El secuestro-apropiación de niños y su restitución.
Equipo interdisciplinario de Abuelas de Plaza de Mayo Edición original: Buenos Aires, 1988.
Situación de los niños desaparecidos en la comunidad.
Es nuestra intención transmitir la experiencia de nuestro trabajo en el camino que marcan Abuelas de Plaza de Mayo, sobre la necesidad de la búsqueda, ubicación y restitución de cada uno de los niños secuestrados- desaparecidos, en la convicción de que la única posibilidad de enfrentar este drama inédito es que la sociedad participe, activa y solidariamente, en la resolución de esta herida, que seguirá abierta en tanto quede algún niño al que no se le restituya su Orinen. su historia Y su identidad.
La restitución de los niños secuestrados hace necesario situarla, desde un comienzo, en el terreno que le corresponde: el de las garantías y derechos humanos de los niños, el derecho a la vida en dignidad, a no ser despojados jamás de su singularidad originaria, el derecho a la verdad de su propia historia, a crecer entre los suyos. La referencia, sin concesiones, a este campo constituye el soporte constante del testimonio y la tarea de Abuelas de Plaza de Mayo.
Este folleto integra una serie que ha comenzado a publicar el Centro de Estudios Legales y Sociales, CELS, de Buenos Aires, con el objeto de dar a conocer a la opinión pública algunos de los aspectos del sistema represivo aplicado por el Gobierno de las Fuerzas Armadas desde el 24 de marzo de 1976.
A través de dichos trabajos se exponen hechos, expresiones y testimonios que permiten diseñar un cuadro preciso de la doctrina y los métodos elegidos para esa acción punitiva, que alcanzó a vastos sectores de la población.
El análisis efectuado procura también desentrañar los objetivos políticos y socio-económicos y las motivaciones ideológicas que han movido al empleo de los procedimientos que se describen en estos folletos, y cuya extrema gravedad tiene pocos parangones en la historia contemporánea.
Se deduce de este examen la existencia de un sistema normativo paralelo de carácter secreto, aplicado por unidades regulares, subordinadas a las máximas jerarquías militares. Dicha circunstancia se agrava por la absoluta ilegitimidad del poder del cual emanan, surgido de la usurpación mediante la fuerza de facultades que corresponden a los representantes del pueblo, de conformidad con las cláusulas constitucionales.
Tesista de la Lic. en Ciencias Antropológicas. Facultad de Filosofía y Letras. UBA.
El presente trabajo se propone dar cuenta de los primeros avances de una investigación en el campo de las formas acción colectiva contra la violencia de estado, eligiendo para el análisis el caso de la regional Capital de la agrupación H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) la cual se presenta como una forma específica de hacer política en la que aparece una particular relación entre el parentesco y la acción colectiva. El objetivo de la exploración aquí presentada es dar cuenta del estadio inicial de la investigación, apuntando a la construcción del problema de investigación de la tesis de licenciatura.
El presente comunicación tiene la intención de presentar el estado de situación de nuestra investigación (que posteriormente conformará nuestra tesis de licenciatura), la cual se encuentra en el primer estadio de avance, en los primeros pasos del largo proceso de estudio.
Nos convoca un tema que actualmente es discutido por la opinión pública y conlleva un posicionamiento con fuertes implicancias políticas en su tratamiento. Las “restituciones de identidad” que el derecho lleva a cabo mediante los mecanismos burocráticos previstos por la institución jurídica, es el tema que trataremos.
Nuestro propósito es dar cuenta de la complejidad de este proceso. Para ello presentaremos las primeras ideas, los obstáculos que se son plantean a la hora del trabajo, la inserción en el campo y la relevancia un tema como éste para nuestra disciplina
SEBASTIAN CASADO, EL NIETO QUE ANGELA ENCONTRO DESPUES DE 28 AÑOS
“Abraza fuerrrrrte, como el padre”
Angela Barili, abuela materna de Sebastián, le contó a Página/12 cómo fue el encuentro con su nieto. Sus padres, Gaspar y Adriana, desaparecieron en 1977 y él se buscó en Abuelas.
La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, con Angela Barili y Bruno Tasca.Por Alejandra Dandan
“¡Ché, loco!”, le dijeron sus amigos uno de esos días en los que lo vieron una y otra vez pararse frente a la misma foto de Internet. “¡Ese tipo es tu viejo! ¡Mirá si no va a ser tu viejo, si sos igual!” Sebastián estaba con muchas dudas pero, como pocos, también con muchas certezas sobre su identidad. Le habían dicho que era adoptado y, aunque con ganas, sólo después de muchos años se animó a ir entrando a las páginas de las Abuelas de Plaza de Mayo en Internet para hacerse preguntas. Clickeó documentos, archivos o informes hasta que se encontró con una foto de Gaspar Casado, su verdadero padre, secuestrado a fines de 1977 y hoy desaparecido. Sebastián no sabía quién era pero lo intuyó. Las Abuelas ayer hicieron pública su historia y la búsqueda que terminó hace una semana con la confirmación genética de su identidad. Es la restitución número 82 de las Abuelas.
Sebastián empezó con el último tramo de la búsqueda hace poco más de un año. En enero de 2005 escribió una carta a las Abuelas para averiguar por una causa en la que se lo mencionaba como posible hijo de desaparecidos. Estaba con muchas dudas. Pero escribió. Allí comenzó un largo camino lleno de preguntas. Las Abuelas lo pusieron en contacto con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), el ámbito donde debía iniciar el legajo formal de la búsqueda y los exámenes genéticos. Pero eso era demasiado. Sebastián empezó a visitar la Conadi en marzo de 2005; fue una y otra vez, pero no se animaba a abrir formalmente su búsqueda.
Eso sucedió sólo en agosto de 2005, cuando llegó a sus manos la edición 47 del mensuario de las Abuelas. Como todos los meses, la revista publicaba la historia de vida de una de las Abuelas. Esta vez, le tocaba a Angela Barili de Tasca, una de los tres abuelos biológicos vivos de Sebastián, aunque él no lo sabía. Cuando leyó la nota, ató cabos, cruzó nombres, pensó y decidió presentarse a la Conadi. Su trámite se inició el 29 de septiembre del año pasado. Para entonces, Sebastián avanzaba casi seguro de que Angela era su abuela, pero además de que sus abuelos eran muy mayores como para esperar que él resolviera sus dudas.
Conadi terminó con los estudios el jueves 9 de febrero. Según los datos, sus genes incluyen en un 99,9 por ciento el grupo familiar Casado-Tasca. A la 1.30 de la mañana del día siguiente, Sebastián llegaba a la casa de departamentos de Mar del Plata donde aún vive su abuela Angela con su marido Bruno Tasca. Página/12 dialogó con ella sobre la búsqueda y la restitución de su nieto.
–¿Cuándo conoció la noticia?
–El jueves pasado. Mi hija Ana me llamó por teléfono y me dijo: “Mamá, prepará café”. Cuando le pregunté por qué, me respondió que venía con alguien, era una abogada de Abuelas, íntima de mis dos hijas. Me pareció extraño, la verdad. Y en el hall, mi hija me preguntó:
–¿Qué es lo que más desearías en el mundo, mamá?
–Encontrar a mi nieto –le dije.
Ana no esperó:
–Mamá, lo encontramos –soltó. Angela enseguida habló por teléfono con su nieto o, mejor dicho, con su voz. Le sorprendió el tono, lo grave, el paso del tiempo, la edad. Pero claro, dijo después, “cómo no va a ser así si ya es un hombre, tiene 27 años y va para 28, los cumple el 27 de marzo”. Sebastián le propuso un encuentro. Ella y su marido Bruno aceptaron verse en Buenos Aires, pero a todos les ganó la impaciencia y la emoción. Horas más tarde, después de dar el aviso, Sebastián estaba en Mar del Plata.
–Llegó a la 1.30 de la mañana, éramos un montón. Se abrazó con mi hija y cuando me abrazó a mí no me quedó ninguna duda, porque abraza de la misma forma que el padre: me dio uno de esos abrazos fuerrrrtes.
–¿Cómo supo que ustedes eran parte de su familia?
–Pasó que se enteró a los 22 años que era adoptado, se lo dijo la hermana. Ella también vino a Mar del Plata, también es adoptada, tiene dos años más; se hizo los análisis pero a ella no le dieron. Cuando estuvieron allá, me llamó aparte para decirme que ellos habían estado muy bien criados, que no me hiciera problemas.
–Una vez que supo de la adopción, ¿qué pasó?
–A mediados del 2005, Sebastián empezó a mirar por Internet la página de Abuelas, ahí se encontró con la foto de mi yerno y de mi hija. ¡El encontró la foto! Y todos los datos. Supo que había un bebé que debía nacer en tal fecha y se lo dijo a sus amigos: “Esta es mi familia”, les dijo. ¿Usted lo puede creer? “Esta es mi familia”, dijo como si supiera. Sabía que se parecía mucho al padre. Se lo decía a todos. Les preguntaba: “¿Yo me parezco a este muchacho?” “Sí”, le decían. Y ahí empezó a investigar y se fue a hacer los estudios, los análisis por su propia voluntad y su propia iniciativa. Le demoraron cuatro meses.
–¿Cuando conoció los resultados estaba solo?
–No. Tiene una novia que lo ayudó muchísimo en la búsqueda, como los padres de la novia. Y allí, como en la historia figura que mi hija y mi yerno querían llamarlo José o Josefina, si era mujer, cuando le entregaron los análisis firmó como Sebastián José Casado. ¿No es una maravilla? Tuve mucha suerte, quisiera que a todas las abuelas les pasara lo mismo.
–¿Qué conoció de su vida?
–Ahora hay que darle tiempo. No le hice muchas preguntas porque no quería hacerlo. Sebastián toca el bandoneón, le gusta Piazzolla y le gusta Goyeneche.
La música parece una herencia de su familia materna; un bisabuelo con buenas manos para el piano, una tía ducha en ese mismo campo y una madre buena pero sólo con la guitarra y una flauta, a fuerza de la impiadosa insistencia de Angela. La madre de Sebastián estuvo poco tiempo en Mar del Plata, nació allí el 20 de abril de 1955, pero para el ’73 se había mudado a La Plata. Gaspar nació el 21 de noviembre de 1955 en Azul. Era el quinto de una familia de ocho hermanos, por eso todos lo llamaban “Quinto”. También se fue a estudiar a La Plata, llegó un año después que Adriana. Los dos se habían anotado en Derecho, pero se conocieron en la Caja de Previsión Social para Abogados por un trabajo. Para esa época, habían empezado a militar con Montoneros. Los secuestraron entre el 10 y el 15 de diciembre de 1977, Adriana estaba con cinco meses de embarazo.
Poco antes, los dos habían pasado un breve período en Mar del Plata y Angela ya estaba aterrada.
–Ellos en ese momento nos habían dicho que ya no estaban en nada, pero evidentemente nos mintieron. A mí me desesperaba eso de que ella estuviera embarazada y en peligro. Realmente tenía miedo, porque uno antes de esto tenía otra manera de pensar. Yo he cambiado. No soy la misma que era antes.
–¿Cómo era?
–Yo no la comprendía a mi hija y eso ahora me duele. Yo le daba mucha importancia a tener arreglada la casa, a que ellas estuvieran bien arregladas; ella no; salía y volvía sin la campera que yo le había hecho, pero a todas las madres les pasaba lo mismo porque eran los chicos, eran de esa manera, querían un mundo mejor y eso les valió perder su vida. Pero yo nunca creí que hubiera habido tanta crueldad, yo pensaba que a mi nieto me lo iban a devolver, que me lo iban a dar cuando tuviera dos meses, tres meses, cuando dejara de tomar la teta.
Por los datos recogidos, se sabe que Sebastián habría nacido durante el cautiverio de su madre y entregado por un oficial de las Fuerzas Armadas a un matrimonio allegado. De la Conadep surgió que lo habían anotado como hijo propio, con una constancia de nacimiento firmada por una médica de la policía de la provincia, actualmente implicada en otras causas de apropiación.
–¿Qué supieron ustedes de las personas que lo criaron?
–Parece que la mujer es buena, él quiere mucho a su madre.
–Se dijo que él logró comenzar la búsqueda cuando murió quien actuó como padre.
–Cuando fallece el padre. Tengo entendido que murió a mediados del año pasado. Lo sé por otras personas, no lo puedo asegurar, no me lo dijo.
–¿Qué fue lo que sí le dijo?
–Yo le pregunté si había tenido abuelos. Y me dijo: “Sí, y los quise mucho y me quisieron mucho”. Todos los años iban a veranear a Mar del Plata porque les encantaba y tiene un departamentito de un ambiente que era de los abuelos. Por eso creo que todavía no nos puede decir abuelos. Pero eso ahora no importa.
Estela Carlotto y el propio joven que recuperó la identidad estuvieron con el juez. Este decidió la captura del apropiador.La Federal ya está buscando a quien revistó en sus filas.
Por Irina Hauser
Página 12 31.01.2004
El juez federal Jorge Urso ordenó la detención de un ex agente de inteligencia de la Policía Federal acusado de haberse apropiado del hijo de los desaparecidos Alicia Alfonsín y Damián Cabandié. El joven, de 25 años, nació en marzo de 1978 en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y su madre biológica lo llamó Juan. A los pocos días de vida se lo quitaron. Fue criado por el agente retirado y su ex esposa, que lo inscribieron como nacido en abril. Esta semana pudo recuperar su identidad y conocer su historia. Ayer se entrevistó con el magistrado porque quería saber cómo será el proceso de ahora en más, y lo mismo hizo la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto.
Al ex oficial ya lo busca la policía, según informaron allegados a la causa. El juez dispuso su captura en base a una denuncia que hicieron el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, como titular de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), y las Abuelas. Aportaron, como prueba, los resultados del estudio genético que Juan pidió hacerse en octubre del año pasado y cuyo resultado conoció el lunes. La presentación incluía, además, el legajo del ex policía, quien durante la dictadura usaba seudónimo y habría estado vinculado a grupos de tareas.
Carlotto estuvo ayer a la mañana en los tribunales de Retiro y tuvo un breve encuentro con el magistrado. "Fui a ofrecerle colaboración, como siempre lo hacemos desde Abuelas. Fue una conversación cordial en la que (Urso) me dijo ya estaba ocupándose de todas las diligencias", contó Carlotto a este diario. "Lo que nunca me hubiera imaginado era que el propio Juan quisiera ir a hablar con el juez. Es un chico que está muy involucrado y que tiene un grado de comprensión muy grande. Quería saber cómo sigue todo esto, pidió una entrevista con Urso y fue por su cuenta", agregó. La causa original con que los abuelos de sangre intentaban encontrar al hijo de Damián y Alicia comenzó en 1990. Después de algunos intentos fallidos de dar con el chico quedó archivada, en el juzgado de Rodolfo Canicoba Corral, que esta semana se tomó licencia. Por ahora las nuevas actuaciones están en manos de Urso, quien también subroga la investigación sobre el plan sistemático de robo de bebés durante la dictadura.
