir el próximo sábado con un asado a nuestras primeras visitas: su hija Patricia con su marido y sus dos hijos, María de tres años y Mariano, recién nacido. Al día siguiente, tomamos el tren a Constitución. Al llegar, hizo unos llamados para arreglar encuentros con compañeros que colaborarían en la distribución de la Carta. La primera de esas citas era caminando por San Juan, entre Sarandí y Entre Ríos. No llegó a la segunda, prevista para las 15 horas. Alrededor de las 2 de la tarde, un grupo de tareas de la ESMA lo había emboscado en las inmediaciones de la avenida San Juan. Al notar que se les escapaba, lo acribillaron con su poderoso armamento pese a que Rodolfo sólo llevaba una pistola Walther PPK calibre 22. Sobrevivientes que vieron su cuerpo en la ESMA cuentan que su torso estaba casi cortado en diagonal por la ferocidad de los impactos. Esa noche, el grupo de tareas destruyó la casa de San Vicente y robó todo lo que había en su interior. Y lo más íntimo e insustituible, sus escritos inéditos. En 1972, al enumerar en su diario las cosas que quería, Rodolfo incluyó la “revelación de lo escondido” y la “esperanza insobornable”. Hoy, la detención de los responsables de su desaparición demuestra que esa esperanza insobornable por la Justicia abre las puertas para la revelación de lo escondido, aunque hayan pasado 28 años de impunidad.
* Mujer y compañera de Rodolfo Walsh.
Pagina12
Jueves, 27 de Octubre de 2005
RODOLFO WALSH
Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero
El escritor y periodista Rodolfo Walsh nació en Choele-Choel, provincia de Río Negro, en 1927. En los años cincuenta, ingresó a la editorial Hachette, donde trabajó como corrector de pruebas de imprenta, lector, antólogo y traductor. Colaboró también en las revistas Leoplán y Vea y Lea. En 1953 publicó Variaciones en rojo y la primera antología de cuentos policiales argentinos.
En la noche del 10 de junio de 1956, mientras jugaba al ajedrez en el club Capablanca de La Plata, recibió las primeras noticias sobre el levantamiento de los generales Valle y Tanco; seis meses después comenzó su investigación sobre los fusilamientos clandestinos de civiles en los basurales de José León Suárez. Al año siguiente, apareció Operación Masacre con el que Walsh inauguró en la Argentina la novela de no ficción, en la cual la investigación periodística sirve de punto de partida para la narración de hechos reales por medio de procedimientos ficcionales. Tanto en este libro como en sus investigaciones posteriores (¿Quién mató a Rosendo? de 1969 y El caso Satanovsky de 1973), Walsh incorporó las técnicas de la investigación periodística y los procedimientos del género policial, como el uso del enigma y del suspenso, politizando sus estrategias centrales. En 1959 viajó a Cuba para participar de la fundación de la agencia de noticias Prensa Latina. En los años sesenta, estrenó dos obras teatrales (La batalla, 1964, y La granada, 1965) y publicó dos libros de cuentos (Los oficios terrestres, 1965, y Un kilo de oro, 1967). En enero de 1973 apareció su último relato de ficción, Un oscuro día de justicia, editado por la editorial Siglo XXI, cuyo prólogo, titulado “Hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política”, fue una primera versión de esta entrevista, que Ricardo Piglia le había realizado en marzo de 1970. A partir de ese momento, Walsh abandonó la escritura de ficciones para dedicarse a la militancia política, primero en las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) y luego en la organización Montoneros. Como periodista, dirigió el semanario de la CGT de los Argentinos a partir de mayo de 1968 y participó como fundador y redactor del diario de orientación montonera Noticias, en 1973. Bajo la dictadura militar de 1976, organizó la Agencia Clandestina de Noticias y la Cadena Informativa. El 25 de marzo de 1977, un pelotón especializado lo emboscó en las calles de Buenos Aires para detenerlo vivo, pero Walsh se resistió y fue herido de muerte. Su cuerpo nunca apareció. El día anterior había escrito su Carta Abierta a la Junta Militar, donde denunciaba el terrorismo de Estado.
Martes, 31 de Enero de 2006
Pagina 12
VICTORIA WALSH. A 29 AÑOS DE SU MUERTE EN COMBATE
Un miércoles de septiembre de 1976 Rodolfo Walsh escuchó en las emisiones por onda corta de la BBC de Londres los detalles sobre un operativo militar en Buenos Aires. Allí murió luego de un largo combate su hija, Vicki. En diciembre escribió su Carta a mis amigos en la que al hablar de Vicki relata las opciones de su vida.
“Un miércoles de septiembre de 1976 Walsh escuchó en las emisiones por onda corta de la BBC de Londres los detalles sobre un operativo militar en Buenos Aires. Todas las noches sintonizaba los informativos de La voz de Alemania, La voz de los Estados Unidos, Radio Canadá Internacional, Radio Netherlands, donde el tesoro de la información vedada a los argentinos se administraba con cuentagotas de pipa más generosa que en los mudos medios del país.
La BBC dijo que el Ejército había desplazado gran cantidad de efectivos y de medios para acordonar una zona de la Capital, sobrevolada por helicópteros militares, y estimó que en el tiroteo murieron varias personas. El jueves Walsh compró todos los diarios de la mañana, escuchó el informativo de Radio Colonia al mediodía, y revisó con cuidado los dos vespertinos de Buenos Aires. Nada decían del enfrentamiento, y tampoco los matutinos del viernes. Recién ese mediodía un comunicado oficial reveló las circunstancias del copamiento de una casa en Villa Luro. Allí murió luego de un largo combate la hija de Walsh, Vicki.
Por las averiguaciones que hizo para conocer cómo ocurrió esa muerte que lo golpeó como un rayo, se puso en contacto con mucha gente que sabía muchas cosas y que ignoraba muchas otras. En diciembre escribió su Carta a mis amigos en la que al hablar de Vicki relata las opciones de su vida.
Ese mismo mes anotó sus reflexiones sobre la prensa y concibió un nuevo instrumento de difusión, pensando en toda esa gente que sabía pero ignoraba. Lo llamó Cadena Informativa, y a su pie colocó siete líneas perfectas, manifiesto de una nueva manera de informar, convocatoria a la participación y proclama de fe en la capacidad creativa del pueblo”.
Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con fuerzas del Ejército. Sé que aquéllos que la conocieron la han llorado. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió.
Carta a mis amigos:
Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con fuerzas del Ejército. Sé que aquéllos que la conocieron la han llorado. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió.
El comunicado del Ejército que publicaron los diarios no difiere demasiado, en esta oportunidad, de los hechos. Efectivamente, Vicki era oficial 2° de la Organización Montoneros, responsable de la prensa sindical, y su nombre de guerra era Hilda. Efectivamente estaba reunida ese día con cuatro miembros de la Secretaría Política que combatieron y murieron como ella.
La forma en que ingresó a Montoneros no la conozco en detalle. A los 22 años, edad de su posible ingreso, se distinguía por decisiones firmes y claras. Por esa época comenzó a trabajar en diario "La Opinión" y en un tiempo muy breve se convirtió en periodista. El periodismo en sí no le interesaba. Sus compañeros la eligieron delegada sindical. Cómo tal debió enfrentar en un conflicto difícil al director del diario, Jacobo Timerman, a quien despreciaba profundamente. El conflicto se perdió y cuando Timerman empezó a denunciar como guerrilleros a sus propios periodistas, ella pidió licencia y no volvió más.
Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fue detenido a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de ambos nació poco después. El último año de vida de mi hija fue muy duro. El sentido del deber la llevó a relegar toda satisfacción individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas. Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba, sólo su sonrisa se volvía más desvaída. En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarIos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicación en el frente sindical que era su responsabilidad.
Nos veíamos una vez por semana, cada quince días. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizá diez minutos en el banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio. Presentíamos, sin embargo que eso no iba a ocurrir, que uno de esos fugaces encuentros iba a ser el último, y nos despedíamos simulando valor, consolándonos de la anticipada pérdida.
Mi hija no estaba dispuesta a entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación. Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era no hablar, sino caer. Llevaba siempre encima una pastilla de cianuro, la misma con que se mató nuestro amigo Paco Urondo, con la que tantos otros han obtenido una última victoria sobre la barbarie.
El 28 de setiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años. Llevaba en brazos a su hija porque a último momento no encontró con quién dejada. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones blancos que siempre le quedaban grandes.
A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político, Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja.
He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amanecido, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque. Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto.
"El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba. Nos llamó la atención la muchacha porque cada vez que tiraba una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía."
He tratado de entender esa risa. La metralleta era una Halcón y mi hija nunca había tirado con ella, aunque conociera su manejo por las clases de instrucción. Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír. Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsación del dedo brotara una ráfaga y que ante esa ráfaga 150 hombres se zambulleran sobre los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo.
A los camiones y el tanque se sumó un helicóptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego. "De pronto, dice el soldado, hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablamos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo.
'Ustedes no nos matan' dijo el hombre 'nosotros elegimos morir'. Entonces se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros."
Abajo ya no había resistencia. El coronel abrió la puerta y tiró dos granadas. Después entraron los oficiales. Encontraron a una nena de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres.
En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota de lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella: vivió para otros, y esos otros son millones.
Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy yo quien renace de ella.
Esto es lo que quería decir a mis amigos y lo que desearía de ellos es que lo transmitieran a otros por los medios que su bondad les dicte.
Rodolfo Walsh, diciembre de 1976.
Carta abierta a la Junta Militar
Rodolfo Walsh, 24 de marzo de 1977
“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”.
En el año ’82 viajé a España desde México, donde estaba exiliada. En Madrid conocí a Martín Grass, sobreviviente de la ESMA, con quien hablamos durante una larga noche sobre la historia del horror en ese centro clandestino. Mi primera pregunta fue ¿qué pasó con Rodolfo? Escuché la descripción pausada, casi cuidadosa, de la imagen brutal de la muerte que vio en el sótano de la ESMA: el cuerpo acribillado de Rodolfo, con el pecho cortado por una diagonal de impactos, tirado en el cemento frío. Martín lo reconoció y se estremeció. Había visto otros muertos por las balas, pero nunca un cuerpo al que le hubieran disparado con tanto odio, quizá porque querían agarrarlo con vida y Rodolfo se resistió para impedirlo. ¿Y qué hicieron con él?, pregunté. No sabía; suponía que quizá lo hubiesen quemado, porque difícilmente preparaban un vuelo para tirar sólo un cuerpo al río. En estos casos, en la ESMA solían desaparecerlos con lo que ellos llamaban un “asadito”.
–¿Y con todos los escritos de Rodolfo que estaban en la casa de San Vicente?
–Llevaron todo a la ESMA. Allí pude leer los documentos críticos sobre la política de Montoneros que escribió como aportes internos de la organización.
Sentí que después de casi cinco años desde su desaparición, aquella imagen de Rodolfo tecleando de noche o de día, escribiendo las historias, corrigiendo los textos que sólo yo había leído, porque eran los escritos inéditos que había ido acumulando en los años de clandestinidad, esa imagen tan nítida en mi memoria comenzaba otra vez a corporizarse. No habían destruido esos papeles. Con ansiedad, intenté que Martín recordara qué otros textos había leído. Estaba la carpeta con sus memorias, los borradores de los cuentos El 27, El Aviador y la bomba, Ñancahuazú. Veía el esfuerzo en su cara y su mirada pedía disculpas.
–¿Y el cuento terminado, pasado en limpio, Juan se iba por el río? Empezaba así: “Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina, y su mujer, Teresa.” Es su último cuento, el que escribió desglosando el material de la novela que ya había decidido no escribir. Es la historia del argentino derrotado del siglo XIX; del último argentino antes de la grandes inmigraciones. Del hombre del pueblo que había sido llevado de guerra en guerra, de tropa en tropa; que sobrevive a su tiempo y ya viejo, recorre la memoria de su vida y de la época en que vivió. Que luchó junto con su amigo el negro Ansina en batallas que no eran las suyas, como la noche antes de Cepeda, cuando los hicieron formarse para escuchar la arenga del general Mitre, quien los exhortó a combatir por la Patria y entonces el negro lo mira a Juan y le dice: “En la patria de ellos, yo me cago”.
Martín se sonrió y dijo: Yo leí ese cuento; lo leí allí en la ESMA.
Una alegría extraña, una excitación indecible me sacudió. Había empezado a contarle el cuento y Martín me interrumpió para continuar el relato. No era la única depositaria de esa memoria. Había otro lector y con ese lector recordamos escenas del cuento: Juan mirando pasar la cureña con el féretro de San Martín cuando sus restos fueron repatriados, entre batallones de antiguas tropas; Juan sentado en un banquito a la orilla del río, entre el recuerdo de su pasado y el deseo de poder llegar alguna vez al otro lado del Plata, donde en la lejanía había podido ver en días claros las casitas blancas de la colonia; la gran bajante del Río de la Plata, la mortandad de los peces, y el final, Juan montado en su caballo, cruzando el lecho seco hacia ese horizonte que se esfumaba...
Le conté a Martín que cuando Rodolfo me leyó el último párrafo le había preguntado si Juan llegaba al otro lado del río. “No sabemos” dijo. Hasta allí acompañó a su personaje; no quiso definir su destino. Por eso Juan no “se fue”; el verbo no cerraba la acción, Juan “se iba”. En esa la larga noche, supe que el final abierto del cuento también había sido para mí una metáfora de esos meses del ’77 en que creí que Rodolfo podía estar vivo; una esperanza, el deseo de ganarle a la muerte, al destino; una esperanza a su vez aterradora por la tortura sin límite en el tiempo con que vejaban a los prisioneros para quebrarles “la dignidad que ustedes mismos han perdido”, como acusó Rodolfo a la junta militar.
Afuera amanecía sobre Madrid, la ciudad donde dos sobrevivientes, uno de la ESMA y otro en el exilio, estuvimos hilvanando una memoria que pudo haberse perdido. Ya era de día cuando los dos únicos lectores de Juan se iba por el río nos despedimos con un abrazo.
