Una historia de amor y entrega en el medio de tanta oscuridad y muerte
Durante el último golpe militar vivido en la Argentina, 1700 personas fueron detenidas en La Rioja. A más de 300 les iniciaron causas judiciales y fueron expuestas a torturas, mientras otras fueron desaparecidas por el Ejercito. Lucila Maraga y Luis Gomez fueron detenidos en abril de 1975 y, a pesar de los abusos a los que fueron sometidos, hoy siguen luchando
Una noche de calor, en una casa de barrio, de trabajadores, Lucila Maraga y Luis Gomez reciben a Data Rioja con los brazos abiertos. A partir de ese momento comienza un recorrido por al historia Argentina a partir de la década del ´60.
Desde el principio, Gómez se reconoce como un producto de su propia historia. “Uno no puede desligarse de todo el proceso que viene de familia. Mi padre no nos dejó nada material pero siempre se comprometía con la gente, el ya tenía un pensamiento socialista. Era español y traía toda la carga militante y política de los inmigrantes europeos”, explicó.
Gómez creció en el seno de una familia de barrio, compuesta por siete hermanos. Tras la muerte de su padre todos los hermanos tuvieron que salir a trabajar para ayudar a su madre.
En 1962 viajó a estudiar a La Plata, experiencia que lo marcó definitivamente. “Creo que eso me marcó mucho, había una situación muy difícil en esa época. Mi tío era militante de un gremio y entonces empece a vivir todo lo que era la militancia gremial. Después me fui a Buenos Aires en la época del golpe de Onganía”, describe este riojano.
En la convocatoria en repudio de la muerte de Ernesto “Che” Guevara que se realizó en esa misma época, es cuando Gómez toma una actitud más activa. “La gente salió a las calles, nos juntamos espontáneamente, nos corren, nos persiguen. Yo tenía 16 años en ese momento, era uno de los más chicos. Hicimos volantes, empezamos a repartir en las escuelas, ya estaba adentro”, expresó.
Con posterioridad a este episodio, Gómez toma contacto con el Partido Comunista (PC) que en ese momento organizaba lo que se denominó el Encuentro Nacional de los Argentinos, en la provincia de Rosario. Viajó allí donde conoce a Agustín Tosco, quien para ese entonces ya era reconocido como un referente de las luchas sociales en el campo gremial. Pero eso un fue lo único que lo marcó, sino que luego se sumaría la llegada de Enrique Angelelli a La Rioja en 1968. “Desde el principio tuve una cercanía con él a través de los grupos juveniles, más tarde conformamos lo que denominó el grupo Centro”. Tenían reuniones en el obispado y ahí es donde conoció a Lucila Maraga, su esposa.
Gómez recuerda que discutían “cómo empezar a comprometernos cada vez más, como jóvenes, en cosas más concretas y comenzamos a hacer trabajo voluntario los domingos”. Y recordó también que “el compromiso social que proponía el diario El Independiente en ese momento también significó un punto de inflexión en la toma de conciencia de la sociedad”.
Gómez recordó con orgullo a los periodistas de esa época que enfrentaron a Crausse, sacaban notas y se adherían a las actividades populares.
Después, Gómez entró a trabajar en Agua y Energía, momento en que Tosco era secretario general del gremio y luchaban contra la burocracia sindical.
Posteriormente vienen las definiciones políticas. “En el ´68, en un congreso en Catamarca, organizado por el Frente Revolucionario Indoamericano y Popular (FRIP) -donde se trataron temas referidos a la militancia política y las cuestiones sociales- Gómez se definió como militante político.
En el ámbito nacional, y dentro de las organizaciones políticas, comienzan a discutirse los métodos y las salidas para canalizar las luchas. En este marco aparece lo que denominó la Declaración de los Curas de Medellín, quienes planteaban que “la violencia de arriba engendra la violencia de abajo”. Esta clara definición de la iglesia produjo un quiebre a nivel nacional, al igual que el Cordobazo en el año 1969. A partir de entonces comenzaron a definirse las primeras experiencias armadas.
En el ámbito local Gómez recordó las convulsiones que existían. “Muchos de los compañeros habían ido a estudiar a Tucumán o Córdoba y traían toda la rebeldía y el empuje que se vivía en aquellas ciudades. En el ´70 se declaran acciones armadas y secuestro de camiones de alimentos para donaciones”, explicó.
Su compañera, Lucia Maraga, también comenzó a militar desde muy joven y, aunque desde un lugar diferente al de Lucho, con el mismo compromiso. “Yo venía de estudiar en un colegio de monjas entonces tenías menos posibilidades de descubrir otras cosas que estaban haciendo los jóvenes. La figura más importante fue entonces Angelelli. A partir de su pastoral, el trabajo al que yo me dedicaba, que era básicamente de caridad, empieza a tener un sentido más social, te haces otros planteos y te comprometes de otra forma”, señaló Lucila. .
Su acercamiento con quien sería luego su pareja y la docencia, le acercan a Maraga otros conocimientos. “Él tenía una formación diferente a la mía y me empiezo a impregnar de su experiencia. Después empiezo a trabajar en docencia, en el gremio. La movida que nos definió abiertamente fue que, dentro del colegio habían docentes que no estaban de acuerdo con la pastoral de Angelelli, al igual que algunos padres de alumnos, que en su mayoría eran de un gran poder adquisitivo o de altos rangos del ejercito. Por eso armamos con los docentes, de las cuales yo era la más joven, un grupo de resistencia a esa situación”, describió Maraga.
Pasados los 20 años, Lucia y Luis se casan. Ella empieza a vivir una experiencia más política dentro del Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS). “Era una efervescencia, una experiencia impresionante, había gente de todos lados como así también grandes referentes. Todo esto me va haciendo tomar a mí otro tipo de decisiones”, recordó Lucía.
Lucho también participa del FAS y llegan las grandes movilizaciones nacionales. La vuelta de Perón, la masacre de Eseiza, la fuga de Trelew. Las actividades comienzan a ser cada vez más comprometidas. Lucho recuerda que en ese momento ya había cerca de 30 organizaciones armadas pertenecientes a diferentes sectores, pero en su mayoría levantaban el proyecto socialista.
El diario El Independiente, y a la cabeza de él Alipio “Tito” Paoletti, comienza a tener una participación más activa a través de las cooperativas y las organizaciones de campesinos.
“Se armó una importante manifestación de campesinos que, después de barios años, vuelven a la plaza. (Carlos) Menem estaba en campaña y promete la entrega de tierras, que nunca se cumplió”, recordó Gómez.
La terrible experiencia de la cárcel
Lucila Maraga y Luís Gomez son detenidos la misma madrugada de abril del ´75 por el Comando Libertadores de América. Se trataba de un comando represivo organizado por el Ministerio de Gobierno de cada provincia y dirigido por el Ejército Nacional.
“Adentro de la cárcel me tocó compartir con compañeras que venían de otras partes del país y nos organizamos a partir de una común inquietud, por que todas luchábamos afuera por lo mismo”, comentó Maraga.
La elaboración de pequeños materiales, el intercambio de experiencias, eran algunas formas de resistencia. “Seguimos creciendo adentro, no nos estancamos. Teníamos discusiones políticas, aunábamos criterios, tenía que ver con una concepción política, es decir, la solidaridad y el compañerismo no eran producto de la nada, se daba a partir de una concepción política y social de la vida en sí misma”.. agregó Lucía.
En noviembre de 1975 se dicta la Ley Nacional N° 2840 y las cárceles pasan a jurisdicción federal. Se instala el ejercito como personal de custodia, los presos políticos pasan a depender del Poder Ejecutivo Nacional y son trasladados a cárceles de todo el país, entre ellas una de máxima seguridad donde llegaron muchos riojanos, la Cárcel Federal de sierra Chica.
