La “catástrofe psíquica”, según el célebre psicoanalista francés René Kaës, no obedece sólo al hecho traumático ni a características del sujeto, sino a “la relación entre realidad traumática interna y medio ambiente”. Kaës estudió el tema en relación con la experiencia de la dictadura en la Argentina.
Por Rene Kaes *
La noción de catástrofe psíquica permite considerar diversas situaciones en las cuales recurrir al único determinismo interno del traumatismo no daría cuenta satisfactoriamente de las condiciones de su formación y de su devenir. Una catástrofe psíquica se produce cuando las modalidades habituales empleadas para tratar la negatividad inherente a la experiencia traumática se muestran insuficientes, especialmente cuando no pueden ser utilizadas por el sujeto debido a cualidades particulares de la relación entre realidad traumática interna y medio ambiente.
Una constante de la catástrofe psíquica es la dependencia narcisista y la violencia correlativa ejercida sobre las relaciones recíprocas de los sujetos singulares y del conjunto del cual son sujetos y además lo constituyen. En esta conjunción, no se trata realmente de un simple “agregado” traumático sino de una verdadera coproducción traumática que afecta el conjunto del espacio psíquico compartido: el sujeto del trauma es el mismo traumatizante para quienes comparten con él un espacio contenido en los límites de una envoltura narcisista común, transubjetiva y co-inherente a cada una de las psiques constitutivas. Puede decirse que el trauma vivido por uno adquiere el valor de recuerdo traumático e insoportable y de herida narcisista incurable (en francés, impansable) para el otro (o para aquellos otros). Aquello que no quedó reprimido, inelaborable, impensable (en francés, impensable), se observa en una repetición que no es concebida como realmente afuera, sino en un espacio psíquico intermediario entre lo interno y lo externo. Se representa al sujeto traumatizado como en el origen del recuerdo traumático. Es precisamente sobre aquel sujeto donde se efectúa la proyección de lo negativo. Esta proyección será efectuada por aquellos con una cierta eficiencia sádica y aquellos cuya zona traumática propia se ha activado. La catástrofe psíquica debe su efecto desorganizador y mortífero al hecho de que el sujeto fue ubicado ante la imposibilidad de conservar en su propio inconsciente o en el de algún otro la carga y la representación del traumatismo, debido a la destrucción de los continentes internos y externos.
Así como el primer acto de los torturadores es siempre el de quebrar los ritmos temporales fundamentales de la vida, el primer acto de la violencia social catastrófica es el de establecer el terror mediante la desarticulación de los procesos del pensamiento. Es por ello por lo que la abolición del orden simbólico da al objeto desaparecido el status enloquecedor de una representación fantasmática en el psiquismo. La angustia que suscita el terror no puede ser reprimida ni proyectada, ni ligarse a representaciones de cosas y de palabras, ni encontrar representaciones y objetos en el simbolismo lingüístico y social. El ataque contra la identidad de la especie (genocidio) y de la sociedad (tortura, desaparición) es un ataque contra el orden simbólico.
Grupos subversivos
Las reuniones de grupo, aun aquellas que el poder legitima, son siempre sospechosas para los totalitarismos. Los pequeños grupos son acusados por ellos de ser la fuente de la subversión, de fomentar los ataques contra la unidad y la integridad del Cuerpo Social con el cual el Estado totalitario se identifica, intentando transformarlo en idéntico a sí mismo. El cuerpo social y el cuerpo del sujeto deben coincidir en el imaginario del Estado que lo representa, ya no como símbolo, sino como metonimia del cuerpo social.
Pero existen razones más profundas para atacar a los grupos. El grupo y el agrupamiento mismo constituyen para sus miembros, sobre todo cuando están confrontados a vivir rupturas catastróficas, un recurso y una fuente de apuntalamiento, de envoltura, de defensa y de apoyo narcisista compartido. Todos los totalitarismos tienen en común el hecho de promover la prevalencia del individuo o de la sociedad, reducir al sujeto singular a la condición de elemento aislado, anónimo, objeto parcial sometido a un Conjunto (social o ideológico), al cual se otorga la función de dominación omnipotente. El sujeto de la realidad psíquica, en su doble dimensión de yo y su aplicación a un nosotros, que lo constituye en heredero de la trama de sus identificaciones y de sus indicadores de identidad, es el obstáculo que opone al poder de la violencia de Estado la resistencia más tenaz: dislocar los conjuntos y desarticular los vínculos que sostienen al sujeto en las situaciones de ruptura catastrófica fue un objetivo de la dictadura en la Argentina.
Las actividades de los grupos terapéuticos fueron especialmente reprimidas durante los años de la dictadura: fueron perseguidos, prohibidos o disueltos, pues eran sospechosos por ser considerados lugares de subversión social. En los hospitales, el desmantelamiento de los servicios que mantenían tales encuadres fue silencioso o racionalizado de manera autorrepresiva.
En su testimonio sobre los comportamientos individuales y de masas en los campos de concentración nazis, Bruno Bettelheim describe una situación de desamparo extremo, donde la ruptura de la continuidad narcisista y de las relaciones de objeto es una amenaza mortal para la capacidad de mantener una actividad psíquica de ligadura.
Bettelheim precisa que la decisión de emprender una observación sistemática del comportamiento de sus compañeros y del suyo propio en tal situación no se debió, por cierto, al propósito de satisfacer un interés científico, sino esencialmente a la necesidad de sobrevivir. Este trabajo, escribe, ha sido “un mecanismo puesto en marcha intencionalmente, a fin de poder, por lo menos, gracias a una actividad intelectual, sentirse mejor armado para soportar la vida en los campos. Un comportamiento creado personalmente por el autor y fundado sobre su propio pasado, su formación y los sujetos hacia quienes dirigía su interés”. (El corazón consciente.) Notamos que el primer beneficio de esta actividad fue una restauración narcisista y un restablecimiento del placer del funcionamiento psíquico. El placer derivado del apuntalamiento se reforzaba mutuamente: estimulados por el interés que Bettelheim les demostraba, reconfortados en su amor propio y percibiendo el interés que Bettelheim tenía para consigo mismo, los prisioneros hablaban de ellos mismos y sentían el placer que esta actividad de sostén les prodigaba.
Bettelheim describió minuciosamente el estado de desamparo inicial de los prisioneros: pérdida brutal de los derechos civiles, encarcelamiento ilegal, shock producido por los primeros actos de tortura. Ante el traumatismo extremo, los individuos reaccionaban de maneras diferentes.
Bettelheim discernió diferencias significativas en los comportamientos de los prisioneros en función de su clase socioeconómica y de la capacidad de apoyarse en una ideología, una cultura, un ideal poderoso y coherente. Aquellos que no podían proteger la integridad de sí no encontraban la fuerza de resistir a los nazis y no podían comprender lo que les ocurría: “Aquellos que encontraban en su vida pasada una base que les permitiera levantar una fortaleza capaz de proteger su yo salían mejor parados que los otros.”
Sin embargo, el apoyo sobre objetos del pensamiento, sobre la actividad misma de la mente, supone la posibilidad de encontrar un apuntalamiento sobre el grupo actual, mucho más cuando los nazis tenían por objeto desintegrar al individuo mismo: “La manera más eficaz de quebrar esta influencia era formar grupos democráticos de resistencia compuestos por personas independientes, maduras y seguras de ellas mismas, donde cada miembro reforzaba su capacidad de resistencia apoyándose sobre todos los demás. Sin estos grupos hubiera sido extremadamente difícil no someterse al lento proceso de desintegración de la personalidad causado por la presión constante que ejercían la Gestapo y el sistema nazi”.
Este no es un testimonio aislado, y conocemos ahora la extrema importancia del apuntalamiento grupal en las situaciones de crisis: el grupo, especialmente, asegura la gerencia colectiva de las funciones de la memoria y del olvido, articula el pasaje de la fantasmatización a la palabra (al mito), que se topa con lo real. Mantiene el apoyo vital sobre la creencia.
Impensable
La especificidad del traumatismo provocado por la dictadura es la desaparición muda. Se revela en el terror imponiendo el silencio a la palabra. El agujero de la desaparición provoca efectos patológicos no sólo actuales sino también sobre varias generaciones, conmueve en cada uno las fundaciones del vínculo, del pensamiento y de la identidad.
El orden de las cosas, el orden de las causas han sido pervertidos por la confusión a la cual todos fueron sometidos por la dictadura: ante la desaparición, se imponía el silencio, la culpabilidad y la denegación. Cada uno debía guardar silencio para asegurar su propia sobrevivencia, denegar toda información que podía dar una significación política a la desaparición; inducía a salvaguardar la dictadura al precio del silencio y de la culpabilidad. Cultivaba, en efecto, sentimientos de culpabilidad aplicados al desaparecido, que debía ser considerado culpable por el solo hecho de su desaparición.
Las presiones ejercidas sobre las familias iban todas en la misma dirección para producir un efecto de sin sentido: que declararan al desaparecido como muerto sin conocer la causa, que olvidaran el pasado o que consideraran la disidencia política como una inadaptación social y como una causa de encierro para trastornos mentales o comportamientos antisociales. Aceptar aquellos modelos era una condición para sobrevivir, al precio de un clivaje del yo y de la realidad: de no querer saber acerca de la desaparición y de activar una denegación masiva del vínculo con el desaparecido.
El trabajo psíquico del duelo, que lleva a admitir la pérdida y la separación del ser querido, remite en esta ocasión al trabajo de duelo por los primeros objetos de amor, con la consecutiva ambivalencia de sentimientos; se despliega siempre sobre una inscripción colectiva, social, cultural o religiosa, y toma apoyo sobre actos rituales y enunciados del conjunto que dicen algo importante y necesario sobre el origen, sobre el fin y sobre la sucesión de las generaciones. En este sentido, no hay duelo estrictamente privado, si bien el trabajo de duelo es, como todo trabajo psíquico, una creación que compromete la singularidad íntima de cada sujeto.
Las psicoterapias emprendidas por nuestros colegas con familiares de desaparecidos parecen mostrar que el trabajo de duelo no es posible si no se apuntala sobre una inscripción política y no sólo social de las desapariciones referidas a la guerra silenciosa hecha por la dictadura contra su propia nación. El trabajo que se efectúa en la Argentina intenta evitar la valla del doble reduccionismo que psiquiatrizaría o socializaría los trastornos patológicos sobrevenidos durante el tiempo de la dictadura. Se trata de una elaboración colectiva e individual en el après-coup de un traumatismo sin nombre, de una pérdida impensable, de un duelo aún imposible, que comprende la dimensión de una sociedad.
* Fragmentos del trabajo “Rupturas catastróficas y trabajo de la memoria”, incluido en Violencia de Estado y psicoanálisis, por Janine Puget y René Kaës (comps.), que se reedita en estos días.
