ZONA 2:esta Zona militar abarcaba las Provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa
RESPONSABLES: Comandantes del Cuerpo de Ejército II (Rosario). Ellos fueron:
Desde:
Setiembre 1975 General DIAZ BESSONE, Ramón Genaro
Octubre 1976 General GALTIERI, Leopoldo Fortunato
Febrero1979 General JAUREGUI, Luciano Adolfo
Diciembre 1980 General TRIMARCO, Juan Carlos
G-2 INTELIGENCIA
Desde: Diciembre 1975 Coronel RAMIREZ, Carlos Alberto
La Zona 2 estaba subdividida en las Subzonas 21.22,23 y24. Estas Subzonas a su vez estaban dividias en Äreas. Misiones pertenecía a la Subzona 23 y dentro de ésta al Area 232.
SUBZONA 23 (2/23)
JURISDICCION
Provincias de Misiones, Chaco, Formosa y departamentos de Capital, San Cosme, San Luis del Palmar, Empedrado, Saladas, Bella Vista, Lavalle, Goya y Esquina, en la provincia de Corrientes..
RESPONSABLES Comandantes de la Brigada de Infantería VII (Corrientes). Ellos fueron:
Desde:
Diciembre 1975: General CARDOZO, Cesário Angel
Abril 1976: General NICOLAIDES, Cristino
Enero 1978: General GUAÑABENS PERELLO, Eugenio
Enero 1980: General FLOURET, Ricardo Norberto
AREA 232 (2/23/232)
JURISDICCIÓN:Provincia de Misiones
RESPONSABLES Jefes del Regimiento de Infantería de Monte N° 30 (Misiones). Ellos fueron:
Desde:
Octubre 1975 Tte. Coronel FLORES, Héctor Leopoldo
Octubre 1977 Tte. Coronel DEIMUNDO PIÑEIRO, Antonio José
Octubre 1979 Tte. Coronel CARDOSO, Eduardo Antonio
Setiembre 1981 Tte. Coronel CORREA, Juan Carlos
CENTROS CLANDESTINOS DE DETENCIÓN DE MISIONES
Delegación Policía Federal
Ubicación:Ayacucho 578, Posadas
Este centro clandestino de detención operó entre 1976/78
D-2 Policía de Misiones
Ubicación:Madariaga s/n, Posadas
Este centro clandestino de detención operó entre 1976/78
Comisaría 1a.
Ubicación: Posadas
Este centro clandestino de detención operó entre 1976/78
Escuelita para mudos
Ubicación: Posadas
Este centro clandestino de detención operó entre 1976/77
Escuadrón de Gendarmería Alto Uruguay
Ubicación: Posadas
Este centro clandestino de detención operó entre 1976/78
“Casa de los Mártires”
Por primera vez un juez recorrió el lunes los restos de un centro clandestino de la última dictadura de las afueras de Posadas. La denuncia fue hecha por la familia de un desaparecido.
Hospital Posadas
En el policlínico Alejandro Posadas de la localidad de Haedo funcionó un C.C.E. que actuaba coordinadamente con las Comisarías de Castelar y Morón, con la Superintendencia de Seguridad Federal y el Grupo de Tareas de Aeronáutica.
Por primera vez un juez recorrió el lunes los restos de un centro clandestino de la última dictadura de las afueras de Posadas. La denuncia fue hecha por la familia de un desaparecido.