En el primer encuentro que Juan Cabandié Alfonsín tuvo con su verdadera familia, contó que con los años había sumado sospechas sobre su origen. Nunca había visto fotos de cuando era bebé, por ejemplo, y sufría el maltrato y los insultos de su apropiador. Hace seis años que no lo ve, aunque sí tiene contacto con la mujer que lo crió, a quien se animó a preguntarle si era realmente su hijo. Una respuesta ambigua lo llevó a consultar en la Conadi y con las Abuelas de Plaza de Mayo. El examen de ADN fue concluyente.
De a poco, con los relatos de sus abuelas Nancy (mamá de Alicia Alfonsín) y Yole (madre de crianza de Damián Cabandié), más un archivo biográfico familiar que le entregaron, Juan empieza a recomponer sus raíces y entender su pasado. Sus padres se habían conocido en el Club Colegiales y trabajaban juntos ayudando en una villa de ese barrio. Fueron secuestrados en noviembre de 1977 y se sabe, por testimonios de sobrevivientes, que pasaron por los centros clandestinos de detención El Banco y Club Atlético. Su mamá tenía 17 años, su papá 19. A ella la trasladaron a la ESMA, donde estuvo en la "pieza de las embarazadas". Al parecer, llegó a estar 22 días con su bebé.
Es la historia que a Juan le negaron sus apropiadores y por la que tendrán que enfrentar a la Justicia
Escribiendo la verdad
Victoria Donda Pérez, hija de los desaparecidos María Hilda Pérez y José María Donda, será anotada con su verdadera identidad. Así lo resolvió el lunes el juez federal Daniel Rafecas. En un reportaje publicado el lunes por Página/12, la joven, que estuvo apropiada durante 27 años, señaló que quería llevar el nombre que le habían puesto sus padres para demostrar que se sentía orgullosa de ellos.
Rafecas basó su decisión en los pactos internacionales que establecen que “toda persona tiene derecho a un nombre propio y a los apellidos de sus padres o al de uno de ellos” y reconocen el derecho a la identidad.
Victoria Donda, representada por la abogada Alcira Ríos, solicitó la inscripción de su verdadero nombre luego de enterarse de que era hija de los desaparecidos María Hilda Pérez y José María Donda y que había nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Rafecas decidió hacer lugar al pedido, con independencia de la situación del apropiador, quien paralelamente debe afrontar un juicio por la sustracción y el ocultamiento de la joven. “El aguardar una sentencia definitiva para resolver la cuestión tendría como consecuencia prorrogar en forma indeterminada los efectos criminosos de dicha inscripción mendaz”, dijo Rafecas. Una decisión similar tomó la semana pasada la Cámara Federal en el caso de Juan Cabandié, otro joven nacido en la ESMA.
El magistrado tuvo en cuenta que estaba “fehacientemente acreditado el secuestro de María Hilda Pérez de Donda (que se encontraba embarazada de cinco meses) y de su esposo, José María Laureano Donda, por parte del personal perteneciente al grupo de tareas 3.3.2 de la Marina” y el estudio genético que prueba la verdadera identidad de Victoria.
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Escribiendo la verdad
Victoria Donda Pérez, hija de los desaparecidos María Hilda Pérez y José María Donda, será anotada con su verdadera identidad. Así lo resolvió el lunes el juez federal Daniel Rafecas. En un reportaje publicado el lunes por Página/12, la joven, que estuvo apropiada durante 27 años, señaló que quería llevar el nombre que le habían puesto sus padres para demostrar que se sentía orgullosa de ellos.
Rafecas basó su decisión en los pactos internacionales que establecen que “toda persona tiene derecho a un nombre propio y a los apellidos de sus padres o al de uno de ellos” y reconocen el derecho a la identidad.
Victoria Donda, representada por la abogada Alcira Ríos, solicitó la inscripción de su verdadero nombre luego de enterarse de que era hija de los desaparecidos María Hilda Pérez y José María Donda y que había nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Rafecas decidió hacer lugar al pedido, con independencia de la situación del apropiador, quien paralelamente debe afrontar un juicio por la sustracción y el ocultamiento de la joven. “El aguardar una sentencia definitiva para resolver la cuestión tendría como consecuencia prorrogar en forma indeterminada los efectos criminosos de dicha inscripción mendaz”, dijo Rafecas. Una decisión similar tomó la semana pasada la Cámara Federal en el caso de Juan Cabandié, otro joven nacido en la ESMA.
El magistrado tuvo en cuenta que estaba “fehacientemente acreditado el secuestro de María Hilda Pérez de Donda (que se encontraba embarazada de cinco meses) y de su esposo, José María Laureano Donda, por parte del personal perteneciente al grupo de tareas 3.3.2 de la Marina” y el estudio genético que prueba la verdadera identidad de Victoria.
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La ética del analista ante lo siniestro.
Ulloa Fernando:
En Territorios, número 2, MSSM, Buenos Aires, 1986.
Puntuación del artículo.
Transcripción “textual” de fragmentos del autor, en función de los siguientes ejes:
·posición del analista frente a lo siniestro
·efectos de lo siniestro en la singularidad de un caso y
·efectos de lo siniestro en la sociedad argentina.
Hace más de diez años que trabajo en el Campo de los Derechos Humanos. Cada tanto me detengo a elaborar un texto acerca de mi experiencia. Así lo he hecho para esta ocasión. Voy a ceñirme al rigor del mismo intentando fijar mi posición como psicoanalista frente a los Derechos Humanos.
El Psicoanálisis se sostiene en un propósito: el develamiento de aquella verdad que estando encubierta, para el propio sujeto que la soporta, se presenta como síntoma.
Alcanzar o no este propósito suele ser aleatorio, pero que el psicoanalista no desmienta en su práctica lo que afirma teórica y técnicamente, fundamenta la calidad ética de su quehacer. Es que el psicoanálisis es una propuesta ética.
La condición humana es de naturaleza trágica en tanto entrecruzamiento conflictivo del amor y del odio, del cuidado y la agresión, de solidaridad y egoísmo. De esta dualidad dura está hecha la historia de cada individuo y de la humanidad toda.
Desde el punto de vista del psicoanálisis, esta dicotomía trágica tiene dos destinos: o la salida ética donde la producción de verdad fundamenta justicia, o el callejón ciego donde el síntoma, ahogado en el ocultamiento familiar y cotidiano, apaga su evidencia develadora.
Cuando el escenario de la producción sintomática, tiene la magnitud de lo que nos convoca en esta mesa: “Los Derechos Humanos”, quien se afirme psicoanalista, o lo es, y hace justicia, o no lo es y a sabiendas o no, hace complicidad. Según las circunstancias puede incluso hacer algo más siniestro aún.
No en vano introduzco este término de tradición freudiana: lo siniestro. Aproximo con aquello el horror y la malignidad de la que me ocuparé.
Las personas varían en alto grado con referencia al impacto que lo siniestro hace en ellas; dice Freud citando a Jentsch.
Esta diferencia del efecto siniestro depende del grado de distancia y negación o por el contrario de proximidad y conocimiento de lo que está oculto y es fuente de horror.
Freud trabaja este concepto en profundidad.
Lo siniestro es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo antiguo, a lo familiar.
Lo siniestro siendo familiar es al mismo tiempo aquello dentro de lo cual uno no se orienta, algo promotor de incertidumbres.
En lo siniestro convergen los sentidos antitéticos de secreto y familiar.
Secretamente familiar remite en la investigación psicoanalítica a lo que se denomina “el secreto de familia” que como factor patógeno opera en la historia de algunos individuos.
En estas familias algunos personajes “están en el secreto”, el secreto les es familiar e incluso les confiere poder. El resto de la familia, de acuerdo a la naturaleza de lo oculto, suele sufrir sin saberlo a ciencia cierta, las consecuencias de la malignidad infiltrante de lo que les es ocultado. Se convive con algo que se ignora aunque se lo presiente inquietantemente. Comienza así a surgir el efecto siniestro. Es como la malignidad infiltrante de un cáncer ignorado pero existente.
Voy a referir un ejemplo que irá introduciendo más el propósito de esta presentación, es el casodePaula.
Paula es nieta reencontrada por Abuelas, que fue secuestrada junto con sus padres, y simulada hija legítima de una pareja cuyo hombre participó en el secuestro. Por la edad de Paula cuando el secuestro, alrededor de 23 meses, ella tiene registro, sin duda reprimido violentamente, del horrible secreto familiar.
Siendo secreto no hay oportunidad de palabra que articule los hechos en un relato. Entonces el secreto infiltra y pervierte todos los vínculos y estructuras psíquicas de Paula.
El único remedio posible contra la malignidad de lo siniestro es el develamiento de aquello que lo promueve, simultáneamente al establecimiento de un nuevo orden de legalidad familiar. Aún dentro de lo doloroso de esta explicitación, de este hacer justicia, la verdad operará como incisión para drenar, aliviar y curar el abceso de lo siniestro.
Este caso ilustra dramáticamente el asunto de los lugares y las distintas respuestas en relación al efecto siniestro.
En cambio los ejecutores de lo siniestro, los que están en el secreto, se mantienen en cierta forma insensibles a los efectos de lo horrendo. Ellos mismos son lo siniestro, sobre todo si logran la impunidad que pretenden. Esta impunidad confiere poder sádico, poder fascista. Esto ocurre sobre todo cuando el escenario delo siniestro traspasa los límites de una familia y cobra la dimensión de la sociedad.
Los efectos siniestros dependen pues del lugar que se alcanza con relación a lo oculto. Así los responsables directos y cotidianos del horror que atravesó el país en los últimos años, no sólo lograban impunidad desde el ocultamiento, sino que ese ocultamiento garantizaba eficacia paralizante sobre la comunidad. En esto radica la metodología de la desaparición de personas sumado al horror de sus tormentos.
Por otra parte esta familiaridad tiene su costo terrible: reclama cada vez más víctimas para alimentar el aparato.
Hay que alimentar a Drácula.
El efecto siniestro paralizante de la comunidad, pudo ser conseguido con muchas menos víctimas. Pero este aparato de diabólica eficacia requiere un alto mantenimiento en víctimas.
Nuestro país convivió familiarmente con el horror. Muchos intentaron distintas técnicas de ceguera.
Lo siniestro ataca literalmente los ojos como reminiscencia castratoria.
Y cuando mayor es la degradación de los ojos que no ven, más siente el corazón el terror eficaz que paraliza.
Quiero retomar el comienzo. Quien se propone psicoanalista, por definición, está atrapado en la cuestión de ser o no ser frente a miles de calaveras, recuperadas o desaparecidas que lo interrogan no tanto en cuanto a lo que aconteció, sino principalmente en cuanto al testimonio de verdad que su práctica rinda.
No sólo lo interrogan los afectados directos con los cuales tenga ocasión de contacto, sino que lo interrogan las evidencias sociales que desde el acostumbramiento y la denegación promueven el olvido como otra forma de recrear la fuente oculta de lo siniestro.
El psicoanalista, concorde con su ideología, podrá o no aproximar su colaboración directa al campo de los Derechos Humanos, pero si es cabalmente analista, si su práctica no desmiente las propuestas teóricas del psicoanálisis, no podrá dejar de hacer justicia desde la promoción de verdad como antídoto frente al ocultamiento que anida lo siniestro.
DDHH/Sch.
Discurso de “HIJOS” en la ESMA
El 24 de marzo nunca es una fecha en la que las palabras surjan con facilidad. Por lo menos no desde hace 28 años. Los sentimientos que están presentes todos los días de nuestras vidas, se condensan en este día y hacen trampas en la garganta a la hora de decir lo que queremos decir. Pero hagamos el intento.
En esta casa del terror que estamos hoy mirando tan de cerca se destruyeron una enorme, inconmensurable cantidad seres amados. En esta escuela de mecánica de la armada, la Armada enseñó a sus mejores alumnos su mecánica. La mecánica del terror.
Pero eso, seres amados, no fue lo único que destruyó. Destruyótambién eso intangible del amor.
Todo aquello que no se puede tocar, pero se ve, se siente. Lo que hace que un hombre y otro hombre y otra mujer y otra mujer y otro hombre y otra mujer, sean mucho más que eso y se conviertan en un huracán que a la vez sacude y sostiene: un proyecto en común. Lo que hay entre un grupo de personas y otro grupo de personas, que hacen distintas cosas pero se saben juntos más tarde o más temprano.
Eso que no se puede tocar, eso que no se puede acariciar como la piel de los que no están, pero que se ve, se siente, como si fuera una caricia de los que no están.
No, la piel, la mirada, la risa, los abrazos en mitad de la noche, eso, no se puede recuperar. Los años perdidos para la cotidianeidad para los que la ruleta del espanto los puso entre rejas durante años tampoco volverán. No volverán nunca esos años donde hubo que vivir en un país extraño. Pero lo intangible, lo que esas manos moldearon, la forma de expresar el amor que ellos tuvieron, eso sí está en nosotros.
Y está vivo para siempre.
Porque estamos acá, porque estamos desde hace un montón de años, porque están otros. Porque nunca perdimos la capacidad de organizarnos para luchar por un país diferente. Y organizarse y luchar es la forma que ellos tenían de amar, de expresar su amor.
Por eso este lugar todavía contiene el horror y el espanto, pero también la enorme dignidad de los que han muerto por amor. Por amor a los compañeros, por amor a la patria grande, por amor al pueblo, por amor a ese país que la lucha de ellos estaba construyendo. Y por amor a nosotros, sus hijos.
Hoy, nosotros, en este día, llenos de ese amor a esas mismas cosas, queremos dejar muy claro qué es lo que queremos.
Nosotros queremos que vayan presos, a una cárcel común, con cadena perpetua todos y cada uno de los torturadores, asesinos, secuestradores, apropiadores de bebés. Y que vayan presos también los instigadores, los beneficiarios y los planificadores del genocidio.
Nosotros queremos que todos los que fueron arrancados de sus madres que parieron en cautiverio para ser apropiados por militares o regalados a sus amigos recuperen su verdadera identidad.
Si las abuelas han encontrado hasta ahora a 77 nietos y nietas, qué no podría hacer el Estado si se lo propusiera. Han pasado más de 20 años desde la caída de la Junta Militar. Más de 20 años hemos perdido los hermanos y hermanas, las abuelas, los abuelos, las tías, los primos. Más de 20 años han perdido ellos. Porque ellos viven desde que nacieron presos sin saberlo, y todo gobierno que no los busque, que no les devuelva la libertad de saber quiénes son y quiénes fueron sus madres y sus padres son gobiernos que sostienen y avalan la desaparición forzada de personas.