La comunicación entre los presos era lo primero que se prohibía, ya que era un elemento fundamental para poder sobrellevar la situación. Pero casi siempre la rebeldía era más fuerte. “Nos organizábamos para hablar, incentivamos la lectura, inventábamos métodos de comunicación. Nos recuperamos rápido para organizarnos, hablábamos con código Morse y aprendimos a comunicarnos con lo que llamábamos los caramelitos y las palomitas”, agregó Lucho.
Muchos aprendieron a leer y escribir en la cárcel a través de estos sistemas. Tan importante fue la organización que sierra Chica fue desmantelada y los presos fueron trasladados hacia las cárceles de Rawson y La Plata por que habían roto las barreras de control.
Desde el año 1977 hasta la caída del Gobierno militar, una serie de organismos de derechos humanos, la Cruz Roja y delegaciones españolas y francesas, se solidarizaron con los acontecimientos de América Latina. A partir de esos años se comienzan a denunciar los apremios ilegales que sufrían los presos políticos de las dictaduras.
Lucho Gomez se entrevistó con una agregada cultural francesa quien les ofreció salir del país, casa, trabajo y atenciones médicas. Él, al igual que otros de sus compañeros decidieron quedarse porque consideraban que, cada vez más, valía la pena seguir luchando aquí.
Pero más allá del dolor, la impotencia y la tristeza, Maraga y Gómez también vivieron su historia de amor. La carta que ilustra esta nota la escribió Lucila en el año 1979 cuando llegó a Devoto, donde le hacen redactar una lista de familiares directos con los cuales le permitían escribirse Lucila incluye en su lista a Lucho, logrando ser su carta la primera que llega al penal donde él estaba. Su correspondencia pasó de mano en mano entre los presos hasta que llegó al periodista y fotógrafo Plutarco Schaller, también detenido, quien la convirtió en poema.
Entre el ´82 y el `83 ambos salieron de la cárcel pero con libertad vigilada hasta las elecciones cuando finaliza el régimen y llega la democracia.
Salir de la cárcel y seguir luchando
A partir del momento en el que ambos militantes, Gómez y Marga salen de la cárcel, comienzan a participar de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), luego se formaron las Madres de Plaza de Mayo de La Rioja donde también participaron y participan actualmente.
La toma de las escuelas técnicas en repudio de la Ley Federal de Educación, el Riojanazo y las manifestaciones gremiales por el IPSA, son algunas de las acciones populares que la pareja sale a apoyar.
“Uno aprende a conocer y a diferenciar al enemigo. En la cárcel se presenta de cuerpo entero, y entendés que todo fue planificado, no hubo errores. Ellos profundizaron las desigualdades sociales y aplicaron el terror para que no puedas pensar distinto”, manifestó Lucia, y luego agregó: “Hoy en día seguimos con las mismas necesidades: la destrucción de la educación, de la salud, y eso es lo que te impulsa y te reafirma la lucha por un mundo mejor, donde todos tengan las mismas posibilidades”.
Gómez, por su parte, agregó que “la traición de la clase política, la falta de justicia y su complicidad con las clases explotadoras, las privatizaciones, el crecimiento de la deuda externa, los despidos y cierres de fabricas y la represión policial, es contra lo que hay que seguir luchando y por el mismo proyecto, por que un mundo mejor es posible”.
Un rompecabezas del horror y el sufrimiento de tantos riojanos
En primera persona, uno de los integrantes de la Comisión Provincial de Derechos Humanos que se creó en La Rioja para investigar el terrorismo de Estado, cuenta cómo tuvieron que vencer el miedo para elaborar el informe que, a 22 años de realizado, todavía no ha sido publicado
El Informe de la Comisión da cuenta de la represión en el terriotorio provincial.
Cuando la dictadura daba sus últimos coletazos de ahogada, en La Rioja tímidamente se comenzaba a ganar la calle y a instalar en la comunidad temerosa, el tema de los Derechos Humanos. Madres, familiares, ex detenidos y personas sensibles al tema, nos conformamos en una delegación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Allí cobró forma el reclamo, pero también creció la necesidad de recuperar en la democracia espacios donde poder buscar caminos de justicia.
En Diciembre de 1983, Carlos Menem asume por segunda vez la gobernación riojana. Uno de sus primeros decretos, firmado junto al Dr. Délfor Brizuela como Ministro de Gobierno, creó la Comisión Provincial de Derechos Humanos, que tenía como objetivo, recabar denuncias y elaborar un informe final que diera cuenta de la represión del terrorismo de estado dentro del territorio provincial. Para su funcionamiento se nombraron diez integrantes: cinco diputados provinciales y cinco personas que se habían destacado en la lucha de los derechos humanos, más dos secretarios de actuación (yo fui uno de ellos).
Durante el año 1984 recorrimos la provincia armando un rompecabezas del horror y el sufrimiento de tantos riojanos. Frente a una máquina de escribir escuchamos los relatos de los padecimientos, escribimos la experiencia de muchos y muchas que temían recordar, que temían volver a las tinieblas de la experiencia vivida. ¿Dónde están? ¿Quién se los llevó? ¿Alguien sabe de ellos? ¿Por qué a mí? Fui torturado. Fui violada reiteradas veces. Entraron a mi casa en mitad de la noche... Nos robaron y nos encarcelaron. Quedé sin trabajo. Mi sobrino nació en cautiverio. Golpeamos todas las puertas... Se nos cerraron todas las puertas... Tuve la opción de salida. Estuve exiliado... El Juez Roberto Catalán no recibió nuestros Habeas Hábeas. El capellán Pelanda López nos pedía resignación, nos pedía que colaboráramos.
Supimos de los asesinatos de los curas y de Monseñor Angelelli en la cárcel... Fui rehén durante e mundial de fútbol. Los vecinos nos daban vuelta la cara. Creíamos que esta pesadilla no terminaba más..
Los testimonios y denuncias nos permitió elaborar un informe que contempla todos los aspectos de la represión, que refleja las distintas situaciones y las causas que sostuvieron el andamiaje del horror. Ese informe, junto a las denuncias, fue entregado al Ejecutivo Provincial, que se había comprometido a publicarlo para que sea conocido por toda la sociedad riojana. Han pasado más de 20 años y ese informe aún espera su publicación. ¿Por qué este silencio de tantos años? ¿A quién compromete que se conozca este Informe?
Desde el viernes 17 de Marzo, en la Biblioteca Popular Mariano Moreno, hay una copia de ese trabajo , que fue donado por el doctor Jorge Mercado Luna -uno de los integrantes de aquella Comisión- a la que el pueblo de La Rioja alguna vez deberá reconocer.
No hay que temer a la verdad, no hay que temer a la justicia. Hay que temer al silencio.
Texto: Pano Navazo##Secretario de Actuación de la Comisión de Derechos Humanos de La Rioja en 1984
Ex presos políticos y adherentes independientes dieron a conocer las actividades recordatorias
El grupo Ex Presos Políticos Riojanos y Adherentes Independientes dieron a conocer los actos de recordación del golpe de estado de 1976, que prepararon "por vigésima segunda vez", aclararon. En este caso al cumplirse los 30 años de este hecho, que culminó con una de las dictaduras más sangrientas y que enlutara la década de los `70, se preparó una serie de actividades especiales que van a iniciarse el próximo viernes 17.
Los organizadores aclararon que para "estas actividades no tienen el patricinio oficial ni de empresa particular alguna", convocando "desde la memoria como resistencia y lucha" y en el hecho de "hacernos cargo de la historia de lucha de nuestros trabajadores y el pueblo para seguir luchando por la liberación".
En el primer día de recordación, el 17 de marzo, tendrá lugar una charla debate a las 21 en la biblioteca Mariano Moreno denominada "El Golpe Militar del 24 de Marzo de 1976 y la Década del 70", cuya mesa estará integrada por las Madres de Plaza de Mayo-La Rioja, la Iglesia riojana, un militante del peronismo de esa época y otro de la experiencia de la izquierda a fin de que aborde ese tema y representantes de los jóvenes, "entre los que estará el hijo de un ex preso político que viviera la cárcel de su padre", se indicó.