Es la base de una antigua construcción que sólo se divisa a través de la maleza. Durante la última dictadura fue un centro clandestino de detención. El lunes, el juez federal de Posadas Ramón Claudio Chávez recorrió el lugar junto con dos sobrevivientes y familiares de desaparecidos. Era la primera vez que la Justicia llegaba a ese sitio. “Es un predio de una hectárea lindero con el aeropuerto internacional de Posadas. Lo rodea una nueva autopista. Es un montículo de piedra, de tosca. Lo que encontramos son los restos de lo que sería el centro clandestino llamado en el lugar ‘La Casita’, que era el destacamento policial ‘Mártires’ –nunca mejor puesto el nombre–, porque a unos doscientos metros corre el arroyo Mártires, que desemboca en el río Paraná. El predio fue donado por lugareños, tamberos la mayoría. Ahora alrededor del lugar está todo urbanizado, pero en 1978 era pleno campo”, señaló a Página/12 María Amelia González. La mujer es hermana de Alfredo González, un ingeniero químico desaparecido que estuvo en ese centro clandestino. González, que fue decano de la Facultad de Ingeniería Química en Posadas, fue detenido el 24 de marzo de 1976 en el marco de la llamada Operación Claridad. Estuvo en la cárcel Candelaria de Misiones y después en la de Resistencia. En octubre de ese año fue dejado en libertad. Pero en marzo de 1978 lo volvieron a secuestrar. Y hasta hoy sigue desaparecido. Varios sobrevivientes de La Casita aseguraron que González estuvo detenido allí, entre ellos Julio César Capli y Héctor Montejano, quienes participaron el lunes del reconocimiento que hizo Chávez. Capli y Montejano se acercaron a los restos de un pozo de agua, que es lo que más llama la atención de ese predio prácticamente abandonado. Según los testimonios de los ex detenidos, esa especie de aljibe se utilizaba como instrumento de tortura: colgaban a los prisioneros de los pies y los sumergían para hacerles “el submarino”. “El pozo de agua es lo más notorio pero lo impresionante es que al acercarse, los dos sobrevivientes dieron vuelta su cabeza y a los dos metros encontraron las bases de la casa: una habitación de cuatro por cuatro y un escalón de lo que sería la galería. También hay un monolito que suponemos correspondía al mástil de la comisaría. Por los ruidos del aeropuerto, ubicaron dónde estaba la letrina a la que los llevaban tabicados y encadenados”, describió María Amelia González. La mujer, oriunda de Bella Vista, Corrientes, fue quien junto a la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes hizo la denuncia para que se investigue el destino de su hermano. A mediados del año pasado la Cámara Federal de Posadas abrió un Juicio por la Verdad para indagar acerca de la desaparición de Alfredo González. Luego del recorrido por el lugar, el juez Chávez informó que solicitará la colaboración del área de Arqueología de la Universidad de Misiones y de grupo de antropólogos forenses para determinar si en la zona hay restos óseos.
Según la división del país hecha por la última dictadura, Misiones formaba parte de la Zona 2, junto con Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Formosa. Los jefes máximos de esa jurisdicción fueron Leopoldo Fortunato Galtieri, Ramón Genaro Díaz Bessone y Luciano Adolfo Jáuregui. Específicamente en Misiones, la represión estuvo a cargo de los titulares del Regimiento de Infantería de Monte Nº 30, que fueron los tenientes coroneles Héctor Leopoldo Flores, Antonio José Deimundo Piñeiro, Eduardo Antonio Cardoso y Juan Carlos Correa. En la Conadep habían sido denunciados cinco centros clandestinos en esa provincia: la comisaría primera, la D-2 Policía de Misiones, la Delegación Policía Federal, el Escuadrón de Gendarmería Alto Uruguay y la Escuelita para Mudos, todos ubicados en Posadas. “La existencia de este sitio que se reconoció ahora la sabían los organismos de derechos humanos, que la denunciaron. Pero es la primera vez que va la Justicia”, señaló María Amelia González.
Informe de la Comision nacional sobre la desaparicion de personas.
PRISION A CINCO REPRESORES DE MISIONES
Un crimen calculado
Dos ex gobernadores, dos tenientes y un gendarme, acusados por la desaparición de un científico.