Nosotros queremos que se abran todos los archivos, que se sepa absolutamente todo lo que pasó. Quiénes los secuestraron, quiénes los torturaron, quienes los asesinaron, quiénes robaron sus hijos, nuestros hermanos, dónde están sus cuerpos, dónde están.
Por nosotros, por nuestras familias, pero por sobre todo por este país. Ningún país puede crecer sobre la mentira. Sabemos que esos archivos existen, sabemos que se pueden abrir, sabemos que depende de lavoluntad política de quienes gobiernan que la verdad siga sepultada o salga a la luz.
Nosotros queremos que así como el congreso anuló las leyes de impunidad, anule los indultos y que el poder judicial declare que son inconstitucionales todas las normas que hagan que un genocida sea perdonado o ni siquiera juzgado.
Nosotros queremos que todos los lugares que funcionaron como Centros Clandestinos de Detención durante la dictadura sean lugares preservados, para que se pueda investigar primero y para que todos sepan que ahí se torturó y asesinó a personas, que ningún editorialista de La Nación pueda darse el lujo de poner en duda la veracidad de los hechos. Pero queremos también que en esos lugares se recuerde y se diga por qué los mataron, quiénes eran, por qué luchaban, cuál era su proyecto de país.
Nosotros queremos que se le de solución a las protesta. Trabajo a los que luchan por trabajo, vivienda a los que luchan por vivienda, salarios dignos a los que luchan por sus sueldos. Las protestas no se paran con causas judiciales, las protestas se terminan con soluciones. No queremos que se criminalice la protesta. No queremos que se enjuicie a los que luchan.
Nosotros queremos que no se pague ni un solo centavo de la deuda externa. Porque es ilegítima, inmoral y fraudulenta. Ilegítima porque no fue contraída por el pueblo argentino. Inmoral porque se paga con el hambre de nuestros niños. Fraudulenta porque es el producto de una estafa.
Pero si no se paga la deuda y la riqueza sigue llenando los bolsillos de los ricos y vaciando el de los pobres no nos sirve para nada. Queremos que la deuda no se pague y que la riqueza se distribuya equitativamente.
Nosotros queremos que se desmantele el aparato represivo, porque los represores de la dictadura son lo que en democracia asesinan chicos con la excusa del gatillo fácil.
Pero queremos también que todos los políticos que sostuvieron las atrocidades cometidas, y que como buenos camaleones se reciclaron en democracia paguen por lo que hicieron. No sólo que dejen de ocupar cargos en los gobiernos, sino que sean castigados con la pena que se merecen.
Qué pena se merece quien haya firmado este decreto en 1975: “las Fuerzas Armadas bajo el Comando Superior delpresidente de la Nación, que será ejercido a través del Consejo de Defensa, procederán a ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país". Pues fue firmado por Carlos Ruckauf y Antonio Cafiero, entre otros. Y esos son sólo dos botones de muestra. Estamos rodeados de Bussis, de Pattis, de Ricos, de Cavallos, sólo es cuestión de buscar, depurar, juzgar ycastigar.
Porque los que avalaron el genocidio en su momento siguen haciendo lo suyo en democracia. Sólo para dar un ejemplo, durante el gobierno de Ruckauflos servicios de inteligencia de la policía de la provincia de Buenos Aires, investigaron a HIJOS tan exhaustivamente que llegaron a detallar hasta una tallarinada que compartieron nuestros compañeros de Mar del Plata.
Todo eso queremos. Y cuando nosotros decimos queremos quiere decir que no dejaremos de luchar hasta conseguirlo, como lo hemos hecho hasta ahora, como no dejaremos de hacerlo.
Porque nosotros hoy, acá, hemos venido a hacer lo mismo de siempre. Hemos venido a luchar contra la impunidad, contra el olvido, contra el silencio. No hemos venido a la entrega de un predio, aunque la entrega de este predio nos da más fuerza para seguir, como nos dio fuerza la nulidad de las leyes de impunidad en el congreso. No hemos venido a recibir ningún reconocimiento. Porque reconocer nuestra lucha, la de las Madres, la de las Abuelas, la de los Familiares, la de los Ex detenidos no es otra cosa que meter presos a los culpables, recuperar la identidad de todos los jóvenes apropiados durante la dictadura, que nos entreguen toda la verdad sobre nuestros seres queridos y que el proyecto de país por el que luchaban nuestros padres y nuestras madres se convierta en realidad.
Mi nombre es Emiliano Güeravilo, nací aquí en la Esma. Aquí, mi mamá, Mirta Mónica Alonso me trajo al mundo. Como ella, de todos los centros clandestinos de detención la zona sur de Buenos Aires, cientos de mujeres valientes trajeron a sus hijos al mundo entre médicos torturadores. A todos nuestros hermanos y hermanas que han nacido aquí y que no fueron entregados a sus familias como yo, sepan que los estamos buscando, los estamos esperando, estamos deseando contarles que sus madres los amaban, que sus padres los amaban y que fueron parte de lo mejor de unageneración que se jugó por entero por dejarnos un país mejor.
Compañeros, compañeras: no somos quienes para decir cuál es el mejor homenaje, cada quien sabrá. Nosotros, elegimos estar juntos, elegimos pelear por lo que creemos justo, aunque nos digan que es imposible, que no es el contexto, que no están las condiciones; elegimos discutir entre todos cuál es la mejor manera de pelear, y aceptar el desafío de escucharnos y escuchar, aun cuando somos muy distintos y venimos de lugares diferentes. Nosotros elegimos hacer de esta lucha una lucha de todos los días. ¿Hasta cuándo? Hasta la victoria, qué duda cabe.
Cárcel común,perpetua y efectiva para todos los genocidas y sus cómplices
Restitución de la identidad de nuestros hermanos apropiados
Reivindicamos la lucha de nuestros padres y sus compañeros por un país justo y solidario
30.000 compañeros desaparecidos, ¡presentes!
30.000 compañeros desaparecidos, ¡presentes!
30.000 compañeros desaparecidos, ¡presentes!
Ahora y siempre
Ahora y siempre
Ahora y siempre
Otro chico que pudo recuperar su identidad
"Ahora sí puedo tener hijos" Abuelas de Plaza de Mayo presentó al 75º joven que recuperó su identidad. Fue el primero que participó de la respectiva conferencia de prensa. Horacio cuenta la historia de su vida.
Horacio Pietragalla Corti refirió la historia de sus padres y la suya propia, entre sonrisas. "Quiero contar esta dura y gratificante experiencia. No existe verdadero hombre sin verdadera identidad."
Por Victoria Ginzberg
Horacio Pietragalla Corti respiró hondo, apretó la mano de su novia, que estaba sentada a su lado, y leyó en voz alta: "Quiero contar esta dura y gratificante experiencia que la vida y Dios eligió para mí, debido a que no existe verdadero hombre sin verdadera identidad". Hace dos meses Horacio Pietragalla Corti creía que se llamaba de otra manera, pero ahora sabe que es hijo de desaparecidos y que fue secuestrado cuando era un bebé. Ayer, en una conferencia de prensa en la sede de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, contó su historia. "Es duro enterarte cómo mataron a tu mamá y a tu papá, la búsqueda de un cuerpo que no está, pero todo se gratifica con saber la verdad. Ahora puedo tener una vida sana, tener hijos", dijo como mensaje a otros jóvenes que piensan que pueden ser hijos de desaparecidos.
Fue la primera conferencia de prensa en la que las Abuelas de Plaza de Mayo anuncian que un nieto recuperó su identidad estando él presente. Resulta que la de Horacio es la historia de una búsqueda mutua. Eso, y las características peculiares que hacen que cada encuentro sea único, como cada biografía, hicieron que Horacio estuviera allí, ayer, con sus rulos morochos y su imponente altura, para hacer emocionar a las Abuelas.
Horacio nació el 11 de marzo de 1976. Su papá, Horacio Pietragalla, fue asesinado en Córdoba en 1975 y a su mamá, Liliana Corti, la mataron en un operativo efectuado en una casa en Villa Adelina el 5 de agosto de 1976. Horacio estaba en ese lugar y fue secuestrado por los militares. Según él mismo narró, fue entregado a la familia que lo crió por el represor Hernán Tetzlaff, quien se apropió de otra hija de desaparecidos, Hilda Victoria Montenegro. "Mi madre del corazón, una mujer que trabajaba como empleada de un teniente coronel, se interesó por mí ya que yo estaba destinado a una pareja, familiar de este sujeto, la cual, arrepentida, dejó atrás tal encargo", contó Horacio desde su carta leída en la sede de Abuelas.
"El día que confirmé que mis padres eran desaparecidos y asesinados por la Triple A y la última dictadura militar que nos tocó sufrir a todos los argentinos, no fue tan sorprendente para mí, ya que el tiempo, el destino y el presentimiento me fueron preparando para esta noticia", afirmó el joven. El 11 de marzo pasado Horacio se enteró de que era hijo de desaparecidos. No lo sabía, pero era su cumpleaños. Ese día habló con el secretario del juez federal Roberto Marquevich, Walter Rodríguez, quien le dio la orden para que se realizara el análisis genético pero, además, consiguió que una persona cercana a Tetzlaff ratificara su sospecha. Horacio, que trabaja como repositor en un supermercado, dijo que desde chico intuía que no encajaba en su familia. "Dentro mío había un presentimiento extraño que fue creciendo junto a mí. Siempre busqué un parecido físico con alguien debido a que tengo rasgos y cualidades muy distintas a ellos, nunca encontré una respuesta convincente, aumentando más mi presentimiento", aseguró. Desde hace mucho tiempo la duda para él no era si era adoptado o no, sino si era o no hijo de desaparecidos. La cercanía de Tetzlaff, que vivió desde siempre en su mismo edificio, acrecentó sus sospechas. El represor, que actualmente está internado en un hospital, fue condenado a ocho años de prisión por la apropiación de Montenegro. La abogada de Abuelas, Alcira Ríos, informó que ya fue citado a declarar en la causa Pietragalla, en la que también será juzgado.
El joven habló ante micrófonos y cámaras de televisión con voz clara. Mostró a todos las fotos que lo congelaban bebé en los brazos de su mamá. La seguridad que transmitía, al margen de los más que comprensibles nervios, hacía creer que el vértigo o el pánico que padecen, en algún momento, todos los chicos apropiados, ni siquiera lo hubieran rozado. Sin embargo, Horacio necesitó de un empujón para dar el primer paso y acercarse a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). La ayuda, aunque parezca un poco cursi decirlo –pero en rigor es la verdad– se la dio el amor. Magalí –que lo acompañó ayer, como durante toda su búsqueda– y sus ganas de formar una familia con ella hicieron quese decidiera a disipar sus dudas. Eso sí, una vez que tomó la resolución, no titubeó. "Soy Horacio Pietragalla Corti y voy para allá", fue lo que dijo cuando llamó a Abuelas apenas supo los resultados de sus análisis de ADN.
"La confirmación genética no fue más que una felicidad interminable. Ese mismo día conocí a mi familia biológica. Fue tan fuerte, tan maravilloso, como si los hubiera esperado o buscado todos estos años. Me confesaron y comprobé el parecido con mi madre y padre, me enteré de la clase de personas que eran, su lucha por un país más justo e igualitario, su amor que se fortaleció con la muerte de un hijo, sus muertes. La lucha de mis abuelos por encontrarme, las preguntas incansables de mis tíos y primos de dónde podría yo estar", dijo Horacio antes de agradecer a las Abuelas, a sus familias de crianza y biológica y a sus papás desaparecidos. Mientras hablaba, la casa de las Abuelas se cargaba de emoción. Buscarita Roa, que recuperó su nieta hace tres años, se levantaba los anteojos para secarse las lágrimas. Reina Waisberg, que aún no encontró a su nieto, no se las limpiaba. Al lado de Horacio, Estela Carlotto sonreía con ojos brillantes. –¿Justificás que tu mamá te haya llevado a un lugar peligroso? –le preguntó a Horacio una periodista, en la conferencia de prensa, en alusión a la casa de donde lo secuestraron y mataron a su madre.
–Para mí ése no era un lugar peligroso, peligrosa era la Argentina –contestó y se ganó el aplauso de los presentes.
Horacio posó para las cámaras con las Abuelas ("de no tener ninguna pasé a tener como cuarenta") y con otros jóvenes que recuperaron su identidad y que, como planea hacer él, trabajan ahora en la institución: "Lo hago por el pibe que está mirando, que es un pibe grande, como yo. Le digo que no lo dude, esto se siente adentro".
Reportaje a Claudia Carlotto publicado en la Voz del Interior de Cordoba
Ley de Reparación Histórica a las víctimas menores de edad del terrorismo de Estado, durante la última dictadura militar.
Jueves, 05 de Agosto de 2004
Ley de reparación a las víctimas menores de edad durante la última dictadura militar. Ya es ley Fue sancionada la ley por la Cámara de Senadores mediante la cual se establece el pago de indemnizaciones a los hijos de detenidos y/o desaparecidos que hayan sufrido sustitución de identidad, nacidos en cautiverio o que siendo menores permanecieron detenidos.
El proyecto había sido aprobado sin modificaciones en la Cámara de Diputados, y fue sancionado por unanimidad con 49 votos, tras un muy breve tratamiento debido a la falta de discurso en contra de la propuesta. La iniciativa impulsada por el Poder Ejecutivo establece que por única vez los hijos de detenidos y/o desaparecidos podrán tener una reparación económica que va desde los 70 mil a los 245 mil pesos.
El artículo primero de esta ley hace extensiva la reparación para aquellas personas que hayan sido víctimas de sustitución de su identidad. Éste artículo aclara que el beneficio es incompatible con cualquier indemnización percibida en virtud de sentencia judicial, con motivo de los hechos contemplados en la ley.
Por otra parte, quienes pretendan la indemnización deberán acreditar requisitos tales como la constancia de la fecha de nacimiento anterior al 10 de diciembre de 1983, y acreditación, por cualquier medio de prueba de que su madre se encontraba detenida y/o desaparecida por razones políticas.
En el caso de aquellos menores nacidos fuera de los establecimientos carcelarios o de cautiverio deberán acreditar por cualquier medio de prueba su permanencia en los mismos, y las condiciones requeridas en el articulo de la presente ley en alguno de sus padres; y por último, la sentencia judicial rectificatoria de la identidad en los casos del segundo párrafo del artículo 1.Quedaran exceptuados de acompañar tal sentencia aquellos que hayan sido adoptados plenamente y de buena fe, debiendo probar por cualquier medio la desaparición forzada de sus padres.