Luego seguirá el sábado 18 de marzo con la exposición "Memoria de la Resistencia" desde las 11 en El Pasillo, de Pelagio B. Luna 890, (casi esquina Jujuy) consistente en dibujos, poemas, collages, bordados, historietas, cartas, ensayos realizados por los presos políticos riojanos durante su encarcelamiento, "como una forma de luchar contra el aislamiento y entendida ésta como una manera de comunicarse con la sociedad y resistir a la presión de la dictadura".
En tanto el viernes 24 de marzo se pasará a la plaza 25 de Mayo "donde confluirán todos los sectores que reivindican este acto y que vienen realizando actos recordatorios durante los 22 años anteriores", con las siguientes actividades: a las 18 exposición "Memoria de la Resistencia" con una "Galería de los Represores" y a las 20 marcha y acto con participación de artistas populares provenientes del folclore y el rock. En este caso se transmitirá en vivo desde radio Ciudadano FM 92.3.
Luego se pasará al 29 de marzo con la presentación del libro "Irrecuperables", obra escrita por el "Negro" Ledesma, en un acto que tendrá lugar a las 21 en la biblioteca Mariano Moreno.
Finalmente el jueves 6 de abril se concretará la presentación de la obra teatral "Mater", de Vicente Zito Lema, con la dirección teatral de Pano Navazo, en El Pasillo, Artes y Partes, de Pelagio B. Luna 890 en horario a confirmar.
"GALERíA DE LA MEMORIA"
En la exposición que presentarán los ex presos políticos y adherentes independientes, que llamaron "Memoria de la Resistencia", se podrá acceder "a las copias del decreto Nº 4012/85 de ascenso de los represores mencionados por la Comisión Provincial de Derechos Humanos, que fuera firmado por el ex gobernador en ese entonces Carlos Saúl Menem del 23 de diciembre de 1985, y los decretos de jubilación de privilegio de estos personajes por parte del ex gobernador interino Agustín de la Vega Nº 234/91 del 20 de febrero de 1991 y de incremento del haber jubilatorio de esos funcionarios policiales y penitenciarios Nº 1121/91 firmado por Beder Herrera como gobernador a cargo y Eduardo Maza como ministro Finanzas y Hacienda a cargo, con fecha 21 de noviembre de 1991".
24 de marzo de 1976
Los aires de marzo y la memoria
El olvidado y necesario ejercicio de recordar
Durante mucho tiempo sólo unos pocos se atrevieron a reclamar por los Derechos Humanos. Durante mucho tiempo las instituciones del Estado se preocuparon mucho más en profundizar las políticas que imperaron durante la dictadura militar
Los años pasan y las fechas traen muchas manifestaciones de recuerdo que a veces, de tan “oportunas” generan discusión y crítica. Durante mucho tiempo éramos algunos pocos los que nos atrevíamos a poner el cuerpo frente a la necesidad de denunciar, reclamar y exigir que la temática de los Derechos Humanos fuera considerada dentro de las políticas que los aires de la democracia trajeron a este país.
Durante mucho tiempo las instituciones del estado se preocuparon mucho más en ver la forma de aplicar las políticas que sólo profundizaron el espacio de lo siniestro que imperó durante la dictadura militar. Hablar de Derechos Humanos no se limita al espacio del cuerpo: la desaparición, la encarcelación, la tortura, en fin, el terrorismo de estado; comprende todo el espacio de la persona individual y social, que ha sido sistemáticamente despojada de derechos fundamentales.
El filósofo León Rozitchner nos dice que: “Recordar no es sólo traer a la memoria la imagen de las víctimas del terror, sino también hacer presente la trama siniestra de un sistema económico-político-religioso que requirió el genocidio para implantar sus fines. El terror y el genocidio es un recurso del poder. Hay que comprender el exterminio militar como una estrategia de guerra de los poderes siniestramente organizados contra la vida” .
Las cifras que hablan de pobreza, miseria, marginación y desamparo crecen de la misma manera que crece el actual reclamo de justicia de los nuevos cuerpos masacrados. Del mismo modo crecen los discursos que hablan de soluciones que se parecen mucho a la hipocresía. Frente a tanta incertidumbre, ¿dónde están las instituciones? ¿Alguna vez la Cámara de Diputados tomará cartas en el asunto? ¿Será posible una Comisión Legislativa y de otros sectores sociales que investigue a la policía provincial y sus “excesos” de autoridad? ¿Podremos como sociedad y con las instituciones del estado pensar un nuevo Código de Faltas que suplante al actual que fue elaborado en la dictadura? ¿Quién piensa en una verdadera Promoción de la persona humana (tal como lo pedía Monseñor Angelelli) que suplante la indignidad de planes sociales que sólo aumentan el sometimiento?
La memoria es un ejercicio que debemos practicar sin rodeos, con sinceridad y buscando entre todos una verdad que nos ayude a crecer y superar el espacio de lo siniestro.
A 29 AÑOS DE LA MUERTE DEL OBISPO ENRIQUE ANGELELLI
Se cumplió otro aniversario del asesinato de Enrique Angelelli, quien apareció muerto el 4 de agosto de 1976 sobre la ruta que lo llevaba a La Rioja. Si bien el gobierno militar habló de un accidente, en la causa tramitada ante el Juzgado Nº1 de dicha provincia quedó constatado que Angelelli murió debido a un asesinato premeditado.
El 4 de agosto de 1976, el Obispo Enrique Angelelli aparecía muerto sobre la ruta que llevaba a la ciudad de La Rioja. A fines de julio de ese año, se había formado el “grupo de tareas” encargado de eliminarlo. Ese día, después del mediodía, Angelelli salió de la localidad de Chamical hacia la ciudad de La Rioja, acompañado por el padre Arturo Pinto,llevando consigo una carpeta con pruebas y testimonios del secuestro, tortura y asesinato de los curas Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murías. Fueron perseguidos por un coche de color claro, que los alcanzó en Punta de los Llanos, donde se les fue encima a gran velocidad y los encerró, provocando el vuelco de la camioneta.
La carpeta que Angelelli llevaba no pudo ser hallada, pero fue vista por testigos, dos días después, en el despacho del entonces Ministro del Interior, General Albano Harguindeguy. El gobierno militar habló de un “accidente”. Sin embargo, en la causa tramitada ante el Juzgado Nº1 de La Rioja quedó constatado que Angelelli había muerto por un asesinato “fríamente premeditado y esperado por la víctima” Esta causa quedó trunca, ya que tropezó con las leyes de punto final y obediencia debida.
¿Quién fue Enrique Angelelli?
El obispo estaba convencido de que desde un escritorio era inútil ofrecer soluciones mágicas, por eso recorrió su diócesis, visitando hasta los lugares más lejanos, de allí su regla de oro: “para servir, hay que tener un oído atento al Evangelio y el otro en el pueblo”.
Participó de las marchas contra la pobreza y la miseria que abundaban en su provincia, La Rioja. Alentó y colaboró en la organización de la Asociación de Trabajadores Provinciales, el Sindicato de Empleadas Domésticas, el de Trabajadores Rurales y Estibadores, la Asociación Minera y la Coordinadora Campesina.
Era conciente de que el problema crucial de la Rioja era la escasez de fuentes de trabajo, y que los riojanos emigraban en busca de ocupación. También sabía que existían grandes extensiones de tierra improductiva. Impulsado por las ideas del Concilio Vaticano II, ayudó a que se “concreten obras que hagan felices a los hombres”, puso en funcionamiento escuelas, trabajó en la organización de cooperativas de trabajo. Muchos, y los gobernantes en particular, lo acusaban de impulsar el establecimiento de granjas colectivas.
“El círculo se va cerrando”
En julio de 1976, en pleno proceso militar, dos sacerdotes de Chamical Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murías, fueron secuestrados, torturados y asesinados. Sus cadáveres fueron encontrados al otro día por una cuadrilla de ferroviarios, a 5 km, maniatados, acribillados a balazos, con restos de cinta adhesiva y algodón en la boca. En estado lamentable, el cura Murías especialmente que había sido mutilado y evidenciaba una muerte lenta.