Milagros Palacios, testigo, recorre La Casita de los Mártires. Por Alejandra Dandan
Alfredo González era una eminencia científica. Decano de la Facultad de Ingeniería Química y rector de la Universidad Nacional del Nordeste (UNAN), becado en Alemania, Japón y Estados Unidos. Aunque creció en Corrientes, enrolado en la Democracia Cristiana llevó adelante su carrera académica y su compromiso científico en Misiones, donde desapareció el 4 marzo de 1978. Su caso es la primera investigación penal sobre violaciones a los derechos humanos en Misiones que llega a algún resultado. La Justicia ordenó la detención de cuatro militares –entre ellos dos ex gobernadores– y de un ex gendarme. Tres de ellos están detenidos. La Justicia investiga la relación del secuestro y desaparición forzada con el robo de una fórmula química.
“Yo siempre creí que lo habían detenido por un problema de ideología, pero ahora me parece que no”, dice Mario Marturet, uno de sus mejores amigos e impulsor de la denuncia. González fue detenido dos veces. Primero, el 24 de marzo de 1976. Pasó meses alojado en la penitenciaría de La Candelaria a 20 kilómetros de Posadas, donde la Justicia acaba de secuestrar libros de actas de egresos e ingresos de presos de aquellos años, aún en poder de la policía. Luego de La Candelaria pasó a la UR 7 de Resistencia, desde donde lo liberaron en agosto de ’76.
Aunque sus amigos le recomendaron que se fuera del país, González quiso quedarse. “Por cómo era –dice Marturet– tenía posibilidades de trabajo en todos lados, pero no se fue porque decía que tenía que servirle al país.” Ese mismo año montó un emprendimiento con una familia de Oberá a partir de una invención química propia. Pese a que mantenía batallas académicas con referentes de la derecha nacionalista universitaria e investigaba ciertos emprendimientos papeleros locales, sus amigos creen que quienes lo secuestraron el 4 de marzo de 1978 estaban detrás de su emprendimiento y de la fórmula.
El expediente sobre su desaparición tramita desde fines de 2004. Entre los querellantes está la Secretaría de Derechos Humanos de Nación. La causa se conoce como La Casita de los Mártires, el nombre que recibió el centro clandestino de detención vecino al arroyo Los Mártires por el que habría pasado el profesor. En el marco de la investigación, el 11 de enero el juez federal subrogante Francisco Bonetto ordenó la detención de los ex gobernantes de facto capitanes de navío (r) Rodolfo Poletti y Fernando Di Fonzo. Y la prisión de los militares Carlos Caggiano Tedesco (r) y Francisco Javier Molina, que tenían cargo de teniente coronel, y del gendarme Manuel Santos Acosta. Los acusa de privación ilegítima de la libertad agravada por torturas y de homicidio calificado.
Sólo tres de los cinco represores están detenidos. Acosta y Caggiano Tedesco se encuentran internados en el Hospital Militar Central de Buenos Aires. Molina, en cambio, ya estaba con arresto domiciliario en una causa de Paso de Los Libres. Acosta era el único subalterno; Molina era quien actuaba como jefe de policía de la provincial: “El amo de la vida y la muerte de todos nosotros”, dice Fernando Canteli, abogado de la causa.
Los ex gobernadores son los únicos que no han sido localizados. “En este momento, la Armada tiene que contestar sobre sus domicilios y situaciones”, apunta Ana Figueroa, abogada de DD.HH. de Nación. Poletti se desempeñó como gobernador entre 1977 y 1978, y Di Fonzo lo hizo después del 6 de diciembre de 1978, cuando concluyó con su mandato de un mes y seis días como ministro de Gobierno.
Pagina 12
26 de Enero de 2006
Crimen e Impunidad
(Por Osvaldo Bayer)
Callar, enterrar, hacerse el desentendido, modificar el curso cuando resulte conveniente ha dado buenos resultados en la política argentina. Pero nos fue alejando cada vez más de los principios éticos, sin los cuales no hay democracia. Obediencia debida y Punto Final hicieron posibles el nido de víboras que permitió a Bussi en Tucumán, a Patti en Escobar, a Ruiz Palacios en el Chaco, a Ulloa en Salta, a los policías santafecinos siempre presentes en las mismas oficinas desde donde torturaron y a todos los demás que pasaron después de la carta blanca de las dos nefastas leyes a compartir las instituciones que tendrían que haber estado reservadas para quienes demostraron en los años de la infamia un poco de coraje civil y vergüenza democrática.