Por otra parte, es el artículo tercero el que explica que la solicitud del beneficio se hará ante el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, en su condición de autoridad de aplicación, el cual estará encargado de comprobar en forma sumarísima el cumplimiento de 1os recaudos exigidos.
Finalmente el artículo cuarto establece que el beneficio consistirá en el pago por única vez de una suma equivalente a veinte veces la remuneración mensual de los agentes Nivel A, Grado 8, del Sistema Nacional de la Profesión Administrativa Decreto No 993/91 T.O. 1995. Además, si en virtud de las circunstancias establecidas en el artículo primero, el beneficiario hubiese sufrido lesiones graves o gravísimas, según la clasificación del Código Penal, o hubiese fallecido, el beneficio será incrementado en un 50%, 70% y 100% respectivamente.
MARIA IRIS PEREZ, TIA DE VICTORIA, LA ULTIMA NIETA RECUPERADA
“Donda fue el responsable directo”
La tía de la última nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo relata la historia de la familia y del marino que secuestró a su propio hermano, su cuñada, y entregó a su sobrina. Por Victoria Ginzberg Cuando María Hilda Pérez fue secuestrada, sus familiares recurrieron a la persona más cercana que conocían con un uniforme militar: su cuñado, Adolfo Donda Tigel, integrante de la Marina. “Era un cínico, se hacía como que no sabía nada. Como que trataba de averiguar. Pero una vuelta quiso que mi mamá firmara un papel en el que decía que mi hermana había muerto. Ahí empezaron los encontronazos”, recuerda hoy María Iris, una de las hermanas de María Hilda. Lo que la familia no supo hasta 1983 fue que Adolfo no sólo estaba al tanto de qué había pasado con la mujer sino que también era responsable directo tanto de su desaparición como de la muerte de José María, su propio hermano y marido de María Hilda. El hombre, además, no tuvo reparos en entregar a su sobrina, que había nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), a uno de sus compañeros. El miércoles, las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron que habían recuperado a esa niña, Victoria Donda Pérez. Desde Canadá, su tía reconstruyó con Página/12 esta historia en la que, a la búsqueda de todos los familiares de desaparecidos, se suma la convivencia con un represor en la familia. José María Laureano Donda y María Hilda Pérez se conocieron en 1973, en la Facultad de Filosofía y Letras. Dos años después se casaron y tres días antes del golpe militar de 1976 nació Daniela, la hija mayor. En mayo de 1977, cuando María Hilda estaba embarazada de cinco meses, fue secuestrada en la calle. La llevaron a la ESMA, donde nació Victoria. José María desapareció poco después. Su hermano era marino, pero no hizo nada para ayudarlos, al contrario. “Esta es una guerra. Y en la guerra no se puede ser piadoso con el enemigo. No lo fui con mi propio hermano, que era monto. No lo fui con mi cuñada, que estuvo chupada como vos, acá, en la ESMA. Y fue trasladada como lo vas a ser vos también si no hacés los deberes. No tuve ningún tipo de condescendencia ni culpa”, le dijo Adolfo Donda a una detenida en 1979, según reveló el periodista Miguel Bonasso. Donda –hoy detenido– no era un represor cualquiera. Fue jefe de Operaciones de la ESMA. En democracia se recicló en las empresas de Alfredo Yabrán. María Iris lo recuerda bien. –¿Cuándo conoció a Adolfo Donda Tigel? –Cuando mi hermana y José María eran novios. El ya estaba casado, porque es diez años mayor que José María. Incluso él fue el testigo del casamiento de mi hermana. –¿Cómo era en el trato cotidiano? –Era un tipo cínico. Siempre fue cínico. Te miraba y se sonreía. En la época en que se casó mi hermana, yo tenía un novio que hacía el servicio militar en La Plata y le tocó con él. Yo le pedí que lo deje en Buenos Aires y lo mandó a Puerto Belgrano. –¿Cómo se llevaban los hermanos? –Bien. Yo veía que se llevaban bien. Lo único que chocaban en las ideas políticas. Mi cuñado había hecho el Liceo Naval hasta quinto año. Adolfo, en cambio, siguió la carrera. Cuando mi hermana y mi cuñado estaban en la clandestinidad, mi papá les aconsejaba que no hablaran delante de él, que no se fueran de boca. Pero ellos decían “si es nuestro hermano”. No fue así. –¿Cuándo se enteró del secuestro de Hilda? –Fue un 28 de mayo. Mi cuñado llamó a su mamá y le dijo: “Corita tuvo un accidente, avísenle al doctor Donda”. José María mandó una carta para la familia, para que nos uniéramos, decía que no sabía si su hija o hijo iba a llegar a nacer. Y que cuidáramos a Daniela, que estaba con mi mamá. –¿Cuándo se enteraron de la participación de Adolfo en la represión? –Recién en el ‘83. Antes hubo tiranteces por Daniela. Mi mamá y mi papá habían sido los padrinos de la nena, pero Adolfo la hizo bautizar de vuelta y fue él el padrino. Después hicieron juicio. El juez dijo que si las abuelas no se ponían de acuerdo se quedaba bajo su tutela, y mi mamá cedió. En esa época nosotros íbamos al CELS. (El dictador Leopoldo) Galtieri dio un comunicado para que los familiares de desaparecidos fuéramos a la calle Roque Sáenz Peña, creo. Era para tapar todo. Mi hermano y yo fuimos. Nos revisaron y nos llevaron a ver unos libros impresionantes. Nos dijeron que buscaban primero en los dados de baja y mi hermana no figuraba. Entonces buscamos en los detenidos y ahí estaba, María Hilda Pérez de “Dunda”. Al lado, entre paréntesis decía: ESMA. –¿Eran listas? –Eran libros y libros. Preguntamos qué significaba ESMA. Y nos dijeron “Escuela Superior de Mecánica de la Armada”. Dijeron que ella estuvo ahí pero que le tenían que haber dado destino, es decir que estaba viva. Casi nos morimos de alegría. Mi mamá estaba en Mendoza. Le mandamos un telegrama que decía: Corita está viva, viajá urgente. Se vino muerta de la alegría, hizo todos los habeas corpus y todos fueron negativos. Después Alfonsín reunió a los familiares de desaparecidos y dijo que habían dado vuelta el país y que habían encontrado las cárceles clandestinas pero que estaban vacías. Eso fue terrible para nosotros. –Pero sobre la participación específica de Adolfo, ¿cuándo se enteraron? –En el CELS, cuando fuimos a averiguar sobre la ESMA. Nos dijeron que el jefe del grupo que había estado a cargo del secuestro de mi hermana era Palito, Jerónimo, tenía mil alias. ¿Cuál era el nombre verdadero?: Adolfo Miguel Donda Tigel. Casi nos morimos. Si bien sabíamos que trabajaba en el Ejército, él siempre se hacía como que no sabía nada. Como que trataba de averiguar. Hablábamos con el enemigo sin saberlo. Una vuelta le quiso hacer firmar a mi mamá un papel en el que decía que mi hermana había muerto. Ahí empezaron los encontronazos. Mi mamá dijo que no iba a firmar nada porque no había visto el cadáver de la hija. –¿Nunca quisieron ir a increparlo, a pedirle explicaciones? –Mi hermano lo quería matar. Pero le dijimos que no se ensuciara las manos en una cosa como ésa, ni valía la pena. No hablamos nunca más. –¿Cuándo se enteraron de lo que había pasado dentro de la ESMA? –Presenté el caso en migraciones, acá en Canadá, y me mandaron testimonios de gente que conoció a mi hermana en la ESMA y sabían que era la cuñada de él. Supe que por ser la cuñada le habían ofrecido tratos especiales, creo que era dejarla fumar y darle a lo mejor dos raciones de comida diaria. Y ella se negó, no quiso. No se vendía por nada. –¿Cuándo supieron que Victoria había nacido? –En el ‘83 nos enteramos de que mi hermana había tenido una nena. Hace cinco años hicimos un video para History Channel de Canadá y aparecieron muchos testigos. Lidia Vieyra, que estuvo detenida con mi hermana y presenció el parto, nos contó que cuando las dejaron un momentito solas, María Hilda quiso identificar a la nena con algo y vio una aguja de coser, de esas curvas, porque a ella la habían cosido. Entonces le perforó la orejita y le metieron un hilito azul y se lo ataron. Supimos que Donda le dijo a María Hilda que iba a entregar la nena a la familia. Después, cuando Victoria tenía quince días y trasladaron a mi hermana, él les dijo a todos los detenidos: “No se la di nada a la familia”. El fue el responsable directo. El que hizo todo. –¿El hallazgo de Victoria los agarró por sorpresa? –Sí. Tres días antes de que llamara Estela Carlotto (para contarles) pusimos el satélite en la casa de mi mamá y agarramos una película con Federico Luppi. El buscaba a su nieta, que era igual a su hija desaparecida. Ella lo rechazaba y decía que dejara de perseguirla. Al final lo va a buscar. No sabés qué manera de llorar con mi mamá. Ella me decía “¿Iremos a encontrar a la nuestra? ¿Nos va a querer cuando nos encuentre?”. Mi mamá decía que la quería encontrar al menos para verla delejos. A los tres días llama Estela y me pasa con Victoria. No sabés cómo lloraba cuando empezó a hablar conmigo. “Tía –me dijo–, vos sos mi tía, yo te quiero abrazar, quiero hablar con mi abuelita.” Y empezó a preguntar de todo. Del papá, la mamá. Lo único que pide es reserva respecto de sus papás adoptivos. Ahora que el caso se hizo público está un poquito asustada. Dijo que hasta acá estaba feliz, pero que ahora está un poco angustiada.
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24 de Octubre de 2004
MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA
Desde el 1° al 7 de agosto pasado fue instalada una línea telefónica especial que funcionó durante las 24 horas de cada día, recibiendo en una semana las llamadas de 200 jóvenes nacidos entre los años 1976 y 1981 que suponen haber sido adoptados por sus padres y que quieren saber si son hijos de desaparecidos. La convocatoria fue hecha por Las Abuelas de Plaza de Mayo y difundida en radio y televisión mediante una gestión de la Secretaría de Comunicaciones de la Nación. Además de las 200 llamadas de jóvenes con dudas sobre su identidad se recibieron también llamados denunciando adopciones ocultas, aportando datos sobre represores y haciendo diferentes tipos de consultas, sumando en total más de 500 llamados recibidos durante un lapso de 7 días. Una vez más las Abuelas de Plaza de Mayo entreabrieron una puerta, aportaron su infinita paciencia para acabar con el tiempo de la coartada y volvieron a encender una luz, otra más, en un túnel dolorosamente oscuro que recorren desde hace años en busca del abrazo, del reencuentro con sus nietos, con los hijos de sus hijos.
Hoy, por lo menos 200 chicos respiran con la duda de saber cuál fue su origen, qué hombre y qué mujer pensaron en su nombre por primera vez, desde qué vientre emprendieron el viaje y qué perfume, qué textura y qué música tenían las historias de quienes fueron sus padres.
La historia de estos chicos, como cualquier otra historia no se completa sola, necesita de historias ajenas, de otros pasados, de otros recuerdos, de esas sensaciones que nos hinchan el alma y que muchas veces son la herencia o el reflejo de otras sensaciones, de aquellas que nos llegan desde la piel de nuestros seres más entrañables, "con la leche templada y en cada canción" como diría Serrat.
La certidumbre sobre nuestro origen es un derecho que nadie puede negarnos y que no podemos negarle a nadie, absolutamente a nadie, tenemos el derecho y la necesidad esencial de saber de dónde y de quiénes venimos, y no se trata sólo de un derecho cívico o humano, es también un derecho afectivo, el derecho a nuestros viejos, al patio donde jugábamos de chicos, a nuestros abuelos, a nuestros tíos, a nuestros primos, al perro y a los juguetes que tuvimos, es, en definitiva, el derecho a nuestros recuerdos, a nuestro pasado y a la nostalgia futura con la que ese pasado nos vuelva a atravesar el corazón algún día. Es también el derecho a poder llevar en nuestra mochila cada pedazo de historia vivida o contada, cada recoveco de nuestra vida pero también de la vida de quienes completaron o completan nuestro círculo de afecto más primario. Del mismo derecho a la historia pasada que nos dio nombre llega abrazado el derecho a la historia futura que nos seguirá nombrando.
A menudo sucede que al repetir demasiado algo la costumbre lima las profundidades y ahueca la palabra, convirtiéndola en un puñado de letras con un cierto orden y despoblándola de su sentido, algo así como lo que pasa cuando nos repetimos demasiadas veces nuestro nombre, llega un punto en el que empieza a sonarnos ajeno, como si estuviéramos hablando de otro, nombrando a alguien que no somos nosotros. Por eso muchas veces cuando uno oye hablar de derechos se olvida del mensaje, del contenido, de la lectura y del peso que la palabra encierra, de su práctica y su teoría, por detrás y por delante de las letras que lo definen como palabra, pero siempre hay modos de recordarlo. Pensar en esos chicos que se preguntan dónde está el nido es un modo de recordar de qué se habla cuando se habla de derechos. Y surgen entonces las preguntas que trascienden la palabra y subrayan el compromiso.
¿Quién puede condenarnos a la amnesia, al olvido no elegido, quién tiene el "derecho" de arrebatarnos la presencia de los que están o la oportunidad de llorar la ausencia de los que ya no están?
La lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo es otro modo de recordarlo, una lucha que ha sido, tal vez, la que mejor ha podido hablar desde el lenguaje de la esperanza, la esperanza de encontrar a sus nietos y a través de ese encuentro reencontrarse con sus hijos de algún modo, una lucha que cotidianamente nos habla desde la poesía y la sabiduría que la vida encierra.
Han esperado años para encontrar a sus nietos y cuando los encuentran saben seguir esperando si acaso el nieto que acaban de encontrar no está listo aún para el reencuentro, con una paciencia que al resto no nos cabe ni siquiera en la imaginación, sin permitirse ni por un segundo el apuro, la presión o el descuido, con un amor ancho y generoso que emociona y resiste al tiempo, a las angustias, a las fáciles fatigas y a las incomprensiones.
Desde hace años nos demuestran que el respeto por el otro tiene que ver sustancialmente con el amor y no con los formalismos, que pasa por las esencias y no por las etiquetas. Nos dan testimonio de lo que significa "querer bien" tejiendo la lucha desde su vocación de "abuelas", enseñándonos a resistir sin descartar la alegría.
Seguramente algunos hubieran querido que el amor de estas abuelas no fuera tan terco, que sus pies se cansaran rápido, que su lucha se fuera a acostar temprano, que su constancia, su vigilia y su creencia no traspasaran las fronteras del tiempo, que su candela no nos entibiara en tiempos de invierno, que su luz no encendiera los lados oscuros por dentro y por fuera, que la emoción que transmiten no estuviera siempre tan a flor de piel.