A los pocos días, un grupo de hombres encapuchados ingresó a la pequeña aldea de Sañogasta, ametralló y dio muerte al dirigente Wenceslao Pedernera, en presencia de su esposa e hijos.
Angelelli presintió el final, por eso les dijo a sus amigos “que el círculo se iba cerrando...”, ubicándose en el centro a sí mismo, ya que aseguraba que a quién buscaban era a él. No se había equivocado.
Fuente: www.8300.com.ar
KIRCHNER ASEGURO QUE EL OBISPO FUE ASESINADO
“Que se reabra la causa de Angelelli”
El Presidente participó en el homenaje al obispo de La Rioja Enrique Angelelli, asesinado durante la dictadura. La investigación fue cerrada, pero el primer mandatario anunció que apoyará su reapertura.
Todos se veían pequeños al lado de Enrique Angelelli. La gigantografía con el rostro del obispo de La Rioja asesinado por la dictadura estaba instalada junto al palco donde, rodeado de sacerdotes y funcionarios, el presidente Néstor Kirchner reconoció al prelado como una víctima del terrorismo de Estado: “No murió en un accidente, terminemos con la mentira y con la hipocresía, lo mataron por defender la verdad y la justicia”, sostuvo en un discurso que tuvo ecos de aquel que pronunció en la ESMA el 24 de marzo de 2004. También aseguró que “me van a tener acompañándolos, pidiendo que se reabra la causa de Angelelli, porque los argentinos queremos saber la verdad”. El Presidente llegó ayer al mediodía a El Chamical, acompañado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. También lo acompañó el senador Jorge Yoma, en virtual armisticio con el gobernador riojano. Lo recibió un centenar de intendentes que se arremolinó en torno de él para entregarle regalos y aplaudirlo. Entre ellos, estaba el gobernador Angel Maza y el intendente local, Elías Hemmes, que primero fue hombre de Yoma, luego mazista y ahora es referente local del Frente para la Victoria. Paradójicamente, también fue intendente durante la dictadura. La comitiva se trasladó en combis hacia el acto, pero, una cuadra antes, Kirchner decidió bajarse y caminar entre la gente. Fue besado, un joven le regaló un CD de su banda e intentaron obsequiarle también uno de los gorritos con visera que poblaron el acto: todos decían “Didí Maza Senador”, en referencia a la candidatura del gobernador. A escasos metros del palco, que se instaló frente a la plaza Castro Barros, Kirchner entró en una casa que prestó un vecino para que pudiera reunirse con militantes de derechos humanos, familiares de desaparecidos, ex presos políticos de la dictadura y sacerdotes, que están nucleados en el Encuentro Nacional por la Soberanía Popular. Estaba programado que también participaran familiares de víctimas del gatillo fácil, pero –según informó una fuente de la Secretaría de Derechos Humanos– la gente del gobernador bloqueó a último momento su participación. En la reunión, le pidieron a Kirchner que se reabriera la causa por la muerte de Angelelli. En la plaza lo esperaban miles de personas, entre militantes del MTD Evita y del PJ (con una bandera de la “gloriosa juventud peronista”). Tenían cotillón como para un carnaval (papel picado, globos y banderines) y hasta un grupo con trompetas y bombos que tocaba al ritmo de “mamá, yo quiero mamá”. También había un grupo de maestras autoconvocadas de Chilecito, que se encontraban en huelga. “Los punteros políticos nos han roto los carteles y nos tienen amenazadas”, dijo Yolanda Fernández a Página/12. Sostuvo que reclaman un aumento de 250 pesos al sueldo básico y la derogación del decreto 2255/88, que permite descontar los días de paro. Sin embargo, todos aplaudieron cuando entró en escena Kirchner, que anunció la entrega de 400 millones en obras públicas. Luego del intendente habló el cura párroco de El Chamical, Delfor Brizuela, conocido en la ciudad como padre Pocho. “Olé, olé, Pocho, Pocho”, bramó la multitud cuando subió al escenario. Al momento, le aclaró en broma a Kirchner (a quien llamó “hermano Presidente”): “Yo no estoy en campaña, simplemente soy el curita”. Luego, se puso serio y le mostró una cruz de dos metros de alto hecha de algarrobo, que trajeron otros dos sacerdotes, y explicó que había sido colocada en noviembre de 1976 por unas monjas en el lugar donde lo mataron a Angelelli. Fue ametrallada y dinamitada, pero quedó íntegra. El Presidente le dio un beso a la cruz. Gordito, bonachón, con sombra de barba y un traje que –según admitió– se ponía por primera vez, Brizuela sostuvo que Angelelli “nos marca el camino” y le pidió al Presidente “apoyo para que la tierra no esté concentrada en pocas manos, que sea de los que la trabajan, ése era el sueño de Angelelli”. Y luego afirmó: “Ojalá en nuestra patria vuelvan los ideales de la reforma agraria”. La gente lo aplaudía a rabiar. Por último, lanzó una crítica a Chiche Duhalde, que había pedido que se dejase “el pasado para los historiadores”. “La memoria no es como andan diciendo por ahí, para volver al pasado. Los pueblos que tienen memoria pueden lanzarse a un futuro mejor”, sostuvo Brizuela. Por su parte, Maza remarcó que Angelelli es un “símbolo sobresaliente de una época de intolerancia, pero también de sueños, de un compromiso de miles de jóvenes que abrazábamos el ideal de una sociedad más justa”, afirmó el gobernador, que pasó sin escalas del menemismo al kirchnerismo. “Agradezco a Dios poder estar presente en este homenaje. No ya en mi carácter de Presidente temporal, sino en nombre del Estado nacional, vengo a hacer una reivindicación histórica de este obispo patriota”, sostuvo Kirchner, en una frase con ecos del discurso en la ESMA. Consideró que Angelelli fue “verdadero ejemplo de dignidad, de justicia, de defensa de los ideales, de la pluralidad”. Encariñado con el cura (“ya le digo Pocho, ya nos hicimos amigos”), se comparó con él por el desaliño en la ropa. “El cura Pocho que decía ‘me he puesto un traje y no me cierran los botones’, a mí me retan todos los días porque no los cierro nunca, porque me gusta tener el corazón en manos del pueblo”, sostuvo. “Defender justicia y defender verdad lleva a que me agredan, a que me insulten, pero no me interesa, porque lo valen la justicia, la verdad y la memoria. Voy estar como el algarrobo”, dijo señalando la cruz de madera y también la frase de Angelelli que estaba junto a su foto: “Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”. “Esta es la Iglesia que reclama por los que tiene que reclamar”, elogió el Presidente. Desde la foto colgada junto al palco, Angelelli parecía observarlos, la mirada profunda tras sus anteojos redondos.
“En La Rioja, la tierra, el pan y el agua son de todos”, sostenía en sus homilías el obispo Enrique Angelelli frente a los campesinos y obreros que iban a escucharlo. Ayer se cumplieron 29 años de su asesinato a manos de la dictadura y todavía sigue movilizando a los riojanos. Miles de personas asistieron al acto que lo recordó, que fue encabezado por el presidente Néstor Kirchner (ver aparte). “En aquel tiempo de los militares, mientras muchos estaban bajo la cama por miedo o complicidad, Angelelli estuvo enfrentando a la dictadura”, remarcó Délfor “Pocho” Brizuela, el cura párroco de Chamical, que lo conoció personalmente.
Otra de las personas que colaboró con él es Alba Lanzillotto, riojana y Abuela de Plaza de Mayo. Tiene dos hermanas desaparecidas y todavía busca a una sobrina apropiada por los represores. A pesar de haber tenido que exiliarse en España con sus hijos, todavía conserva la tonada. En diálogo con Página/12, recuerda el día en el que lo conoció, cuando asumió como obispo de La Rioja el 26 de agosto de 1968: “Habló de la Iglesia que quería: la del Concilio Vaticano II, la Iglesia del pueblo. Todos los que esperábamos algo nuevo de la Iglesia nos acercamos a él”, plantea. Ese día, Angelelli dejó en claro quién era: “No vengo a ser servido, quiero ser servidor, como Jesús, de nuestros hermanos los pobres”.