En el micromundo de los medios de comunicación en Argentina es habitual que se mencione a Rodolfo Jorge Walsh como ejemplo y modelo de periodista, pero son pocos los profesionales que se animan a manifestar su admiración abiertamente o publicarlo en el lugar donde se desempeñan. La militancia de Walsh en las FAP y su identificación con la izquierda peronista, en la década del ‘70, son algunos de los elementos que lo transforman en un escritor maldito. Pero el análisis de su vida y su obra nos demuestran que él fue más allá de las coyunturas.
Por Federico Hausvirth .- recopilación memoriaviva.net
Escritor, periodista y militante. Asesinado el 25 de marzo de 1977, por un grupo de tareas de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), con el cual se enfrentó en el barrio de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires - Argentina. La vida de un militante peronista revolucionario asesinado por la dictadura militar. Fue ejemplo del periodismo militante de los años sesenta y setenta.
El escritor y periodista Rodolfo Walsh nació en Choele-Choel, provincia de Río Negro, en 1927. En los años cincuenta, ingresó a la editorial Hachette, donde trabajó como corrector de pruebas de imprenta, lector, antólogo y traductor. Colaboró también en las revistas Leoplán y Vea y Lea. En 1953 publicó Variaciones en rojo y la primera antología de cuentos policiales argentinos.
LOS PERIODISTAS-TRABAJADORES DE PRENSA QUE NO BAJAMOS LOS BRAZOS NO OLVIDAMOS
Estos son los compañeros periodistas-trabajadores de prensa desaparecidos y asesinados Periodidstas desaparecidos Claudio Adur (11-11-76), diarios Crisis y El Cronista Comercial, revista Arte Hispanoamericana. Fundador del Centro de Estudios e Investigaciones Artísticas. Docente.
Ricardo Emir Aiub (09-06-77), periodista de Coronel Dorrego.
Alejandro Martín Almeida (17-06-75), agencia de noticias Telam.
Lucina Alvarez de Barros (07-05-76), revista Barrilete. Docente.
María Elena Amadío (30-03-76), revista Discusión.
Andrés Lucio Ariza (22-07-76), periodista de Córdoba.
Juan José María Ascone (18-05-77), diario La Opinión, revistas Primera Plana y Competencia. Corresponsal extranjero.
Jorge Alberto Asenjo (12-06-76), periodista de Cinco Saltos, Río Negro.
Oscar Osvaldo Barros (07-05-76), revistas Crisis y Barrilete. Escritor.
María Bedoian (12-06-77), revista Dinamis y radio Municipal.
Horacio Félix Bertholet (01-10-76) Canal 2 de La Plata y docente en la Escuela de Periodismo de La Plata.
Alicia Raquel Burdisso Rolotti (21-06-77), periodista de Tucumán. Miguel Angel Ramón Bustos (30-05-76), diario El Cronista Comercial y revista Panorama. Poeta.
Juan José Capdepón (04-78).
Roberto Carri (24-02-77), diario La Opinión, revistas Primera Plana y Extra. Sociologo, escritor y docente. Aldo Néstor Casadidio (07-12-76), periodista de la Casa de Gobierno de Mendoza.
Conrado Guillermo Ceretti (27-07-76), revista Panorama, diarios Clarín y La Opinión. Licenciado en Letras, traductor, ensayista y docente.
Jaime Colmenares (02-01-77).
Haroldo Pedro Conti (05-05-76), revista Crisis. Como escritor obtuvo el Premio Barral, Casa de las Américas, Life, Municipal de Buenos Aires, Fabril Editora y Universidad Veracruzana.
Daniel Alberto Danquen (15-05-77), diario Clarín.
Eduardo Defieri (1977), periodista independiente de Buenos Aires.
Julián Delgado (04-06-78), revista Mercado y diario El Cronista Comercial.
Héctor Ernesto Demarchi (05-08-76), diario El Cronista Comercial. Delegado sindical.
Carlos María Denis (27-03-77).
Mabel Kissler de Domínguez (06-01-77), diario El Mundo. Pablo Hermes Dorigo (20-08-76), empleado de Canal 9 de Buenos Aires.
Dardo Sebastián Dorronzoro (25-06-76), colaborador de los diarios Alberdi de Vedia, El Civismo de Luján y La Gaceta de Tucumán. Escritor.
Alicia Graciana Eguren de Cooke (26-01-77), revista Nuevo Hombre.
Guillermo José Espinosa (18-01-76).
Rodolfo Jorge Fernández Pondal (05-08-77), director adjunto de la revista Ultima Clave
Claudio Arnoldo Ferraris (30-07-77), poeta y trabajador gráfico del diario La Opinión Enrique Luis Fosatti (26-11-76) revista Panorama
Jorge Horacio Foulkes (17-03-78)
Gerardo Francisco Gatti Acuña (09-06-76) trabajador gráfico
Raymundo Gleyzer (27-05-76) revista Panorama, Life, Parabrisas, Time, Gerorama, Editorial Codex y Alexoraft. Cineasta.
Célica Gómez (03-01-78) agencia de noticias Telám. Alberto Jorge Gorini (03-06-78) periodista y fotografo. Profesor de Filosofía.
Luis Rodolfo Guagnini (21-12-77), diarios La Opinión, Clarín y El Cronista Comercial, corresponsal de Interpress Service, El País de España, Latin American Political Report y Latin American Economic Report de Londres.
Diana Griselda Guerrero (27-07-76), diarios El Cronista Comercial y La Opinión, revista Discusión.
Norberto Habbegger (08-78), subdirector del diario Noticias, revistas Panorama y Primera Plana. Escritor.
Jorge Rodolfo Harriague (12-77).
Mario Hernández (11-05-76), codirector de la revista Militancia y director de El Descamisado. Abogado.
Mario Herrera (24-05-76), revista Confirmado. Juan Carlos Higa (17-05-77), diario japonés Akoku Nippo. Poeta.
Daniel Saúl Hopen (17-08-76), periodista y sociólogo.
Ignacio Ikonicoff (12-06-77), diarios La Opinión, El Mundo y Noticias, revista Panorama, agencia Interpress Service. Dirigente del Sindicato de Prensa de Resistencia. Doctor Honoris Causa de La Sorbona.
Santiago José Illa (12-05-76).
Maurice Jaeger (08-07-75), corrector y crítico literario de La Gaceta de Tucumán.
Alfredo Kolliker Frers (15-12-76), diario alemán La Plata Ruff y Prensa Libre.
Miguel Francisco Lizaso (14-09-76), revista La Causa Peronista.
Susana Lugones (24-12-77), diario La Opinión, revistas Siete Días y Crisis.
Francisco Eduardo Martín (14-05-77), diario La Nación, ex delegado sindical en esa empresa.
Mario Martínez (23-01-77).
Elsa Martínez de Ramires (30-05-78). José Mario Martínez Suárez (23-12-77), periodista uruguayo.
Heraldo Juan Marucco (03-05-77), editorial Atlántida, secretario Adjunto de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (Apba).
Liliana Molteni (21-06-76), periodista, cofundadora del Centro de Estudios Pampeano.
Susana Beatriz Medina de Bertholet (01-10-76).
Luis Carlos Mónaco (11-01-78), periodista de Córdoba.
Toni Agatina Motta (11-80), periodista estadounidense corresponsal del Dailly News de Roma.
Daniel Moyano Vega (1976), diario Los Andes de Mendoza.
Paulo Alberto Nazar (23-04-77).
Héctor Germán Oesterheld (06-77), guionista de historietas, creador de El Eternauta y Sargento Kirk, entre otros.
Carlos Alberto Pérez (08-05-76), director del suplemento literario del diario Clarín y gerente de Producción de Eudeba.
María José Perrier (30-10-76)
Rafael Perrota (07-77), director y propietario del diario El Cronista Comercial.
Horacio Norberto Poggio (23-07-76), dirigente del Sindicato de Prensa de Córdoba. Enrique Raab (16-04-77), diarios La Opinión, Clarín y El Cronista Comerical, revistas Primera Plana, Siete Días, Confirmado, Visión y Análisis.
José Eduardo Ramos (01-11-76), diario Noticias de Tucumán y Canal 10 de Tucumán.
Edgardo Sajón (11-04-77), diario La Opinión.
Roberto Jorge Santoro (01-06-77), director de la revista Barrilete. Poeta y escritor. Premio Fondo Nacional de las Artes. Colaborador en diarios y revistas de la Argentina y del exterior.
Juan Miguel Satragno (26-02-78), diario La Nación.
Víctor Eduardo Seib (30-07-77), trabajador de prensa de la sección circulación del diario La Nación.
Santiago Servín (07-09-76), director de la revista La Voz de Solano, Quilmes. Escritor.
Roberto Juan Carmelo Sinigaglia (11-05-76), revista Nuevo Hombre. Abogado.
Juan Marcelo Soler Guinard (29-04-77), revista Confirmado, diario El Mundo.
María Cristina Solís de Marín (11-08-78), diario La Nación. Delegada sindical. Docente.
Horacio Rodolfo Speratti (06-06-76), periodista, miembro de asociaciones automovilísticas.
Eduardo Suárez (12-08-76), revista Siete Días, diarios La Opinión, El Mundo y el Cronista Comercial, agencia Interpress Service, integrante de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (Apba).
Patricia Villa (14-08-76), correctora del diario La Calle, diario La Opinión. Agencia Interpress Service.
Enrique Juan Ricardo Walker (17-07-76), revistas Gente, Semana Gráfica, Extra, Nuevo Hombre y El Descamisado.
Rodolfo Jorge Walsh (25-03-77), escritor y dramaturgo, periodista en los diarios La Opinión, Mayoría y Noticias. Cofundador con Gabriel García Márquez y Jorge Massetti de la agencia Prensa Latina.
Tilo Wenner (26-03-76), director de El Actual de Escobar y de revistas literarias. Escritor.
Periodistas asesinados
Pedro Leopoldo Barraza (13-10-74), ex director de Radio del Pueblo de Buenos Aires.
Cristina Bettanín (02-01-77), fotógrafa de las revistas Ya y El Descamisado, diarios Noticias, El Diario.
Guillermo Bettanín (05-76), diario Noticias.
Leonardo Bettanín (02-01-77), revistas Confirmado, Primera Plana, El Descamisado, Editorial Siglo XXI. Diputado nacional.
Mario Bonino (11-11-93), diarios Popular, Sur y La Razón, coordianador de la secretaría de Prensa de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba).
José Luis Cabezas (25-01-97), reportero gráfico revista Noticias.
Dardo Cabo (06-01-77), director de la revista El Descamisado. Diputado nacional. Fue detenido el 17-4-76 y asesinado durante un traslado de cárceles.
José Domingo Colombo (03-10-73), diario El Norte de San Nicolás, Buenos Aires.
Ana María Estevao (20-10-75), diario La Voz de Solano, Quilmes.
Julio César Fumarola (06-02-74), fotógrafo, revista Siete Días y colaborador en otras publicaciones.
Marcel Ariel Gelman, revista Gente y diario Noticias. Hijo de Juan Gelman, fue secuestrado el 24-08-76, desaparecido y posteriormente asesinado, su cuerpo fue entregado a la familia el 05-01-90 y por pedido de ésta fue velado en la sede de la Utpba.
Héctor Gutiérrez Ruiz (21-05-76), parlamentario y periodista uruguayo asesinado en Buenos Aires junto a Zelmar Michelini.
Zelmar Michelini, diarios La Opinión y Noticias, agencia Interpress Service. Periodista y parlamentario uruguayo detenido por las fuerzas armadas el 17-03-76, su cadáver apareció el 22-03-76.
Rodolfo Ortega Peña (09-73), director de la revista Militancia. Diputado nacional.
Francisco Urondo (17-06-76), revistas Todo, Confirmado y Panorama, diarios Noticias, La Opinión y Clarín. Poeta y escritor. Fue asesinado en Mendoza.
María Victoria Walsh (29-09-76), diario La Opinión, revista Primera Plana.
Miguel Angel Zavala Rodríguez (12-76), director de El Auténtico. Diputado.
LA RED DELA COMUNICACION-UTPBA ALSINA 779 (1037) CAPITAL FEDERAL BUENOS AIRES - ARGENTINA lared@infovia.com.ar
Caso Rodolfo Fernández Pondal
Subdirector del semanario Ultima Clave, de Buenos Aires, Argentina Desapareció el 5 de agosto de 1977
-Si me llega a pasar algo, no pidan por mi, pidan por todos (Jorge Di Pascuale)
Jorge Di Pascuale y Juan Peron
El 29 de Diciembre de 1976 un grupo de hombres armados, invocando una comisión oficial, y sin más razón que la fuerza, se llevó a Jorge F. Di Pascuale nuestro Secretario General.
Desde ese momento hasta la fecha se realizaron innumerables gestiones para conocer su paradero, pero todas resultaron infructuosas.
Sus familiares, amigos, compañeros de la Asociación de Empleados de Farmacia, instituciones y personalidades nacionales e internacionales y aún los distintos gobiernos extranjeros, invariablemente recibieron la misma respuesta por parte de los sucesivos gobiernos militares: un silencio culpable.
Probablemente creyeron que el silencio los ayudaría a eludir inevitables responsabilidades, y que en transcurso del tiempo terminaría por enfriar la misma pasión de los reclamos, pero se equivocaron.
Estos años de oscuridad, de descreimiento, de frustración, de injusticia y de dolor han templado nuestro ánimo. Como el pueblo, al que pertenecemos, no por adscripción sino por origen, ideología y destino, y junto al cual transitamos el arduo pero fecundo camino hacia la liberación de nuestra patria, hemos madurado en la adversidad. Al amparo de sus rigores hemos fortalecido y agigantado nuestra fe, nuestras convicciones y nuestro valor. Esta circunstancia determina que hoy nos encontremos de pie, más firmes que ayer, exigiendo el inmediato esclarecimiento de lo ocurrido a Jorge F. Di Pascuale.