Es bueno mirar desde nuestra historia lo ocurrido en la Argentina luego del 24 de marzo de 1976, con el inicio del mayor genocidio del siglo XX. En una nación ‘construida’ en base al genocidio recurrente por parte de su clase dominante. Fuera ésta la hispana que a hierro, fuego y sangre arrebató sus tierras a nuestros paisanos los indios, o en su versión criolla anglófila o hispanófila. Siempre la política dominante fue el genocidio de las masas. El 24 de marzo de 1976 se inscribe en esa línea, recurriendo nuevamente al genocidio para devolver la nación a la etapa neocolonial de la que la había sacado la Revolución de los militares y civiles nacionalistas del GOU, del 4 de junio de 1943. Revolución que puso fin a la Década Infame, al ‘Fraude Patriótico’ y a la sumisión argentina a la corona británica. No casualmente el período histórico cerrado por los nacionalistas del GOU, se había abierto en 1861 con la batalla de Pavón. Fue allí cuando Urquiza regaló a Mitre la Organización de la ‘Granja Británica’ –al decir de Don Arturo Jauretche- conocida como Organización Nacional, abandonando la batalla ganada por los federales, permitiendo así que Mitre, Sarmiento, Sándes, Irárzabal, Paunero y Campos realizaran el primero de los cuatro genocidios que fundan la nación liberal. 50.000 federales serían pasados a degüello por los ‘civilizados’ porteños entre 1861 y 1866. Era la forma de imponer la ‘civilización’ europea a los bárbaros gauchos y paisanos que se habían sublevado para siempre después de 1810. El genocidio liberal continuaría con el exterminio del pueblo paraguayo y su modelo de desarrollo autónomo, independiente, inclusivo y autosuficiente respecto de las potencias europeas dominantes. 750.000 paraguayos -sobre una población de un millón de habitantes- fueron asesinados por las tropas porteñas y brasileñas, o llevados como esclavos al Brasil. Simultáneamente el racismo porteño-criollo aprovecharía para deshacerse de la población afro-argentina que en términos generales hasta entonces constituía el 35-40 % de la población de las ciudades, con picos en Corrientes, Santiago del Estero y Tucumán. 30% era la población de color en Buenos Aires. Fueron la infantería de la guerra del Paraguay –y de todas las guerras desde 1806-, carne de cañón, muriendo como moscas. Fueron también las víctimas propiciatorias de la epidemia de fiebre amarilla de 1871. El ejército cerró los barrios de San Telmo y Montserrat para impedir que negros y mulatos pudieran escapar a la peste. Sus cadáveres por millares fueron enterrados en fosas comunes. El general Roca completaría los genocidios fundantes, arrebatando la Patagonia a Mapuches, Ranqueles y Tehuelches, para transformarla en un inmenso latifundio británico-oligárquico. Los pocos indios sobrevivientes al genocidio de Roca y Levalle serían exterminados a ‘patacón por par de orejas’ o ‘patacón por par de huevos de indio’. Esta segunda variante, para evitar actitudes ‘humanitarias’ de los asesinos a sueldo, que cortaban las orejas y dejaban vivos a ‘nuestros paisanos’ los indios. Los criminales eran pagados por los Martínez de Hoz, los Braun Menéndez, los Menéndez Behety y los estancieros ingleses que se apropiaron en masa de las tierras australes. Para 1939 sólo el 20% de la Patagonia pertenecía a dueños argentinos. Hoy la cifra es casi la misma. La civilización ‘occidental y cristiana’ de entonces –un poco más laica, por el influjo victoriano- no admitía gauchos, ni caudillos, ni montoneros, ni indios ni negros. Sarmiento ‘el padre del aula’ no dejó dudas al respecto: ‘La clase decente forma la democracia, ella gobierna y ella legisla.(..) Cuando decimos pueblo entendemos los notables, activos, inteligentes: clase gobernante. Somos gentes decentes. Patricios a cuya clase pertenecemos nosotros, pues, no ha de verse en nuestra Cámara, (Sarmiento era senador entonces. AJL) ni gauchos, ni negro, ni pobres,. Somos la gente decente, es decir patriota. (...) las masas populares cuando llegan al poder establecen la igualdad por las patas, el cordel nivelador se pone a la altura de la plebe y !ay de las que lo excedan de una línea! El ejercicio de la soberanía popular traería como consecuencia la elevación de un caudillo, que representa en todos sus instintos la mayoría numérica en despecho de la minoría ilustrada.’ (1) El ‘granero del mundo’ debía liquidar a sus habitantes originales para dar lugar a la población sobrante europea, que era expulsada del trabajo por la segunda revolución industrial y amenazaba con estallidos revolucionarios. ‘La marcha al Oeste detiene la revolución en Europa’ decía Karl Marx al constatar la soledad de los Comuneros de París en 1871, y la huida en masa de los trabajadores europeos desocupados, a las nuevas tierras ‘despejadas’ de habitantes originarios en Sudamérica, Norteamérica, Sudáfrica, Indochina o Australia.
Del granero del mundo a la nación industrial
De tal forma el período comprendido entre 1861 a 1943 -tan reivindicado por los econimistas liberales y colonialistas- es la etapa del modelo agro-exportador del ‘granero del mundo’, de la granja británica, de ‘la Argentina como parte estructural del Imperio Británico’ al decir de Julito Roca. Este modelo vergonzoso sería denostado y desenmascarado por patriotas como Leandro Além, Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Manuel Ugarte y otros, quienes señalaban que la nación no era más que una factoría británica, pese a tener bandera, himno y presidente. Algo similar había escrito Vladimir Lenin en su célebre libro el Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo, ubicando claramente a la Argentina como una semicolonia británica. El revolucionario bolchevique hablaba de la Argentina para eludir la censura zarista: las mismas palabras podían entonces ser ubicadas para describir a Rusia y su dependencia de Gran Bretaña y Francia. De tal forma el intento yrigoyenista de desmontar el modelo agro-exportador chocará contra las limitaciones y el temor a las masas característico de los gobiernos radicales, lo cual haría señalar a don Arturo Jauretche que el yrigoyenismo ‘fue sólo un balbuceo’ contra los intereses oligárquicos e imperiales. La revolución verdadera debía ‘acabar con el dominio inglés-oligárquico sobre la nación’. La situación mundial al calor del debilitamiento británico entre 1939 y 1943 –de manera similar al debilitamiento español posterior a Trafalgar- permitió que maduraran fuerzas nacionalistas en el conjunto de la sociedad argentina, cristalizando en una corriente industrialista, autónoma y nacionalista en la conducción del Ejército, ya iniciada por el general Mosconi en tiempos de Yrigoyen. La muerte del probritánico Agustín P. Justo, despejaba el camino a los nacionalistas. De tal forma, el movimiento cívico-militar de junio de 1943 daba origen a la nación industrial, tecnológica, científica y autónoma en lo militar, en lo energético, con plena soberanía alimentaria y con el mayor mercado interno de América Latina. Nación que perduraría hasta 1976 y aunque ya muy golpeada -pero fácilmente recuperable- hasta 1989-1990. Si en 1943 la Argentina no producía un alfiler por sus propios medios, cuando en 1955 el peronismo fuera derrocado, la nación ya producía barcos, locomotoras, energía nuclear, trenes, motores, automóviles, aviones a reacción, barcos, represas, puentes, rieles, tractores, etc. Pero además la clase trabajadora con seis millones de trabajadores en blanco y sindicalizados –el 100% de la clase obrera industrial- recibía en ese 1955, el 54% de la renta nacional y la Argentina poseía por entonces el segundo PBI per cápita del mundo. En 1956 comenzaba el Tercer plan Quinquenal que abordaría la construcción de la industria pesada, es decir la industria de industrias que nos haría definitivamente libres. No fue así. La vieja oligarquía unida a los intereses británicos desplazados, lo impidieron. El almirante Rojas fue muy claro: ‘para que desaparezca el peronismo deberán desaparecer las chimeneas’,(2) señaló ufano en 1955. En 1955 no fue posible, sería necesario llegar a un nuevo genocidio, el mayor del siglo XX, liquidar físicamente a dos clases sociales –la burguesía industrial intermedia de la CGE y a la clase obrera- para devolver la nación al estado colonial y poder desindustrializar la nación. Hoy la republiqueta sojera y ‘repsolera’ se basa en la destrucción de esa nación industrial, tecnológica y científica que construyera el peronismo con la clase trabajadora al lado y como destinataria del progreso. La republiqueta exportadora de commodities es el triunfo de los viejo sectores antinacionales derrotados en 1943.
Definiciones.
Videla fue muy claro al asumir el rol sarmientino-mitrista de finales del siglo XX: ‘El objetivo del proceso de Reorganización Nacional es realizar un escarmiento histórico.(...) En la Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias para terminar con la subversión.’(3) Respecto de los métodos uno de sus principales ‘degolladores’ –uno de los miles de ‘Sandez’ de 1976- Ibérico Saint Jean, fue más claro aún: ‘primero mataremos a los subversivos; después a sus colaboradores; después(..) a sus simpatizantes; después(..) a los que permanezcan indiferentes; y finalmente a los tímidos.'(4) Todos eran enemigos para los militares que asaltaron el poder en 1976. Y así fue a lo largo de nuestra historia, la oligarquía sólo considera viables a los de su clase y a los inversores extranjeros, claro está. En su país de estancias-latifundios, con vacas -y ahora soja- no hace falta gente. Es más la gente molesta. En las condiciones de 1976, el plan del estado mayor oligárquico era el escarmiento y el genocidio para acabar con la nación industrial y la poderosa clase obrera por ella producida. El Dr. Emilio Fermín Mignone fundador del CELS, fue testigo directo de este nuevo proyecto: ‘De pronto vimos entrar exultante al general Alcidez López Aufranc, que acababa de ser nombrado presidente de la empresa siderúrgica Acíndar, sucediendo a Martínez de Hoz; se acercó al grupo y saludó. Klein lo felicitó por su designación diciendo "ahí se necesitaba un hombre enérgico como usted". López Aufranc sonrió complacido. Luego la conversación se orientó hacia los rumores de una posible huelga en el sector, señalando Klein que tenía noticias de la detención de 23 delegados de fábrica. El general creyendo que yo también pertenecía a la banda adueñada del poder, comentó tranquilizándolo:"No se preocupe Walter -le dijo- todos están bajo tierra." (7) Juan Alemann economista de todas las dictaduras y visitante de la ESMA, fue más claro aún: ‘Con esta política (la represión y los 30.000 desaparecidos. AJL) buscamos debilitar el enorme poder sindical que era uno de los grandes problemas del país. La Argentina tenía un poder sindical demasiado fuerte, frente al cual era imposible el florecimiento de cualquier partido político, porque todo el poder lo tenían ellos.(..) Hemos debilitado el poder sindical y esta es la base para cualquier salida política en la Argentina..'(8) La oligarquía volvía a aplicar la máxima sarmientina basada en el terror. ‘Si mata gente(se refiere a Sández. AJL), cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor(...)he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro (El Chacho Peñalosa. AJL) y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.(...)El derecho no rige sino con los que lo respetan, los demás están fuera de la ley.’(5) Es decir, no se aplicará la ley para los opositores políticos al plan general de la dictadura. Reciclando a Sarmiento, la dictadura instituyó el terror como política de dominación. En el siglo XIX los desaparecidos fueron degollados por miles y sus huesos dejados a orear en el campo, sus cabezas expuestas en picas o enterrados en fosas comunes. En el siglo XX la Argentina aportará al mundo la palabra desaparecido. Era necesario escarmentar a un pueblo, y en particular a una generación –tal vez dos- que había intentado ‘tomar el cielo por asalto’, completando la inconclusa Revolución Peronista. No importa tanto el Tercer gobierno peronista -y la sabiduría oligárquica de traer al país a un Perón octogenario que difícilmente hubiera podido resolver el escenario abierto en junio de 1955, en los términos de 1973-, como ese escenario sangriento que había permanecido basculando espectralmente sobre la nación, a la espera del tiempo del genocidio. Cuando la Marina de Guerra y los aviadores navales bombardearon a su pueblo indefenso en junio de 1955, anticiparon el retorno de la política de la masacre. Perón no quiso dar batalla y a diferencia de Fidel en Bahía de Cochinos, prefirió que el tiempo y la distancia agudizaran los conflictos de los ‘libertadores’. Ellos supieron en mayo de 1969, cuando el Cordobazo, que el tiempo se acababa y que había que cambiar algo para no perder todo. ‘Hay que pactar con Perón antes que esto salte por los aires’(6), expresó blanco sobre negro el general Aramburu antes de ser ajusticiado ¿por los montoneros? No sólo lo expresó; todo indica que había llegado a un acuerdo secreto con Perón para una salida negociada a la crisis abierta por la rebelión del proletariado cordobés. Luego de la muerte de Aramburu, derrocado Onganía, cuando Lanusse anunció el acuerdo con Perón –el GAN- Ibérico Saint Jean renunció al ejército, preparándose para mejores ocasiones donde enarbolar su picana y los vuelos de la muerte, sobre la juventud rebelde.