Angelelli nació el 17 de julio de 1923 en Córdoba y se crió en una familia de inmigrantes campesinos piamonteses. Era el menor de tres hermanos. A los 15 años, ingresó al seminario Metropolitano Nuestra Señora de Loreto y a los 26 se hizo sacerdote y estudió en la Universidad Gregoriana de Roma. Dio misa por primera vez en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Eran tiempos de cambio, luego de la Conferencia Episcopal para América latina en Medellín, cuando se conformó el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Angelelli participó del Concilio Ecuménico Vaticano II, que planteaba la opción por los pobres.
En 1952 comenzó a dar misa en la Capilla Cristo Obrero de Córdoba y se convirtió en asesor de la Juventud Obrera Católica. Por esa época, ya lo conocían cariñosamente como El Pelado. Fue obispo auxiliar en Córdoba, hasta que en 1986 el papa Pablo VI lo designó obispo de La Rioja. “Era muy campechano, a diferencia de los obispos anteriores, que eran como son los príncipes de la Iglesia. Angelelli, en cambio, andaba por los barrios”, grafica otra de las personas que colaboró con él desde Cáritas, Lilian Santochi. Ella es esposa Tito Paoletti, quien fue director del diario El Independiente.
Cuando llegó a La Rioja, Angelelli llamó a una asamblea. “En las jornadas participaron todos los sectores. Se decidió que la Iglesia se jugaría del lado de los que sufren, de los postergados”, se acuerda Santochi. Angelelli apoyó a las cooperativas de campesinos, en particular a la Cooperativa de Trabajo Limitado (Codetral) en Aminga, un pueblo cerca de Anillaco, que llevaba la consigna “la tierra es de quien la trabaja”. “En La Rioja, donde había mucha miseria, alentó la organización de los peones sin tierra. Había un latifundio improductivo y era una aspiración de la gente de la zona que eso se expropiara”, explica Santochi.
“Existen los que no tienen voz, los marginados y otros que explotan a los demás. ¿Esto es lo que quiere Dios? Una y mil veces no”, decía en su programa radial, que fue prohibido en 1971. “Ningún obispo se había preocupado realmente, la catedral era para la aristocracia. Pero con Angelelli, la catedral era una fiesta”, asegura Lanzillotto. No fue gratuito: en 1973 un patrón de estancia, Amado Menem, molesto por su relación con los aceituneros, envió a sus seguidores a que lo echaran a los gritos de un acto en Anillaco.
Cuando viajó a Roma en 1974, le sugirieron que no volviera, ya que había recibido amenazas de la Triple A, pero regresó de todas formas en 1975. “Formamos una comisión en defensa de la Iglesia riojana cuando lo empezaron a perseguir, pero no pudimos lograr que no lo mataran”, se lamenta Lanzillotto, que recuerda: “Lo vi en la vereda, observando hacia la cárcel y le pregunté: ‘¿Qué está viendo?’ Me respondió: ‘Estoy mirando dónde se crucifica a los nuevos Cristos de La Rioja’. El salió a denunciar eso. No tenía miedo”, relata Lanzillotto, que al igual que Santochi tuvo que irse de La Rioja. “Cuídense, porque los quieren matar –les advirtió Angelelli–. Conmigo no se van a animar.”
El 18 de julio de 1976 un grupo de tareas asesinó a dos curas, Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias. Otra patota fue a buscar al párroco de Sanogasta, que se había escapado por recomendación de Angelelli. Les abrió la puerta un catequista, Wenceslao Pedernera, que fue acribillado cuando les dijo que el párroco no estaba. Angelelli fue a Chamical al sepelio de los curas y pidió que se investigasen esos crímenes. Sus denuncias contrastaron con el silencio (o la complicidad manifiesta) de otros sectores de la Iglesia. Se quedó a presidir el novenario y cuando volvía a la capital en su camioneta el 4 de agosto de 1976 fue asesinado en la Ruta 38 a la altura de Punta de los Llanos. Viajaba con el padre Arturo Pinto, que sobrevivió. Pinto recuerda que un Peugeot 504 los siguió desde que salieron de Chamical, les salió al cruce y los hizo volcar. El cuerpo de Angelelli fue encontrado con los brazos en cruz en la ruta. Lo habían arrastrado y tenía la nuca destrozada. Se dijo que había sido un accidente. “Cuando nos enteramos, fuimos a verlo a monseñor (Miguel) Hesayne y él nos hizo ver una tarjeta que había recibido, donde le decían que se calle, porque a Angelelli ya lo habían callado”, dice Lanzillotto.
Santochi también recuerda el momento preciso en el que escuchó la noticia: “Estaba lloviznando a la tardecita, teníamos mucho frío en la casa de Buenos Aires en la que nos acabábamos de instalar. Estábamos con nuestros seis hijos. Pusimos la radio para escuchar las noticias y ahí nos enteramos. Y empezamos a llorar y a gritar: ‘Lo mataron’”, cuenta Santochi y le tiembla la voz. El 19 de junio de 1986 el juez Aldo Morales emitió un fallo sobre la muerte de Angelelli, en el que determinó que “no obedeció a un accidente de tránsito, sino a un homicidio fríamente premeditado”. Pero con la sanción de las leyes de impunidad, la causa no avanzó. Junto con el obispo de La Rioja, Fabriciano Sigampa, Pocho Brizuela le pidió ayer a Kirchner que se reabra la causa, tras el fallo de la Corte que anuló las leyes. En el acto, Brizuela le agradeció al Presidente porque “hasta hace poquito todo esto era palabra prohibida, pero ahora podemos hablar”. Recordó que estuvo en el exilio con Tito Paoletti y Eduardo Luis Duhalde, el subsecretario de Derechos Humanos. Parecía una reunión de viejos compañeros de ruta, pero también de miles de personas que se reunieron para homenajear al obispo que le dio pelea al poder económico y que fue asesinado por no renunciar a sus principios.
Informe: Werner Pertot.
Viernes, 05 de Agosto de 2005
Pagina 12
REACTIVAN LA INVESTIGACION POR EL ASESINATO DEL OBISPO ENRIQUE ANGELELLI
El sacerdote que oía al pueblo
La Justicia decidió ordenar medidas de prueba en la causa, que estaba paralizada desde la sanción de las leyes de punto final y obediencia debida. Angelelli fue asesinado el 4 de agosto de 1976, pero su crimen trató de encubrirse como un “accidente”. La jerarquía eclesiástica nunca reclamó que se investigara.