Seguramente nunca hubieran podido imaginar que a través de estas abuelas, de los nietos encontrados y de los que aún falta encontrar, la historia nos daría una especie de revancha, poniendo nuevamente a los asesinos frente al pueblo, demostrándonos sin prisa que cuando la herida sangra y la esperanza abarca no hay indulto que alcance ni punto final que ponga fin.
Seguramente tampoco contemplaron la posibilidad del reencuentro, de la búsqueda, del galope en el alma, del tirón en la sangre, de la necesidad sublime a la identidad, de los recuerdos intemporales que un ser humano alberga, aun en lo inconciente, y que siempre, inevitablemente, desde algún rincón interno palpitan y golpean la puerta de la pregunta pidiendo respuesta, cautivos desde siempre en el registro de la primera piel que sintieron.
Evidentemente no tuvieron en cuenta la desmesura del amor, no les alcanzó el más siniestro de los planes para borrar el pasado ni para evitar el futuro.
Humildemente desde estas líneas, con una emoción profunda instalada en la garganta, gracias a las Abuelas y a los Nietos por el ejemplo, por el latido, por el alma que encuentra y por el abrazo que aguarda.
Gracias
Marina
28/11/2001
Fuente: SINDICATO UNIFICADO DE TRABAJADORES DE LA EDUCACION DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
“Me di cuenta que había nacido ahí en la ESMA”
Hace un año estuvo en el acto de apertura de esa cárcel clandestina como museo y sintió “que no era digna de los padres que había tenido”. Se hizo el ADN y descubrió una historia terrible, pero suya. El oscuro rol de su tío.
El 24 de marzo del año pasado, en el acto de apertura de la Escuela de Mecánica de la Armada, Victoria Donda Pérez decidió hacerse los análisis de ADN para confirmar cuál era su verdadera identidad. Hacía meses sabía que era hija de desaparecidos, pero el miedo seguía siendo más grande que las ganas de sacarse la duda. Cuando se abrieron las puertas de la ESMA entró con HIJOS para dejar en el sitio donde había nacido claveles rojos como homenaje a los torturados y asesinados en ese lugar. “Me di cuenta que sabía que había nacido ahí, pero que no estaba segura de quién era hija. Fue emocionante, pero a la vez fue triste. Pensaba: ‘Esta mina tuvo tantos ovarios para quedar embarazada, seguir peleando por la misma sociedad por la que peleo yo, bancarse la tortura para que yo pueda nacer y yo soy una cagona que ni siquiera puedo ir a sacarme un poco de sangre’. Sentí que no era digna de los padres que había tenido.” Una semana después se hizo el estudio genético. Victoria es hija de María Hilda Pérez y José María Laureano Donda, militantes montoneros secuestrados en la dictadura. Creció sin imaginarse que había nacido en una piecita oscura de un centro clandestino; que después de parir, su madre, que sabía que no iba a poder verla crecer, le agujereó las orejas y le pasó un hilito azul para identificarla. Victoria creció sin saber. Pero hoy es difícil verla sin un par de aros gigantes en aquel mismo lugar que su madre utilizó para dejar su marca. “Me di cuenta por qué siempre ando con cosas colgando, como un arbolito de Navidad. Siempre tengo súper aros. Desde chiquita me habituaron a usar aritos”, dice esta morocha de sonrisa amplia y ojos grandes que estudia derecho y trabaja en el Ministerio de Desarrollo Social. Desde que tiene memoria se preocupó por buscar un modo de modificar el hecho de que “un tipo se gaste cualquier plata en una cena y al mismo tiempo muchos nenes coman del tacho de la basura”. Pero en 1998 dejó de ir a asilos y orfanatos con las monjas y se volcó a una actividad menos acorde con la educación que había recibido. Sentía que la política era la forma de dejar de emparchar injusticias y no contentarse sólo con aplacar la culpa de tener lo que a otros les falta. La rebeldía adolescente aportó lo suyo y comenzó a militar en Venceremos, una agrupación juvenil guevarista, de la izquierda nacional, ahora cercana al kirchnerismo. Es la primera vez que Victoria da un reportaje y lo hace en parte para honrar a sus padres, a su abuela y a sus tíos. Para que quede claro que ella es la nieta de Leontina y no aquella otra chica que hace unos años mencionó un programa de televisión como posible hija de María Hilda Pérez y José María Donda. Lo hace también empujada por su pasión militante, que no abandonó ni en los momentos más difíciles: “Mi caso o el de algunos otros chicos demuestran que todo lo que pasó tuvo una continuidad que tiene sus correlatos en la realidad. No es casual que uno de los chicos que fue restituido se encontraba con el hermano cada vez que lo iba a escuchar al recital sin saber que era su hermano (Claudio Goncalvez, hermano de uno de los músicos de Los Pericos). De la misma forma no me parece casual que cuando yo entré a la facultad y vi una bandera con Evita y el Che me haya sentido emocionada sin saber muy bien que eran Evita y el Che. Con esto no quiero decir ni que la revolución se lleva enla sangre ni que uno hace lo que hace, porque es hijo de desaparecidos o porque sus padres lo hicieron. No creo eso. Pero sí creo que estamos en un país que ha tenido una historia, que ha tenido una generación que dio su vida por ciertos ideales y que eso continuó a pesar de que lo quisieron cortar en un determinado momento, a pesar de eso, siguió creciendo y ahora se está armando de vuelta. Eso me parece importante”. La racionalidad de Victoria se pone a prueba al tratar la situación del matrimonio que la crió. No quiere hablar de aquellos a los que todavía llama “mamá” y “papá” ni del estado de los juicios que enfrentan por haberla secuestrado y ocultado. Se reserva lo que siente ante la mentira en la que vivió durante 27 años, en los que formó un vínculo que resiste a los hechos más terribles. Su aprendizaje en la militancia, su sentido de justicia, todo se pone a prueba. Ella no improvisa discursos ni trata de justificar lo injustificable, sólo es sincera con lo que siente. Y mientras el mundo y su vida se ponen patas para arriba parece preocuparse por no fallarle a nadie, aun allí donde no hay espacio más que para la contradicción: “Por un lado creo que quien comete determinados actos tiene que hacerse cargo, pero cuando a uno le toca en alguien que quiere mucho ya no quiere que tenga que hacerse tanto cargo. Es así. Yo me siento doblemente mal, me siento mal por todo eso (por los juicios) y,además, me siento mal por sentirme mal. En realidad, tendría que sentirme bien porque las cosas que se hicieron mal se vayan resolviendo”.
Ser feliz
Juntar coraje para hacerse el análisis de ADN es una de las decisiones más difíciles e íntimas que los jóvenes que saben que pueden ser hijos de desaparecidos tienen que afrontar. Para Victoria, los ocho meses de espera fueron tiempo de soledad y miedo a sentirse más sola todavía. Como otros jóvenes en su situación, no quiere sentirse responsable de la condena que pueda caberle al hombre que la crió. Sin embargo, no hay nada más claro que el hecho de que ella es, por sobre todo, la víctima de un crimen que involucra a gran parte de la estructura naval en 1977, hasta llegar a su apropiador. Hoy sabe que tomó la decisión correcta, de la que no fue sólo ella beneficiaria. Porque “la mentira pesa y si alguien te quiere, te quiere ver feliz y para ser feliz uno tiene que saber quién es”. –Tampoco es la solución dejar la decisión en manos de los chicos, ahí le dejás todo el peso a la persona que está sufriendo. Si vos decidís no hacerte el análisis genético, estás condenándote a toda una vida de no saber quién sos. Por el otro lado, si decidís hacértelo... No es bueno que vos lo tengas que decidir, porque es dejarte la responsabilidad de algo que no tenés la culpa. Vos eras muy chiquito cuando pasó. –¿Debería ser obligatorio? –Diría que sea obligatorio, pero que no sea tomado como prueba en el juicio, si hay otros medios para probarlo. –Pero ninguna otra prueba es tan evidente. –Se podría tomar la negativa a hacerse el ADN como presunción. En los juicios de familia, cuando está en tela de juicio la paternidad, si el padre se niega a hacerse el ADN se considera como una presunción. No lo tengo muy pensado. Es bueno que opinemos los que pasamos por esa situación, pero lo tienen que pensar los que lo tienen que pensar. –¿Cómo fue enterarte que podías ser hija de desaparecidos? –Los chicos de HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) estaban haciendo una investigación en base a algunas denuncias anónimas. Era chistoso porque nos conocíamos de las marchas. A mediados de 2003 me dijeron que había posibilidades de que fuera hija de desaparecidos. Fueron dos chicas de HIJOS y dos de Abuelas de Plaza de Mayo. El 30 de julio, en un bar cerca del Parque Centenario. Me citaron porque la causa por apropiación de menores ya había empezado. Y las odié con toda mi alma. Después me tomé un tiempo e investigué por mi parte quién podía ser mi familia biológica porque estaba muy curiosa. Y el 24 de marzo en la ESMA decidí hacerme el ADN. –¿Por qué el tiempo que te tomaste para pensar? –Tenía miedo. Cuando a uno le dicen una cosa así, que su vida no es su vida o una parte de su vida no lo es... Uno no sabe cuándo cumple años, de qué signo es. No creo en los signos, pero ¡no sabés ni siquiera de qué signo sos! Cuando uno vive una cosa así todo se te viene abajo y todo te da miedo y lo que más miedo te da es quedarte sin lo que tenés. En mi caso yo tengo una familia, que para mí sigue siendo mi familia, ahora sé que tengo otra, pero también tengo una familia, que te crían, te cuidan, te dan amor, a los que vos querés. Tenés miedo a quedarte sin eso, a quedarte solo, sin nada, o a dañar a la gente a la que amás. –¿Y por qué decidiste hacerlo? –Porque me di cuenta que no estaba dañando a nadie, que, al contrario, les estaba sacando un peso de encima, porque la mentira pesa. Además, les estaba dando lo más importante, porque si alguien te quiere, te quiere ver feliz y para ser feliz uno tiene que saber quién es. Independientemente de lo que hagas con esas relaciones o con el recuerdo de tus padres, es indispensable poder elegir qué hacés con eso. Por eso, si tenés alguna duda, lo mejor es pensar en la felicidad de todos y en la tuya. –¿Y qué te dijeron las personas que te criaron? –Me agradecieron. Me dijeron que la decisión era mía y después me agradecieron. Eso fue importante para mí. –¿Alguna vez habías pensado que eras “adoptada”? –No. Yo pensaba que era princesa, pero nunca pensé que era adoptada. –¿Qué hiciste cuando te enteraste? –Lloré, lloré. Había dos compañeros que me habían acompañado. Uno que le decimos el Yuyo que es un compañero grande, que también lloraba. Me acuerdo que hacía frío y me tomé un súper helado. Y pensé ¿ahora qué hago? Me mostraron el certificado de nacimiento y dijeron que el médico que firmaba no lo reconocía. No me acuerdo mucho de ese día. Me acuerdo que era como que el mundo se me venía abajo. Y lloré mucho tiempo. Después fui y pregunté a quiénes les tenía que preguntar. –¿Y el día del análisis? –Fue una decisión tan complicada que cuando fui a sacarme sangre me olvidé el documento en mi casa. Yo vivo en Quilmes, el hospital Durand queda lejos y cuando fui no me podían hacer el análisis. Me tuve que tomar un taxi que pagaron los chicos de HIJOS, que me acompañaron en el coche. Después todos se reían. Cuando me dieron la respuesta me citaron a un juzgado, me acuerdo que se día tenía que entregar un parcial. Yo lloraba y lloraba. Hasta que vino (el juez Norberto) Oyarbide y me hizo llorar más. Me dijo “entiendo que estás pasando por un momento lamentable, entiendo que no quieras a esta gente”, como si yo a mi familia biológica de por sí tuviera que odiarla. Lo veía mover la boca, pero me desconectaba.
El reflejo
Victoria pudo recuperar parte de sus padres a través del archivo biográfico de Abuelas de Plaza de Mayo. La institución le entregó un libro con entrevistas a familiares y amigos de María Hilda y José María con el que comenzó a buscar el reflejo de sus progenitores. Así encontró la combinación de coquetería y espíritu peleador de su madre, que a pesar de su baja estatura no se callaba nada y enfrentaba al machismo de sus compañeros en la fábrica de vidrio en la que trabajaba como administrativa. Encontró los tacos altos que María Hilda usaba para ir al barrio y que ella se puede poner para una marcha. Y encontró el desafío de su padre hacia los cánones impuestos en su hogar. En esos hechos Victoria se miró en el espejo. Junto con los buenos recuerdos –algunos los memorizó la misma noche que recibió los testimonios– apareció la sombra de su tío paterno, el represor Adolfo Miguel Donda, jefe de Operaciones de la ESMA. Es que su papá, José María, provenía de una familia de marinos y él mismo había estudiado en el Liceo Naval. Pero corrían los ’70 y José María, junto con otros compañeros de promoción, empezó a militar en el peronismo. Su hermano mayor, en cambio, pasó a formar parte del grupo de tareas de la ESMA. Cuando secuestraron a María Hilda, José María creyó que su hermano podría ayudarlo. Pero no tuvo respuesta. En cambio, poco después él mismo fue detenido y desaparecido. Sobrevivientes de la ESMA aseguran que Adolfo estaba al tanto de lo que ocurría con su familia y no movió un dedo para impedir que fueran asesinados ni para que su sobrina fuera entregada a su familia biológica. “No tuve ningún tipo de condescendencia ni culpa porque ésta es una guerra y ellos estaban en el otro bando”, dicen
que dijo.
Lo que sí hizo Adolfo –actualmente preso en la causa ESMA– fue apropiarse de la hermana mayor de Victoria, Daniela. La niña había quedado a cuidado de la abuela materna, Leontina Puebla de Pérez, pero el hombre, poderoso en aquel tiempo, inició un juicio y se la entregó a sus padres, es decir, a los abuelos paternos. Los Pérez la perdieron de vista. Victoria conoció a Daniela. Fue un encuentro breve. Sus posiciones encontradas respecto de su tío hacen que sea difícil reconstruir el vínculo fraterno. –¿Cómo tomaste el hecho de que tu tío fuera un represor? –Lo primero que pensé es: “Entre todos los hijos de puta, éste era el peor de todos”. Porque la verdad, era tu hermano, tu cuñada, tu sobrina. O sea que el más hijo de puta de todos fue el que me tuvo que tocar de tío. Después pensé que era bueno, que en algún momento, alguien hubiera tomado la decisión política de que este tipo ahora esté preso. Para mí es nefasto y no lo siento como un tío, es el hermano de mi papá que lamentablemente le tocó en suerte. Igual creo que como este tipo, nuestra historia tiene otros. No lo sentí como algo más pesado todavía porque no lo conocía. –¿Y respecto a tu hermana? –Creo que Daniela creció con miedo y sin saber un montón de cosas. No tiene parámetro para juzgar a sus padres, a nuestros padres. Muchos superaron el miedo y muchos no. Daniela no lo superó. –Hace unos meses tenías otro nombre de pila. ¿Adoptaste enseguida el que te había puesto tu mamá en la ESMA?