El retorno al modelo colonial.
‘El objetivo del Proceso de Reorganización Nacional, es devolver al país al 3 de junio de 1943’,
expresó uno de los mayores genocidas, el general Albano Harguindeguy. Sin duda lo logró. Con la ayuda del menemismo en los ’90, que completó la obra de demolición de la dictadura: ‘la dictadura legitimada’ llamamos al menemato en un trabajo de 1996. Palabras similares expresó Álvaro Alsogaray poco antes de morir festejando el triunfo del amo colonial: ‘He cumplido mi misión. Hemos devuelto la nación al 3 de junio de 1943,’ se ufanó el papá de María Julia. ¿Podríamos preguntarnos cómo es posible que gente nacida en la Argentina se vanaglorie de haber devuelto la nación al estado colonial y haber destruido su potencial industrial, energético, habiendo destrozado las condiciones de vida de su población?. Pero no hay colonia sin coloniales. Así como no hay nación sin Patriotas. Desde 1976 a la fecha la nación tiene 4.5 millones de habitantes menos de los que debiera tener de haber seguido el nivel de crecimiento de 1945-1975. 30.000 desaparecidos, más de 3 millones de emigrados, aproximadamente 450.000 compatriotas muertos por causas vinculadas al hambre desde 1989, hasta hoy. El 50% de la población vive bajo la línea de pobreza y el 25% está en la indigencia. Entre 50 y 70 personas mueren de hambre por día en nuestro país desde 1989. El 10% más rico recibe el 54% de la renta nacional. El 10% más pobre el 5%. La frialdad de las cifras hablan por sí solas de la derrota sufrida en 1976 y completada en 1989-90, con los acuerdos de Madrid y la política del infame traidor a la Patria nacido en Anillaco. La Argentina es el único país del mundo que ha entregado su petróleo a una potencia extranjera sin haber sido invadido militarmente, que ha destruido su red ferroviaria –la mayor de América Latina-, que ha privatizado rutas construidas por la nación y las provincias, que devolvió la renta agraria a la oligarquía liquidando la Junta Nacional de Granos y de Carnes, entregando el control de la renta granaria a las multinacionales nacionalizadas por Perón en 1943. Ha entregado a las multinacionales un capital estatal valuado en 1 billón (12 ceros) de dólares a cambio de 26 mil millones de dólares. La nación industrial, tecnológica y científica ya no exporta camiones, ni siquiera ‘la mejor carne del mundo’. Exportamos proteínas vegetales de soja transgénica forrajera para que otros países produzcan carne (China y la UE) y sean ellos quienes la exporten. Exportamos soja, petróleo crudo y gas natural. Repsol ha contrabandeado la mitad del petróleo que dice haber sacado, agotando nuestras reservas, estafando a la nación en una suma de varios miles de millones de dólares. Por la misma razón en Bolivia, el gobierno de Evo Morales metió presos al presidente y vice de Repsol. En nuestro país el gobierno –estrechamente vinculado a la petrolera hispano-británica- mira para otro lado, se pelea con los ganaderos o con Uruguay por las papeleras. La Argentina ha vuelto a ser una colonia del capital financiero internacional, remachada por una deuda externa ilegítima y ficticia que el gobierno paga rigurosamente. Hemos dejado de ser una Patria justa libre y soberana. Los 30.000 desaparecidos y el terror generalizado sobre la población instrumentado por un sistema basado en la masificación de la tortura, sólo comparable al de la inquisición católica-española de los siglos XV y XVI, permitieron que la nación perdiera su independencia y su soberanía. Es bueno recuperar la memoria y reconstruir la historia del genocidio de nuestros compañeros y compañeras. Pero la segunda parte de la ecuación; la historia del presente, la memoria del presente, consiste en desmontar el modelo de dominación neocolonial construido por los Harguindeguy, Martínez de Hoz, Alemann, Alsogaray, Videla, Saint Jean, Carlitos, Cavallo, Machinea, De La Rúa, Chacho y demás enemigos de la nación. Casualmente en esa segunda parte de la ecuación se encuentra el tramo más difícil a recorrer, pues no es posible hacerlo sin una nueva etapa de la construcción de la herramienta política y social del pueblo en su marcha por la Liberación Nacional y Social, completando la obra inconclusa de Moreno y de Perón. Tal vez allí radique el mayor homenaje a nuestros héroes masacrados en los 616 campos de exterminio de la dictadura, arrojados vivos al mar, enterrados en tumbas colectivas, sumergidos en lagos o en otros lugares. Nuestra historia está plena de genocidios pero también de la justa ira del pueblo argentino que después de diciembre de 2001 recuperó su dignidad, sumándose a esta nueva hora americana. Romper el modelo colonial reconstruyendo la Patria justa, libre y soberana es la mejor manera de sepultar el infame recuerdo de los masacradores. También con justicia, sin olvido ni perdón.
‘Como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta difícil imaginar cómo puede deshacerse la revolución efectuada por Perón.(..) Hacerles realizar a nuestros enemigos lo que nosotros necesitamos que hagan para que se destruyan solos.’
Harry S. Ferns.
Historiador Británico especialista en Argentina(9)
1.- Citado por Paz Carlos, en Poder, Negocios y Corrupción en la Época de Rivadavia, pag., 71. De Alejandría, BsAs. 2000
2.- La Nación Octubre de 1955
3.- Videla J. R. Declaraciones en Washington el 08-09-1977, reproducidas por Crónica el 9-9-77
4.- Gillispie Richard, Montoneros Soldados de Perón, Grijalbo 1987, pag304
5.- Archivo Mitre Tomo 9
6.-Lapolla Alberto J. Kronos Tomo I, El Cielo Por Asalto, De la Campana, 2004
8.- Citado por Andersen Martín, Dossier Secreto, Planeta, 1993, pag212
9.- Citado por González Julio C. En Los Tratados de Paz por la Guerra de Malvinas, Del Copista 2004. La primera frase citada corresponde al libro de Ferns H., Argentina, Sudamericana BsAs 1973. Pag 247. La segunda al libro de Ferns H. Gran Bretaña y Argentina en el Siglo XIX. Solar-Hachette, Bs. As. 1968, pags 296-299.
*Autor de El Cielo por Asalto: 1966-1972 y La Esperanza Rota: 1972-1974. En preparación la Derrota: 1974-1976. Partes de Kronos (1966-1976) Una historia de las luchas y las Organizaciones revolucionarios de los años setenta.
24 de marzo de 1976 a treinta años. ‘El Pavón’ del siglo XX
Un artículo de Alberto Lapolla * 02-04-06
Entre los muertos y los vivos, el poema y la justicia.
“Si los enemigos de los muertos son victoriosos, entonces los muertos mismosno estarán al abrigo de los vencedores que prosiguen obteniendo victorias”.
Walter Benjamin
La desaparición y la represión sangrientaerigidas por las dictaduras militares en procedimientos de imposición del poder, confrontaron a los individuos directamente afectados, víctimas y familiares, pero también al conjunto de la sociedad, con una tarea imposible : tratar lo intratable, representarse lo irrepresentable. La tortura no puede ser negociable, como pretenden actualmente hacerlo las más poderosas y adelantadas naciones de occidente desde el punto de vista técnico y militar, las más hipócritas y primitivas desde el punto de vista de una auténtica civilización. La tortura es entera y radicalmente intratable. La desaparición de prisioneros políticos atenta contra los mecanismos elementales de la representación de la muerte y del duelo que se han elaborado por el largo trabajo de la cultura. La desaparición y el ultraje de los muertos, los crímenes contra la humanidad,no puede ser amnistiables.En el período de la post-dictadura y de la restauración democrática el reclamo de justicia contra el asesinato impune es una exigencia ética irrenunciable.
Aprendimos que la memoriaindividual de las catástrofes humanas no coincide casi nunca con la memoria social. El grupo tiende, y a veces muy rápidamente,a ignorar lo terrible del acontecimiento, a amnistiar en los hechos y en el olvido a los verdugos y a las víctimas. La sociedad tiende a desviar su miradade la herida insoportable, y no sabe que hacer con la queja y el dolor de aquellos que no pueden y no quieren olvidar, de aquellos que a veces hacen de su destino un desgarrante llamadodirigido a la vez a los muertos y a la justicia de los hombres.
El sobreviviente pretende mantener en vida la fuerza dolorosa de la desolación. Quiere que la ciudad no cese de escuchar el “siempre” infinito del duelo hasta que pueda enterrar a sus muertos y hacer cesar el ultraje al cadáver del amadodesaparecido.