A pesar del entrañable afecto que nos une a nuestro Secretario General, no magnificamos el suceso. Sin embargo, el hecho constituye, indudablemente, una grave violación de los derechos humanos y, carente de fundamentos jurídicos y politicos, sólo puede inscribirse como una brutal expresión de la ominosa Doctrina de la Seguridad Nacional.
Esta afirmación con todo lo elocuente y veraz que puede resultar, nos obliga a formar algunas reflexiones sobre su real significado en la vida nacional.
En la Argentina, como en otros países latinoamericanos, la Doctrina de la Seguridad Nacional ha servido de ideología justificadora de una minoría que, en su nombre, se adueñó del poder, se autoproclamó defensora de la civilización occidental y cristiana, dividió a los argentinos en réprobos y elegidos, concentró todas sus energias en descubrir enemigos interiores y, finalmente, con la excusa de combatir a un terrorismo minoritario, sin arraigo popular, instauró un terrorismo de Estado, tan reprobable como el otro, que vulneró las normas esenciales de la convivencia civilizada, despreció la moral cristiana y sepultó los derechos y garantías reconocidos a los argentinos por la Constitución Nacional.
Lamentablemente, este rosario de desventuras y desaciertos que se enhebró durante estos años desde la soledad de poder no fué producto de la casualidad ni de una apreciación equivocada, sino la descarnada manifestación de un proyecto politico y económico que, para su prosperidad, necesitó organizar la destrucción del hombre y la tierra argentinos.
El secuestro y posterior desaparición de Jorge F. Di Pascuale, como el de tantos otros compatriotas, demuestran con dramática expresibidad cómo operaba la Doctrina de la Seguridad Nacional en la realidad jurídica y politica argentina.
En lo jurídico, esta violencia irracional significa : el absoluto desconocimiento de los derechos de la personalidad, entre los que se cuentan los derechos a la vida y a la integridad física, incluidos entre los que enuncia el articulo 33 de la Constitución Nacional; la violación del derecho a la libertad, que no se reduce a declaraciones abstractas, sino que adquiere expresión concreta en el derecho a no ser arrestado sin causa justa y sin forma legal; y el total desprecio por el habeas corpus, la garantía instituida para proteger la libertad individual contra los excesos del Estado.
Sin embargo, esto no es todo.
También se ha vulnerado la seguridad jurídica, valor esencial de la sociedad moderna, al negarse el derecho a la jurisdicción, que se asegura con las garantías del debido proceso y de los jueces naturales, que en principio, importan la sustanciación de un juicio ante un tribunal de justicia, designado por la ley, y el cumplimiento de las etapas de acusación, defensa, prueba y sentencia.
Finalmente, debemos tener en cuenta que las funciones judiciales son indelegables y que la Constitución le prohibe al propio Presidente de la Nación ejercerlas, aún durante el estado de sitio.
Ninguna de estas consideraciones detuvo al gobierno militar, que no tuvo el menor escrúpulo en usar direccionalmente el poder para imponer su modelo de sojuzgamiento nacional y exclusión popular.
En cuanto a lo político, en Jorge F. Di Pascuale no se ha reprimido a un subversivo, a un corrupto o a un servidor de ideologías extremas, a los que, por otra parte, nada autoriza a sustraerlos de la mano de la justicia.
En él se ha pretendido sofocar las genuinas concepciones y aspiraciones revolucionarias del pueblo argentino, ésas que no se nutren de modelos transplantados mecánicamente ni de odios cerriles, porque su fuerza les viene de la memoria y de la práctica colectiva de un pueblo que hizo la independencia con San Martín, que la defendió con los caudillos federales, que creció políticamente con el yrigoyenismo y que, por fin, encontró en el peronismo la sustancia social que lo encaminó hacia la auténtica liberación del hombre argentino.
Este gobierno militar, embriagado de autoritarismo y de soberbia, en Jorge F. Di Pascuale ha perseguido antes que a un dirigente sindical representativo, comprometido con la vida y el destino de los trabajadores, a una conducta sin dobleces, a una definición ideológica y política, a una conciencia al servicio de la patria y de su gente, a una permanente vocación por la libertad, la justicia y la dignidad humana, a una pasión por la participación y el protagonismo popular en la realización de una sociedad justa y democrática. Estas razones son las que han alentado la ciega violencia descargada sobre nuestro Secretario General.
Las razones que pudiera invocar el gobierno de las Fuerzas Armadas para justificar su proceder, seguramente sólo servirán para acrecentar su ya interminable desprestigio.
En estos tiempos en que se promete institucionalizar la República, se llama al diálogo y se predica a la reconciliación de los argentinos, las autoridades de esta etapa del proceso militar tienen la oportunidad de demostrar la seriedad y el alcance de sus propósitos, ofreciendo la respuesta que hasta ahora han negado con tanto empecinamiento.
Deben saber, como lo sabemos nosotros y todos los sectores de la vida nacional, que la desaparición de Jorge F. Di Pascuale, como la de cualquier argentino, exige un inmediato esclarecimiento y el juzgamiento de todos los responsables. Hemos crecido lo suficiente como para abrigar estériles deseos de revancha. Pero también amamos demasiado a nuestro país y creemos fervientemente en la democracia como para pensar que podemos empezar a reconstruir la sociedad argentina sobre una herida abierta, que implica un agravio hacia la dignidad humana y a las normas primarias de convivencia social.
Ninguna sociedad puede edificar su futuro sobre la impunidad de los violentos. Esto sería como apostar a la muerte y nosotros creemos profundamente en la vida, en una vida plena, con justicia en la distribución de la riqueza y con respeto por la persona humana, en la que el hombre puede realizar su destino trascendente.
La iglesia ha señalado las bases de la única reconciliación posible : la verdad, arrepentimiento, justicia y misericordia. Y a ellas adherimos.
Esperamos que también lo hagan los responsables de este inicuo proceso militar y pongan lo que deben: la verdad y el arrepentimiento, porque al pueblo le corresponden la justicia y la misericordia.
Cuando se hallan dado estos pasos podremos comenzar a levantar el país justo, libre y soberano con el que soñaron los mejores hombres que dió esta tierra y con el que todavía soñamos la inmensa mayoría de los argentinos.
Alfredo Luis Ferraresi Horacio P. Mujica
SINDICATO DE FARMACIA
NOTA DE LA NAC&POP :El gremio de Farmacia ha albergado a muchos compañeros revolucionarios del campo nacional y popular y siempre se ha inscripto en la lucha, conteniendo, apoyando, escuchando y construyendo junto a los mejores cumpas. Es un gremio ejemplar, heroe colectivo de la gesta de la Patria que ha dado grandes hombres como Horacio Mugica, Alfredo Ferraressi, Pepe Azcurra y, quizas el mas grande, Jorge Di Pascuale. La Agrupación Oesterheld, en su reencuentro de este año, le hara un homenaje a Jorge Di Pascuale, junto a Carlos Ennio Pierini y a Cesar Marcos, el proximo lunes 20 de marzo, en el Bauen Hotel, a partir de las 21 hs, en su habitual cena de la Mesa de los Sueños de los Compañeros de Utopias, adonde estan todos invitados ($ 20.- el cubierto). A raiz de la cercania de esa nefasta fecha del 24 de marzo que conmemora el inicio de la ultima barbarie ejecutada por la oligarquia y las corporaciones contra los militantes del campo popular y nacional en 1976 al destituir al gobierno democratico, y reanudar la venta del pais, la Red Nac&Pop se adhiere fervorosamente en el recuerdo y dice:
Compañero
Jorge Di Pascuale
¡¡¡ PRESENTE !!!
El pueblo ha inscripto tu nombre glorioso en el carro de la victoria.
Heroes y martires de tu talla nos llenan de orgullo y nos refrescan el honor de ser argentinos en nuestro destino de la Patria Grande.
Los asesinatos de los obispos Enrique Angelelli, de La Rioja, y Carlos Horacio Ponce de León, de San Nicolás, en agosto de 1976 y julio de 1977, presentan tan llamativas similitudes que sugieren una común inspiración operativa. Ambos crímenes se realizaron de modo de que parecieran accidentes de carretera, en ciudades donde tenían asiento sendos batallones de ingenieros del Ejército. El eslabón perdido entre ambos casos es el coronel Osvaldo Pérez Battaglia.
Ponce de León con Paulo VI en la audiencia vaticana. Una calumnia interna contra el obispo fue que el Papa no quiso fotografiarse con él, por sus ideas políticas.
Por Horacio Verbitsky
“Ustedes son comunicadores y se les plantea este desafío de la projimidad: hacerse prójimo para que .a través de esa comunicación de cercanía. se implante la verdad, la bondad, la belleza, que trascienden la coyuntura y la espectacularidad y que, mansamente, siembran humanidad en los corazones”. Cardenal Jorge Mario Bergoglio, ante la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).
Luego de leer la nota del domingo pasado sobre el asesinato del obispo Carlos Ponce de León, un actual ministro que hizo su carrera política en San Nicolás le preguntó al autor quién era el jefe militar de La Rioja cuando mataron a Angelelli.
–Pérez Battaglia.
–Me lo imaginaba. Era de San Nicolás, un petiso pelado que se hacía el malo. En esa época viajaba todos los fines de semana a San Nicolás, donde tenía a la familia –dijo el funcionario.
El coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia era jefe del Batallón riojano, mientras el Batallón de San Nicolás era conducido por el teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant. Pérez Battaglia murió hace seis años, pero Saint Amant vive y en los próximos días deberá responder ante la justicia por otro caso que vincula La Rioja con San Nicolás: la desaparición forzada de María Cristina Lanzilloto y Carlos Benjamin Santillán. Los restos de la riojana Lanzilotto fueron identificados esta semana por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Nacido en la Capital Federal en 1926, Pérez Battaglia egresó del Colegio Militar en uno de los últimos puestos de la promoción 78 (su orden de mérito fue 242, sobre 246), cuyos integrantes llegaron al comando de unidades en torno del golpe militar de 1976. Pérez Battaglia es un nicoleño por adopción. En su primer grado militar, en 1950, fue designado jefe de la sección de zapadores motorizados de San Nicolás. Allí conoció a la veinteañera María Teresa Pérez, una nativa de esa ciudad industrial, con la que se casó y tuvo dos hijos: Teresita nació en 1953 y Jorge en 1957. Ascendido a teniente, en 1954 consiguió una nueva designación en la ciudad de sus afectos, esta vez como jefe de pontoneros zapadores. Entre 1970 y 1975 estuvo destinado en Rosario, a 70 kilómetros de San Nicolás. Esta proximidad le permitió mantener el contacto con su familia. Los compañeros de promoción de su hijo en la Escuela Normal de San Nicolás fueron invitados a visitar el Comando del Cuerpo II y almorzaron en su casino de Oficiales, en la casona de Córdoba esquina Moreno, frente a la Facultad de Derecho.
Vidas paralelas
En agosto de 1968 Pablo VI designó a Enrique Angelelli al frente de la diócesis riojana. Allí promovió la creación de sindicatos de mineros,peones rurales y empleadas domésticas, de cooperativas de trabajadores para fabricar tejidos, ladrillos, relojes, pan y para poner a producir los latifundios ociosos. Una de esas cooperativas reclamaba la expropiación de un latifundio, propiedad de un usurero que se había ido apropiando de los pequeños fundos de sus deudores y que consumía el 70 por ciento del agua de la zona. Durante la campaña electoral de 1973, el candidato Carlos Menem prometió que entregaría el latifundio a la cooperativa y lo reiteró luego de asumir la gobernación. Angelelli se sintió confiado y el 13 de junio de 1973 viajó al pueblo natal de Menem, Anillaco, para presidir las fiestas patronales de San Antonio. Lo recibió una algarada conducida por un grupo de comerciantes y terratenientes. Entre ellos estaban el hermano del electo gobernador, Amado Menem, y sus hijos César y Manuel Menem, quienes junto a otros propietarios se habían sublevado contra el obispo. Ante la pasividad policial, manifestaron frente al templo, declararon a Anillaco Capital de la Fe e irrumpieron por la fuerza en el templo y la casa parroquial. Cuando Angelelli se retiró luego de suspender las celebraciones religiosas, lo corrieron a pedradas. Arguyendo la intranquilidad social, Menem retiró su apoyo a la cooperativización del latifundio. Angelelli atribuyó la agresión a un sector que procura .el mantenimiento de sus privilegios” y mencionó a los grupos Cruzada Renovadora de Cristiandad y Tradición Familia y Propiedad. También suspendió las ceremonias litúrgico-sacramentales en todos los templos de la parroquia. Los sacerdotes riojanos habían pedido la excomunión de los Menem y sus acompañantes, pero Angelelli prefirió una sanción menos drástica y los declaró “incursos en entredicho personal”, lo cual los privaba de asistir a celebraciones religiosas y recibir los sacramentos sólo en forma temporaria.
Renuncias
El superior general de los Jesuitas, Pedro Arrupe, y el arzobispo de Santa Fe, Vicente Zazpe, visitaron La Rioja donde respaldaron a Angelelli. Arrupe dijo que Angelelli seguía las opciones del Concilio y del Papa. Zazpe llegó como auditor enviado por la Santa Sede luego de que Angelelli ofreciera su renuncia al Consejo Presbiteral y pidiera a Pablo VI que le ratificara o retirara la confianza. Los entredichos le exigieron la remoción de Angelelli, mientras desde un altoparlante se difundían marchas militares. Todos los sacerdotes de la diócesis salvo tres se reunieron con Zazpe y le dijeron que los poderosos manoseaban la fe para “mantener una situación injusta y opresora del pueblo” y aprovechar “la mano de obra barata y mal pagada”. El presidente de la Conferencia Episcopal, Adolfo Tortolo, sostenía que el Episcopado no debía mediar en los problemas riojanos (lo cual implicaba poner en un pie de igualdad al obispo y a los rebeldes) y el Nuncio Lino Zanini apoyó a los sancionados, a quienes obsequió con sendos crucifijos. Al concluir su inspección Zazpe concelebró la misa con Angelelli en la catedral y proclamó que la diócesis riojana era una servidora de los pobres como habían pedido el Concilio y Medellín y que su pastoral “es la pastoral de la Iglesia universal”. Uno de los sancionados le dijo que Angelelli “se va por las buenas o por las malas, y si no es por las malas será lo peor”. Durante una visita a la base aérea de Chamical, en La Rioja, el provicario castrense Victorio Bonamín dijo que el pueblo había cometido pecados que sólo podían redimirse con sangre. Ése era el clima en noviembre de 1975, cuando Pérez Battaglia asumió como jefe del Batallón de Ingenieros en Construcciones 141, con sede en la ciudad capital de La Rioja.