El Congreso de la Nación los legitimó. Fue el Parlamento -que tendría que ser el símbolo por excelencia de la democracia- el que escondió los cadáveres en el ropero. La bancada radical puso el pecho y quiso hacer olvidar con su actitud a los generales de la picana, a los almirantes de la capucha, a los brigadieres del arrojar a vivos al río, a los comisarios del rapto de niños, a los comandantes del derecho de botín. Fue sin duda alguna el día más oprobioso de la historia del Congreso de la Nación. El miércoles pasado asistimos a un acto lleno de emociones en un lugar símbolo: el hospital Posadas. La gran entrada y los pasillos se llenaron del guardapolvo blanco de médicos y enfermeras. Se recordó a las víctimas de la dictadura. Los desaparecidos. Allí, en los fondos está la casa de la muerte donde se torturó y vejó al extremo a las víctimas. Se descubrieron placas con los nombres de los profesionales de la salud que perdieron sus vidas en manos de sicarios. Se inauguró un mural desde donde los ojos nos miran. Se plantaron árboles, uno por cada desaparecido. Hubo profunda emoción. Lo que ocurrió allí casi no se puede explicar con palabras. Está en la documentación de los juicios que se hizo a los asesinos y a sus inspiradores. No nos equivocamos si decimos que allí se aplicó con toda cobardía, brutalidad e impunidad la ley de las bestias. Con pedido de perdón a las bestias. En el Posadas se secuestró sin ningún mandato legal, se torturó, se vejó hasta el hartazgo. Testigos y documentos judiciales dejan en claro que en ese lugar actuaron asesinos uniformados y rufianes sin uniforme, todos de la peor calaña del submundo de la sevicia y el ensañamiento, que pasaron a ser en esa casa donde la medicina solidaria luchaba por la salud y contra la muerte -vaya la sarcástica ironía- los dueños de la vida y de la muerte.
La pregunta es: ¿por qué tanto ensañamiento? Primero leamos la versión militar. ¿Qué dice en su libro el general Reynaldo Bignone, el "héroe del Posadas", cuyas únicas batallas libradas más allá de su escritorio de burócrata de uniforme fueron su entrada con efectivos de guerra a este hospital y luego hacerse el ciego, el mudo y el sordo cuando el secuestro de dos de sus propios soldados que hacían la conscripción en el Colegio Militar donde él era director? Sobre la figura del general Bignone siempre pesará el triste y vergonzoso 28 de marzo de 1976, cuando entró con helicópteros y camiones con soldados armados hasta los dientes con metralletas, granadas de mano y fusiles. El "enemigo" eran médicos, enfermeras, parturientas y enfermos. A los pocos minutos el general disfrazado de campaña para asemejarse al mariscal Rommel podía informar a sus superiores que su victoria había sido completa.
Leamos al propio Bignone, erigido en Dios de la vida y de la muerte en el hospital de los barrios humildes, como da su versión de los hechos en su libro El último de facto. Dice allí: "El pronunciamiento militar fue un miércoles. Al domingo siguiente me tocó decidir si autorizaba o no la realización de espectáculos deportivos (...). El 27 y 28 recorrí dependencias del Ministerio de Bienestar Social ubicadas fuera de la Capital Federal. Basándome en información de inteligencia dispuse intervenir y revisar militarmente el hospital Posadas, ubicado en la localidad de Haedo. Se emplearon oficiales y soldados, no cadetes del Colegio Militar. La operación se llevó a cabo sin novedad. Si hubo detenciones, éstas fueron escasas, con fines identificatorios y con la libertad inmediata de los afectados". Esta versión de Bignone, escrita dieciséis años después de los hechos, confirma que la versión de "inteligencia" que según él sirvió de pretexto a la irracional invasión de un hospital no se basaba en ningún "peligro subversivo", ya que él mismo señala: "no hubo novedades". Pero el acto terrorista militar ya estaba hecho: fue para sembrar miedo. Y aquí está la clave: Bignone no invade ningún hospital o sanatorio del barrio Norte o de San Isidro, no, invade el hospital que justamente estaba al lado de extensas villas de emergencia, de gente humildísima y necesitada. Se procedió con la misma cobardía luego en otras villas de emergencia, como la del Bajo Belgrano.