La frontera entre los muertos y los vivos separa y reúne. Los muertos han conquistado progresivamente su propio espacio, su territorio, que pertenece a la veza la tierra y al almade los vivos. Lo sabemos : la fosa común, la sepultura aislada, el cementerio colectivo han sido etapas de la larga evolución de un aspecto fundador de la cultura, la relación que los hombres han establecido con sus muertos. Para los historiadores de los tiempos más remotos, la sepultura, el hecho que un grupo, humano ocasi humano, decida enterrar el cadáver del ser amado, es uno de los signos distintivos de los comienzos de la humanización. La estatua de los tiempos primitivos no era una mera encarnación de un ídolo, sino memoria del ancestro que dialogaba y apaciguaba a los espíritus.
Freud es el pensador occidental que ha concebido la relación de los vivos y de los muertos de la manera más radicalmente humana, es decir laica. En 1915, en el torbellino de la espantosa regresión asesina de la primera Guerra Mundial,Freud intenta profundizar en las modificaciones que ese acontecimiento histórico ha aportado al sentimiento y la conciencia moderna de la muerte (“Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte”). Intenta imaginar una escena primaria o primitiva entre el amante y el amado muerto. Esa elaboración se constituye, a mi criterio,como una de las escenas estructurantes y fundadoras de la trama significativa de la psique. Se trata de una construcción mítica, no verificable, adivinada a partir de indicios que el desvelamiento de la vida inconsciente ha llevado a la luz del día.
Podría denominarse “escena originaria del duelo”. El hombre originario está al lado del cadáver amado. Freud inventa, recrea, reconstruye metafóricamente lo que sucede en el hombre primordial enlutado. Estátrastornado por lo que descubre dolorosamente : el amado es un cuerpo inanimado, su aliento ha cesado. Una extraña e intensa ambivalencia de sentimientos lo domina : por un lado sedesmorona anímicamente, sufre la pérdida del amado como si se tratara de una pérdida de una parte de sí mismo. Por otro, odia al muerto que lo abandona, lo teme, porque el cadáver le hace descubrir que él también es mortal. También lo odia porque debe reconocer que en el amado existía un aspecto extraño y desconocido que sólo ahora se revela. Se siente invadido por una inquietante extrañeza : ama y odia a la misma persona.
Freud atribuye a esta reconstrucción metafórica del duelo originario una profunda significación. Es en el seno del conflicto amor-odio que el deseo de pensar adviene, y con él el nacimiento mismo de la psicología. Contradice al filósofo que atribuye el nacimiento de la reflexión al enigma que la muerte le plantea. Ante el cadáver del enemigo el hombre no necesita reflexionar. Es solamente la desaparición del amado que hace de la muerte un enigma y que despierta la necesidad de interrogar, de pensar y también de inventar ilusiones para calmar la angustiade saberse mortal. El hombre originario inventa, compone el alma del amado, y la desea inmortal, al mismo tiempo que contempla horrorizado la descomposición del cuerpo querido. Sólo después de haber “gustado la muerte en el dolor sentido ante el difunto”, después de haber experimentado sensible y sensorialmente al muerto amado, inventa el alma inmortal,pero también los demonios, y más tarde Dios y la religión, cielos e infiernos. Guarda lo que ama del amado en la creencia en el alma y en su inmortalidad, que asocia con la esperanza del reencuentro. Expulsa fuera de sí, pro - yecta lejos lo que odia del muerto, lo que le hace daño y lo que teme e inventa la figura de los demonios, para poder erradicarlosy alejarlos, espantarlos, como a malos espíritus que no deben volver residir entre los vivos. El muerto amado es el prototipo del héroe : ha atravesado la prueba más difícil y más temida, la travesía más allá de la vida. Se constituye en la base de la formación del ideal. La idealización del alma heroica se confundirá con las figuras múltiples de los dioses paganos, todavía “demasiado humanos”, y con la figura del Padre todopoderoso, el Dios único y temible de los monoteísmos. Éste quedará marcado para siempre por la inagotable ambivalencia humana que lo ha engendrado : protector de los suyos, sus “hijos”, enemigo inexorable de los otros, bárbaros e infieles, que no creen en él. La instancia ideal interiorizada como superyó en la psique individual, se transforma, en los tiempos trágicos que necesitan héroes, en un tirano íntimo, ávido de sacrificio y de muerte.
La sepultura ha siempre manifestado una doble significación cultural : preservar el recuerdo del amado, disuadir al demonio enemigo de volver al mundo de la vida.
Freud nos libra con la escena del duelo originario, una construcción metapsicológica del nacimiento del alma o de la Psiquis. No se trata de una teoría conceptual sino de una metáfora en el sentido nietzscheano del término. La metáfora no es sólo una figura de la retórica, un adorno que embellece el lenguaje. Es, según Nietzsche, (en El nacimiento de la tragedia)“una imagen substitutiva que viene efectivamente al espíritu en lugar de un concepto”. Podría aún radicalizarse esta concepción y entender la metáfora como una actividad, a la vez del pensamiento y de la imaginación, que crea el objeto psíquico, la imagen o la escena. Sólo en un segundo tiempo, este objeto psíquico metafóricamente creado, podría ser aprehendido como concepto por el pensamiento. Se llega así a la frontera fecunda entre el “poetizar”, la actividad del pensamiento poético, y el teorizar, actividad del pensamiento conceptual.
Podemos prolongar, desarrollar las significaciones de la escena del duelo originario que es también ladel nacimiento del alma y de la actividad metafórica y poética del pensamiento. Podemos imaginar que es cerca del cadáver amado que el grito, el lamento, el gemido desgarrante del enlutado se transformaron en canto. La lamentación privada y colectiva se volvieron rito y coro compartido ygrupal. Es en torno al difunto amado por el grupo que se consolidó el vínculo social, el núcleo de la futura polis, la ciudad.
El duelo originario es desde el inicio individual y colectivo. Los humanos que se reúnen en torno al cadáver amado, reúnen al mismo tiempo a sus muertos. Los hicieron viajar juntos por el espacio imaginario del folklore primero, y de la religión luego. Los muertos se constituyen en pueblo, y fundan el país de los muertos.
De la voz enlutada nació el treno, el canto originario parido por el dolor. Alejo Carpentier en inolvidables páginas de Los pasos perdidos[1959], imaginó el nacimiento de la música. El Hechicero trata de arrancarle a la muerte un cazador mordido por una serpiente. La Palabra surgeen la selva llena de espantos oscuros, desdoblada. Una sale de su gargantay la otra, que imita la voz del espíritu que posee el cadáver, de su vientre. Se alternan y responden, crean el ritmo. “Es algo situadomucho más allá del lenguaje, y que , sin embargo, está muy lejos aún del canto”. Ante la terquedad de la muerte que no quiere soltar su presa, el Ensalmador vocifera, desgarrado por un furor imprecatorio, y de pronto, la palabra “se ablanda y se descorazona”. En la boca del Hechicero , del ensalmador órfico, “estertora y cae, convulsivamente el Treno - pues esto y no otra cosa es un treno – dejándome deslumbrado con la revelación de que acabode asistir al Nacimiento de la Música”.
El canto y el poema originarios surgen entre los muertos y los vivos. El poeta, el héroe de la comunidad que canta la memoria y el destino de un pueblo, es a menudo el único que establece un vínculo entre los que se han quedado y aquellos que han partido. Él habla a los muertos. Ellos le responden.
Juan habla con Paco y le dice : oh dulce
fuera tu muerte /combatiente que vieron
transportar la dulzura del mundo/ rostro
desenvainado como
espada o fe/ cucharita
revolviendo las sombras ¿te acordás
de la vida? Te acordás de la vida
desparramando otoño suave/
caen versos de vos/ balazos/ tigres/ lámparas
partidas vientres cucharitas en mitad de la noche/
mitad pudriéndose en la patria/ dándole
aroma resplandor/ descansás en guerra/¿descansan
tus huesitos?/¿en guerra?/
¿en paz?¿agüita?/¿nunca? ( “Descansos”, A Paco Urondo).
Los muertos queridos ( Marcelo Ariel, María Claudia, los compañeros) se acercan a Juan y susurran :“¿qué es esta luz que sube de tus
muertos?/¿ves algo/
a la luz de esta luz?/ ¿qué ves?/¿huesitos
sosteniendo el otoño?/
¿alguno raspando las paredes del mundo con sus huesos?/
¿ves más?/
¿están raspando las paredes
del alma?/¿escriben/
“viva la lucha”?/ ¿raspan
los muros de la noche/ escriben/”viva el alma/
raspan el fuego donde ardí y
murimos/ todos los compañeros?
(“Otras escrituras” Hacia el sur, 1982).
¿Quien no oye a sus muertos? ¿Quién no habla con ellos?
¿Quien les teme?
Las dictaduras pretendieron que los muertos desaparecidos eran “infames”, que no merecían ni fama ni gloria, ni recuerdo ni sepultura. Pretendieron así asegurar a los asesinos una impunidad que ofende a la más elemental de las éticas. Los trataron como muertos enemigos y odiados. Se ensañaron en el ultraje del cadáver : lo despedazaron, lo dispersaron, lo arrojaron al mar. Pretendieron desaparecerlo, asesinar y borrar todas las trazas del asesinato. Negaron a los familiares y a los compañeros honrarlos con el adiós de las despedidas. Deshicieron en pocos años el camino que la humanidad demoró milenios en recorrer, construyendo cultura, leyes, tumbas, ciudades.
Es contra esa operación política del mal olvido, del cobarde olvido, que pretende provocar una amnesia colectiva, una afasia de la comunidad, contra la que es necesario combatir.
Oponemos así a la impunidad lo imprescriptible. Vladimir Jankélévitch había intitulado así, “Lo imprescriptible”,un artículo de 1956 en el que denunciaba la prescripción de delitos cometidos por los nazis contra los judíos, los resistentes y todos los deportados a los campos de la muerte. Rechazaba la noción de extinción de las penas, la extinción de la responsabilidad penal por el simple pasaje del tiempo. “El tiempo, decía, que desgasta todas las cosas, el tiempo que trabaja en la usura de la tristeza como trabaja en la erosión de las montañas, el tiempo que favorece el perdón y el olvido, el tiempo que consuela, el tiempo que liquida y cicatriza no atenúa en nada la colosal hecatombe : al contrario, no cesa de reavivar el horror”.
El horror de robo de niños, del asesinato de sus madres, el robo y el ultraje de cadáveres, la tortura de los cuerpos hasta la muerte, no pueden ser prescriptos y permanecer impunes. La impunidad del horror de esos crímenes contradice la esencia misma de la norma moral. El “no matarás” es quizá el fundamento de la Ley.
Walter Benjamin se suicidó en Port - Bou, cuando a penas había atravesado la frontera franco española. Llevaba en su maleta (ironía del destino) su último manuscrito : El libro de los pasajes. Huía de la policía nazi y prefirió morir antes de caer en sus manos. Había escrito : “Si los enemigos de los muertos son victoriosos, entonces los muertos mismosno estarán al abrigo de los vencedores que prosiguen obteniendo victorias”. La impunidad es una horrible e incesante victoriade los enemigos de nuestros muertos contra los vivos y contra los muertos mismos. Es una vía abierta a la regresión social, es un llamado alsalvajismo primitivo del “matarás”, del torturarás” irresponsables. Cuestiona en lo más íntimo de cada uno de nosotros,nuestra relación con la ley y conla muerte. Escuchemos y hablemos, con la poesía y la justicia, a nuestros muertos.