Comunicado número uno
El 12 de febrero de 1976, el Ejército arrestó al vicario general de la diócesis de La Rioja, Esteban Inestal, y a dos jóvenes del MovimientoRural diocesano. Uno de los oficiales les dijo que Juan XXIII y Pablo VI habían destruido la Iglesia de Pío XII, que los documentos de Medellín eran comunistas y que la Iglesia riojana estaba separada de la Iglesia argentina. Angelelli ofreció una vez más su renuncia a la Conferencia Episcopal. Durante la inauguración del curso lectivo en la base aérea de El Chamical, el vicecomodoro Lázaro Aguirre interrumpió la homilía que pronunciaba Angelelli sobre la responsabilidad social de los cristianos:
–Usted hace política –le gritó. Angelelli suspendió los oficios religiosos en la capilla de la base.
Como jefe de la Guarnición militar de La Rioja, el 24 de marzo de 1976 Pérez Battaglia fue designado interventor federal en la provincia y encarceló al gobernador Menem. A su cargo quedó el Area de Seguridad 314. Pérez Battaglia fue así el responsable político y militar de la provincia. De él dependían todas las fuerzas militares y de seguridad (Ejército, Fuerza Aérea, Policía Federal y provincial, Gendarmería), entre ellas los Comandos Operacionales Tácticos. También la justicia le fue subordinada. “Intenté presentar un habeas corpus, pero el juez federal Roberto Catalán dijo que esperaba instrucciones del jefe del Batallón 141, Osvaldo Pérez Battaglia”, declaró un testigo ante la Comisión Provincial por los Derechos Humanos que se creó en La Rioja al concluir la dictadura, en 1985. Al regresar de un viaje, la valija de Angelelli fue violentada en la oficina de Aerolíneas Argentinas en La Rioja. En una carta a su amigo Héctor Bertaina (reproducida por Luis Miguel Baronetto en un libro sobre “Vida y martirio de monseñor Angelelli”) el obispo dijo que ello ocurrió por orden de Pérez Battaglia. También escribió que el militar lo trataba en forma grosera y lo llamaba “llorón” cuando reclamaba. Angelelli viajó a Córdoba para apelar ante el jefe de Pérez Battaglia, el jefe del Cuerpo III, general Luciano Menéndez. Para mayor seguridad, pidió que lo acompañara el cardenal Raúl Primatesta. Menéndez le contestó en forma muy seca:
–El que tiene que cuidarse es usted.
Estaciones del Calvario
En la primera reunión plenaria del Episcopado después del golpe, en mayo, Angelelli usó un ayuda memoria de 37 puntos, que llamó estaciones del Calvario riojano. Cada uno detallaba una agresión contra el obispo o sus sacerdotes. Incluía el allanamiento y clausura de una casa parroquial, la detención de sacerdotes y seminaristas, la demora y detención de religiosas, la prohibición de celebrar misa en la cárcel, la transmisión radial de la misa celebrada por el capellán militar Mario Pellanda López, en el Batallón que comandaba Pérez Battaglia, pero no la del obispo en la Catedral; la requisa de equipajes y documentos a los participantes de los ejercicios espirituales, la requisa al propio obispo en el santuario popular del Señor de la Peña, la detención e interrogatorios coercitivos a laicos por su contacto con la Iglesia riojana, las cesantías y despidos de personas vinculadas con la Iglesia, etc.
En apoyo de Angelelli, el obispo de San Nicolás, Carlos Ponce de León, contó que en su diócesis además de la detención de sacerdotes se habían producido allanamientos a parroquias y casas religiosas. Se vivía un “clima de terror”. A los sacerdotes detenidos se los interrogaba sobre el obispo. Uno de ellos, el salesiano López Molina, fue maltratado. También denunció ataques violentos a algunas casas con el objeto de robar. El propio Ponce de León había estado presente en un allanamiento y fue sometido a humillaciones. También se pegaron afiches contra la Iglesia en los que se reclamaba la .defenestración. del obispo.
El 13 de junio, al cumplirse el primer aniversario del tumulto que corrió a Angelelli de Anillaco, los terratenientes celebraron el “Día de la Defensa de la Fe”, con el apoyo de Pérez Battaglia, quien organizó allí undesfile militar. El sacerdote Carlos Murias dijo en una homilía que podrían acallar la voz del obispo pero no la de Jesús. El 18 de julio a las nueve y media de la noche, fue secuestrado junto con el sacerdote Gabriel Longueville de la casa religiosa donde vivían. El 20 por la tarde un empleado ferroviario encontró los cadáveres de ambos sobre una vía, maniatados, con restos de cinta adhesiva y algodón en la boca. Uno de ellos había sido mutilado y la autopsia indicó que había padecido una muerte lenta. Los cuerpos estaban cubiertos por mantas del Ejército y junto a ellos había una lista con nombres de sacerdotes. Pérez Battaglia prohibió que se publicara el comunicado del obispo y hasta el aviso fúnebre que informaba del asesinato. En cambio firmó un comunicado en el que, ante denuncias sobre desaparición de personas, anunciaba más operaciones para “erradicar definitivamente de la provincia a los delincuentes subversivos e ideológicos”.
Reunido con sus sacerdotes, Angelelli dibujó una espiral que se cerraba y señaló el centro. “Buscan un copete colorado. Ahora me toca a mí”. Los vicarios zonales le sugirieron que se alejara por un tiempo, pero se negó. El 4 de agosto de 1976 cerró su informe sobre la situación con la frase “poseo otros datos que por prudencia no debo escribir” y emprendió viaje a La Rioja con el sacerdote Arturo Pinto. Salieron después del almuerzo una vez que Pinto revisó el auto. El obispo iba al volante. A las tres de la tarde en el camino entre El Chamical y La Rioja fueron seguidos por otro vehículo, un Peugeot 404 claro, que los pasó y los encerró. Según Pinto “se produjo como una explosión. Y a partir de ese momento no recuerdo más nada”.
El primer médico que lo atendió dijo que, inconsciente, Pinto murmuraba: “los papeles, apúrese que nos alcanzan”. La camioneta dio varios tumbos. El cuerpo de Angelelli fue hallado a veinticinco metros del vehículo, cara al cielo, con los brazos extendidos hacia atrás, descalzo y con la piel de los talones raspados, pero sin marcas similares en el rostro o la calva. Según la justicia los autores arrastraron el cuerpo luego del vuelco. Un camionero vio el cuerpo “ubicado con llamativa prolijidad, derecho, sin magulladuras ni hematomas” cuando “toda persona que es despedida de un vehículo cae como desparramada, desarticulada”. La misma impresión transmitió el primer sacerdote que llegó al lugar y encontró el cuerpo rodeado de policías y militares que empuñaban armas largas. “Me daba la impresión de que lo habían sacado del auto, liquidado y arrastrado hasta ahí, porque tenía las manos hacia atrás. En un accidente uno se enrolla todo, se defiende. No, estaba bien estirado.” La autopsia indicó como causa de muerte fractura de cráneo con pérdida de masa encefálica pero la ropa del obispo no mostraba desgarraduras. Pérez Battaglia llamó por teléfono al director del diario El Independiente, Américo Torralba y le ordenó:
–Hay que publicar que fue un accidente por el reventón de la goma trasera.
Un sacerdote que llegó a poco del vuelco intentó retirar el maletín, la carpeta y las pertenencias de Murias y Longueville que Angelelli llevaba consigo, pero los militares se lo impidieron. El teléfono sonó en el despacho del ministro del Interior. El general Albano Harguindeguy escuchó a su interlocutor. “Su cara se iluminó con una sonrisa”, narró el ex ministro de Defensa José Antonio Deheza, quien lo visitaba para pedirle la libertad de dirigentes peronistas detenidos. Igual que en el caso de los palotinos asesinados un mes antes en la iglesia de San Patricio, los papeles que llevaba Angelelli llegaron al despacho de Harguindeguy en una carpeta que decía “Confidencial”. Cuando las cosas que llevaba el obispo fueron devueltas a la Curia, cinco días después, era evidente que habían sido revueltas. El informe sobre el asesinato de los curas del Chamicalapareció no en el maletín sino en la valija con ropas, el orden de las fojas había sido alterado y había tildes en algunas de ellas.
La prudencia de las serpientes
La noche del 4 de agosto de 1976, camiones de asalto con tropas ocuparon las entradas de la Catedral riojana. Se proponían allanar el dormitorio de Angelelli y detener a los fieles que se aproximaron al conocer la noticia de su muerte. Cerca de medianoche, luego de largas discusiones entre sacerdotes y militares, se abrieron las puertas y grupos de personas cantaron y rezaron. El 6 de agosto, luego de la misa concelebrada ante el cuerpo de Angelelliy de su entierro, el nuncio Pío Laghi, Primatesta y Zazpe hicieron una visita protocolar a Pérez Battaglia, quien les aseguró que se había tratado de un accidente. Según el obispo Oscar Justo Laguna, en un primer momento Laghi lo creyó, hasta que entró en dudas y terminó convencido de que había sido asesinado. Laghisostiene haber presentado una enérgica protesta a las autoridades:
–Deben demostrarme que sucedió lo contrario de lo que yo supongo –dice que dijo.
En su primera edición posterior a la muerte de Angelelli, el diario vaticano L’Osservatore Romano presentó el caso como un “extraño accidente”. Pero el cardenal Juan Carlos Aramburu declaró que “no había pruebas concretas para hablar de un crimen” y no se produjo la esperada protesta vaticana. Sin embargo la biografía oficial del nuncio es hipercrítica con Angelelli, a quien vincula con “los extremismos que proponía la Teología de la Liberación”. Para ello Laghi y sus colaboradores, Laguna y Jorge Casaretto, fuerzan los hechos. Los autores sostienen que Pablo VI dio orden de que no se tomaran fotos para no “inmortalizar” la última visita del “incómodo” obispo riojano al Papa, debido a sus “heterodoxias doctrinales”. No es así. Pablo VI se fotografió en el gesto afectuoso de tomar la mano de Angelelli el 7 de octubre de 1974 en el Vaticano. Esa imagen ilustra la biografía del obispo asesinado escrita por el domínico Luis O. Liberti.
Tres días después del entierro de Angelelli, la Conferencia Argentina de Religiosos dirigió un angustioso llamado a Primatesta en busca de protección. Primatesta respondió que los obispos habían elegido ser “prudentes como las serpientes” porque estaban convencidos de que “hay tempus loquendi y tempus tacendi”. Tempus tacendi quiere decir tiempo de callar. Ese mandato se mantuvo a lo largo de las décadas. Fueron los obispos Jaime de Nevares, Jorge Novak y Miguel Hesayne, junto con Adolfo Pérez Esquivel y Emilio Mignone, quienes aun durante la dictadura presentaron la denuncia por el asesinato de Angelelli, que la justicia riojana dio por probado el 19 de junio de 1986. El juez Aldo Morales sentenció que se había tratado “de un homicidio fríamente premeditado”. Cuando el juez dirigió un exhorto a Primatesta, inquiriendo si conocía algún elemento que pudiera vincularse con la muerte de Angelelli, el cardenal respondió secamente que no. El Episcopado sigue sin asumir lo sucedido. En una declaración emitida en 2001 aun sostiene que Angelelli “encontró la muerte” y que “la muerte lo encontró” y se abstiene de mencionarlo como mártir. Hesayne replicó: “Tenemos más pruebas de su martirio que del de muchos mártires de los primeros siglos del cristianismo”.
Que parezca un accidente
Angelelli fue asesinado en la ruta el 4 de agosto de 1976; Ponce de León el 11 de julio de 1977. En ambos casos se simularon accidentes carreteros. Durante su desempeño al frente de la guarnición riojana, Pérez Battaglia viajaba los fines de semana a San Nicolás. Durante los primeros años de sucarrera militar alquilaba un departamento en Malabia 2200 de la Capital Federal. Pero luego se construyó una casa en San Nicolás, donde vivía su familia. No era un hombre que pasara inadvertido. Los socios del Club Belgrano recuerdan su irrupción, pistola a la cintura, para amenazar a un grupo de muchachos que habían fastidiado a su hijo. En esos viajes, Pérez Battaglia confraternizaba con el jefe del Batallón de Ingenieros de San Nicolás, el teniente coronel Saint Amant, quien se había hecho cargo de esa unidad en diciembre de 1975. Se conocían desde la adolescencia. Cuando Saint Amant ingresó al Colegio Militar, en marzo de 1948, Pérez Battaglia cursaba el último año y fue su jefe de sección en la Compañía de Ingenieros. Este ascendiente de un superior sobre su subordinado se mantiene a lo largo de toda la carrera. Había, además, otras afinidades. Igual que Pérez Battaglia en La Rioja, Saint Amant se vinculó con los sectores integristas de la Iglesia nicoleña, los Legionarios de Cristo Rey y Tradición, Familia y Propiedad, y comenzó a hostigar al obispo Ponce de León y a sus presbíteros. Cuando Ponce de León intercedió por varias personas desaparecidas, el militar le respondió:
–Sí. Yo los detengo. ¿Y qué? Voy a hacer desaparecer a todos los que están con usted, y a usted todavía no puedo porque es obispo.