Por Victoria Ginzberg
El obispo Enrique Angelelli fue asesinado el 4 de agosto de 1976. Pero pasaron diez años hasta que la Justicia reconoció que su muerte no había sido un “accidente” sino un “homicidio calificado”. Tuvieron que transcurrir otros 19 para que la investigación se reactivara. “El tiempo no nos aterra. Nos molesta la sensación de impunidad que hay en Argentina y que recién ahora se está empezando a revertir. Esto tiene un gran valor porque indica que es posible hacer justicia, que no hay que dejársela a los poderosos”, señaló a Página/12 Luis Brizuela, uno de los abogados que impulsa
la causa. La decisión de reactivar rápidamente la investigación se terminó de acordar en una reunión que se realizó el jueves entre el fiscal federal Horacio Salman, el juez federal subrogante de La Rioja, Franco Romano Grassi, el fiscal general de Córdoba, Alberto Gabriel Losada, y la fiscal cordobesa Graciela López de Filoñuk. Estos dos últimos fueron nombrados por la Procuración General de la Nación como investigadores coadyuvantes para acelerar la reapertura del expediente. “Cerca de fin de mes se producirán medidas”, adelantó a Página/12 un funcionario judicial vinculado con el caso. Por el momento, no se ordenarían detenciones sino declaraciones de testigos. Angelelli no será la única víctima del terrorismo de Estado de La Rioja cuyo expediente se desempolvará: hay cerca de 40 causas de desapariciones, asesinatos y secuestros durante la última dictadura en esa provincia que tendrá la misma suerte. Entre ellas figuran los asesinatos de los sacerdotes de Chamical Carlos de Dios Murias y del francés Gabriel Longueville, que fueron ejecutados pocos días antes de la muerte de Angelelli. El crimen de Angelelli fue el punto cúlmine de la persecución de la Iglesia riojana, diócesis que el obispo conducía, como él mismo definía, con “un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”. El 18 de julio de 1976 –relata Emilio Mignone en Iglesia y Dictadura– un grupo de hombres de civil que se identificaron como miembros de la Policía Federal pidieron hablar en Chamical con Longueville y Murias y les dijeron que tenían que viajar con ellos a La Rioja. A la mañana siguiente, los cadáveres de los sacerdotes aparecieron en el Chañar, con signos evidentes de haber sido torturados. Una semana después fue asesinado en Sañogasta Wenceslao Pedernera, un cristiano activo en las cooperativas agrarias y ligado a Angelelli. El obispo de La Rioja sabía que lo perseguían. “Estoy solo entre mis hermanos obispos de la Argentina”, escribió en esa época en una carta personal. El 4 de agosto decidió volver de Chamical a La Rioja acompañado por el sacerdote Arturo Pinto. Llevaba un maletín con documentación sobre los crímenes de Murias y Longueville. A la altura de Punta de los Llanos un Peugeot blanco cerró el paso a su camioneta y la hizo volcar. Pinto quedó desvanecido. El cadáver de Angelelli, con los brazos en cruz y el cráneo destrozado, estaba a 25 metros del lugar. Las pericias demostraron que no pudo haber salido por el parabrisas ni por la puerta. Todo indicaba que había sido asesinado con un golpe en la nuca y luego arrastrado. Pero la jerarquía eclesiástica no reclamó una investigación, sino todo lo contrario. “Para hablar de crimen hay que probarlo y yo no tengo ningún argumento en ese sentido”, señaló el cardenal Juan Carlos Aramburu. Su colega Raúl Primatesta tuvo una actitud similar. La causa quedó caratulada como “accidente” hasta que en 1986 el juez Fermín Morales declarara que la muerte de Angelelli fue “un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima”. Las leyes de punto final y obediencia debida paralizaron la investigación que involucraba, como máximos responsables –al margen del jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez– al coronel Osvaldo Pérez Battaglia, jefe de área 314 y a Jorge Pedro Malagamba, jefe del Batallón de Ingenieros de Construcciones de La Rioja. El 4 de agosto pasado el presidente Néstor Kirchner viajó a La Rioja y participó de un homenaje a Angelelli. “No murió en un accidente. Terminemos con la mentira y la hipocresía. Lo mataron por defender la verdad y la justicia”, dijo el Presidente y anunció que apoyaría la reapertura de la investigación. Las declaraciones de Kirchner parecen haber otorgado al expediente el impulso político que necesitaba desde que en 2000 fue enviado desde los tribunales de Córdoba junto con el resto de las causas vinculadas con violaciones a los derechos humanos de La Rioja. El nombramiento de los fiscales cordobeses como “coadyuvantes” por parte del procurador Esteban Righi terminó de preparar el terreno. “En La Rioja estamos lejos de tener una Justicia independiente, la impunidad sigue –señaló Brizuela, quien se presentará como querellante–. Pero ahora tenemos confianza porque el tiempo incluso puede jugar a favor; la presión política de los militares se ha diluido y nosotros vamos a continuar, porque se trata de delitos de lesa humanidad que no prescriben.”
La reapertura del “caso Angelelli” representa un paso de enorme importancia dentro de otros igualmente significativos en la tarea de devolverle a la Argentina una memoria veraz sobre lo sucedido en este país en materia de derechos humanos. Que la Justicia vuelva sobre sus pasos para reconstruir la verdad de los hechos es una brisa de aire fresco y un acontecimiento que debe ser celebrado. Por otra parte, la medida no hace sino encaminar en términos jurídicos aquello que la historia y la memoria del pueblo riojano dictaminaron desde siempre: el asesinato-martirio del padre obispo Enrique Angelelli. Para comprobarlo, sólo hace falta recorrer con atención aquel tramo de la ruta 38 en La Rioja donde Angelelli derramó su sangre, lugar que los riojanos pobres, aquellos que lo conocieron personalmente o por tradición popular, han convertido en santuario.
“Un oído en el pueblo y otro en el evangelio”, quizás la frase más recordada de Angelelli y que fue además lema de su vida, es la misma a la que apelan hoy quienes lo recuerdan para afirmar que “¡Ese sí que era un cura del pueblo!”. Para los sectores de base de la Iglesia Católica y para aquellos comprometidos con la opción por los pobres, Angelelli es un símbolo y nunca han dudado en reconocer su condición de mártir.
Para la Iglesia institucional como para la jerarquía, en cambio, Angelelli sigue siendo un gran signo de contradicción. Nunca los obispos se atrevieron a reconocerlo como mártir. Muchas veces se han escudado falazmente en la falta de pruebas judiciales sobre el asesinato cuando, en realidad, en la más sana tradición católica ése es un elemento totalmente secundario. Es la comunidad cristiana, a través de su testimonio, quien refrenda la condición de mártir de quien ha entregado su vida al servicio del evangelio. Muy probablemente la falta de reconocimiento eclesiástico a Angelelli tenga que ver también con el hecho de que la figura del riojano, su trayectoria y su opción de vida se levantan como evidencia de contradicción con el estilo de vida y las opciones de muchos jerarcas más afectos a los goces del poder que a los sinsabores del compartir con los pobres.
A pesar de las tres décadas transcurridas, quizás la reapertura de la causa judicial pueda aportar no sólo datos sobre los responsables directos del asesinato, sino echar también luces sobre las razones del silencio eclesiástico. Sin dejar de recordar que el asesinato de Angelelli se produjo cuando el obispo se encontraba en plena investigación y aparentemente contaba con información valiosa acerca de los motivos de la muerte de dos de sus sacerdotes, Gabriel Longueville y Juan de Dios Murias, también asesinados pocos días antes. Esa documentación que portaba Angelelli el día de su muerte desapareció, nunca fue recuperada y el caso de los dos curas también quedó en las sombras.
Probablemente, la reapertura del caso no arroje datos sorprendentes en lo judicial, pero quizás sirva para remover conciencias y seguramente provocará más de un sacudón en el interior de la misma institución eclesiástica. De cualquier manera, es un paso adelante en favor de la memoria y la verdad.
LA REAPERTURA DE LA CAUSA POR EL ASESINATO DE ANGELELLI
Más de cien testigos esperan
Eduardo Luis Duhalde anunció que el Estado se presentará como querellante para esclarecer el homicidio del obispo Angelelli.
La investigación sobre el asesinato del obispo riojano Enrique Angelelli tendrá antes de fin de mes sus primeros avances. Se trata de la citación de un centenar de testigos, cuya presentación podría arrojar nuevos elementos para esclarecer el crimen. La Secretaría de Derechos Humanos se presentará en los próximos días como querellante en otro paso dado por el Gobierno para avanzar en la causa, reabierta la semana pasada tras años de archivo. Para ello el titular del área, Eduardo Luis Duhalde, viajó ayer a La Rioja, donde además firmó un convenio de colaboración conjunta con el gobernador Angel Maza con la intención de acompañar el impulso al proceso judicial.