Edmundo Gómez Mango
¿POR QUÉ PENSAR EN LOS DESAPARECIDOS?
VIOLENCIA DICTATORIAL Y MEMORIA DEL TERROR
En las aguas frías y opacas de la mala memoria la guerra adormecida siempre tiene un ojo abierto. El ardid nazi, parece o pareció fuera de moda, el crematorio está en desuso, pero ¿quien nos advierte del retorno del nuevo verdugo?”
"Miramos respetuosamente las ruinas como si el monstruo concentracionario yaciera bajos los escombros. Fingimos creer que todo fue en una sola época y en un solo país, fingimos recuperar la esperanza ante una imagen que se aleja como si pudiéramos curarnos de la peste concentracionaria y no oír más los gritos que prosiguen sin cesar en algún lugar del mundo”
Noche y Bruma, 1959.
Texto de Jean Cayrol.
En la interrogación sobre el origen del hombre, sobre los albores de lo que llamamos Humanización, (pregunta ésta que se hacen desde los arqueólogos, a los psicoanalistas, y tantos oficios más, hasta los filósofos a los poetas, hubo un tiempo en que se puso el énfasis en la posición bípeda y la oposición del pulgar (dando prioridad a la predeterminación biológica), fue luego la aparición de la herramienta, como arma o útil de trabajo y hoy se admite que es la tumba, el rasgo distintivo del comienzo de la hominización como expresión de la devoción al ancestro, dando así relevancia y primacía a lo cultural.
Una condición distintiva de la especie es entonces, la consciencia de ser hidalgo, es decir hijo (y nieto) de algo. Para devolver en la descendencia, de modo creativo y transformacional, lo que se heredó de la tradición y los ancestros. Es una conquista, una adquisición de la cultura, no una subordinación a las leyes de Mendel.
La tumba como prueba inicial de hominización: el argumento es convincente. La reverencia y devoción al ancestro da cuenta de que simultáneamente se toma conciencia de la finitud y de que hay reconocimiento de una inscripción en una genealogía. Advirtamos la densidad de esta operación simbólica que es fundacional de la condición humana y del ingreso a la cultura.Expliquemosnos: la inteligencia y el pensamiento operatorio y adaptativo que existe en toda la escala zoológica, conquista una nueva e inédite dimensión. Se desprende de la inmediatez del presente y de adecuarse a las necesidades vitales del individuo o la especie, para conquistar y asumir la posición reflexiva, la de tomarse a sí mismo como objeto de interrogación.
También las abejas y las hormigas viven en sociedad, pero la sociedad humana no se perpetúa en la fijeza, sino que se transforma y reformula en cada paso de la Historia, se construye o destruye a lo largo de las generaciones.
Lo que precede, permite comprender cómo y por qué la desaparición – el exterminio en singular – donde un hombre es todos los hombres, es el crimen más abyecto. Ya que además de suprimir un individuo o un grupo, pretende destruir las raíces de la cultura, los cimientos mismos de la hominización.
El amor y la veneración a los ancestros está pues en el origen de lo humano, es gesto primigenio y fundante. Es en la plegaria, en la tumba, que la mente toma conciencia consistente de una realidad siempre afirmada y siempre refutada en su interior: la realidad de la finitud, la muerte como desenlace de todos nuestros amores y pasiones.
La desaparición, (definida como la exterminación anónima de una persona, de un grupo, de una pertenencia) es por lo tanto un crimen político no prescriptible, ni subsumible a la perentoriedad de un indulto político.
Pero su significado va aún más lejos que esta perspectiva jurídica y visible, no es sólo la muerte de los muertos, sino un crimen a la mente de los vivos. Al descarrilar la línea de las generaciones, de la genealogía y el linaje, que son materia prima imprescindible para configurar la leyenda de los orígenes y por mediación de esta, tener acceso a la condición humana, a abrir o continuar el itinerario de un sendero cultural, como condición esencial e imprescindible el camino interminable de las generaciones. Sin esto el sentimiento de pertenencia a una comunidad humana, y la gallardía que siempre la acompaña, se licúa o nadifica. Esto fue visible y lo pudimos palpar en el estado de ánimo de los uruguayos entre el antes y el después del 31 de octubre y del 1º de marzo, la fiesta popular más elocuente y entrañable de las últimas décadas.
Es todo esto lo que destruyen y arrasan las desapariciones, (perla ejemplar de la inteligencia militar), generando en los sobrevivientes un desamparo y un silencio que Edmundo Gómez Mango[1][1]
evoca con belleza y precisión.
“... Sabemos que la tristeza nos enmudece, que el dolor nos deja sin voz y sin palabra, que muchas veces la pena sólo puede expresarse por el lamento o el grito.
En la tristeza profunda del alma, la melancolía, el lenguaje se desmorona ¿Cómo viene entonces la tristeza a la palabra? ¿Cómo el verbo poético se apropia del lamento y lo lleva hasta el canto?
Pensar la aflicción, representarla en el lenguaje, no es lo mismo que experimentarla. La desgracia suele volvernos mudos, y a veces el dolor sólo se expresa por el grito o el lamento. Pero la experiencia humana del dolor ¿podría hacerse verdaderamente fuera del lenguaje? El dolor psíquico es inseparable de la palabra. El hombre arrasado por la desgracia, si no puede pensarla o decirla, se confunde con ella, es la desgracia misma. El punto extremo de la herida psíquica es el comienzo de la pérdida de la palabra y del pensamiento. El gemido, el ¡ay!, el lamento son intentos para volver al lenguaje, maneras de combatir la inercia petrificadora del desastre.”
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La gente, los periodistas, me han interrogado a menudo, por qué me dedico a estos temas, por qué y para qué los estudio. Escucho la pregunta y miro los ojos de quienes me interrogan. En esa mirada brota la sospecha de que ellos piensan, ... "¿qué mal gusto, que escatofilia, que mente desviante ...!"
Confieso que no es una vocación premeditada, producto de una sesuda reflexión. Uno no busca estos temas, son ellos los que nos atrapan, los que nos enchastran, como un Tsunami pero de origen humano, una ola fabricada por la mente diabólica de los hombres. Como decía un joven descendiente de la Shoah - que había enloquecido -: "No fue por causa mía, yo estaba allí y me arrastró el huracán de la Historia" Con los fundamentalistas cristianos de occidente y los islamistas al otro lado, el tema sigue vigente: la construcción del enemigo como vector principal de la historia contemporánea.
¿Será entonces de que al que le toque le toque y llegar a una sociedad, o una humanidad, dividida entre los afectados y los indemnes? La respuestaa este punto es crucial. Del horror y la tortura nadie quiere saber, nadie puede creer.
La incredulidad - mezcla de ignorancia y de inocencia - falsas ambas, es el gesto primero y espontáneo para cualquier ser humano. Clausurar el horror, comoChernobyl o las leyes de caducidad y punto final.
El horror espanta y parece legítimo huir. Más cuando no es una catástrofe de la naturaleza, sino que el mal procede de la mente humana, de una intencionalidad humana, racional y metódica. Siempre en nombre - por supuesto - del interés superior de la civilización, (que yo y los nuestros representamos) y los otros - enemigos - subversivos quieren destruir.
Los otros son subhombres, cuyo dolor y muerte no debe afectarnos, como lo debe decir cualquier decálogo militar, desde la noche de los tiempos. Esto lo saben desde Bush a Bin Laden, lo supo Pinochet, no lo sabía Allende y por eso lo mataron: La fabricación del enemigo fue y sigue siendo una brújula orientadora de la historia.
En las enseñanzas de la historia del Siglo XX no ha sido útil el humanismo de una izquierda que permitió el asenso del hitlerismo y el estalinismo, ni la solución de la carrera armamentista y la política imperial y agresiva del Pentágono. Desde este rincón del Sur, ¿cómo podemos contribuir a un destino menos desbastador y genocida?
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Un sobreviviente de Auschwitz, Hermann Langbain desde entonces y hasta su muerte militante antifascista, veía allí - en la percepción del otro como inferior - la semilla donde germina el Nazismo, cuando un grupo considera a otro como inferior y se autoriza a destruirlo. En la ascensión de un régimen totalitario, estos fenómenos de rechazo al semejante, de fractura de la unidad de la especie humana, los fenómenos individuales y colectivos se tejen y entrelazan. Estalla un significante marcado de odio: judío, gitano, subversivo, comunista, o por qué no, el psicótico y el indigente, y allí se coloca la gangrena social cuya extirpación, cuya amputación va a curar y a purificar a la sociedad.
Es menos frecuente pero existe la posibilidad, la capacidad de sustraerse a esa hipnosis colectiva. Los estudiosos han cifrado en un 20%[1][2]
los seres humanos capaces de decir No al mandato arrogante de un régimen omnímodo, al brillo de sus botas lustradas, que nos hace creer menos frágiles y vulnerables. La capacidad de sustraerse y decir No a la solución por la barbarie.
Vuelvo a la pregunta: ¿Por qué, para qué seguir pensando estos temas y hablar de ellos?
Quien asume el compromiso debe arriesgarse a la estigmatización. El deber de memoria es muchas veces tratado como el placer morboso de regodearse con el retorno de cosas escalofriantes. Es un riesgo, la escatofilia existe, debe haber un placer en la escena de horror, ya que el cine de terror tiene tan alto "rating"... Nos lo hacían saber con palabras amables, o no tanto, los presidentes de la post-disctadura cuando invocaron miles de veces lo de tener los ojos en la nuca, o la amenaza bíblica de que quien mire hacia atrás quedará petrificado en estatua de sal. Pero este es un país pastoril, y mi padre me enseñaba que lamiendo sal las carnes vacunas son más vigorosas y sabrosas. Quizás con las humanas ocurra otro tanto ... Que olvido y memoria se apareen como necesidad de la historia, es un hecho indiscutible. Que los personajes que representan el poder se asignen esa potestad, es harina de otro costal, es pretender desde el poder, manipular la Historia.
Begnini, el realizador de "La vida es bella", discutible y controvertida película, que impregnó a Auschwitz de parodia, lo justifica diciendo algo así: ¿Quién dijo que el Nazismo y el estalinismo fueron una única y última vez, quién dijo que no se reproducirán? En lugar de que la tragedia y lo sagrado nos paralicen, es mejor pensar, reír y poder luchar contra la próxima ola". Mas sesudamente Zygmunt Baumann: escribe Modernidad y Holocaust[1][3]
o (1989), una de cuyas tesis centrales son las relaciones entre orden político y exterminación, entre condiciones de producción industrial y Holocausto.