Bignone invade el hospital Posadas porque precisamente allí se había iniciado una experiencia comunitaria de gran alcance social: los trabajadores de la salud realizaban un proceso de participación con la comunidad circundante para dar respuesta a las ingentes necesidades de salud de la gente que llegaba cada vez más del interior argentino. Era la verdadera gente de la tierra que los militares no habían contemplado en el plan de Martínez de Hoz. Pese a que Bignone no encontró ningún indicio "subversivo", el Posadas quedó marcado y se iniciará el terror militar. A Bignone lo sucederán dos verdugos de la peor especie: primero el coronel médico Abatino Di Benedetto y luego el coronel médico Julio Ricardo Estévez, vaya a saber los complejos personales de estos dos personajes que para demostrar que eran más coroneles que médicos hicieron tabla rasa con los más elementales principios de ética de la condición humana. El coronel Estévez trajo consigo a un grupo de criminales que adoptaron un nombre televisivo, los "Swats", y que vaya a saber también por cuál anormalidad de sus bajos
instintos querían sobresalir por su cinismo y brutalidad. He aquí sus nombres, de los cuales por cierto sus hijos y nietos tendrán el justo derecho de avergonzarse de por vida: Ricardo Nicastro, jefe de la patota criminal; Luis Miña, Victorino Acosta, Cecilio Abdenur, Hugo Oscar Delpech, Oscar Raúl Tevez, Juan Máximo Corteleza, José Faraci, Luis Gyucci, Argentino Ríos, José Meza, Jorge Ocampo. Todos ellos contaron con la información constante del jefe de servicios generales del hospital, Carlos Ricci; del jefe de personal, Luis Dinallo, y del jefe de mantenimiento, Adolfo José Marcolini, suboficial retirado de la Armada.
Las víctimas sufrieron inenarrables torturas y vejaciones, justamente en el chalet del subdirector, habilitado por los verdugos como pozo de torturas. Los nombres de los trabajadores de la salud sacrificados en nombre de "la forma de vida occidental y cristiana" de los Videla y Massera son estos: Josefina Pedemonte, encargada de guardería; Teresa Cuello, técnica de esterilización; Angélica Caeiro y Osvaldo Fraga, enfermeros de emergencia; Jacobo Chester, empleado de estadística; Julio Quiroga, empleado de imprenta; Jorge Roitman, médico, y María Esther Goulecdzian, psicóloga. También desaparecieron el médico Daniel Calleja, el estudiante Ignacio Luna y la vecina Natalia Almada, que no pertenecían al hospital pero que estaban vinculados a él.
Hoy, los asesinos están todos libres gracias a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Alfonsín. Ni el general Bignone ni ninguno de los criminales que lo siguieron se han asomado jamás por el hospital. Los nombres de las víctimas figuran como advertencia en el hall de entrada. El chalet de torturas es hoy una escuela primaria donde van niños de la villa Carlos Gardel. La vida se recupera. Pero los asesinos están entre nosotros.
Centro clandestino del Hospital Posadas Actualmente el edificio está destinado a la Escuela de Enfermería
Hospital Posadas
En el policlínico Alejandro Posadas de la localidad de Haedo funcionó un C.C.E. que actuaba coordinadamente con las Comisarías de Castelar y Morón, con la Superintendencia de Seguridad Federal y el Grupo de Tareas de Aeronáutica.