Saint Amant llamaba a Ponce de León “obispo rojo”. Su primer informe al jefe del Cuerpo I, Carlos Suárez Mason sobre la denominada lucha contra la subversión en San Nicolás, estuvo dedicado a Ponce de León, contra quien propuso operar. Según la doctrina católica, escribió, el obispo es sucesor directo de los Apóstoles, la unión con la Iglesia se hace mediante la unión al obispo y fuera de la Iglesia no hay salvación. Los católicos que se cuestionan la actuación del obispo “piensan que ponen en juego su salvación eterna”. Por eso “hace falta lucidez intelectual y cierto coraje para entender que un obispo es traidor a la Iglesia, y para obrar sin el respeto que la doctrina enseña para con el sacerdote cuando éste está destruyendo su Patria y su fe”. No sería posible tener éxito en la lucha contra la subversión “si no se erradican los males expresados”, decía.
Retirado en 1981, Pérez Battaglia se radicó en San Nicolás. Su hija Teresita se casó con el cardiólogo Roberto Fernández Viña, quien ahora es Concejal justicialista. En 1991 y 1992, Pérez Battaglia llegó a ser gobernador del Distrito 5 del Club de Leones, con cabecera en San Nicolás. Su lema era “Por un leonismo sincero, fraterno y solidario”. Allí cultivó algunas amistades más liberales con profesionales y empresarios muy conocidos en San Nicolás, como Bonelli, Scaglia y Ondarchu. Pérez Battaglia murió hace seis años.
Saint Amant se retiró en 1992. La semana pasada, el juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, inspeccionó en compañía del ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Di Rocco, el campo clandestino de concentración que funcionó en la Unidad Penal 3 de esa ciudad. Dos ex agentes penitenciarios declararon que allí estuvo detenido el matrimonio formado por la riojana María Cristina Lanzilloto y el santiagueño Carlos Benjamin Santillán, dos militantes del PRT-ERP, quienes fueron torturados por personal policial y del Ejército en ese lugar, que Saint Amant visitaba con frecuencia. La semana pasada, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de la mujer. Su hermana, la dirigente de Abuelas de Plaza de Mayo Alba Lanziloto, dejó La Rioja en julio de 1976 para escapar de la persecución de Pérez Battaglia. Ahora es querellante en la causa “Alvira, María Cristina y otros” donde también se investiga la desaparición forzada y torturas de un grupo de la Juventud Peronista, vinculado con la diócesis de San Nicolás y el Colegio Don Bosco y que podría culminar con la detención de Saint Amant.
Pagina12 09 de Abril de 2006
EL ASESINATO DEL OBISPO PONCE DE LEON EN 1977
Crimen en la ruta
El 11 de julio de 1977 el obispo de San Nicolás, Carlos Ponce de León, fue asesinado en la ruta. Como en el caso de Angelelli, se simuló un accidente de tránsito. El regimiento en el que se planificó el crimen fue cedido en comodato a la Iglesia, que lo usó hasta esta semana como casa de reposo y ejercicios espirituales. Su encargado fue el militar que firmaba los inventarios después de los saqueos. El papel del obispo Oscar Justo Laguna y la reapertura de la causa, ahora en la justicia federal.
El auto de Ponce de León después del choque y la camioneta que conducía Martínez.
Por Horacio Verbitsky
Con el mayor sigilo, el miércoles de esta semana fue evacuada la casa diocesana San Ignacio de Loyola, que la Iglesia de San Nicolás mantuvo durante diez años en la unidad castrense en la que se planificó el asesinato del obispo Carlos Horacio Ponce de León. El cartel que identificaba el local, colocado debajo de la garita de guardia, fue uno de los símbolos más estridentes de la complicidad de la jerarquía eclesiástica con la última dictadura militar. Ponce de León fue el segundo obispo asesinado por aquél gobierno, el 11 de julio de 1977, un año después que el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli. En ambos casos se simularon accidentes de tránsito. En 1996, cuando esa unidad de ingenieros del Ejército fue desactivada, el Obispado de San Nicolás (entonces a cargo de Mario Maulión) recibió en comodato sus instalaciones. Como encargado de esa casa diocesana de retiros quedó el sargento retirado del Ejército Carlos Nilson Suárez, el hombre que firmaba los inventarios de bienes luego de los saqueos en casas de personas detenidas-desaparecidas. Cinco días después del 30º aniversario del golpe de 1976, colchones, muebles y el cartel delator fueron retirados de la ex unidad militar.
Casi al finalizar la dictadura Adolfo Pérez Esquivel y los obispos Jaime de Nevares, Jorge Novak y Miguel Hesayne denunciaron el asesinato de Angelelli ante la justicia riojana, que en 1986 lo consideró probado, aunque no identificó a sus autores. El Episcopado sigue sin asumir lo sucedido. En una declaración emitida en 2001 aun sostiene que Angelelli “encontró la muerte” y que “la muerte lo encontró”. El caso de Ponce de León ha sido aún más olvidado y su obra al frente de esa diócesis industrial es tan poco conocida como las circunstancias de su muerte. Sin embargo, desde el año pasado el juez federal de San Nicolás Carlos Villafuerte Ruzo la está investigando.
Hostigamiento
Durante la primera asamblea plenaria del Episcopado posterior al golpe, en mayo de 1976, Ponce de León había informado del hostigamiento y las humillaciones a que era sometido y fue uno de los que más insistió en la necesidad de un pronunciamiento público firme, cosa que el Episcopado rechazó pero el gobierno supo. El asesinato de los palotinos de San Patricio lo golpeó más que a nadie, porque estaba relacionado con varias de las víctimas. El sacerdote Alfie Kelly era su confesor y amigo. El seminarista Salvador Barbeito era íntimo amigo de uno de los sacerdotes de San Nicolás, José Aramburu, con quien había cursado el seminario. Otros palotinos daban clases en el seminario nicoleño. Ponce de León decidió dispersar a los seminaristas de su diócesis porque temía que fueran los siguientes.
San Nicolás ocupó un lugar central en los proyectos del nacionalismo militar y del industrialismo peronista y fue el origen de un polo de desarrollo económico y urbano que se extendió hacia Villa Constitución y Campana. La evangelización de los núcleos obreros fue una de lasprioridades del Obispado. Los Encuentros del Pueblo de Dios, los campamentos de jóvenes, las peregrinaciones provocaron reacciones hostiles de los sectores tradicionalistas. La izquierda peronista y el marxismo, que en esa zona alcanzó implantación obrera, confrontaban desde comisiones internas y sindicatos, con la línea peronista ortodoxa de la Unión Obrera Metalúrgica, a la que ganaron la conducción de Villa Constitución en elecciones limpias. En marzo de 1975 la presidenta Isabel Perón despachó una caravana de un centenar de vehículos con hombres armados para desmantelar toda organización independiente. Ponce de León viajó a Buenos Aires para tramitar la libertad de los nicoleños detenidos. Los activistas gremiales que no perdieron la libertad o la vida entonces fueron secuestrados y asesinados después del golpe militar, que designó como ministro de Economía al presidente de Acindar, la siderúrgica de Villa Constitución, José Alfredo Martínez de Hoz.
El dueño de casa
El primer informe posterior al golpe que firmó el jefe del área 132 y del Batallón de Ingenieros de Combate 101, teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant, calificó a Ponce de León como “enemigo acérrimo de monseñor Bonamín” y dijo que dirigía al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo que, a su vez, había copado la diócesis. El obispo llegó a Ramallo durante un gran operativo militar frente a la parroquia y se abrió paso entre los soldados. Saint Amant se sorprendió al verlo sentado frente al escritorio de la casa parroquial:
–¿Qué hace usted aquí?
–¿Qué hace usted? Yo soy el dueño de casa.
–¡Qué servicio de informaciones tienen! –se fastidió el militar, que lo trataba como si fuera el jefe de un Ejército enemigo.
El obispo le exigió un inventario de todo lo que requisaron, incluyendo un mimeógrafo. Esos inventarios eran la especialidad del sargento Suárez. Ponce de León había ordenado a sus sacerdotes que no pernoctaran solos en sus parroquias, que trataran de dormir en casas de los fieles, de modo que siempre hubiera alguien que pudiera avisar. Poco antes de la Semana Santa de 1976, Ponce de León visitó a Saint Amant para reclamar la libertad de ocho sacerdotes de distintas parroquias que habían sido detenidos y estaban alojados en los cuarteles de San Nicolás.
–Yo me quedo detenido también hasta que los liberen –dijo el obispo.
–Usted ya está detenido, lo tenemos bien controlado y tiene que venir a informar de cada cosa que haga –respondió el militar.
–Si tengo ocho parroquias sin sacerdote, voy a suspender la celebración de Semana Santa –le comunicó Ponce de León.
Saint Amant liberó a los ocho sacerdotes frente al Obispado y sin ninguna explicación. Ponce de León nunca cumplió con la intimación de presentarse al cuartel.
Inteligencia militar
El informe de Saint Amant sobre Ponce de León afirma que en San Nicolás los grupos más importantes de Montoneros salieron de la “Iglesia” (comillas en el fabuloso original) y con deliberada despreocupación por los matices anuncia que “hablaremos indistintamente de Juventud Peronista, de Montoneros y de Peronismo Auténtico”. No se trataba sólo de hablar.
La indiferenciación se extiende luego también al ERP y “a los hechos guerrilleros de Villa Constitución”, como llamaba a la organización sindical de los trabajadores al margen de la conducción de la UOM. Coincidía con él Ricardo Balbín, presidente de la Unión Cívica Radical (UCR). Poco ducho en el arte de la metáfora y obsesionado con los sacerdotes tercermundistas, Saint Amant informó que “esos pastores son lobos vestidos de ovejas”. Como estaba en juego el “Ser o no ser de laPatria” había que atacar al enemigo en todos los frentes porque “se vale indistintamente de la pornografía, del liberalismo, del capitalismo, de los medios de comunicación, del freudismo, de los partidos políticos, de la pobreza, de la explotación de las injusticias, de la UNESCO, de la declaración de los derechos humanos, etc”. Los tres motivos por los que, según el jefe del área, esos sacerdotes no hacían definiciones subversivas públicas y explícitas, equivalen a un reconocimiento de que no practicaban ninguna actividad armada ni simpatizaban con la guerrilla:
a. miedo (hasta hace poco han creído que por ser sacerdotes no les pasaría nada. Ahora tienen miedo).
b. astucia.
c. en parte por a. y por b., en otros casos porque consideran a los guerrilleros tal vez como desubicados porque entienden que el proceso de marxistización (‘socialización’) debe nacer del pueblo y los guerrilleros lo quieren imponer a la fuerza. PERO NUNCA POR CONVICCIONES ANTIMARXISTAS. Esto debe quedar bien claro”.
“Fuerza enemiga”
Saint Amant vaticina que, en alianza con partidos políticos, el resentimiento peronista, los grupos marxistas no destruidos “y los infaltables idiotas útiles, tontos y democráticos que pidan elecciones”, la Iglesia será “la principal fuerza enemiga”. Por ello propuso operar sobre Ponce de León. Según la doctrina católica, escribió, el obispo es sucesor directo de los Apóstoles, la unión con la Iglesia se hace mediante la unión al obispo y fuera de la Iglesia no hay salvación. Los católicos que se cuestionan la actuación del obispo “piensan que ponen en juego su salvación eterna”. Por eso “hace falta lucidez intelectual y cierto coraje para entender que un obispo es traidor a la Iglesia, y para obrar sin el respeto que la doctrina enseña para con el sacerdote cuando éste está destruyendo su Patria y su fe”. No sería posible tener éxito en la lucha contra la subversión “si no se erradican los males expresados”, decía.
En San Nicolás estaban organizados los Legionarios de Cristo Rey, a quienes el obispo acusaba de vinculaciones con el arzobispo cismático francés Marcel Lefébvre y había un núcleo integrista de Tradición, Familia y Propiedad. Entre esos laicos que llegaron a denunciar a Ponce de León ante la Nunciatura estaba Héctor Hernández, hermano de un sacerdote. Para manifestar su hostilidad hacia el obispo, Hernández llegó a leer un libro en forma ostensible mientras Ponce de León pronunciaba una homilía. Hernández era colaborador habitual de la revista integrista Mikael, que editaba el Arzobispado de Paraná a cargo del vicario general castrense Adolfo Tortolo y dirigía el sacerdote Alberto Ezcurra Uriburu, fundador de la Guardia Restauradora Nacionalista. Junto con el informe de Saint Amant, el archivo de la Cancillería guarda el esquema manuscrito en el que se inspiró, con las líneas internas, los nombres y las alcahueterías sobre los sacerdotes de San Nicolás. Está escrito con una letra elegante, parecida a la del laico Hernández, quien entonces era abogado de Somisa y hoy es defensor oficial en los Tribunales Federales de San Nicolás.
Según Saint Amant, Ponce de León, “vive atemorizado” y en sus sermones dice que recibe permanentes amenazas. Los colaboradores del obispo dicen que las amenazas las formulaba Saint Amant, quien lo llamaba “obispo rojo”. Cuando Ponce de León intercedió por varias personas desaparecidas, el militar le respondió:
–Sí. Yo los detengo. ¿Y qué? Voy a hacer desaparecer a todos los que están con usted, y a usted todavía no puedo porque es obispo.
Las amenazas al obispo llegaban primero por carta y por teléfono, pero luego pasaron a ser personales, con insultos en la calle cuando salía a caminar. Una de esas cartas decía: “Antes fue Angelelli, ahora te toca a vos”. Otra anunciaba: “Preparate porque en julio se te acaba”. En ambas lafirma era el dibujo de un ataúd. Sus colaboradores más próximos sentían que Ponce de León estaba “cercado, tenía los teléfonos controlados”.