La presentación que formalizará la secretaría que preside Duhalde contribuirá en dos aspectos. Además de aportar nuevos elementos para la investigación, se trata de un gesto simbólico por parte del Estado para apoyar posibles avances en el expediente. Tras estar archivada por varios años, la causa fue desempolvada la semana pasada luego de una reunión que mantuvo el juez federal de La Rioja, Franco Romano Grassi, con los fiscales a cargo de las investigaciones. Pasaron veinte años desde el asesinato de Angelelli hasta que la Justicia decidió dar este paso. En 1986 el juez Fermín Morales cambió la carátula de “accidente” por la de “homicidio fríamente premeditado”, pero el proceso había quedado paralizado con la sanción de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. En diálogo con Página/12, el fiscal Horacio Salman adelantó que se comenzará en dos semanas con las citaciones a los testigos. Las presentaciones podrían extenderse por varios meses, ya que los testimonios sumarían alrededor de 140. Por el momento, las investigaciones sólo apuntan al responsable del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y a los coroneles Osvaldo Pérez Battaglia y Jorge Pedro Malagamba, si bien no se descarta que con el aporte de los testigos surjan nuevos nombres. En forma paralela, la Justicia también reabrió otras 37 causas por violación a los derechos humanos en esa provincia, aunque varios de los casos se tratan de personas que desaparecieron en otras provincias, con lo que las investigaciones podrían demorarse.
A la iniciativa de la secretaría se sumó un convenio firmado con el gobierno provincial, en donde ratificaron su compromiso para “el total esclarecimiento” de la muerte de Angelelli. La medida se encuadra en una decisión adoptada por el Gobierno para impulsar la investigación, algo que ya había puesto de manifiesto el presidente Kirchner al encabezar el homenaje por los 29 años de la muerte del obispo riojano. “No murió en un accidente. Terminemos con la mentira. Lo mataron por defender la verdad”, dijo en ese entonces. Ayer, el anuncio de las medidas se realizó en un acto donde participaron el secretario de Derechos Humanos de la provincia, Carlos Illañez, y dirigentes de algunas agrupaciones eclesiásticas. “Quisieron silenciar a un hombre modelo de la sociedad, y por eso el esclarecimiento de su muerte exige un compromiso de parte de todos”, señaló Duhalde. “La reapertura no tiene otro motivo más que el descubrimiento de la verdad para el bien de la diócesis, ya que Angelelli es parte de la Iglesia”, expresó el obispo Fabriciano Sigampa, sin dejar de olvidar el silencio de varios sectores del clero tras el homicidio.
Angelelli fue asesinado el 4 de agosto de 1976. Su nombre había cobrado notoriedad por su ferviente defensa en la lucha social. Luego de participar del Concilio Ecuménico Vaticano II, donde se plantaron las bases del movimiento de sacerdotes tercermundistas, regresó al país y empezó a dar misas en la Capilla Cristo Obrero de Córdoba. Ese compromiso asumido en la defensa de los más marginados le valió convertirse en uno de los blancos de la persecución de la Iglesia riojana, que el 18 de julio de 1976 se cobró sus primeras dos víctimas: los curas Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias. Días después, Angelelli viajó a Chamical y pidió que se investigaran los crímenes. En su regreso a la capital, a la altura de Punta de los Llanos, un Peugeot blanco le cerró el paso e hizo volcar la camioneta donde viajaba. Su cuerpo fue encontrado a unos 25 metros, con los brazos en cruz y el cráneo destrozado. Todo indicaba que había sido asesinado, pero el incidente fue caratulado como accidente, bajo el silencio cómplice de la Iglesia y varios sectores de la sociedad. Ayer, durante el acto todos recordaron su obra y nadie se olvidó de pronunciar su nombre, signo de un clima que parece estar cambiando en la provincia.
“La reapertura de la causa tiene importancia para la sociedad, pero sobre todo para la Iglesia”, plantea el historiador Roberto Distéfano, que es doctor en historia religiosa por la Universidad de Bologna y coautor con Loris Zanatta del libro Historia de la Iglesia Argentina.
–¿Cómo influyó Angelelli en la renovación de la Iglesia?
–Angelelli fue una de las figuras paradigmáticas de la renovación conciliar. Ya siendo sacerdote había trabajado con sectores trabajadores: en los años ’50 atendía la capilla Cristo Obrero de Córdoba y era asesor de la Juventud Obrera Católica. Cuando en 1961 fue consagrado obispo, la catedral de Córdoba estaba llena de trabajadores. En 1968 fue designado obispo de La Rioja, mientras en Medellín se reunía el episcopado latinoamericano. La acción de Angelelli en La Rioja se caracterizó por el apoyo de los reclamos de los trabajadores urbanos y rurales, por la organización de cooperativas y por las denuncias de los abusos de poder. Por supuesto, sus enemigos se multiplicaron y la historia terminó de la manera más lamentable: puesto que los conflictos católicos y los del país se superponían, los sectores más comprometidos con la opción por los pobres fueron aniquilados con saña. Con más saña, tal vez, que la que se desencadenó contra otros sectores. Tras el secuestro, tortura y muerte de algunos de sus sacerdotes y laicos, Angelelli fue asesinado en un accidente simulado.
–¿Qué importancia tiene la reapertura de la causa?
–La reapertura de la causa tiene importancia para la sociedad en su conjunto, pero sobre todo para la Iglesia. Para la sociedad, porque si bien todo caso de violación de los derechos humanos es gravísimo, como enseña la misma Iglesia, el de Angelelli posee connotaciones especiales: se trataba de un obispo, es decir, de un referente importante, para creyentes y para ateos. Era miembro pleno de lo que suele llamarse “clase dirigente”. Para la Iglesia es más importante aún, porque en estos casi 30 años las opiniones católicas han estado divididas también en relación con el significado de su muerte: mientras algunos lo consideran un mártir, otros juzgan que no hay pruebas suficientes para hablar de asesinato, o bien opinan que aun en el caso de que el crimen se demostrase fehacientemente, el móvil no habría sido su fe sino sus “ideas extraviadas”.
A 30 años de su desaparición, encontraron y trasladaron los restos de Cristina Lanzillotto.
Esta semana llegaron los restos de María Cristina Lanzillotto de Santillán, una incansable luchadora riojana, desaparecida por la dictadura de 1976. Fue enterrada en una fosa común en el cementerio de Avellaneda y aparecida gracias al trabajo de médicos forenses argentinos. Una mezcla de alegría, dolor y profundo orgullo invadió el lugar donde la velaron tres décadas después de su muerte.
Equipo Argentino de Antropología Forense
Durante 22 años de trabajo, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó unos 300 cuerpos que fueron devueltos a sus familiares. Y ahora está abocado a los restos enterrados como NN -muchos de ellos en fosas comunes-, en los cementerios de Avellaneda y Córdoba.
En una fosa común de Avellaneda en la que había 25 cadáveres, María Cristina Lanzillotto fue el cuerpo número 20 que pudo ser identificado luego de cotejar datos físicos, piezas dentales y muestras de ADN que obran en el Banco Nacional de Datos Genéticos, se explicó.
Los dos últimos casos identificados por los antropólogos fueron los de la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, y de la monja francesa Leonie Duquet, ambas secuestradas en 1977.
Según los organismos de derechos humanos, unas 30.000 personas fueron asesinadas en la dictadura. Muchos de los cuerpos fueron arrojados al mar. La gran mayoría fue enterrada en fosas comunes sin identificar.
Jueves 13 de Abril de 2006 | Año IV
Sus restos fueron inhumados ayer en un cementerio privado de La Banda
María Cristina, ahora puede descansar en paz
María Cristina Lanzillotto de Santillán ahora descansa en paz. Los restos de esta mujer, que fue secuestrada en 1976 y posteriormente sufriera tormentos de todo tipo hasta ser desaparecida, llegaron ayer a La Banda, ciudad en la cual viven sus dos hijos, María Lucila y Jorge Santillán, para ser inhumados en el cementerio privado Jardín del Sol y así poder descansar en paz.
Ayer, a las 12.55, llegaron, en una urna funeraria, los restos de esta mujer que estuvo casada con el entonces joven bandeño Carlos Benjamín Santillán, también desaparecido. Arribó procedentes de La Rioja, de donde es oriunda, y en cuya casa familiar, el pasado martes 12, le realizaron un homenaje, del que participaron sus hijos, hermanas, demás familiares y amigos
El informe sobre la identificación de los restos de María Cristina data del 13 de junio de 2005. La comprobación de que pertenecían a ella fue realizada por el Equipo Argentino de Antropología Forense. De esta manera se convirtió en el primer cuerpo de un desaparecido que regresa a Santiago, por lo que constituye un hito significativo en el camino de la reconstrucción de la verdad.