–Mi nombre es un poco la mezcla de todas las cosas que me pasaron, porque alguna gente me dice de una forma y otros de otra. El nombre está lleno de significado y por eso me gusta. Me gusta como una forma de rendirles homenaje a mis papás. Un día le pregunté a un compañero al que nosotros le decimos Pelado, un compañero grande, que militó mucho tiempo, le pregunté si mis papás estarían orgullosos de que yo milite, porque cada vez que voy al barrio no puedo evitar pensar que ellos hicieron lo mismo que estoy haciendo yo. El me contestó que sí, que estarían orgullosos, pero que ellos se sentirían orgullosos si vieran que yo me siento orgullosa de ser hija de ellos. Y me parece que es la única forma de demostrar que me siento orgullosa de ellos, con el nombre que me puso mi mamá.
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LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
Por Irina Hauser
Página 12 – 31.01.2004
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como "Fuerzas Conjuntas" volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. "Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan", detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
"Yo me quiero llamar así, Juan", dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: "Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor". "Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima", agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que "a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme", reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. "Muñeca", como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: "Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores". Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
"Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia", confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. "Me llevé una gran sorpresa", suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. "Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá", dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. "Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe", solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan "está aún en shock" y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos
Seminario Internacional: "Impunidad y sus Efectos en los Procesos Democráticos". Santiago de Chile, 14 de diciembre de 1996
Métodos de Lucha y experiencia de superación de la Impunidad
EL ROBO DE NIÑOS Y LA IMPUNIDAD EN ARGENTINA
Estela Carlotto Abuelas de Plaza de Mayo
El 24 de marzo de 1976 un golpe de Estado de las Fuerzas Armadas interrumpió al gobierno constitucional para imponer una política de terror y avasallamiento de los derechos sociales e individuales del pueblo de la República Argentina. El saldo de este accionar delictivo fue la desaparición de miles de opositores políticos a los que les esperaba la muerte clandestina o la prisión sin el debido proceso.
365 campos de concentración fueron habilitados para ese fin. Esta metodología aberrante también se ensaño con los hijos de los prisioneros, algunos de corta edad, otros nacidos en esos centros clandestinos durante el cautiverio de sus padres.
Han pasado 13 años del advenimiento democrático y se esperaba obtener Verdad y Justicia. En cambio poco se consiguió ya que al juicio a los militares siguieron leyes de perdón y olvido así como indultos presidenciales.
Lamentablemente la Cámara Federal que los juzgó no consideró sistemático el robo de niños por lo que la acción penal no los alcanzó, constituyendo ello uno de los flancos de la impunidad.
En su fallo del 9 de diciembre de 1985, luego de describir correctamente los delitos que formaban la esencia del plan criminal del terrorismo de Estado (privación ilegal de la libertad, tormentos y homicidios) la Cámara Federal analizó otras infracciones, y al respecto afirmó:
"La posibilidad de que el personal a quien se mandaba a domicilios particulares a cometer delitos de la apuntada gravedad se apoderara sistemáticamente de bienes en su propio beneficio fue necesariamente prevista y asentida por quienes dispusieron tal modo de proceder. La enorme proporción de casos en que ellos tuvo lugar, y el hecho de que se les otorgara igual tratamiento en cuanto a la impunidad de sus autores confirma esta inferencia.
No es posible, en cambio, hacer extensivo este razonamiento a otros delitos como la sustracción de menores cuya comisión se ha demostrado sólo en forma ocasional únicamente se han verificado las sustracciones de los menores Felipe, Martín y María Eugenia Gatica."
Por aplicación de este criterio, el Tribunal absolvió del delito de sustracción de menores a los Comandantes a quienes aquel le había sido imputado.
Esta decisión convirtió la búsqueda de menores desaparecidos en una actividad impulsada desde la sociedad civil, especialmente por Abuelas de Plaza de Mayo. Nuestros sostenidos esfuerzos demostraron la existencia de centenares de casos de menores secuestrados con sus padres o nacidos durante el cautiverio de sus madres en centros clandestinos de detención. El fundamento fáctico (puramente cuantitativo) del fallo absolutorio de la Cámara se había derrumbado.
Más recientemente, en un juicio contencioso administrativo promovido contra el Estado Nacional para que informe sobre la suerte de los desaparecidos, fue localizada en un organismo militar la prueba de la existencia de un documento titulado: "Instrucciones sobre procedimiento a seguir con menores de edad hijos de dirigentes políticos o gremiales cuando sus progenitores se encuentran detenidos o desaparecidos" (proveniente del Ministerio del Interior en abril de 1977).
Con la prueba de la existencia de este documento cayó el fundamento conceptual del fallo absolutorio de la Cámara en materia de sustracción de menores, pues la sola existencia de tales "instrucciones" demuestra que la sustracción de menores fue prevista por los autores del plan criminal, tal como el fallo lo admitió sólo para el simple robo de cosas.
Los menores víctimas de desaparición forzada, siguen siendo víctimas de la impunidad de que gozan quienes se apropiaron de ellos.
Los que se apropiaron de ellos usaron dos caminos aparentemente legales para borrarles sus identidad y su historia familiar: a) o fueron anotados como hijos propios; b) o fueron adoptados con adopción plena, la que en nuestro país borra el vínculo con la familia de sangre y el menor pasa a integrar la familia adoptiva.
Ello nos obliga a luchar contra la impunidad en dos planos jurídicos diferentes: una causa penal para demostrar que ese menor anotado como propio o adoptado es el nieto que buscamos y luego, la causa civil para anular la adopción plena.
Esto hace que las causas sean excesivamente diferidas en el tiempo, que los apropiadores renueven sus trabas para evitar que encontremos a nuestros nietos, y que continúen gozando de la impunidad que han tenido y tienen a veinte años del golpe militar.
Es necesario destacar que además, cuentan con la complicidad de muchos funcionarios que vienen desde el proceso militar y siguen integrando el poder judicial como si nada hubiera pasado. En nuestro país se juzgo a los militares pero no a sus cómplices, a los jueces que denegaban hábeas corpus sabiendo lo que estaba pasando, a los que entregaban a los menores en guarda sabiendo su origen; a los médicos que controlaban las torturas o atendían los partos en campos clandestinos de detención y "regalaban" el bebé o se quedaban con él; a los psicólogos que violaban el secreto profesional y sacaban información a los detenidos que se quebraban; a los curas que utilizaban la confesión para sacar información o que admitían la tortura "una o dos horas nada más", pero se oponían a la violación como forma de tortura porque es inmoral
Que las Abuelas atraves del tiempo hemos combatido en todos los planos la impunidad, pero en las causas judiciales es donde más hemos sufrido.
La prescripción aparece como un obstáculo importante, frente a un fallo que la ha declarado recientemente en esta clase de delitos (Sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, de fecha 4 de diciembre de 1995, en autos "C.J.A. s/querella por retención y ocultamiento de menor")
"En consecuencia, atento lo establecido por el art. 62, inc. 2do. Del Código Penal y la fecha de comisión de los hechos, se advierte que han transcurrido el máximo de duración de las penas previstas por los arts. 139, inc. 2do., y 146 del Código Penal (versión del texto original del Código), por cuya razón la prescripción de la acción se ha operado y así debe declararse, por cuanto aquel instituto jurídico en materia penal opera de pleno derecho por el mero transcurso del plazo pertinente".
Dijo el voto en disidencia: "En primer lugar, cabe señalar que en autos no se ha operado la prescripción de la acción penal. En efecto, dado que una de las conductas típicas previstas en el art. 146 del Código Penal reprime a quien "retuviere" a un menor de diez años, resulta evidente - dado el carácter permanente del delito - que dicha conducta habría continuado produciéndose mucho después del acto inicial de sustracción ocurrido con posterioridad al 22 de junio de 1976 y antes del 23 de marzo de 1977, lo que lleva a concluir, en principio, que en el caso no se habría operado el citado plazo de prescripción" (voto conjunto de los Dres. Petracchi y Fayt).
Obviamente, el fallo se fundamenta tácitamente en el desconocimiento del carácter de delito continuo (o de ejecución continuada) que es inherente a esta infracción.
Sin embargo, hay una DEBILIDAD ESENCIAL EN EL FALLO, que es precisamente la falta de toda referencia a la naturaleza de este delito.
Abuelas de Plaza de Mayo han elevado este caso a la CIDH, sosteniendo que: "la gravedad de la decisión de la Corte radica en que el fallo no es sino el punto final para la búsqueda de nuestros nietos y la impunidad para los apropiadores de ellos, temas que habían sido expresamente excluidos de las llamadas leyes de Punto Final y Obediencia Debida".
Así, el Estado se encuentra en deuda con la sociedad civil y con la comunidad internacional, respecto de uno de los más aberrantes delitos cometidos durante la llamada "lucha antisubversiva". Esta deuda es tanto más apremiante, por la certeza de que se encontrarán seres vivos en la investigación impostergable.
Ponencia presentada en el Seminario Internacional: "Impunidad y sus Efectos en los Procesos Democráticos". Santiago de Chile, 14 de diciembre de 1996.
Citar como: Carlotto, Estela El robo de niños y la impunidad en Argentina
HIJO DE DESAPARECIDOS RECUPERA SU IDENTIDAD
El hijo de Inés Ortega y Rubén Leonardo Fosatti, que fue llamado Leonardo por su madre cuando nació en una comisaría de La Plata, recuperó su identidad. Ya son 81 los jóvenes que fueron identificados tras años de oscuridad.
El hijo de Inés Ortega y Rubén Leonardo Fosatti, que fue llamado Leonardo por su madre cuando nació en una comisaría de La Plata, recuperó su verdadera identidad y con él ya
son 81 los jóvenes que fueron identificados por Abuelas de Plaza de Mayo.
En marzo de 2004 se acercó a la filial de Abuelas de Plaza de Mayo de la ciudad de La Plata un joven que dudaba de su verdadera identidad y que luego de dos entrevistas contó que sabía que quienes lo habían criado no eran sus padres biológicos.
Por sugerencia de Abuelas, el joven decidió presentarse en abril del mismo año ante la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), donde se le abrió un legajo personal a fin de realizar todas las tramitaciones necesarias para que pudiera
dilucidar su identidad.
Ante la posibilidad de que fuera hijo de desaparecidos, la CONADI ordenó realizar una pericia genética en el Banco Nacional de Datos Genéticos, que consistió en un examen de ADN -tomado ennoviembre de 2004- y el entrecruzamiento con los datos de los distintos grupos familiares almacenados.
Finalmente, el 11 de agosto de 2005 el informe del Banco de Datos Genéticos confirmó que el joven que se acercó en marzo de 2004 a las oficinas de La Plata es el hijo de Inés Ortega y Rubén Fosatti, nacido en la Comisaría 5ta. de La Plata el 12 de marzo de 1977.
Abuelas recibió en 1977 la denuncia de la familia Ortega, quienes solicitaron la búsqueda de tres familiares desaparecidos. Las personas buscadas eran Inés Beatriz Ortega,
entonces de 16 años, obrera textil, estudiante secundaria y militante de la UES yembarazada de 7 meses; Rubén Leonardo Fosatti, entonces de 22 años, obrero metalúrgico y estudiante del Profesorado de Historia en la Universidad de La Plata; y Leonardo Fosatti, hijo de la pareja, nacido en cautiverio el 12 de Marzo de 1977.
Inés y Rubén vivían juntos en la localidad de Quilmes y el 21 de enero de 1977 fueron secuestrados en la esquina de Andres Baranda e Islas Malvinas.
Según los testimonios de ex detenidos Rubén fue llevado al centro clandestino de detención de Arana y luego a la Comisaría 5ta. de La Plata.
Cuando Inés comenzó con las contracciones en los primeros días de marzo de 1977, sus compañeros de cautiverio pidieron la intervención de un médico, y por eso se hizo presente
en el lugar el médico policial Jorge Bergés.
En esa oportunidad, Bergés se llevó a Adriana Calvo, que también estaba embarazada, y a Inés a un piso al cual llegaron subiendo una escalera y les realizó una supuesta revisación ginecológica.
Después de esa breve entrevista el médico policial
les indicó que volvieran a sus celdas.
El 12 de marzo de 1977, al ver que Inés volvía a tener síntomas de parto, sus compañeras de cautiverio llamaron a los guardias y estos se la llevaron a la cocina de la Comisaría 5ta.,donde dio a luz a su bebé, al que llamó Leonardo.
Inés y su hijo Leonardo pasaron juntos menos de 5 días, hasta que los guardias le anunciaron que El Coronel lo quería conocer y que éste se lo entregaría a la familia. Nunca más lo vio, según relataron las Abuelas en un comunicado.
Agencia Rodolfo Walsh
FALLO PARA QUE UNA JOVEN RECUPERE SU IDENTIDAD
Mi nombre es Carmen Gallo
La Justicia autorizó a una hija de desaparecidos a inscribirse con el apellido de sus padres biológicos y el nombre que eligió su madre al dar a luz en cautiverio. El permiso tardó seis años.
Carmen Gallo Sanz supo la verdad sobre su historia en 1999, pero recién puede recobrar su nombre.
Por Adriana Meyer
Si ya había sentido alivio cuando supo que no la habían abandonado sino que fue robada durante la dictadura, Carmen Gallo Sanz ahora completó la reconstitución de su identidad. La Justicia ordenó al Registro de las Personas de la Provincia de Buenos Aires que la joven, hija de una pareja de desaparecidos uruguayos, sea inscripta con el apellido de sus padres biológicos y el nombre que le dio su madre al nacer, según informó la organización Abuelas de Plaza de Mayo. La joven nació el 27 de diciembre de 1977, mientras su madre, Aída Sanz Fernández, se encontraba detenida en el centro clandestino conocido como el Pozo de Banfield. El médico policial Jorge Antonio Bergés fue quien asistió el parto de Aída y falsificó el certificado de nacimiento indispensable para la sustitución de su identidad. Aunque Carmen supo la verdad en 1999, cuando conoció el resultado de su análisis de ADN, tuvo que esperar seis años para poder recobrar su nombre. Por este caso, Bergés y el ex comisario Miguel Etchecolatz fueron los primeros represores condenados por la supresión de identidad de una hija de desaparecidos.