El choque
Dos oficiales de policía llegaron al sanatorio de Buenos Aires donde estaba internado el seminarista nicoleño Nicolás Gómez. Querían saber quién era su obispo, si vendría a visitarlo, y cuándo. Gómez y su padre respondieron que Ponce de León les había prometido que vendría la mañana del lunes 11. Tenía también otros motivos para el viaje. Había preparado una carpeta para la Nunciatura Apostólica con datos sobre secuestros y torturas en San Nicolás y Villa Constitución. Uno de sus sacerdotes afirma que era una carpeta azul con el título “Asesinato de los padres y seminaristas palotinos”. Con esa documentación salió a la ruta, acompañado por el laico Víctor Oscar Martínez, de 19 años, quien cumplía con el servicio militar obligatorio en la Prefectura de San Nicolás. El obispo era su tutor judicial desde que el muchacho tenía doce años. A las 6.40 de la mañana, cuando aun no había amanecido, el auto Renault 4 del Obispado fue embestido en la ruta 9 por una pick-up. Atendido en primer momento en Ramallo, Ponce de León fue trasladado a la clínica San Nicolás en “coma profundo, con fractura y hundimiento de cráneo” según la instrucción policial.
Pero la presunta fractura no aparecerá luego en el informe del sanatorio donde fue atendido. Su historia clínica, si la hubo, no quedó archivada. Tampoco se citó a declarar ni se solicitó documentación a la clínica de Ramallo a la que Ponce de León fue llevado en primer momento. Sólo su madre pudo verlo. Ni siquiera a su médico personal se le permitió pasar a la sala de terapia intensiva. La documentación que llevaba desapareció. Nunca se practicó un peritaje accidentológico ni de ingeniería mecánica para establecer cómo se produjo la colisión. En ningún lado consta que se haya realizado la autopsia, aunque ni el médico policial ni un forense hicieron un examen externo del cuerpo para determinar causas evidentes de muerte que la hicieran innecesaria. Tampoco hay un certificado médico que establezca los motivos de la defunción. La clínica donde el obispo agonizaba fue rodeada por fuerzas militares y policiales y lo mismo ocurrió con la Catedral luego de su muerte, tal como había sucedido en La Rioja cuando el asesinato de Angelelli. Los militares temían una reacción popular porque nadie creía que se hubiera tratado de un accidente. El expediente judicial contiene irregularidades y omisiones más graves. Contra lo usual, la policía devolvió los vehículos y su contenido sin que se certificara la propiedad de cada uno y no describió el contenido de los dos portafolios que llevaba Ponce de León.
Tres versiones
El conductor de la pick-up F100, modelo 77, Luis Antonio Martínez, declaró que debió frenar en forma brusca para no embestir a un colectivo. Como la ruta estaba mojada, la camioneta patinó y se cruzó a los trompos sobre la otra mano, por donde avanzaba el Renault. Nada se hizo para determinar por qué no quedaron huellas en el pavimento. Ni la policía ni el juez buscaron testigos del choque. Tampoco identificaron al colectivo ni al chofer y sus pasajeros que podrían haber relatado lo sucedido. La escueta instrucción judicial no verificó si las heridas que causaron la muerte del obispo eran compatibles con los daños del vehículo en que viajaba. Nunca se estableció quienes llevaron al obispo moribundo al hospital ni en qué vehículo.
Luis Antonio Martínez dijo que él y su acompañante en la pick-up, Carlos Sergio Bottini, viajaban hacia Entre Ríos “por razones comerciales” de la empresa Agropolo S.A. dedicada a negocios agropecuarios y propietaria de la pick-up. Bottini se identificó como directivo de Agropolo, con domicilio en Viamonte 1866, de la Capital, esto es, a pocos metros de lasede del batallón de Inteligencia 601 del Ejército. Todos los edificios vecinos a esa unidad operativa eran por entonces propiedad del propio batallón. El juez le devolvió la camioneta, pero en el expediente no quedó constancia de la documentación que acreditaba su propiedad. Ni la existencia real de Agropolo, ni sus negocios fueron objeto de constatación.
Cuando la policía buscó los antecedentes de Luis Antonio Martínez, la empresa en que trabajaba ya no fue mencionada como Agropolo sino como Don Paco. Recién dos meses después el juez Oberdán Andrín, cuñado del ex hombre fuerte del peronismo San Nicolás, José María Díaz Bancalari, escuchó por primera vez a los tripulantes de la pick-up. El 18 de julio de 1978, condenó a Martínez a seis meses de prisión, dejó la pena en suspenso y lo inhabilitó para manejar durante cinco años. La única descripción de lo sucedido en todo el expediente es la del condenado por homicidio culposo. Aun así, en la apelación surgieron dudas sobre su relato. En setiembre de 1978 la Cámara de San Nicolás destacó que el conductor había dado tres versiones distintas de lo sucedido. Los camaristas se limitaron a afirmar que en cualquier caso su responsabilidad era indudable y confirmaron la condena pero no les interesó profundizar en las causas del cambio de versión. Nadie tomó declaraciones sobre las amenazas y persecuciones al obispo, que todos conocían en San Nicolás.
La intervención
Las amenazas a los colaboradores del obispo continuaron después de su muerte. Les exigían que abandonaran el trabajo pastoral en las villas y con los obreros de la zona. Muchos de ellos partieron al exilio. El nuncio Pío Laghi envió como administrador apostólico al obispo Oscar Justo Laguna, cuya llegada fue vivida por el clero como una intervención porque abandonó la línea pastoral de Ponce de León.
Uno de los sacerdotes del presbiterio nicoleño, José Karamán, califica como “nefasta” la gestión de Laguna. “Su misión fue desarmar lo que Ponce había armado”. Afirma que frente a una diócesis dolorida actuó con histeria. “Nos decía que parecíamos las viudas de Ponce y que estaba harto de oír hablar de él. ¿De qué quería que habláramos, de Lola Flores?” También considera que actuó con soberbia, haciendo pesar sus conocimientos teológicos ante sacerdotes de menor formación. Además tuvo miedo de interceder por “unos muchachos que habían sido detenidos”, lo cual provocó un serio incidente en el que un sacerdote amagó con pegarle y otro se interpuso para impedirlo. El retrato se completa con alusiones a la prepotencia que usó en la relación con los presbíteros. “Manejaba información y había averiguado vida y milagros de los curas”. Creía que eran “tipos peligrosos”. Luego de recorrer la diócesis “se sorprendió porque celebrábamos misa normalmente. ¿Qué esperaba, alguna orgía?” Sin embargo, cuando Saint Amant protestó por la continuidad del párroco de la Catedral, Carlos Pérez, quien se había negado a recibir al vicario castrense Tortolo para la confirmación de 200 soldados, porque “su figura es mal vista por el clero diocesano”, Laguna no aceptó removerlo.
La biografía oficial de Laghi, en cuya redacción Laguna se atribuye una parte decisiva, incluye juicios críticos hacia Ponce de León y Angelelli. “Para actuar en favor de los más necesitados no era inevitable caer en los extremismos” de ambos, que habían “alcanzado niveles de fuerte radicalización teológica y pastoral”, dice. Mientras duró su intervención en el Obispado, Laguna designó para representarlo en la causa penal al abogado Luis Alberto Gritti, quien en ese momento era Delegado en San Nicolás de la Fiscalía de Estado de la Provincia de Buenos Aires. A sus órdenes trabajaba el laico Hernández, pero también el abogado Héctor García Huerta, quien en la misma causa asumió la defensa del conductor procesado, Luis Antonio Martínez. Los tres eran amigos personales. Grittiy Hernández son incluso parientes políticos. Gritti reconoció su firma en el viejo expediente penal pero dijo que nunca supo que su compañero de oficina García Huerta hubiera sido el defensor del hombre que manejaba la camioneta que causó la muerte del Obispo. Lo espera una denuncia por falso testimonio.
Expedientes
Además del expediente provincial por la muerte de Ponce de León hubo una causa federal paralela. En 1984 fue solicitada por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Del juzgado federal de San Nicolás la retiró la Policía Federal, pero al CONSUFA nunca llegó. El expediente provincial también se consideraba perdido. Había sido retirado del archivo en 1997 por el juez provincial nicoleño Alberto Moreno y desde entonces se le perdió el rastro. Un día de 2004, el fiscal interino de San Nicolás Juan Patricio Murray tocó la puerta del despacho del defensor oficial Héctor Hernández, e ingresó sin esperar respuesta.
–Acá estamos matando un obispo –bromeó el prosecretario administrativo de la Defensoría, Luis Ré (un viejo funcionario judicial, hijo de un militar).
Murray se acercó y vio sobre el escritorio de Hernández un viejo expediente abierto en una página con fotos de dos vehículos después de un choque. De pie junto a Hernández, la empleada Franca Padullo observaba las fotos. Muy molesto con la situación, Hernández explicó:
–Franquita tenía la versión transmitida por sus padres de que al obispo Ponce de León lo habían asesinado en la época del Proceso, y yo le estaba mostrando el expediente para que verificara que había sido un accidente, que no era posible que personas honorables como un juez, su secretario, un fiscal, un abogado defensor, tres jueces de Cámara, un secretario y un fiscal de Cámara se hayan puesto de acuerdo para hacer aparecer como accidente un atentado.
Murray se retiró sin hacer comentarios. Pocos días después el expediente reapareció en el archivo. Hombre de otra generación, Murray descubrió en él la abrumadora serie de irregularidades cometidas por la policía y el juez Andrín y requirió el pase de la causa al fuero federal donde ahora por fin, se podrá hacer justicia por el asesinato de Ponce de León.
Domingo, 02 de Abril de 2006
Pagina 12
Homenaje a los religiosos
El canciller Jorge Taiana realizará hoy un homenaje a más de un centenar de religiosos de distintos credos que fueron víctimas de la dictadura militar. Junto a la Secretaría de Culto del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, descubrirán en la Plaza San Martín, a las 11, una placa de mármol que evoca a los religiosos y religiosas de diversos credos que fueron víctimas del terrorismo de Estado. En el acto, además de Taiana, hablarán el secretario Eduardo Luis Duhalde y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman. En forma simultánea al descubrimiento de la placa se dará lectura de los nombres de las religiosas y religiosos asesinados o desaparecidos, mientras alumnos de colegios de distintas confesiones plantarán un olivo, como símbolo de vida y esperanza. También habrá un rezo en memoria de los religiosos a cargo de un sacerdote, un rabino, un dignatario musulmán y un pastor protestante.
Martes, 21 de Marzo de 2006
Pagina 12
Jaime de Nevares
Este texto fue escrito por Elio Brat,elanteaño pasado y decia "hace casi 8 años partia Don Jaime.LA OTRA IGLESIA Argentina"
Hoy,casi 2 años despues,vuelvo a reenviarlo,acomodando fechas.
Tuve el honor y la inmensa alegria de conocer a Don Jaime,Obispo del Neuquen, en mis epocas de Guardaparques por esos pagos,y asistir a sus misasde campo,(las de inmensas catedrales ya habian pasado a mi olvido)frente al altar del volcan Lanin, junto a sus hermanos,nuestros hermanos mapuches,con quienes se conectaba de manera casi magica.
Quiero de esta forma recordarlo,seguro estara sonriente mirandonos,desde algun lugar muy alto ,donde estan los solidarios,loscomprometidos,los justos,donde moran los que lucharon por la verdad y la justicia.
El permanente recuerdo y ejemplo para los que lo conocieron y supieron de el,explica de alguna forma el misterio de la inmortalidad y la vida eterna.
Fito Crivelli
Mendoza
MAYO del 2004
EL REINO DEL REVÉS
Monseñor De Nevares pedía pista un 19 de mayo del ?5
Hace casi 10 años partía Don Jaime, la otra iglesia argentina
Elio Brat
Neuquén.- Como obispo, lleg?a la Patagonia cuando tenía 44 años. No era la primera vez que venía al Sur. Como buen salesiano, había trabajado en el área docente en Viedma y también se había acercado bastante cuando trabaj?en lo que para esos tiempos era la puerta del sur argentino: la ciudad de Bahía Blanca. Pero la jerarquía eclesiástica lo había elegido para inaugurar un nuevo obispado, el de Neuquén, en agosto del '61.
Y ese joven abogado, de una familia acomodada del barrio porteño de Retiro, se iba a transformar, con el correr del tiempo y las situaciones, en uno de los personajes más revolucionarios de la historia social de la Patagonia. Porque Jaime Francisco De Nevares fue, para su tiempo y en la iglesia que le toc?participar, un verdadero revolucionario.
No en vano traía en su cuerpo y en su mente la experiencia de haber trabajado con la gente de los conventillos del bajo en Buenos Aires. Y también con los pibes y las pibas de las villas junto a un gran amigo suyo, luego asesinado por las fuerzas fascistas de nuestro país: el padre Mugica.
Y a muy poco tiempo de haber llegado, la mayoría de los apenas 14.500 habitantes que tenía en ese momento la ciudad de Neuquén comenz?a reconocer a ese hombre y lo que es mucho más importante, comenz?a quererlo. A su paso, no se lo saludaba con el "señor obispo" de tantos otros lugares o el remanido y tan temido "monseñor". No. Los neuquinos y neuquinas comenzaban a llamarlo cariñosamente como "el monse". Y poco después se ganaría el don del cariño de la gente, recibiendo el título que lo acompañó desde entonces hasta su muerte: la gente lo reconocería para siempre como "Don Jaime".
El bautismo de lucha de Don Jaime -no dicho por nosotros sino reconocido infinidad de veces por el propio De Nevares- fue la lucha de los obreros de El Chocón, en octubre del '69 y enero del '70. All?no dud?en enfrentarse al gobierno del recalcitrante cursillista ultracatólico Juan Carlos Onganía, asesino de los trabajadores y estudiantes cordobeses de mayo del '69.
Tampoco dud?en enfrentarse al vicario castrense Victorio Bonamín, quien desde la misma iglesia a la que perteneci?siempre Don Jaime, en la propia Tucumán de los años 1975 y 1976, previos al golpe del general Rafael Videla y compañía, dijo públicamente y sin ningún empacho que "el Ejército (argentino) est?expiando la impureza de nuestro país. ¿No querr?Cristo que algún día las Fuerzas Armadas estén más all?de su función?".