Entonces la razón de trabajar estos temas no es la de una memoria monumentalista y sagrada sólo comprometida con el pasado, aunque contenga la deuda simbólica y el homenaje a aquellos cuya vida o proyecto quedó trunco. Es un trabajo por el mañana, por la memoria del porvenir, porque la cocina totalitaria se cocina en silencio, siempre a la sombra: "No lo sabíamos", decían defensivamente, los alemanes al terminar la guerra, buscando justificar su complicidad silenciosa y pasiva. Por eso es que necesitamos hablar, pensar, ventilar estas cosas horribles, en la tenue esperanza de que sea posible un "Nunca más" El deber de memoria - para usar la expresión de Primo Levi -, es un deber con la Historia. Pero hay mas ....
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Hay más no sólo a nivel político y de responsabilidad histórica, sino simplemente a nivel de sensibilidad humana. Giorgio Agamben lo recuerda: "Ninguna ética puede permitirse dejar fuera de sí una parte de lo humano, tan ingrato sea ello, tan penoso de mirar ... " Hay una subjetividad de la política, donde el espacio público y el íntimo se anudan.
¿Qué hacer pues con los extremos abyectos de la experiencia humana: olvidar, recordar, recuperarlos? Es legítima esta urgencia, esa perentoriedad de informar, de denunciar, de hacer saber. Recuerden la escena del film de Lanzmann: "Shoah", donde el prisionero que sobrevive porque su tarea es remover los cadáveres de las duchas, cuando llega a Auschwitz la gente de su pueblo natal, y él quiere abandonarse a morir con ellos, gaseado, los condenados se lo impiden imponiéndole el deber de vivir, de sobrevivir para testimoniar ...
La memoria del terror no es una memoria corriente, es una marca imborrable, la imposición de un mensaje que debe perentoriamente ser transmitido a través de las generaciones. La fuga en el olvido, en el borramiento de la experiencia, es impracticable. El retorno del recuerdo se impone. Así lo atestiguan todos los documentos. Sólo evocaré dos:
•La pesadilla recurrente de Primo Levi: Saliendo del campo, el autor más renombrado de la literatura concentracionaria, cuenta el dolor de su pesadilla recurrente y más temida: Sueña de un ámbito hogareño, donde cuenta a sus seres más cercanos e íntimos las penurias de su prisión ... y en medio del relato ... estos comienzan a alejarse, indiferentes ... El miedo a quedar sólo - desolado - es el miedo mayor del retornante.
•La historia del cancerólogo alsaciano. A fines del 89', volviendo del exilio al paisito, conocí al Dr. T. Vinimos en el mismo vuelo. Los colegas uruguayos en Francia me encomendaron que hiciera agradable su estadía por amistad y por interés. De su veredicto dependía que se financiara un importante proyecto de investigación médica, que el Dr. T. sancionó favorablemente,"por que el proyecto es bueno y además es imprescindible ayudar a un país que sale de una dictadura!! Cumpliendo el encargo de hospitalidad, lo paseé por nuestras playas esteñas. El buen almuerzo y la confesión de mi oficio de psicoanalista, le facilitó la confidencia. Era hijo único de padres polacos, que hablaban mal el francés, pero prohibían al niño hablar la lengua de origen, o interrogarlos sobre cualquier hecho de la vida anterior. Polonia era un misterio, un enigma insondable. El padre era un minero de hablar lacónico. De vez en cuando le decía, con obcecada insistencia: "Tienes que ser médico, porque un médico siempre vive y tiene un mendrugo de pan". El niño creció cumpliendo con éxito el enigmático mandato paterno. Envejeciendo, no lejos de su muerte el padre develó el misterio. Le costó décadas levantar el silencio. Él mismo había sido médico en el guetto de Varsovia. El mendrugo de pan suplementario le era asignado para que tuviera fuerzas para acompañar a dolientes y moribundos. En el viaje final hacia el campo de exterminio, los judíos negociaron con sus joyas y relojes que a cambio del oro, los guardias dejaran saltar algunos del camión. La negociación no fue fácil, dejaron saltar sólo a uno, al médico del guetto, quien caminando varios días hacia el oeste, llegó a Alsacia donde se hizo obrero del carbón. La cualidad del dolor fue tal que tuvo que preservarse durante décadas como hermético secreto del horror pasado, para luego - antes de la muerte - volverse palabra entre padre e hijo y restablecer la comunicación entre las generaciones.
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Pero ¿cómo es ese camino de retorno desde el espanto? ¿El retorno de ser un paria, una piltrafa, a reconquistar y reconstruir la condición de ser humano? ¿cómo es la reparación?Un itinerario difícil y muy personal de cada quien.
Primo Levi evoca esta dificultad en articular este pasado y el presente. "A 30 años de distancia, tengo dificultad en reconstruir el tipo de ejemplar humano que en 1944 podía responder a mi nombre o mejor dicho a mi número de matrícula 174.517"
El camino de retorno es largo, pesadillesco y evocarlo conlleva siempre el temor a la pérdida de límites; a esa reversibilidad siempre inminente del espanto, que en lugar de volverse recuerdo, se vuelva reminiscencia alucinatoria, es decir, actualización de una experiencia psíquica donde se borren los límites entre la realidad y el sueño, entre el pasado distante y la experiencia se torne actual y presente.
El dolor del acontecimiento del Horror siempre es único y exclusivo, todas las comparaciones lo banalizan, lo trivializan. Los caminos de reparación, de subjetivación - esto como psicoanalista puedo afirmarlo - son siempre singulares y originales, distintas de un ser humano a otro. Cada dolor es único y su reparación también. La serie estadística se cuenta unidad por unidad.
Desde una experiencia límite (extrema), el camino de retorno, el camino de volver a ser alguien, es siempre lento y difícil. A veces es imposible.
En esa ruta difícil, la función del testigo, digo bien, la función del testigo, es esencial e imprescindible. ¿Qué hace el espectador con esta poción de espanto, de esta cara oscura de la condición humana, tanto más terrible cuanto más avanza la civilización?
¿Cómo trabajar para que no ocurra lo que denuncia Paul Steinberg?
"Mi retorno del campo no se distinguió en nada de los otros que han sabido describirlo. Los que me esperaban se taparon los oídos, los que pudieron, me esquivaron. El precipicio era infranqueable. Saqué las conclusiones pertinentes y me callé"
La desolación de esa soledad es condenable. El retornante, el torturado, el subversivo, también el loco y la gente en condición de indigencia y de pobreza extrema, son - para usar la expresión de Arendt -, son parias: excluidos del derecho a tener derechos, y muchas veces asumen e interiorizan la condición de ser nadie, su modo de ser es ser vituperables y descartables.
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Aún en este mundo mercantil y neoliberal, la sociedad multinacional más grande e importante del mundo, la que tiene más accionistas en el mundo, aunque muchos de ellos sean anónimos, es la que escribe la memoria colectiva.
El salto de espectador pasivo o indiferente al de testigo comprometido en la denuncia de estos aspectos del horror, es una condición para ser accionista de esta importante multinacional. Sin embargo, hay que saber que el costo de las acciones es alto. Cada quien tiene que hacer un trabajo consigo mismo, muchas veces contra sí mismo, para pasar de la posición de espectador a la de testigo. La mirada sobre el horror paraliza: espanta o fascina - dice M. Blanchot - ninguna de estas posturas es útil. Cada quien tiene que resolver su manera de accionar. Pero la peor solución, la que es más cruel e inhumana, es ser cómplice del silencio, llevar la mirada hacia el costado y vivir como diciendo: Aquí no pasa nada.
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La memoria sagrada es un instrumento muy filoso. Tiene todas las medidas posibles, en exceso o en déficit, lo único imposible es darle el peso justo. Sin ella perdemos consistencia, nos volatilizamos en la trivialidad o la estupidez, con su exceso quedamos lastrados o anclados en un pasado que nos impide desplegar el porvenir.
La memoria sagrada no caduca ni tiene punto final, por eso su proscripción, como sancionaron algunas leyes, incluso plebiscitadas, no fueron suficientes para acallar su clamor. Ni la memoria ni el olvido pueden imponerse, eso es tiránico, solo en el libre fluir de memorias múltiples y contradictorias cada comunidad humana teje interminablemente los mitos que dibujan su perfil propio. Ni las amnistías ominosas, ni las anamnesis instrumentales y políticamente ventajeras, son válidas.
Tres décadas son una buena distancia para recordar, para construir Memorias. En verdad, ya no estamos en el dilema entre memoria y olvido, sino en escoger las buenas maneras de recordar.
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Se suele decir que el afecto turba el conocimiento. Que el llorar y el reír y la indignación obstaculizan la comprensión del a verdad. Basta haber vivido en este país desde el 31/X/2004 hasta hoy (3/III/2005, para objetar la verdad de esa jurisprudencia. Como si la ebriedad del enamoramiento y la esperanza no fueran un capital irremplazable para construir la memoria del provenir.
La verdad histórica - la ventilación de los hechos criminales que durante décadas fueron sofocados en el silencio o la trivialización - requiere mirar una y otra vez ese punto abyecto de nuestra historia.
Ya no es tiempo de rencores ni venganzas, pero la justicia ante la ley y sobre todo ante la memoria, es un requisito ineludible para revertir el pesimismo, la amargura y la desidia que impregnaba nuestra convivencia reciente. Para lograr tejer un lazo social que nos habilite a volver a ser una comunidad orgullosa de su pasado y anhelante de su porvenir.
Marcelo N. Viñar
Marzo, 2005
[1][1] Gómez Mango, E. El llamado de los desaparecidos. Sobre la poesía de Juan Gelman. Ed. Cal y Canto. Pág. 39-40
[1][2] Christopher Browning. Aquellos hombres grises.El batallón 101 y la Solución Final en Polonia. Edición Edhasa, Barcelona, 2002. Traducción: Montse Batista.
[1][3] Bauman, Zygmunt.Modernité et holocauste. La fabrique éditions, París, 2002.
“Bienvenidos a las puertas del infierno”, frase emitida por los militares a Miguel Angel Rousseaux cuando lo secuestraron frente a sus familiares. Sus hijos hoy, a veinte años,año 1996, se preguntan1 si se lo decían a ellos o si fue un presagio de los destinos de los asesinos de su papá.
“Un día llegaron los militares y se llevaron a nuestros padres y nos dijeron ‘Las dejamos vivas para que nunca se olviden de lo que somos capaces!!.” Patricia Pujol lo recuerda, llorando, casi veinte años después, año 1994 en el Acto de Recuerdo,Memoria y Compormiso,Facultad de Arquitectura de UNLP,y contesta: “Y no se equivocaron, no los olvidamos. Junto a mis hermanas quedábamos solas pese a ser pequeñas y hoy estamos aquí”.2
“Bienvenidos a las puertas del infierno” y “Las dejamos vivas para que nunca se olviden de lo que somos capaces” descubren los objetivos de los voceros del terrorismo de estado en sus deseos de cerco y aniquilamiento de todos aquellos que osamos por identificación, pertenencia, compromiso y/o adhesión,transformar el país en los períodos de las décadas del ‘60 y del ‘70 en la Argentina.