Los uruguayos Aída Sanz Fernández y Eduardo Gallo Castro se conocieron en Buenos Aires, adonde llegaron en los primeros años ’70 perseguidos por la dictadura en ese país. Ella era enfermera y militaba en una agrupación de nivel local en Montevideo, él era jornalero en la cosecha de azúcar e integraba la Unión Azucareros de Artigas. Vivían en San Antonio de Padua a fines de diciembre de 1977, cuando fueron secuestrados por un comando conjunto de militares uruguayos y argentinos, y fueron interrogados en el Pozo de Quilmes y en el Pozo de Banfield junto a otros compatriotas. Algunos de ellos sobrevivieron y declararon en el juicio contra Bergés y Etchecolatz. “Te voy a pedir que cuentes que tuve una hija. No sé dónde está porque me la sacaron”, le dijo Aída, en muy malas condiciones físicas, a Liliana Bermúdez cuando compartieron la celda en el Pozo de Banfield.
Durante ese proceso, en el que los dos represores fueron condenados a siete años de prisión, declararon otros testigos de esa nacionalidad, que viven en Canadá, e incluso la propia Carmen. “La historia es muy fuerte, sobre todo por lo que pasaron mis padres, pero tuve alivio y supe que no me habían abandonado”, expresó la joven ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata. Su abuela Elsa también permanece desaparecida. Había venido a Buenos Aires para estar presente cuando ella naciera.
Su familia de crianza la conforma un matrimonio no vinculado a las Fuerzas Armadas, que la Justicia terminó desvinculando del caso por carecer de responsabilidad en la apropiación, si bien la adopción habría sido ilegal. La pareja nunca le ocultó que era adoptada y estuvo de acuerdo con la búsqueda que emprendió Carmen, a partir de la sospecha que surgía del hecho de que su partida de nacimiento estuviera firmada por Bergés. Y también la acompañaron a Uruguay para conocer a su familia biológica, quienes se alegraron muchísimo cuando en diciembre la abogada María Ester Alonso, de Abuelas, les envió por fax la resolución judicial. Carmen se había acercado a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y en 1999 tuvo los resultados de las pruebas de ADN. La había acompañado Clara Petrakos, quien persiste en encontrar a su hermana, alguien que fue apropiada como Carmen. Clara pensaba que ella llevaba su sangre y por eso la convenció de hacerse el análisis.
Pese a la sentencia favorable por la sustitución de identidad y falsificación de documentos públicos, Carmen Gallo Sanz continuaba su vida con su documentación anterior. Fue necesario que durante 2005 intensificara en forma personal sus reclamos para ser inscripta como hija biológica de Aída Sanz Fernández y Eduardo Gallo Castro. Después de seis años de peticiones, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, presidido por Carlos Rozanski e integrado por Ana Aparicio y Nelson Jarazo, ordenó al Registro de las Personas provincial que la joven fuera inscripta con suverdadero nombre y apellido. Así consiguió que el derecho a su identidad fuera contemplado y reconocido, tal como establecen numerosas convenciones de derechos humanos así como recientes fallos y resoluciones de la Justicia argentina.
“Las Abuelas (de Plaza de Mayo) esperamos que, después de años de lucha en la búsqueda de la verdad y la restitución de nuestros nietos apropiados, no vuelva a repetirse la situación de que una joven apropiada tenga que realizar diversas peticiones y que transcurran años hasta alcanzar la restitución de su identidad, cuando el Estado argentino está obligado a restablecerla rápidamente por la Convención Internacional de Derechos del Niño”, señaló la entidad en su página web.
Con sus casi 30 años Carmen Gallo Sanz es estudiante y empleada. Prefiere el bajo perfil. Cuando declaró ante la Justicia pidió que no hubiera público y que no estuvieran presentes los dos represores que estaban siendo juzgados. Con la resolución en la mano, a fines del año pasado inició el trámite para dejar de llevar documentos falseados. Y espera tenerlos en sus manos, como culminación material de la reconstitución de su identidad.
Revelaciones del ex marino Scilingo sobre apropiación de hijos de detenidas
"El modus operandi del horror."
En revelaciones hechas ante la Cámara Federal porteña Scilingo revelo el modus operandi de la apropiación de los hijos de detenidas. "Alegando rezones humanitarias" la Armada habría dispuesto que las embarazadas detenidas deberían dar a luz, pero para evitar que los mismos niños se contaminasen con ideas extremistas, estos se darían en adopción a familias "normales": marinos o allegados a ellos que, a través de haber tomado contacto con el Grupo de Tareas 3.3.2., habrían expresado el deseo de adoptar un niño.
Contó Scilingo sobre el procedimiento: "El entonces director de la ESMA, contralmirante Rubén Chamorro; el jefe de del G.T. 3.3.2. capitán de navío Jorge Vildoza; y el jefe de Inteligencia, capitán de fragata Jorge Acosta, resolvían a quién correspondía el futuro bebé, todo con el visto bueno de quien ejercía la conducción directa del Grupo, el Comandante en Jefe de la Armada, almirante Eduardo Massera."Scilingo procedió a identificar al Jorge Luis Magnasco, que hasta hace pocos meses trabajaba como obstetra en el Sanatorio Mitre de donde ya fue alejado, y a sus asistentes como Aldo Clemente Chiappe, Alberto AriasDuval, Carlos Octavio Capdevila y Raúl Sánchez Ruiz como responsables de la acta de nacimiento que se realizaba ya con el nombre de la madre adoptiva.
Scilingo recordó a tres detenidas embarazadas: María Marta Vázquez Ocampo, Liliana Clelia Fontana y Cecilia Viñas. Acerca de la última contó que tuvo un varón que fue adoptado por el mismo Vildoza. Acusó a Massera, Chamorro, Vildoza, Acosta y Magnasco como "presuntos autores" del delito principal, y a Carlos Menem y al jefe de la Armada, Carlos Marrón, como supuestos "encubridores". Iguales cargos presentó contra los ex comandantes de la Marina Rubén Franco, Ramón Arosa, Jorge Ferrer y Enrique Molina Pico. Sugirió a su vez la citación de varios testigos represores: el ex subsecretario de la SIDE Juan Carlos Anchézar y Aurelio "ZaZa" Martínez quienes vincularían a Massera con el Gobierno, y recordó también que "el proveedor de papel para el diario (masserista) Convicción, Alberto Pierri, es actualmente presidente de Diputados", y que el ex jefe de la Armada durante el Proceso "reconoció que mantiene constante relación con Esteban Castelli, Hugo Franco, Juan Batista Jofre, Carlos Corach, Jorge Antonio y José Nicasio Dibur" y que "el Tigre Acosta trabaja para Eduardo Bauza."
"Niños desaparecidos: denuncia de Scilingo."
Clarín, 19/7-97
En la misma causa los cinco jueces que integran la Cámara instruyen una causa para determinar el destino de las víctimas de la dictadura ("Denuncia de Scilingo." Página 12,
29/7-97)Scilingo denuncia que Massera tiene en su poder microfilms sobre todo lo ocurrido en la ESMA durante la última dictadura, y de saber "el 100 x 100" de lo ocurrido en ese lugar. "Las Abuelas en Paraguay." A su vez las Abuelas de Plaza de Mayo denunciaron al Estado paraguayo por la violación de la Convención Americana de Derechos Humanos por no acceder a la orden de la Justicia Argentina que hace seis años solicite se mande a este país a los hermanos inscriptos como Carolina Susana y Pablo Bianco Weherli, quienes serían en realidad hijos de desaparecidos argentinos, para que estos se sometan a una extracción de sangre para determinar su verdadera identidad.
Página 12, 19/7-97
SEBASTIAN CASADO TASCA, EL NIETO NUMERO 82 QUE IDENTIFICAN LAS ABUELAS, CUENTA SU BUSQUEDA
“Yo creo que quería encontrar la verdad”
Tiene 27 años, y su camino comenzó con una revelación hace casi seis. Era adoptado y además había una sospecha y hasta una causa judicial sobreseída pero llena de argumentos endebles. La historia personal de un muchacho que buscaba a sus padres hasta por Internet, y de la foto que lo decidió.
Gaspar y Adriana, los padres desaparecidos de Sebastián, que fue criado por un comerciante con amigos militares.Por Alejandra Dandan
Estuvo a punto de jugar a los espías. Ya había encontrado una foto en Internet, ahora sabía que de todas las personas desaparecidas durante la dictadura militar con hijos posibles o probables había uno, al menos uno, que era igual a él. Aún no sabía si ése había sido realmente padre, pero puso su nombre en el Google como si la pantalla fuera capaz de explicarle quién era o los porqué. Al final consultó una guía de teléfonos. Mientras decidía si hacía los exámenes genéticos para saber si era hijo de desaparecidos, planeó un viaje relámpago a Mar del Plata. Quería montar guardia frente a la puerta de la casa de la hermana de quien suponía como su madre. ¿Para qué? Para nada, sólo para ver los parecidos. “Menos mal que no fui”, dice Sebastián José Casado Tasca, ahora que sabe su historia. “Hay tanto parecido físico que se hubiese muerto del susto.”
En febrero, las Abuelas de Plaza de Mayo lo presentaron como el nieto restituido número 82. El 9 de febrero un abogado de la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad (Conadi) le mostró primero una foto de Gaspar Casado, luego una de Adriana Tasca, y se los presentó como sus padres. Eran estudiantes de Derecho de La Plata, secuestrados a fines de 1977 y hoy desaparecidos. Adriana estaba embarazada de cinco meses cuando la detuvieron. Distintos testimonios permitieron saber que ella pasó parte de su cautiverio en La Cacha, un centro de detención ilegal acondicionado como maternidad clandestina. Esos testimonios y lo sucedido con otras mujeres alimentaron durante estos años la posibilidad de que aquel bebé haya nacido y haya seguido con vida. Hoy Sebastián tiene 27 años, y según los resultados de los exámenes de ADN de la Conadi, sus flujos sanguíneos son “compatibles en un 99,9999 por ciento de posibilidades –porque no había opciones más altas– con las del grupo Casado-Tasca”.
Cuando las Abuelas contaron parte de esta historia frente a las cámaras, Sebastián miraba todo sentado frente a un televisor. En la pantalla estaban Estela Carlotto, sus nuevos tíos y tres de sus abuelos biológicos que siguen con vida. Todos hablaban de él. Sebastián se sentía como adentro y afuera de su historia.
–Había cosas que todavía no entendía –dice–, primero quería entender yo qué pasaba, hacer el proceso interno, si no no tenía sentido. Cada uno tiene sus mecanismos. Hubo otros nietos que lo hicieron. Salieron a hablar. Me llamó Néstor Kirchner, me llamó Felipe Solá, pero a mí no me importaba. Cuando te encontrás, de pronto, con un tu tío que es igual a vos, cuando te encontrás con tu abuelo, lo demás no te importa. Tenés 27 años hacia atrás que querés recuperar, 27 años para ganarle al tiempo.
Sebastián empezó con la búsqueda hace unos años, pero en un proceso con varios paréntesis. En 2000 la persona que hasta ese momento suponía como su hermana le contó que los dos habían sido adoptados. Hasta entonces, la vida había sido difícil pero con una familia supuestamente real en Capital. Allí estaba María José, su hermana dos años más grande, y sus padres Silvia y Angel, un comerciante de carácter fuerte con amigos en las Fuerzas Armadas, que se había separado de ellos cuando Sebastián cumplía los 14 años y que murió en julio de 2005. En 2000, María José supo lo de la adopción y se enteró de los ribetes de una vieja investigación judicial, una causa abierta en 1984 en La Plata contra Angel por un caso de apropiación de menores. A esa altura estaba archivado y Angel había sido sobreseído en la causa. María José se hizo un análisis genético para saber si era hija de desaparecidos, que dio negativo. Fue por eso que ella le contó el episodio a su hermano, pero no alentó ni desalentó ninguna de sus preguntas.
–Mi hermana se enteró de la adopción –dice Sebastián– y después se lo preguntó a mi mamá de corazón. Ella nos dijo que sí. Que éramos adoptados. Por eso, María José me lo contó a mí. Son cosas difíciles.
–¿Por qué?
–Porque si uno piensa: “tu vieja no te lo dijo”, se queda con la idea de que no lo dijo por algo. Pero acá estaba la figura de mi viejo, que era una persona muy complicada. Y era complicado para mi vieja decirlo. Como sucedió con el juicio. Cuando lo sobreseyeron, ella le creyó. Ante la duda, prefirió creerle. ¿Se entiende por qué es tan difícil todo esto? Ahora es difícil juzgarla.
–¿Creés que hay algo que no está bien?
–Si bien yo siempre estuve ideológicamente del lado de Abuelas y demás, pude pensar toda mi vida lo que quería. Nadie me obligó a nada, fui un pibe normal. Pero bueno, cuando dicen que todo es “dos más dos”, me doy cuenta de que para mí no todo es tan fácil, no es dos más dos, igual a cuatro. Y este caso en particular, es difícil analizar a alguien cuando del otro lado tiene una persona que domina, que golpea, que amenaza. Tampoco quiero hacer mucho hincapié en esa parte, yo la tengo bien clara, no quiero que quede expuesta mi vieja.
–Una vez que ella confirmó la adopción, ¿qué sucedió? ¿Te pusiste a buscar a tus padres?
–No. Como cuando se separaron mi vieja salió a laburar y vi todo lo que hizo por nosotros sentí que, la verdad, no me importaba la adopción. No me importaba si mi vieja (la real) nos había regalado o no. Después, cuando empecé a conocer lo del juicio, la cosa fue distinta. Porque una cosa es que te den en adopción porque no te quieren tener y otra, que la maten y te roben a vos: eso es distinto.
–¿Cuándo pensaste que podías ser hijo de desaparecidos?
–Fue de a poco. Primero apareció la duda: “Che –me preguntaba–, ¿será así?”. En un principio pensé que no era, que no era hijo de desaparecidos. Es más, hasta que me dieron el resultado genético estuve con el culo en las manos. “Hice toda una movida, pensaba, y ahora me va a dar negativo”, me quería matar.
De los pelos
Desde el 2000 hasta septiembre de 2004 Sebastián tuvo todas las preguntas guardadas. Iba y venía con el tema pero sólo esporádica y mentalmente. Trabajaba para mantenerse y se anotaba en el CBC de Ciencias políticas. Nunca militó políticamente, pero se sentía como la mayoría que “ideológicamente está del mismo lado”, dice, “pero capaz que no tiene tiempo o ganas, o lo que sea, de meterse”. Los picos de crisis en la casa de Silvia, los conflictos con esa persona a la que todavía menciona a veces como su padre y otras como su apropiador y la larga y complicada agonía de una de sus abuelas detuvo durante años todo lo relacionado con su búsqueda. Para ese septiembre de 2004, Sebastián ya no estudiaba. Sólo podía trabajar, pero la muerte de aquella abuela le dio el impulso que necesitaba para dejar la casa de Silvia, instalarse en un departamento mínimo del centro y empezar a dejar atrás el pasado.