Los hechos ocurrieron a la vista tanto de los empleados como de las personas que concurrían al establecimiento, ocasionando un generalizado terror que provocó el silencio de todos. Las víctimas revistaban en la mayoría de los casos como personal del nosocomio. Los represores que actuaron allí pertenecían según las constancias al Ejército, Aeronáutica, Policía Federal, Policía de la Provincia de Buenos Aires. Además una parte de ese grupo provenía del Ministerio de Bienestar Social - Secretarla de Estado de Salud Pública - contratado especialmente por las autoridades del citado Hospital. Esta patota se había denominado «SWAT».
El operativo mencionado en testimonios anteriores realizado el 28 de marzo de 1976 y dirigido por el general Bignone, «La Razón», 30-3-76, culminó como se dijo con la detención de un grupo de cuarenta personas. A partir de ese momento, quedó como interventor del Policlínico el Coronel médico Abatino Di Benedetto, quien declaró en comisión a todo el personal y lo licenció con prohibición de concurrir al establecimiento. Posteriormente fue designado Director interino el Coronel médico ( RE) Julio Ricardo Estévez . A partir de estas de signaciones comienzan a encadenarse las detenciones de un gran número de personas.
El hijo de María Teresa de Cuello (Legajo N° 1172) denuncia:
«El 26 de noviembre de 1976 a la madrugada invadieron nuestra vivienta numerosas personas armadas, algunas con uniforme. Preguntaron quién era Teresa. Debo tecir que en el único lugar en que llamaban así a mi matre era en el Hospital Posadas, donte trabajó como técnica en esterilización. La secuestraron y esa misma madrugada también se llevaron al señor Chester, que vivfa cerca de nuestra casa. Cuando mi hoy fallecido padre intentó oponerse, le partieron la cabeza de un culatazo. Reconocí entre los secuestradores a Nicastro (Legajos N° 1 172-3877).
Gladys Cuervo (Legajo N° 1537), aporta mayores precisiones sobre el funcionamiento de este C CD:
«El 25 de noviembre de 1976 me llamó Estévez a la dirección. Alll me encañonaron y colocaron los brazos a la espalda. Por la nochecita me sacaron en una camioneta, y depués de dar varias vueltas me dijeron que estaba en Campo de Mayo. Sin embargo me di cuenta que estábamos en la parte de atrás del Policlínico. Me desnudaron y trompearon, interrogándome sobre unos volantes que yo no había visto. Depués vinieron otras personas que me picanearon. Durante varios días siguieron torturándome. De Chester supe también por los comentarios que me hizo el nombrado "Juan", que era flojo y no aguantaba la picana, al pasar pude ver al médico Jorge Roitman, quien estaba en un charco de orina y sangre. Tiempo después me envolvieron en una manta y me tiraron al piso de atrás de un auto. Me llevaron a una tapera donde me ataron de pies y manos a una cama. Permanecí unos cincuenta días allí, donde me dieron medicamentos y alimentaron mejor. Utilicé platos y cubiertos con la inscripción de la Aeronáutica. El 22 de enero de 1977 me llevaron a mi casa. Había perdido 14 kilos. Entre mis torturadores reconocí a Nicastro, Luis Muiña, Victorino Acosta, Cecilio Abdennur, Hugo Oscar Delpech y Oscar Raúl Tevez».
El caso de Osvaldo Fraga (Legajo N° 237), relacionado con la desaparición de Rubén Galucci, adquiere relevancia para completar una definición sobre la relación de Policlínico Posadas con los demás campos dependientes de la Fuerza Aérea. Testimonia Galucci:
«Fui detenido el 2 de diciembre de 1976 en el Policlínico Posadas donde desempeñaba tareas administrativas, junto con el enfermero Osvaldo Fraga, en presencia de personal y de pacientes. Fuimos llevados en autos separados a la Comisaría de Castelar. Los interrogatorios se realizaron en la planta superior y los responsables de los mismos eran miembros de la Fuerza Aérea de Morón. A ninguno de los dos nos acusaron en ningún momento de cargos concretos y sólo nos pedían información sobre médicos, enfermeros y empleados del policlínico que hubiesen realizado actividades políticas o sindicales. Nos picanearon y mantuvieron siempre vendados. En el sector de la comisarfa donde estabamos sólo podían entrar los de Aeronáutica y los cabos de guardia que traían la comida desde la base de Morón.