En las puertas del infierno estamos... aún cuando transitemos gobiernos democráticos que desde bancadas legislativas emitieron leyes de Punto Final, Obediencia Debida e Indultoscomo para certificar lo quelos militares son capaces, aún en retirada del escenario político principal, de pujar por todos los medios políticos y militares porque creen que “ganaron una guerra al salvar a la nación de un estado de caos”, que no les corresponde ser juzgados por los “excesos” cometidos. Que sean las víctimas, así como el conjunto del pueblo, quienes grabemos a sangre y fuego para que nunca más nos atrevamos a enfrentarlos.
En este entrecruzamiento, en este dilema entre quienes fueron los responsables del terrorismo de estado y de la desaparición de personas y del horror desatado para lograr la transformación de un país para lainserción definitiva en las relaciones internacionales de mercado por un lado; y por el otro cómo desde conjuntos poblacionales se respondió, cómo nos comportamos, nos rehicimos y nos juntamos aún con diferencias para elaborar, metabolizar, tramitar el sufrimiento padecido, pues la vida continúa... estamos!!
La clave del presente trabajo es la encrucijada entre el terror del capitalismo versus los recursos de las personas, familias que se toparon con el secuestro–desaparición de un hijo-hija.
Es un recorte que hacemos a sabiendas de que la afectación y la implicación fue hacia el conjunto de la nación con diversos modos de impactos y marcas que van desde lo singular, lo particular y lo general en lo político, lo histórico, lo socio-biológico, lo económico, lo jurídico, lo educacional, lo cultural, lo psicológico, lo antropológico.
Para introducirnos en el tema hay cuestiones a considerar:
A nivel general, no se puede dividir el contexto político–publico y lo que aconteció en la subjetividad, en lo privado de las familias. El país transitaba un modo de producción capitalista regenciado por la oligarquía, grupos económicos, burguesía, como quiera conceptualizárselo, que socavaban las bases del estado de bienestar (welfare state) para insertarlo en las relaciones globalizadoras internacionales de mercado. Ello se hacía alimentándose prebendariamente del estado al cual cuestionaban y querían defenestrar. Nunca fueron (ni son) capaces de proyectar un país posible.
Una pasión por la patria insobornable se afirmaba cada vez más en las fuerzas populares entre 1966 – 1973 porque sino nos defendíamos entre pares no había destino, no había un lugar social para poder vivir, desarrollarse, trabajar. Quisimos cambiar el país, ser sujetos constructores del país.
Las mujeres nos sentimos capaces, junto a trabajadores, estudiantes, profesionales, intelectuales, de conquistar y sostener un gobierno democrático por nacer. Casi no lo habíamos vivenciado en nuestra infancia. Quisimos rescatar el patrimonio histórico de luchas, asi como los resortes fundamentales gubernamentales para avanzar en la liberación.
El gobierno del Dr. Cámpora en 1973 fue producto de una correlación de fuerzas populares, nacionales, antidictatoriales que portaban banderas de soberanía nacional, autodeterminación de los pueblos e independencia económica. Fue una pequeña victoria democrática.
Desde sus inicios, los voceros de la burguesía más puestos en escena, como Martínez de Hoz y Videla, minaron la posibilidad gubernamental de un modo distinto de conducir el estado,generando un pacto cívico militar con aval en los círculos financieros internacionales. No lo sabíamos y si hubo indicios no los quisimos ver.
El programa de gobierno no fue cumplido, cuestión clave para determinar la caída de la ilusión, la desesperanza de miles de jóvenes y sectores poblacionales que creímos en una “transformación imposible”.
La ineptitud de los grupos económicosasociados circunstancialemente al gobierno, la traición consecuente de la burocracia política y sindical agravada por siniestros sectores políticos que se constituyeron en la Triple A y prevalecieron obstruyendo aún más la democratización del poder.
La juventud -las generaciones nacidas en las décadas del ‘40 y del ‘50 fundamentalmente- fue sacrificada por los objetivos mancomunados entre los enemigos de afuera y de adentro del gobierno constitucional y fundamentalmente masacrada en la dictadura militar.
Los errores políticos–ideológicos de las fuerzas populares, con distintas responsabilidades en cada agrupamiento, fueron producto de nuestra edad. El infantilismo revolucionario nos llevó a no entender qué fin de época transitábamos, quisimos cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros, subestimandocontradicciones principales a nivel internacional y a nivel nacional y sobreestimando niveles de conciencia y organización de sectores populares así como la organización propia.
La concepción de poder popular que teníamos decía representar intereses populares y nacionales y generaba todo lo contrario: internismo, aparatismo, militarismo. Fue una encerrona trágica (Ulloa, F.) y requiere de una autocrítica pendiente frente a frente con conjuntos poblacionales que incide en los padres preguntándose el para qué de semejante lucha.
VEINTE AÑOS DESPUES
Veinte años después, el jefe del ejército, General Martín Balza3 asume la responsabilidad institucional de la fuerza en el golpe de estado del 24–3–1976 señalando “La mentalidad golpista, proclive al desprecio por los conciudadanos, a la privaciónde la libertad de elegir... arraigada en toda nuestra sociedad... una parte de esa sociedad impulsó la participación militar”. Al ser consultado sobre si el estado nacional estaba al borde de la disolución destacó: “No, la nación hubiera continuado su esencia y hubiera salido de esa seria crisis por canales normales, institucionales.” Lo que no asume es el crimen planificado estatalmente.
Prudencio García4, en su investigación como sociólogo militar entrevistando a personajes distintos en nuestro país, arriba a la conclusión de que no había condiciones cuantitativas ni cualitativas por parte de la militancia para que tomara el poder en 1976. No estaba en riesgo el país.
En resumidas cuentas, fue la violencia de la burguesía globalizadora (Feinmann, J.) para reproducirse especulativamente y para ello requirió del aparato de estado, para cometer crímenes de lesa humanidad que les allanaran el camino.
En síntesis: queremos remarcar como se escindió el proyecto económico del terrorismo de estado, para vastos sectores populares en ese período y en el siguiente. La anuencia de algunos sectores al golpe por el desprestigio del gobierno democrático y por la derrota en ciernes de las fuerzas populares generó una escotomizaciónentre quienes se vieron beneficiados económicamente en los primeros años de la dictadura (la época de la “plata dulce”, del “deme dos” artículos para consumir, de los viajes al exterior...) y, por otro lado, los padres que se vieron compelidos a actuar porque les secuestraban a sus hijos estando de acuerdo con la militancia de ellos,otrosaún no sabiendo que participaban, oaún negando la adhesión a ideales justos o porque estaban en una libreta de amigos.
El país se partía en dos escenarios irreconciliables, irreconocibles.
Unos, los primeros, seguían haciendo su vida “normal” y otros, los padres, no sabían qué hacer de su vida pues la catástrofe se había adueñado de ellos. Ambos polos tenían una matriz en común, como hemos hecho referencia anteriormente.
OTRA CUESTION: A NIVEL SINGULAR
Quien escribe no es parcial ni neutral.
Desde pequeña me fui identificando concientemente con los que eran (y son) diferentes por su pobreza, por no tener hogar, no contar con una familia, por discriminación, por sufrimiento humano prolongado que no está sujeto a derecho.
En mi casa, en la de otros cercanos y queridos por la familia, se vivió el arresto domiciliario de mi padre, médico clínico y hemoterapista, fue acusado de robar sangre. Médico de pueblo incapaz de lucrar con su profesión. Militante izquierdista y antiperonista y participaba, junto a otros sectores, contra el gobierno peronista. (Mi madre, hablando en voz baja y en italiano, explicaba a otros familiares por qué había policía en casa. La inversión de la culpa, el acoso policial, el secreto familiar ante la amenaza y detención.).
La “Revolución Libertadora” del ex-Gral. Lonardi provoca el 16 de septiembre de 1955 la caída del ex-General Perón. Desde temprano veíamos por las ventanas los hongos de humo de las bombas que lanzaba desde el aire la fuerza militar de la marina contra los trabajadores de Gas del Estado que resistían en el puerto de la ciudad de Mar del Plata. Durante todo el día sonó el timbre del consultorio. Las madres de los soldados lloraban desconsoladas pidiendo ayuda a mi padre para salvar a sus hijos que estaban en la conscripción. (Madres que no sabían el destino de sus hijos...)
A mediodia, por los cortes premeditadosde luz, almorzamos a oscuras. Mi madre imploraba a mi padre que nos fuéramos de la casa pues a siete cuadras los trabajadores ferroviarios, en la estación de tren, enfrentaban al ejército: si intervenían sus fuentes de trabajo, la volarían. Mi padre decía que no, que debía quedarse para atender a los heridos. (La vivencia de catástrofe inminente y la puja entre el lugar de madre y el lugar de compromiso heroico como profesional.)
No dimensionaba el contexto político. Sabía que los militares mataban y robaban –salvo algunos casos excepcionales– pero no percibía las polarizaciones y contradicciones secundarias entre sectores de trabajadores y profesionales que se favorecieron y capitalizaron con la política económica gubernamental pero confrontaban, con odio fraticida, en la discrepancia acerca de los modos de gobierno. Eran enemigos más que adversarios.
Por años escuchamos golpes de estado por radio. En cada uno de ellos vivimos la violencia estatal: huídas de mi padre, y de otros, ante cada razzia de la policia y el ejército. Era diferente, el médico que atendía a las personas torturadas en la comisaría. Sin embargo, un comisario, amigo y paciente de mi padre, lo ponía en aviso para que huyera. Tenía también, por amigo y paciente, a un cura español que lo “exculpaba” de ser ateo; ambos coincidían en su antifranquismo aunque diferían en todo lo demás. (la clandestinidad y los recursos de las personas menos esperadas).
GOLPE DE ONGANIA:1966-1969
Durante el golpe de estado del ex-Gral. Onganía –que violentó una vez más el orden constitucional derrocando al presidente democrático Arturo Illia– se intervinieron las facultades y ésto me impulsó, paradojalmente, a comenzar a militar. Militar significó enfrentar a un soldado de mi edad –18 años– que, armado, custodiaba la puerta de la Facultad de Psicología impidiendo la entrada y que a la pregunta de por qué no se podía entrar daba la respuesta kafkiana de “no porque no”... ¿Y por qué no?... “NO” desata (como en miles de personas) un proceso de rebelión donde los condenados de la tierra no eran sólo los otros excluidos del sistema sino encarnadamente apuntaban a engrosarlos desconociendo más derechos y eliminando más personas.
Hemos hecho referencia a la lucha antidictatorial y a los aciertos y errores 1973-1976.