–Empecé a pensar más allá de las cosas de todos los días. Hasta ahí era como que corría atrás de la pelota, ¿viste cuando estás mal? Y cuando vine acá, estaba solo. Y empecé a pensar. ¿Será? ¿No será? Recién a los tres meses empecé a accionar.
–¿Qué fue lo primero que hiciste?
–Un día fui a Madres. Fue lo primero que hice, como el edificio estaba enfrente del Congreso lo veía de tanto que pasaba por ahí. Yo no sabía dónde estaban las Abuelas. Como veía Madres todo el tiempo, fui ahí. Adentro, me encontré con una chica que atendía la mesa de un bar: “Mirá –le dije–, necesito hablar de algo importante”. La piba me miró y ¡shhhh! se puso a llorar. Eso para mí fue como una señal, inexplicable.
Ella le dio la dirección o un mail de Abuelas y Sebastián se puso en contacto. A las 23.26 del lunes 3
de enero de 2005 tipeó en su correo electrónico la dirección dudas@abuelas.org.ar Y escribió unas líneas que todavía tiene guardadas: Mi nombre es Sebastián, les escribo porque me gustaría organizar una entrevista. Hace más o menos unos quince años se realizo una acción judicial por mi identidad, me gustaría tener más información y poder hablar con ustedes. Muchas gracias. ¡Felicidades!
Durante la primera entrevista en Abuelas o en la Conadi, Sebastián sólo hizo hincapié en la causa judicial de Angel. Por alguna razón, sentía que ése tenía que ser el comienzo. Quería ver el expediente, encontrarse con una falla, algo que demostrara que el sobreseimiento era falso. Era como una prueba, la forma tal vez de encontrar una especie de permiso interno para ponerse a revisar la historia.
El expediente lo consiguió pocos meses después. Le dieron una copia con los datos que buscaba y donde todo parecía falso. En los oficios no había testimonios de Silvia, todos eran de Angel, y las declaraciones eran raras. Angel decía que Silvia había “roto bolsa” de paso por la casa de un pintor de La Plata. Que por eso habían llamado de urgencia a un médico y por eso Sebastián había nacido en ese mes de marzo de 1978 en una dirección que, se supo después, nunca existió. Con el expediente, todo parecía confirmado. Pero todavía le costó avanzar.
–Tenía miedo –dice Sebastián–. Miedo de que a mi vieja le pasara algo penalmente, yo no sabía si ella podía estar implicada o si la podían llevar presa de un día para otro. Yo no soy abogado, así que no sé.
–¿Estabas seguro de que sería así?
–Lo veía en los casos anteriores. Me había leído todos los casos y la mayoría de los apropiadores son milicos que estaban realmente metidos. Pero yo no entendía si mi vieja de corazón estaba implicada o no. Pero Angel tampoco era milico, era comerciante. Tenía amigos milicos pero él no era milico. Bueno, yo tampoco sabía la diferencia entre los milicos o los no milicos. Había toda una información que yo quería asimilar para ver qué hacía: no quería hacer algo y arrepentirme. Sabía que finalmente lo iba a hacer, pero tenía miedo. No sabía si era verdad o no lo que me decían.
–¿Qué tipo de miedos tenías?
–Medio en broma, pero me agarró una especie de paranoia. Cuando estás sentado frente a alguien que te dice que tenés que sacarte sangre, decís: “¡Mierda! ¿Dónde estoy?”. Pero uno tiene esas paranoias, las cuento para que otros sepan que vas, hablás y todo bien: respetan tus tiempos, no es que llaman a un policía, que te agarran de los pelos, que te sacan sangre.
–¿Realmente lo creías así?
–¿Y qué te parece? Y yo se lo decía a Claudia Carlotto, la persona que me atendió todo el tiempo: “Hasta que no quiera hacerme el ADN, no me lo voy a hacer y sé que nadie me puede obligar”. Yo quería saber bien qué le iba a pasar a mi vieja.
–En ese sentido, ¿fueron claros?
–Sí. Me contaron que iban a investigar. Todas las historias son particulares. Me contaron que cuando llegué a la casa de mi vieja ella me tuvo abrazado en la cama durante nueve meses como si me hubiese parido. Angel dormía en el sillón y yo dormía con ella.
Los exámenes
Sebastián entró a la Conadi para hacerse la extracción de sangre el 29 de septiembre de 2005, un año después de la mudanza, nueve meses después del primer mail a Abuelas y de las largas noches de navegación en la web donde, de a poco, iba descubriendo casi a ciegas la historia de quienes ahora podía empezar a imaginar como sus padres.
La pantalla de su PC se volvió casi su única compañía. Durante meses no habló con nadie, no le contó a nadie, sólo entraba y salía de páginas web que hasta ese momento ni siquiera conocía. Encontró enlaces que lo fueron llevando al Nunca Más, al sitio de las Abuelas y al de la Conadi, las tres páginas que guardó como “favoritas” para tenerlas listas cada vez. Descubrió historias de otros desaparecidos y accedió a notas sobre los centros de detención clandestinos donde se encontró, incluso, con La Cacha, aquel sitio donde estuvo su madre y donde, tal vez, nació él.
–¿De esa misma manera llegaste a la foto de quienes podían ser tus padres?
–Cuando me encontré con el expediente judicial de Angel me di cuenta de que algo de cierto había. En ese momento, empecé a decir que, bueno, que capaz había alguien parecido a mí en la Internet.
–¿Alguien parecido en una base de datos de miles de personas?
–Sí, pero además en Internet no están todos los casos. Hay algunos que no están. Pero me fijé en los que estaban. Primero miré las fotos, pero eran tantos que me resultaba difícil recordar las caras. Por eso decidí que mejor empezaba por las fechas, comparé las fechas y así arranqué.
Chequeó fecha por fecha de cada uno de los casos de padres con hijos desaparecidos y buscados por las Abuelas de Plaza de Mayo. Abrió un archivo, lo cerró, luego abrió otro, y otro, hasta que se quedó únicamente con dos. Eran parecidos. Dos parejas de militantes de organizaciones políticas de La Plata que esperaban el nacimiento de sus hijos para fines de marzo o comienzos de abril del año de su nacimiento. Con los dos casos enfrente, Sebastián comparó las fechas una y otra vez y luego clickeó sobre las fotos. Abrió y cerró, abrió y cerró nuevamente, y recién entonces encontró la imagen de su padre.
–A lo mejor a otro le resulta más fácil –dice–, pero yo me di cuenta recién cuando la miré por segunda vez; me di cuenta de que era muy parecido a mí. Impresionante.
–Una semana después le mostraste la foto a un amigo.
–Es que sentía que si no se lo contaba a alguien me descerebraba. Llamé a Santiago, se lo mostré y me dijo: “¡Che, sos igual!”. Yo estaba como loco. Volvía de trabajar y me ponía con Internet, me iba a dormir, me levantaba y volvía a Internet, estaba desesperado. Comía algo y volvía a la máquina, y más cuando me daba cuenta de que iba avanzando y veía que podía ser..., ahí sí la ansiedad ganaba.
–Una vez que descubriste a Gaspar, ¿buscaste su historia?
–En el Google. Ponía el apellido de ellos, pero no aparecía mucho.
–¿En la guía?
–Sí. En la guía conseguí la dirección de mi tía Ana, la hermana de mi mamá, que vive en Mar del Plata. Pensé en irme a verla. Pero al final no lo hicimos. No me daba cuenta en ese momento, pero hoy que sé que soy parecido, me doy cuenta de que si ella me miraba de frente, capaz que se moría del susto.
–¿Qué pasó después de la extracción de sangre?
–Y ahí me cagué en las patas –dice–. A partir de ahí, Internet empezó a perder plata conmigo porque no toqué nunca más nada.
Epílogo
Sebastián recibió los resultados genéticos cuatro meses más tarde. Primero se lo dijeron a él, luego le preguntaron si podían avisarle a una de sus tías que estaba muy cerca del centro. Detrás de esa tía fue llegando el resto. Tíos, primos, abuelos de su nueva familia y de su nueva historia todavía aparentemente inabarcable.
–Uno reacciona como puede –dice ahora–. Es duro, está bueno. Pero no sé cómo contarlo porque no lo entiendo yo. Cuando lo entienda, voy a contarlo.
–¿Cuál es la historia que encontraste?
–Yo siento que ahora somos 50 mil en la familia. Pero ¿qué pasaba si no había nadie? Yo siento que el punto es que uno quiere la verdad, no lo que hay atrás. Lo que hay atrás viene; no se puede hacer nada. Yo no hice la búsqueda para encontrar una familia más, después me fui enterando de quehabía abuelos, por ejemplo. Y yo sentía que lo peor que me podía pasar era que se murieran en el medio o mientras me decidía a hacerme el ADN o no. Tienen 86, 84 y 80 años, no tienen 70. Si se moría uno en el camino me hubiera querido matar.
–¿Con qué imagen de tus viejos te encontraste?
–De orgullo. Si bien siempre compartí la lucha, porque creo que es lo más humano del mundo compartirla, me encontré con dos tipos que querían cambiar las cosas y querían hacer las cosas bien, que querían ayudar. También me da un poco de vergüenza decir que mis viejos son fantásticos, son maravillosos. No sé, pero es así. La mayoría de los chicos que quedaron y la mayoría de los que eran compañeros de ellos querían vivir así.
–¿Estabas dispuesto a encontrarte con otra historia?
–Yo creo que quería encontrarme con la verdad. Después uno decide si quiere ver a su familia, si no la quiere ver o si la familia quiere verlo a uno. Capaz que están dispersos por el mundo o capaz que se abrieron. O que se cansaron y se fueron o no les importa nada de vos. Cada uno tiene sus mecanismos de autodefensa. Pero por eso, creo que no hay que buscar a una familia; que está bueno si viene, que está más que bien, pero la idea básica es la verdad. La verdad te libera el alma: después vos elegís, el tema es conocerla.
–Parece difícil.
–Es que te están negando algo, algo que puede ser. Si da positivo o no da positivo el ADN no importa. Y eso es difícil, también por el tema familiar.
–¿Por qué?
–O sea, es muy perverso todo. El que armó esto es muy perverso, los milicos son muy perversos. Aparte de que no están los cuerpos de mis viejos, no están los cuerpos de nadie, se encuentran cuerpos de vez en cuando. Aparte, no sabés. Cada uno hizo un proceso interno distinto para sepultarlos. Capaz que mi tío los sepultó en el ’83; mi tía en el ’85; mi abuela en el ’90, ¿viste que es perverso? No sabés si la persona está en Argentina, si no está o como dice la fantasía popular si está paseando por Europa o están escondidos. Eso es muy perverso. Aparte estamos nosotros: yo que no elegí nada; ni Evelyn (Vázquez, otra de las nietas) eligió nada; ni mi primo Pichi, que después de que secuestraron a sus viejos lo entregaron y lo dejaron en lo de una vecina; él no eligió nada, se pudo criar con sus abuelos, pero tampoco eligió nada.
Y Sebastián sigue.
–Nadie eligió nada, ninguno de nosotros eligió nada. Pasó como pasó. Yo no puedo hacer nada ahora. Pero los chicos que hasta ahora no hicieron el ADN lo pueden hacer; pueden decir: “loco, ya está, me analizo y la verdad está acá”.
Eso mismo le dijo Luz, su novia durante todo este tiempo: la apuesta por el ADN fue como la única cosa cierta que decidió a lo largo de su vida. Parece extraño pero es así, como el único anclaje real en una telaraña de mentiras. Por eso Sebastián ahora cuenta su historia, para que otros nietos encuentren y en especial para encontrar a otra prima, una prima hermana suya, hermana o hermano de su primo Pichi que –ahora sabe– continúa desaparecida. Quiere que ella sepa, dice Sebastián, que tiene una familia increíble. “Una familia que te está buscando y que respeta nuestra historia.” Nunca le pidieron que “haga borrón y cuenta nueva”.
FILIACION IDENTIDAD RESTITUCION 15 años de lucha de ABUELAS DE PLAZA DE MAYO
Este libro es de Abuelas de Plaza de Mayo. Intenta reflejar algo de las luchas que durante 15 años llevó adelante esta institución para devolverle la identidad a los niños "desaparecidos" entre 1976 y 1983, años en que los militares argentinos desplazaron el Estado de Derecho para imponer el Terrorismo de Estado.
20 años después podemos compartir con ustedes nuestras experiencias sobre la tan dura tarea de buscar en los acontecimientos, sujetándonos a frágiles hilos conductores que nos harán descubrir al nieto robado.
Nada fue fácil. Tuvimos que aprender, crear, recrear, innovar, crecer y sobre todo, cambiar.
Porque nada estaba escrito de cómo hacer lo correcto para no dañar aún más a ese precioso vástago, el hijo o hija de nuestros hijos.
Y así, con mucho amor, con el corazón estrujado, con convicción irreductible, hoy 20 años después, podemos decir sin lugar a dudas que nadie más que ellos, nuestros nietos, tienen derecho a recobrar su Identidad, para dejar de ser esclavos, reconocer su historia, ser ellos mismos.
Por todo ello, este libro tiene el significado de muchas palabras que representan tanto: la Solidaridad de los que nos ayudaron a hacerlo, la Donación de quienes lo escribieron, el Agradecimiento para los que nos acompañaron.
Devolvemos en estas páginas el amor que nos brindaron y la confianza que nos tuvieron para abrir el camino de nuestros nietos hacia la Libertad.
Este primer tomo recoge las contribuciones de algunos de nuestros amigos formuladas en el Congreso Internacional de los 20 Años de Abuelas de Plaza de Mayo "Juventud e Identidad". Asumen el carácter de un testimonio ofrecido por muchos de los impulsores de la lucha del movimiento de los derechos humanos en Argentina, en América y en el mundo.
Convención Internacional por los Derechos del Niño y del Adolescente.
Declaración de Derechos
Artículo 7
1.EI niño será inscripto inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos.
Suprema Corte de Justicia de la Nación, Cámara Federal de La Plata, Juez Penal Dr. Antonio Borras, Jueces Federales Dr. Juan E. Fégoli y Dr. Juan M. Ramos Padilla.
Con esta edición Abuelas de Plaza de Mayo continua la publicación de las sentencias dictadas en los distintos fueros nacionales e internacionales donde se refleja el aspecto jurídico de la lucha de las Abuelas por encontrar a sus nietos o nietas, hijos de sus hijos, prolongación de los anhelos, alegrías y deseos que encontraban en ellos y que el terrorismo de Estado les arrancó de las manos.