Pues De Nevares estuvo siempre en las antípodas de personajes nefastos como Bonamín. O Monseñor Antonio Plaza de La Plata. O el cura párroco Cristian Von Wernich. O Monseñor Tortolo en Paran? Entre Ríos, como para citar algunos ejemplos (todos ellos, menos Von Wernich que sigue ejerciendo en el pueblo bonaerense de 9 de Julio, están fallecidos). Don Jaime estuvo y est?cerca de la memoria de curas del pueblo como fueron Enrique "Pelado" Angelelli, el ya nombrado Padre Mugica y los hoy vivos Esteban Hesayne, Antonio Puigajn?y Joaquín Piña, entre otros.
Por último quiero traer un comentario que me hizo en vida quien fuera el compañero inseparable de trabajo desde que vino a Neuquén: el recientemente fallecido Padre Juan San Sebastián. Como yo no estuve ese viernes 19 de mayo del '95 -el día que Don Jaime pidi?"pista" a su Tata Dios-, tres días después fui a la Catedral para rendirle un homenaje personal que ya miles de neuquinos y neuquinas le habían hecho pocas horas antes. Al no encontrar ninguna capilla ardiente ni lugar especial por separado en la nave principal adonde estaba el cuerpo de Don Jaime, me acerqu?al Padre Juan que en ese momento estaba all?atendiendo a la gente. Le pregunt?dónde estaba ubicado Don Jaime, a lo que Juan me contest?"a la izquierda. Siempre a la izquierda". Nos reímos un poco, nos abrazamos y nos separamos.
Ocho años después, cada vez que entro a la Catedral para "ver" a Don Jaime, siempre me acuerdo de eso. Un hombre que form?parte de "la otra iglesia". Un buen hombre, por sobre todas las cosas. Y los neuquinos tenemos que sentirnos orgullosos de haberlo "vivido" con nosotros.
"Vivito y coleando" como le gustaba decir siempre a Don Jaime.
________________________________________
"No quiero asistir a los funerales de la República"
"Manifiesto mi decisión de abandonar definitivamente esta Convención Constituyente. En cumplimiento del mandato con el que fue honrado por la mayoría del electorado de mi provincia Neuquén. Pero no debo dejar de expresar sin embargo mi alarma ante la desmesurada extensión de los poderes presidenciales, que hacen muy tenue la ya tenue división de poderes.
Por eso digo, señor Presidente y señores convencionales, parafraseando a un personaje argentino que mucho admiro, no quiero asistir a los funerales de la República.
Alguien dijo que la historia ser?implacable al juzgar aciertos y errores. Yo agregaría cuánto más implacable ser?con quienes han realizado una verdadera subversión en el orden constitucional.
Yo no quiero, no querría caer bajo ese juicio implacable de mi Patria, aún más que de la historia.
Y finalmente creo que debo una explicación a muchos que me han planteado porqu?entonces present?la candidatura, acept?el cargo y jur?al tomar posesión. Y el porque es que conserv?siempre, esperando contra esperanza, hasta este momento que la Convención - dejando de lado el pacto (de Olivos) impopular y la ley inconstitucional- resolviera que cada proyecto del artículo segundo fuera discutido y votado en particular. Pero esto ya es evidente que no suceder?
Y por eso, señor Presidente y señores y señoras convencionales, mientras conservo en mi espíritu una afectuosa disposición hacia todos y a cada uno -aún aquellos que discrepan que son muchos, me doy cuenta, también fuera de la Asamblea- yo en este momento presento formalmente mi renuncia y me retiro de la Convención.
Eso es todo, señor Presidente".
Discurso del convencional constituyente por la provincia de Neuquén Jaime Francisco De Nevares, al momento de renunciar a su banca en la Asamblea Constituyente de Santa Fe en 1994.-
Argentina
Recordando a Don Jaime De Nevares
Por: Luis Fernando Conde (especial para ARGENPRESS.info) (Fecha publicación:13/05/2005)
En estos días a diez años de tu partida te recordamos querido Don Jaime rodeados de un clima de lucha y desconcierto. De lucha por todos los trabajadores estatales y no estatales que están actualmente en conflicto, y que por distintos motivos no logran concretar sus pedidos justos ante una patronal insensible y con cierto grado de soberbia.
Don Jaime De Nevares
Desconcierto porque me parece que la iglesia de Neuquen ya no es lo que era entonces, tanto en feligresía como en el clero que encabeza el actual Obispo. Ya no escuchamos mas desde la catedral aquellas palabras los domingos a la mañana, en donde Don Jaime nos aleccionaba, consolaba y daba fuerzas para seguir luchando por un mundo mas justo. En cambio escuchamos a veces lecciones de moralina burguesa y algunas historias anecdóticas que rayan lo banal. Para colmo tenemos actualmente un colegio de obispos con una mayoría bien 'romanizada' y conservadora, parece que su función principal es estar permanentemente condenando los desvíos sociales y ofrecer en algunos casos soluciones extremas como es la de arrojar algunas personas al mar con una piedra alrededor de su cuello, tal como se hiciera en la época del dictador Videla con la colaboración de algunos militares de obediencia ciega.
A Don Jaime lo nombr?el Papa Juan 23, a los actuales los nombr?el Papa del Opus Dei Woytila, que dej?un sucesor que va a continuar esta línea conservadora y absolutista y quizás la perfeccione como es el 'panzercardenal' Ratzinger, heredero de los Torquemadas que tanto daño hicieron a la humanidad y los propios creyentes que caían en desgracia, como hoy por ejemplo los teólogos de la liberación....No obstante esperemos que la misma luz que alumbr?Don Jaime nos siga marcando el rumbo, codo a codo como cuando se agarraba de las madres de plaza de mayo, un rumbo de paz, justicia y verdad. El señor Jesús seguramente se acordar?de nosotros cuando vea all?arriba la figura de nuestro amigo Jaime y entonces nos de amparo, protección y fuerzas para parar tanta injusticia, soberbia e hipocresía y tal vez nos regale otra figura parecida con la cual aprendimos a conocer la doctrina del amor infinito y la misericordia de nuestro amado Maestro. Que as?sea.
LITURGIA EN ANIVERSARIO DE LA DESAPARICION DE OSCAR ALAJARIN
Ante el 28 aniversario de la desaparición de OSCAR ALAJARIN, miembro de la Iglesia Evangélica Metodista con una fuerte actuación en el Centro Urbano Nueva Parroquia y Co-fundante del MEDH, haremos una liturgia en su memoria el viernes 6 de mayo a las 18:30 horas en la Iglesia Evangélica Metodista de Parque Patricios cito en Caseros 2516
Parroquia El Carpintero de Nazareth de la Iglesia Evangélica Metodista y
MEDH.
Esta es una primera comunicación y aquellos/as que quieran ser convocantes y/o adherentes comunicarnos a esta dirección electrónica: coordinacion@medh.org.ar
PD.: Esto es una reiteracion de este anuncio, varios ya han adherido.Sigue abierta la adhesion.El jueves pensamos sacar un nuevo comunicado con todas las adhesiones recibidas.
Pastor Jose De Luca
Coordinador Gral. del MEDH
Masacre de San Patricio
El caso
En Argentina, según los informes de CONADEP y del Servicio Fe y Solidaridad del MEDH de Chile y otros estudios, se han contabilizado 18 sacerdotes, 10 seminaristas, 2 religiosas y 39 laicos asesinados. También un obispo, mons. Enrique Angelelli, de La Rioja, result?asesinado en un accidente simulado y en el caso de mons. Ponce de León, de S. Nicolás existen sospechas firmes de que el accidente automovilístico que le cost?la vida, también haya sido provocado (viajaba a Buenos Aires llevando una carpeta con graves denuncias de desparecidos en Villa Constitución). Todas estas personas se jugaron en tiempos difíciles y ofrecieron su vida por amor a Cristo y a los pobres, en la línea de las opciones de la Iglesia después del Concilio y Medellín.
Padre Carlos Mugica, semblanza de un cura como pocos
Por Horacio Ríos
El mártir que vive en el alma del pueblo
El padre Carlos Mugica fue un paradigma de su tiempo, a la vez que una contradicción en sí mismo. Hijo de una familia de clase alta, ofrendó su vida por los más humildes, incluso conociendo de antemano que ésa era una posibilidad demasiado cercana. Para servirles, renunció a una prometedora carrera en el seno de la iglesia, que podría haberlo llevado a las más altas jerarquías, ya que era un hombre de brillante inteligencia. Pero eso no era todo: era un cura peronista que trabajaba en el Barrio Comunicaciones, hoy Villa 31. Vivió sin miedo y sin pedir nada para sí mismo. Lo asesinó un matón a sueldo, en el que algunos creyeron reconocer al comisario de la Policía Federal Rodolfo Almirón. Después de 30 años, para desmentir a sus asesinos, Mugica sigue siendo recordado como lo que fue: un cura como los que prefería otro mártir de aquellos tiempos, el "Chacho" Angelelli: "con una oreja en el Evangelio y la otra en el pueblo".
CARTA ABIERTA DE BERNARDO ALBERTE A JORGE RAFAEL VIDELA
(En la madrugada del 24 de marzo de l976 era asesinado por fuerzas combinadas del ejâÝcito y policiales, el Tcnel. (R.E.) Bernardo Alberte; horas antes hab V terminado de escribir esta carta donde denunciaba la represiç_ ilegal y la complicidad de las F.F.A.A.)
Buenos Aires, 24 de marzo1976.
Al Sr. Teniente General
D. Jorge Rafael Videla
Comandante General del EjâÝcito
S/D
Me dirijo a Ud. a los efectos de informar lo siguiente:
1.- El dia 20-III-76, a las 20 horas, un grupo armado intento secuestrarme, en mis oficinas de la calle Rivadavia 764, 1? con el aparente propæ”ito de asesinarme. Acababa de retirarme del lugar elegido por esa banda armada unos minutos antes, lo que me permiti?observar el operativo desde la calle, asi como el gran despliegue de elementos materiales y humanos utilizados.-
2.- La observaciç_ personal de los hechos me permite asegurar a Ud. que se trataban de efectivos de seguridad, que luego de detener a tres personas que se encontraban en las citadas oficinas, esposarlas, vendarle los ojos y cargarlas en los veh«Aulos, se desplazaron velozmente por la calle Rivadavia hacia el oeste, sin poder seguirlos, por no poder disponer de vehiculo propio en ese momento. El desplazamiento se produjo con los acostumbrados toques de sirena de los veh«Aulos policiales.-
3.- El dia anterior en un operativo vinculado con el ya descripto fue secuestrado y luego asesinado el joven peronista M‹£imo Augusto Altieri.-
4.- En las citadas oficinas desarrollo actividades polñªicas vinculadas al Movimiento Peronista, formando parte de la Corriente Peronista ?6 de Julio?cuyo ideario surge de la documentaciç_ que adjunto.-
5.- La presente denuncia formal y escrita la presento en esta oportunidad luego de haber agotado todos los medios para averiguar el paradero del joven Altieri, vivo, lo que consegu? pero muerto el dia s‰ado 20, despues de gestiones infructuosas realizadas en ese Comando General; en elMinisterio del Interior y a travX de vinculaciones personales con camaradas relacionados con los Servicios de Informaciones.-
6.- La bªÔqueda personal realizada junto a su padre, fue facilitada por compaædros peronistas de la Municipalidad de Avellaneda y por personal policial de la Comisar V 1? de esa ciudad, lo que me permiti?hallarlo acribillado a balazos en la morgue del cementerio de Avellaneda, sin identificar, en avanzado estado de descomposiciç_, con el vientre abierto y con las v®žceras al aire. El cad‹¡er era un simple N.N., a los cuatro dias de haber sido encontrado por la polic V de Tristan SuæÆez, en su jurisdicciç_, habiendo fallado en ŽÊ el mšodo eficaz y habitual de identificaciç_ sin causa justificada.
7.- Es muy probable que si no hubiera mediado la decisiç_ de encontrarlo y la colaboraciç_ del personal descripto hubiera desaparecido toda posibilidad de que sus familiares ejercieran el derecho de darle sepultura cristiana.-
Estos son los hechos que informo al Sr. Comandante General, pero que como informaciç_ sintšica y descripciç_ objetiva, no tiene mucha importancia dentro de todo el contexto de violencia que caracteriza la situaciç_ polñªica argentina, si no va acompaælda de una apreciaciç_ que me siento con el derecho de hacer y con la obligaciç_ de seællar, por mi condiciç_ de Jefe retirado de las F.F. A.A., cuya trayectoria dentro de la Instituciç_ el Sr. Comandante General conoce bien; por mi actuaciç_ polñªica dentro del Movimiento Peronista, donde ocupe la mas alta jerarqu V dentro del pa®ž durante parte del exilio del General Perç_ y por la militancia polñªica que continuo realizando dentro del movimiento mayoritario, lo que me confiere, por lo menos, la experiencia que muchos necesitan para acceder a una realidad que se les escapa y que los supera, lo que es grave cuando ello le ocurre a quienes tienen la responsabilidad de asumirla, comprenderla y conducirla con acierto.-
En mis apreciaciones el Sr. Comandante encontrar V excesos si no aclarara que me siento en condiciones de dirigirme a Ud., no con mis simples atributos de oficial retirado de las F.F.A.A., que me subordinar Vn y me limitar Vn, y por consiguiente, har Vn de mis consideraciones una formal, simple e insuficiente apreciaciç_ que carecer V de valor.-
Sin dejar de expresarle a Ud. el respeto que me merecen ciertas jerarqu Vs, puedo asegurarle que la vida me ha enseældo a superarlas a todas, cuando de la necesidad de expresar el pensamiento se refiere. Esa fue mi norma, aun desde joven oficial; frente a Generales de la envergadura inigualada del General Juan D. Perç_; frente a polñªicos y militantes; frente a los hechos simples y los m‹± graves.-
Esto me lo enseãÄ la vida que transite como joven y como viejo como pobre y como rico; como obrero y como patrç_; como militar y como civil; como jefe y como subordinado; como subversivo y como polñªico; como libre y como preso;como perseguido, como prçjugo, como exiliado, como peronista.-
Sin duda avanzamos hacia un enfrentamiento hacia el que se nos quiere llevar gradualmente con falsas opciones y manejando falsos valores y alarma observar la ligereza y hasta la irresponsabilidad con que ciertas personas y ciertos sectores que tienen poder, poder transitorio, alientan el enfrentamiento con hechos o con palabras.-
Y apuntando con este concepto a nuestros camaradas de las F.F.A.A. inquieta escucharlos en sus discursos fªÏebres, por ejemplo, cuando ante sus muertos pareciera que quieren superar con palabras posturas que deben asumir con hechos silenciosos y positivos. Yo tambiŽÑ tengo esa experiencia de discursos fªÏebres. Hable en homenajes ante nuestros obreros y militantes muertos y tambiŽÑ ante camaradas fusilados por otros camaradas, y comprendo ahora que no alcanzan las palabras, ni los discursos, ni las oraciones fªÏebres ni las homil Vs de nuestros santos pastores de la Iglesia, para ocultar las causas que generan la violencia que esta entre nosotros desde hace mucho tiempo.-
Reconozco que el que utiliza un muerto, su muerto, para desahogar su ¤Ÿronca?por la injusticia de esa muerte, tiene derecho a hacerlo. Pero si siguiâÝamos en esa puja de exaltar a nuestros muertos,
?Quien tiene m‹± derecho ?