Fuimos detenidos en 1975, con mi esposo, estando embarazada. A nuestra hija Mariana, de un año, la rescataron dos compañeras de militancia. No lo supimos por la incomunicación. Fue atroz. Torturados ambos al estar desaparecidos durante un mes, legalizados en prisión, trasladados de provincia en provincia por fuerzas conjuntas policiales y militares. En uno de esos traslados nació mi hijo, en 1976, en otro de ellos los agentes penitenciarios me lo robaron de mis brazos. Juan Andrés tenía 6 meses y medio. Gracias a ex-compañeras de detención pudimos recuperarlo en unas semanas. En otro traslado, al poco tiempo, fusilaron a mi esposo, Nestor Sala, en la Masacre de Margarita Belén junto a una veintena de detenidos políticos legalizados y otros que estaban desaparecidos. (13 de diciembre de 1976 - Resistencia, Provincia de Chaco).
Vivencié en carne propia lo que es perder una hija y un hijo y por muchos años, casi hasta hace poco, me ponía muy mal el haber permitido que me lo arrancaran, aunque no tuve ni esa concesión. Me sentía culpable ante él, que era bebé, y no lo vivía tan confusamente como que los militares (a quienes pudimos identificar a posteriori) hubieran martirizado y aniquilado a mi marido (a quien pudimos enterrar después).
Perder un ser querido familiar no es lo mismo que perder un hijo y que este desaparezca delante de los ojos (aunque yo estaba encapuchada) que las manos no alcancen a retenerlo (aunque yo estaba esposada y lo iba llevando en el hueco de los brazos).
“Las palabras no entienden lo que dicen. Las palabras no entienden lo que hablan. Las palabras no entienden de estas cosas” (De Salvador Becker Puig, recitado por Alfredo Zitarrosa en un homenaje al Che Guevara, un revolucionario cuyo cuerpo aun sigue desaparecido casi a 30 años del fusilamiento por parte de fuerzas conjuntas.)
“ El rasgo común del horror es su carácter de inenarrable: zona de silencio que no atraviesa ningún testimonio, ninguna confidencia”. (Viñals, M.)
Pero hay que encontrar las palabras y hay que escribir lo que aconteció para salir de la tragedia e historizar la problemática.
A mi (como a tantos) me generó un puente de comunicación con los padres y con los abuelos que han sido privados ilegítimamente de un hijo y/o un nieto, aunque no hayamos vivido lo mismo.
Que uno pierda un hijo y que quede desaparecido es una sensación de vacío, de agujero, de daño, de menoscabo, de quebranto, de merma, de perjuicio que lo marca a uno irremediablemente. “Catástrofes sociales productoras del agujero... representante de la pérdida del ser querido” (Rincón, Lía). “La representación mental del hijo desaparecido es la herida abierta cuya representación es dificil y deja marcas imborrables, la del vacío (Dunayevich, J. y Pelento, M.) y la de la amputación” (Puget, J.). “Lo más preciado en la vida, que es la vida del hijo, al perderlo por desaparición es un vacío del yo frente a los ideales del mismo que provoca una herida hemorrágica que no cerrará”. (Dunayevich, M.)
Hay, a partir de ese momento, un modo secreto de coexistir como víctima que nos hace fácilmente identificarnos con pocas palabrasylargas distancias respecto de quienes no lo ha pasado y a quienes hay que explicarle. ¿Qué le explicamos?“Ser puesto en posición de víctima, posición pasiva de sacrificado prolonga lo espantoso de la agresión sufrida y no permite considerarse como parte integrante de la historia social”. (Ulriksen–Viñar, M)
No cuestionamos el derecho a saber del ser humano, a descubrir, informarse, conocer, preguntar a quienes hemos vivido padecimientos intensísimos en la subjetividad. Es necesario, es imprescindible, no se puede permitir la narcisización de la víctima en su herida y regodeo. Hay que reencontrarse o descubrir el sentido de lo que pasó y de lo por venir. Hay que salir de las puertas del infierno.
DUELO.DOLIUM.DUELLUM.DUELLIUM.DUELLO.
Nos permitimos enlazarlo con una delimitación conceptual del término “duelo”. Encontramos en el diccionario el término “dolium” derivado del latín, que significa dolor o aflicción; hallamos “duellum” que significa combate entre los adversarios, lance de honor, guerra, combate, “duellium”: tiranía (despotismo) y “duello”: rebelde.
Nos preguntamos si el desafío o la sumisión, el combate o la resignación, la rebelión o la inermidad es –o no– la búsqueda de resolución entre dos voluntades. Una –personal y/o conjunto colectivo– la otra a partir de una situación traumática producida por la resolución del terrorismo estatal que impacta de un modo singular en la subjetividad, en la pareja parental y de modos particulares en sectores de la población. (Duellum)
Conlleva de acuerdo al devenir de este enfrentamiento y al cúmulo de contradicciones previas que emergieron, que se potencializaron el “dolium”, dolores y aflicciones, sentimientos de pérdidas con culpas, ambigüedad, tormentos, negación, silencio, olvidos, miedos, terror, autocastigos, parálisis, conversiones, ritos, junto –o no– a alegrías, acompañamientos, solidaridad, pasión, anhelos, compromisos, nuevas formas de ser y pensar y originales identidades.
Entonces, un eje sería el de enfrentamiento a la autoridad –real o imaginario– con expresiones concretas de trasnformación de la pérdida del ser querido o en silencio crítico sin alienarse en el discurso del poder dominante.. El eje contrario sería el de la alienación, la inermidad frente a la autoridad –real o imaginaria–, el sometimiento, la resignación, la implosión frente al omnimodo poder..
La problemática del amo y del esclavo está en el fondo de la clave de esta problemática.
OTRA CUESTION: A NIVEL PARTICULAR
Quien escribe sobre situaciones límite, como la de los padres enfrentados a la pérdida de sus hijos con desaparición indefinida en el tiempo en áquellas circunstancias políticas, si maximiza o extremiza cómo han sufrido, por qué han padecido, qué impactos traumáticos quedaron en la cotidianeidad puede, sin querer, generar una fascinación psicológica en el otro social que lo captura a este, que lo inmoviliza para sentir y pensar con atino, lo conduce compulsivamente a la pulsión escatológica, a hurgar morbosamente en qué le habrá pasado al sujeto y querer (o no) saber más. En miles de personas se logra la saturación y el no querer tocar el “tema” aún muy comprometidos con el mismo.
Se recomienda, por precaución, preparar a quien escucha o a quien lee que lo que está relatando,no es todo lo que vivió la persona o los padres, en esta problemática. Uno puede narrar lo que padeció y no balancear qué es lo que lo alivió (a los padres) por instantes, que les endulzó la vida por momentos, que los confortó y los animó a seguir, que los instó a hacer camino al andar aunque después se afligieran y se consolaran ambivalente y sucesivamente.
Este aspecto tan contradictorio que pone al ser humano en su máxima paradoja existencial frente a catástrofes políticas requiere del respeto... no de la lástima, porque alimentamos su “ser víctima de” y negamos cuánto y qué nos hubiera pasado a nosotros en esa situación y, a la par, cómo invistió la persona esa realidad, para afrontarla, o si sucumbió y cómo haríamos nosotros involucrados para aprender qué hacer frente a situaciones límtes..
Nos referimos a que testimonios, películas, entrevistas en los diarios, conferencias, libros en general, a nivel nacional e internacional, ponen el énfasis en el modo de empobrecimiento psíquico del sujeto y no en el suministro conciente y/o inconsciente que potencian las víctimas desde su capital simbólico, con excepciones.
QUE ES LA EPIDEMIOLOGIA
En su etimología la palabra puede discriminarse en “epi” (sobre o arriba), “demos” (pueblo) y “logos” (estudio). SIgnifica, entonces, “el estudio de lo que acontece en el pueblo”. ¿Cómo damos cuenta de lo que pasó en el pueblo?
Las características históricas de la epidemiología nos permiten conceptualizar a través de la “epidemiologóa de la violencia” lo que necesitamos comprender como “epidemiología de las víctimas en su cotidianeidad” (Blaming the victim).
En lo estructural general del país, el asalto al poder significó el desconocimiento y violación a la ley, a las normas históricas y socialmente consensuadas, a la ética, a las pautas culturales, al modo de existir en un lugar en el mundo, al sentido común.
La violación a la ley y a la constitución nacional significó incrustarse siniestramente mediante discursos y un accionar tiránico y renegador en la subjetividad de millones de personas y así permear y soliviantar la condición humana en aquellos añosy en el devenir.
En lo particular, Escudero, J. señala el agrupamiento tendencial en lo epidémico provocado por la represión que llegó, en esa década, a un paroxismo: quezás 100.000 personas fueron torturadas físicamente por lo menos una vez, 30.000 asesinatos políticos, cientos de miles de personas sometidas a tormentos psicológicos, decenas de millones que vivimos aun las consecuencias del terrorismo.
El estudio de la catástrofe social que proponemos está compuesto, por un lado, de estudios de casos restrospectivos y, por otro, del seguimiento descriptivo de los comportamientos del conjunto de padres a lo largo de 20 años, de tipo prospectivo.
La conceptualización epidemiológica con una visión sobre conjuntos de individuos, familias u organizaciones requiere de una clínica y esta alimenta, hace pensar a la epidemiología y viceversa, sin negar la especificidad singular de cada persona, la particularidad de cada grupo o sector de clase o movimiento conformado.
Ello configura el tamaño del daño acaecido por lo traumático del duelo especial, la fragilización de las personas (vulnerabilidad por mayor exposición a riesgos) y la trascendencia por la cual varias generaciones de las víctimas, de los deudos mayores, de los hijos, quedan impactadas e implicadas.
Cuando iniciamos esta investigación a fines de 1986 nos planteamos, con mucho menos conocimiento que hoy y con poca investigación previa, cuál era el carácter social de las fuerzas que confrontaron, y cuál era su identidad política y social, pues estuvo presente en nosotros desde el inicio la imagen de la guerra civil en Argentina. Sabemos que estas empresas investigativas sólo son posibles si en la sociedad existe un quantum de fuerza social que va produciendo la información. Entonces me instalé en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos con un grupo de jóvenes estudiantes, donde codificamos una muestra de los miles de testimonios de familiares, recibidos durante la dictadura, que formaban parte de la información de base de la CONADEP [2]. Pero desde mucho antes, en varios de los Centros creados a partir de la crisis univesitaria que produjo la dictadurade Onganía, se investigaban y se analizaban las confrontaciones sociales que sacudían a la Argentina [3]. Una vez transcurrido el primer año del gobierno constitucional de Alfonsín, durante mucho tiempo la única información disponible, con sus limitaciones, fue la que logró centralizar la CONADEP, que se difundió gracias a la afortunada articulación con EUDEBA. Lo mismo puede decirse de otros esfuerzos realizados desde el ámbito estatal, como la bicameral de Tucumán o la del Chaco y, por supuesto, los avances sistemáticos de grupos organizados alrededor de los organismos de Derechos Humanos. Más tarde, particularmente a partir de que se cumplieron 20 años desde el inicio de la última dictadura,comenzaron a florecer las palabras impresas de los militantes sobrevivientes.
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