A mediados de diciembre me colocaron junto a Fraga en una celda. Diez días después nos trasladaron en el baúl de un auto a otro lugar, dentro de la Base, donde las condiciones de encierro se tornaron infernales. En dos oportunidades vi a Fraga junto con otros detenidos. En ambas nos encontramos sin vendas en los ojos, completamente desnudos y con el cuerpo desgarrado, cubiertos de heridas, en una habitación donde nos reunían para darnos de comer. Posteriormente me trasladaron a Haedo, luego nuevamente a Castelar, hasta mayo de 1977, cuando me legalizaron. El Ministerio del Interior informó a mi familia que estaba a disposición del PEN, sin causa judicial y que el área que ordenó mi detención fue Aeronáuuca de Morón».
El 24 de mayo de 1984,-la CONADEP realizó un procedimiento en el «Hospital Profesor Alejandro Posadas». El C.C.D. estaba ubicado en los fondos, en un chalet de dos plantas. Gladys Cuervo, quien junto con otros testigos asistió al procedimiento reconoció sin dudar diversas dependencias, en especial el placard en el que había estado largos días encerrada, e individualizó la habitación en la que se la mantuvo junto al doctor Roitman, a quien vio agonizando.
1976 - Instalación de un Centro Clandestino de Detención y tortura en el predio del Hospital.
28 de Marzo de 1976
A dos días del golpe de estado autodenominado "proceso de reconstrucción nacional", las Fuerzas Armadas, conducidas por el Gral. Reynaldo Bignone, ingresaron al Hospital con tanquetas, helicópteros y personal militar fuertemente armado. La dirección quedó a cargo del Cnel. Médico Dr. Agatino Di Benedetto que con el objetivo explícito de "acabar definitivamente con las actividades subversivas que tienen lugar en el hospital" y mediante "listas negras" seleccionó al personal que fue detenido.
El 28 de Marzo se detuvieron aproximadamente 35 trabajadores del Hospital que fueron transladados a Coordinación Federal.
El 30 de Marzo se detuvieron dirigentes gremiales que fueron derivados a los penales de Olmos y Devoto
El 31 de Marzo 5 miembros del personal fueron detenidos y derivados al penal de Devoto, donde permanecieron 7 meses.
13 abril de 1976
por Resolución 5779/76 se designó al Dr. Julio R. Estevez, como Director Interino, quien organizó un sistema de vigilancia con la coordinación del Subcomisario de la Policía Federal, Ricardo Nicastro.
El grupo, autodenominado SWAT, se encargó de la represión dentro del Hospital.
Responsables del Centro de Detención
Teniente General Reyaldo Benito Bignone
Jefe de la ocupación del Hospital
Cnel. Médico Julio Ricardo Estévez
Director del Hospital
Cnel. Médico Agatino Di Benedetto
efe del Centro de Detención y Director del Hospital Militar de Campo de Mayo
Ricardo Antonio Nicastro
Jefe del Grupo de Tareas "SWAT"
Colaboradores e Integrantes del Grupo SWAT:
Hugo Oscar Delpech Cecilio Abdelnur Victorino Acosta Juan Máximo Costelezza José Faraci Adolfo José Marcolini José Meza Luis Muiña Oscar Raúl Tevez Argentino Ríos Jorge Villalba Carlos Ricci: Jefe de Mantenimento 1976/84
Trabajadores del Hospital Posadas Detenidos-Desaparecidos durante la Dictadura Militar