- Aquel que tuvo la oportunidad de asistirlo y por lo menos, tocarlo aun caliente y desangr‹dose, o verlo reciŽÑ ¤žcicalado?por la funeraria, preparado para el homenaje y para transitar ¥Himpio?hacia la gloria.
- O aquel que tiene que recogerlo sucio de un zanjon o de un pastizal, acribillado salvajemente; indefenso y maniatado, torturado y vendado sus ojos, en alto grado de descomposiciç_, como dicen las autopsias, o como decimos nosotros, podrido y en condiciones de ser ya comida de gusanos ?.-
Este es el destino de muchos de nuestros militantes y de nuestros obreros.?Puede algªÏ Coronel o algªÏ General, asumir alguna vez, con su discurso, una tragedia como esta ?. Le ahorro la respuesta : no lo haga. Yo ya no lo hago m‹±. No bastan ni sirven las palabras para evitarla.-
?SPAN style="mso-spacerun: yes"> Quenos pasa a los argentinos ? cuando aceptamos clasificar a los muertos en ¥@eseables?o ?indeseables? cuando nos acostumbramos y hasta toleramos y propiciamos los excesos del poder, cuando renunciamos al debate y aceptamos que los detentadores de ese poder puedan considerar que en todo caso sus excesos puedan encuadrarse jurªžicamente en figuras como ¥Axcesos de defensa?u otros inventos; cuando negamos por boca de Generales de la Naciç_ la democracia, con el argumento de que se podr V propiciar un ¥Cobierno ateo, materialista y totalitario??.-
Con estos conceptos no pretendemos enjuiciar a las F.F.A.A., porque no somos jueces y si lo fuâÝamos no tendr Vmos el poder para hacer cumplir la justicia. Solamente, hacer reflexiones que permitan comprender la necesidad de la autocrñªica, que no se observa en la severidad de los pronunciamientos militares que ya es costumbre repetida escuchar.-
Nosotros no consideramos a las F.F.A,A. como una instituciç_ poseedora de valores inmutables, sino como una instituciç_ humana que actªÂ para bien o para mal, de acuerdo a los hombres que circunstancialmente las dirigen. No son mejores ni peores que los hombres que la componen, y por consiguiente, no existe la continuidad histç@ica que iguala a todos los militares a travX del tiempo con un mismo sello de excelencia, desinterX o patriotismo; tampoco el merito de una Zoca alcanza a los protagonistas de otra, salvo que la revaliden con su propia conducta. Y lo mismo en lo que ataæd a conductas infamantes. Los meritos de San Martg no apaæln a Quaranta, ni Fern‹dez SuæÆez infama a Belgrano, a Dorrego o a Guemes. Podemos admirar al Almte Browm y negar al mismo tiempo a Rojas y a Benigno Varela. Podemos sentirnos deudores y herederos de tantos milicos que regaron con su sangre el suelo de AmâÝica y de la Patria y no por ello atenuar nuestro juicio sobre los oficiales cçFplices, ejecutores y consentidores de vej‹§enes y torturas.-
Sin duda este es un criterio antagç_ico con el que sustentan muchos militares que tienen un extraãÄ concepto de su parentesco con la historia y con la gloria. Pero es claro, y si se lo recalca asi tan crudamente, es para evitar que se sigan cultivando prejuicios indiscriminados de un patriotismo que luego la historia nos revela como falso.
Es que los argentinos tenemos una ingrata experiencia acumulada en este siglo. Cuando con el argumento siempre esgrimido y ahora repetido, de la necesidad de defender ¥Qn estilo de vida? nuestro estilo de vida, el Ejercito protagonizo como represor la historia de la ¤atagonia tr‰…ica?y los obreros lo hicieron como mæÆtires; cuando desde aviones navales con tripulaciç_ tambiŽÑ de polñªicos se bombardeo al Pueblo en la Plaza de Mayo; cuando se fusilo en la Penitenciaria Nacional; en Jos?Leç_ SuæÆez y en Campo de Mayo; cuando se fusilo en Trelew; cuando militares intervinieron en la profanaciç_ del cad‹¡er de Evita, cuando el Ejercito en un gran operativo pretendi?impedir el reencuentro del Pueblo con su lªžer; cuando representantes de las tres armas concurren a convocatorias de lo mas representativo de las empresas ¥Hideres?y lo mas rancio de los terratenientes y ganaderos, para considerar la situaciç_ econçFica nacional y formular criticas al gobierno, sin asumir las propias, etc., la preocupaciç_ se apodera de los sectores populares, especialmente cuando se anuncia que el Ejercito intervendr?en la ¥Oubversiç_ en las fabricas? lugar de trabajo de nuestros obreros y nada se dice de hacerlo en las empresas, lugar de expoliaciç_ del pa®ž y del patrimonio nacional.-
La situaciç_ es seria y tambiŽÑ dram‹¥ica, no solo para los trabajadores, sino tambiŽÑ para las propias F.F.A.A., impulsadas a avanzar en un terreno, donde por plano inclinado ser‹ llevadas a sustituir a las polic Vs de los ambientes fabriles, hasta ahora privadas, y a ser custodios de los intereses de una de las partes, precisamente la menos indicada para representar el interX general.-
A todas estas reflexiones dan lugar los 7 puntos primeros de esta nota, que describen una situaciç_ concreta.-
Si a ello agregamos que bandas armadas se desplazan por la Capital de la Republica y por los centros poblados, sin respuesta alguna de las fuerzas encargadas del orden y sin que las autoridades responsables (en este caso el Jefe de la Polic V Federal) tomen conocimiento, el problema es mas grave, no porque supongamos que el General jefe de esa polic V no quisiera impedirlo, sino porque no puede : los hechos y las cosas lo superan.-
Si adem‹±, en las averiguaciones del paradero del joven Altieri y en otras realizadas, comprobamos que su caso no es el ªÏico, que las morgues renuevan diariamente sus depæ”itos de cad‹¡eres acribillados y que los ç@ganos de seguridad no se asombran, de ningªÏ modo, sino que lo aceptan como comªÏ y normal, comprendemos que el pesimismo sobre la verdadera y grave responsabilidad y misiç_ de las fuerzas del orden se ha apoderado de ellas, en el mejor de los casos, pues hay otros en que se las puede suponer cçFplices de esas matanzas.-
Si escuchamos decir a funcionarios policiales que el joven Altieri ha sido ¤žjusticiado? comprobamos a que nivel llego el respeto por el concepto de lajusticia, a cuyo servicios ellos deber estar.-
Todos estos hechos se han producido en el ‹§bito con el que ese Comando en Jefe esta relacionado, por la funciç_ que ha asumido y es por ello que lo pongo en su conocimiento.-
Solamente y como colorario de todo esto corresponde hacer una ultima reflexiç_. Frente al concepto ya asentado de la inhabilidad de las F.F.A.A. para el ejercicio del poder polñªico, experimentado en tres desgraciadas oportunidades en lo que va de este siglo, comienza ya a extenderse en la opiniç_ publica el mismo concepto, pero en funciones que parecieran mas especificas de esas fuerzas: la del mantenimiento del orden y de la seguridad de las personas, a cuyo servicio han puesto ya oficiales en actividad.-
Por ultimo hago saber al Sr. Comandante General que denuncias similares sobre el hecho a que da lugar esta, han sido formuladas ante instituciones polñªicas, de la Iglesia, empresarias, obreras y profesionales, donde a cada una se le hace conocer nuestro pensamiento sobre las responsabilidades de cada una.-
Saludo al Sr. Comandante General
Bernardo Alberte
Tcnel. ( R.E.)
Bernardo Alberte (1918-1976), peronista y revolucionario
Por Emilio J. Corbière
Recuerdo a Bernardo Alberte, en las vísperas del golpe militar de 1976. Lo visité en su departamento de Avenida del Libertador, como redactor de 'La Opinión'. Alberte condenó a los militares que iban a dar el golpe y reclamaba que el gobierno detuviera Jorge Rafael Videla y otros golpistas. Pero no tenía confianza en el gobierno de María Estela Martínez de Perón, personaje mediocre que había respaldado al criminal José López Rega y a la Triple A.
Tenía razón Alberte, militar de estirpe sanmartiniana que no deshonró su investidura como los militares del Proceso.
El Gobierno le restituirá a Juan Jaime Cesio el grado de coronel del Ejército que la dictadura le quitó por acompañar a las Madres de Plaza de Mayo en una marcha y denunciar los crímenes del terrorismo de Estado.
“Les reclamé mis derechos a todos los gobiernos”, dice Cesio. Por Miguel Jorquera
Ayer por la noche, Juan Jaime Cesio tenía mucha alegría y sólo dos preocupaciones: preparar “un discurso de no más de quince minutos” y tratar de ubicar a algunos amigos de los cuales ya no tenía su teléfonos. El área de ceremonial del Ministerio de Defensa le había informado que sería uno de los oradores y que podría seleccionar una “cantidad limitada” de invitados a la ceremonia en la que hoy a las 18 horas, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el Gobierno le restituirá el grado de coronel del Ejército y los honores militares que le quitó la dictadura. Además de anunciar que enviará al Senado el pliego de ascenso a general de brigada, que “el brujo” José López Rega boicoteó en el Congreso antes que los militares usurparan el poder. En el acto también se rendirá homenaje a los coroneles Martín Rico y Jorge Montiel, asesinados a mediados de los ’70 por la Triple A.
“Pasaron 30 años. A mí me sumariaron y me quitaron el grado y los honores por ‘deshonor e indecoro militar’, que en realidad era porque me opuse a la dictadura. De ahí en más les reclamé mis derechos a los jefes de Estado Mayor, a los ministros de Defensa y a los presidentes de todos los gobiernos, pero ninguno de ellos ni siquiera me contestó”, contó Cesio a Página/12, todavía emocionado, después de volver a probarse el uniforme que le confeccionó la sastrería militar y que “me obsequió el general (Roberto) Bendini”. Es que el jefe del Ejército reivindica ser quien reactivó la sastrería para la fuerza.
–¿A este Gobierno también se lo había pedido? –le preguntó Página/12.
–Esta vez no, estaba podrido. Cuando uno inicia una causa, acuña esperanzas, pero ya había recibido muchas desilusiones. En realidad todo empezó con una contratapa de Página/12 que firmó Osvaldo Bayer, después la ministra (Nilda) Garré me invitó al cóctel de fin de año del Ministerio de Defensa; y ahora esto, que me lo dijeron el viernes pasado. No lo esperaba –respondió el coronel, que hoy tiene ochenta años.
“Cesio, uno de los pocos militares que le dijo no al crimen y al secuestro. Lo pagó muy caro: veintidós años de tristeza, injusticia y de quita de sus derechos, a través de restos del poder del crimen y la impunidad. Ojalá la nueva ministra de Defensa devuelva el derecho y termine con la injusticia de la violencia castrense que tanto mal hizo a la República”, decía la nota de Bayer, que publicó este diario el 3 de diciembre del año pasado.
El coronel usó por última vez su uniforme a fines del ’83, apenas días después de la restauración de la democracia, para hacer de padrino en el casamiento de su hija, pero nadie le devolvió el grado ni los honores. Durante el último gobierno de Juan Perón, López Rega bloqueó su ascenso en el Congreso por oponerse a la “doctrina de seguridad nacional”.
Ya durante la dictadura, a raíz de que acompañó a las Madres de Plaza de Mayo en una de sus marchas, el coronel demócrata fue descalificado por “falta gravísima al honor con accesoria de pérdida del uso del grado, título y uniforme”. Cesio declaró además que “bandas integradas por militares habían usurpado el gobierno” y que, con “el mendaz propósito de combatir la subversión, cometieron delitos aberrantes, como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas”.
Durante todos estos años, Cesio hizo de todo: fue gerente de seguridad de la todavía estatal YPF, asesoró en temas de defensa nacional del intransigente Oscar Alende, fue corrector de estilo en varias publicaciones y hasta escribió un libro, La cocina del cuartel. “Ahí escribí cosas que ya no me animaría a decir, tenía algo de humor y hasta un capítulo en el que describía para qué sirven los militares”, describió Cesio que se ufana de haber vendido unos mil ejemplares.
Hoy, cuando Cesio vuelva a lucir su uniforme y su grado, en el Salón Blanco también estarán su amigo de toda la carrera militar Bernardo Chasseing –“que fue nombrado gobernador de Córdoba por la dictadura y renunció al ver los que hacía Benjamín Menéndez”– y su compañero, el coronel Horacio Ballester, con quien fundó el Centro de Militares por la Democracia (Cemida).