En un marco de profundo recogimiento, en la necrópolis privado, se realizó la ceremonia de inhumación. Participaron sus hijos María Lucila y Jorge y su hermana Alba Lanzillotto, además de familiares y también representantes de diversos organismos de derechos humanos de Santiago del Estero.
En las alocuciones realizadas oportunamente se exigió, una vez más, el derecho a conocer el destino de cada uno de los desaparecidos. La cadena árabe Al Jazeera, que en mayo abrirá una corresponsalía en Buenos Aires para todo el Cono Sur, envió a la periodista Lucía Newman para realizar una cobertura.
Jueves 13 de Abril de 2006 | Año IV
Ayer enterraron los restos de María Cristina.
María Cristina Lanzillotto fue secuestrada por la dictadura militar en 1976 junto a su esposo, Carlos Santillán, y dos pequeños hijos, María Lucila y Jorge. Un estudio de ADN determinó que uno de los cuerpos encontrados el año pasado en un cementerio de Avellaneda, Buenos Aires, le pertenecía. Sus restos recibieron ayer cristiana sepultura en un cementerio privado en La Banda, ciudad en la que residen sus hijos. Asistieron, además de familiares, amigos, funcionarios y representantes de distintas entidades de Derechos Humanos.
Los hijos fueron a buscar sus restos en La Rioja, para trasladarla a la ciudad de La Banda
María Cristina Lanzillotto fue secuestrada por la dictadura militar en 1976 junto a su esposo, Carlos Santillán, y dos pequeños hijos, María Lucila y Jorge. Un estudio de ADN determinó que uno de los cuerpos encontrados el año pasado en un cementerio de Avellaneda, Buenos Aires, le pertenecía. Sus restos recibieron ayer cristiana sepultura en un cementerio privado en La Banda, ciudad en la que residen sus hijos. Asistieron, además de familiares, amigos, funcionarios y representantes de distintas entidades de Derechos Humanos.
Los familiares de María Cristina Lanzillotto, víctima del golpe militar de 1976, concretaron ayer el traslado de sus restos a un cementerio privado de La Banda.
Tal como lo había informado Nuevo Diario, en forma exclusiva, los hijos de María Cristina viajaron el lunes a la provincia de La Rioja para encontrarse con los restos de su madre y participar de un recordatorio a cargo de familiares y amigos, que se realizó en la casa paterna.
Cabe recordar que recientemente un grupo de antropólogos, tras los estudios correspondientes, pudo determinar la identidad de María Cristina, quien había sido secuestrada junto a su esposo Carlos Santillán y sus pequeños hijos María Lucila y Jorge.
Luego de 30 años, su familia pudo reencontrarse con esa parte de la historia. La llegada de la familia fue alrededor de las 13, momento en que entidades de Derechos Humanos realizaron un cordón en el ingreso de la necrópolis.
En un clima de suma emotividad, el padre Delfor Augusto Brizuela, sobrino de María Cristina, comenzó con el responso exponiendo: «Estos huesos no nos tienen que hablar de la muerte, sino de una lucha. Este tipo de hechos nos siguen cuestionando como sociedad y nos duele la herida, sin embargo debemos creer que realmente estos huesos están llenos de vida y Tina, desde su lugar sabrá guiarnos hacia la justicia».
Oradores
A su turno, Luis Garay, en representación de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos, dijo: «Queremos refrendar nuestra lucha y compromiso con la verdad. A partir de ahora brilla en el cielo una más que nos va a acompañar hasta conseguir la verdad que buscamos, la justicia que exigimos y la memoria que nos acompaña». También Estela Assaf, amiga de las mellizas María Cristina y Ana María Lanzillotto, expresó que «he sido amiga y compañera de Cristina y Ana, he vivido con las dos y juntas acunamos un montón de sueños, esperanzas y la ilusión de poder cambiar esta realidad en la que nosotros vivíamos, ella ya no está físicamente, pero va a estar siempre en el recuerdo de todos nosotros».
También desde el Ministerio de Justicia, Trabajo y Derechos Humanos de la Provincia les hicieron entrega de una placa a los hijos de Lanzillotto, la que expresaba: «En homenaje a su lucha y en reivindicación de sus ideales. Por una provincia con memoria, a 30 años, nunca más».
Por último Alba Lanzillotto, hermana de María Cristina, expresó: «Tina tiene que ayudarnos a seguir adelante y lograr una patria distinta de la que tenemos, porque yo creo que ellos sólo van a descansar en paz cuando sea realidad un país nuevo, con justicia, cuando los infames que la asesinaron y tiraron en el cementerio de Avellaneda estén en la cárcel».
Alba Lanzillotto vino para despedir los restos de «Tina»
«Sentí un anhelo de justicia que multipliqué por mil»
«La hemos rescatado dándole un golpe a la impunidad».
Alba Lanzillotto, secretaria de Abuelas de Plaza de Mayo, acompañó desde Buenos Aires los restos de su hermana María Cristina, para darle cristiana sepultura en la ciudad que vio crecer a sus sobrinos Jorge y María Lucila. En oportunidad de dialogar con Nuevo Diario, Alba expuso: «Tras los estudios que se hicieron para determinar la identidad de los restos y enterarme que eran de mi hermana sentí serenidad, dolor, bronca y sobre todo el anhelo de justicia que multipliqué por mil».
«La importancia -continuó- de haber encontrado sus restos es que todavía estaba presa de las garras de los asesinos y ahora la hemos sacado, antes era cautiva, aunque ya la habían matado y estaba bajo tierra. Ahora la hemos rescatado dándole un golpe a la impunidad que ellos han pretendido tener para siempre. Los asesinos son tan cobardes que fusilaban por la espalda, ni siquiera se atrevieron a realizarles un juicio para ver si habían cometido algún delito y tampoco se atrevieron a entregar los restos a los familiares. No quieren enfrentarse a a la justicia, no dicen nada o se escapan, sólo los cobardes pueden hacer lo que han hecho».
Respecto a si con el reencuentro de los restos de su hermana logró estar en paz, Alba comentó: «Paz no voy a tener hasta que no haya justicia, porque la paz no existe sin justicia. Hasta que no estén todos en la cárcel, juzgados y condenados ni Tina, ni Cacho (Carlos Santillán, esposo de María Cristina, también desaparecido), van a tener paz». Sobre Ana María Lanzillotto, melliza de María Cristina, secuestrada en la dictadura, la integrante de Abuelas de Plaza de Mayo comentó: «La melliza también está desaparecida junto a su hijo, que sabemos que nació, pero no tenemos idea de quién lo tiene y ese es otro crimen imperdonable. Durante la dictadura mataban a los jóvenes y decían que eran subversivos, si serlo quiere decir cambiar un mundo injusto por uno mejor, yo me declaro subversiva en este momento y estoy orgullosa de serlo».
Traslado
La decisión de sus hijos de traerla a La Banda fue acompañada por toda la familia. Al respecto, la tía de Jorge y María Lucila expuso que «la familia acompañó esta decisión, porque ella tiene que estar con sus hijos y ellos tienen derecho a decidirlo. Los chicos tienen la esperanza de encontrar a su padre y lograr que los dos estén juntos. «Nosotros -continuó- no íbamos a quitarles ese derecho, porque éste es el lugar que Tina eligió para formar su familia al lado de Cacho.
Por último, Alba expuso que «ahora sigue buscar justicia y hasta que no estén en la cárcel los asesinos no vamos a descansar».
Es el hijo de la hermana melliza de Tina. Ramiro Menna espera encontrar a su madre
El joven manifestó que el equipo de antropología está trabajando en Avellaneda, en procura de hallar su cuerpo.
Es el hijo de la hermana melliza de Tina. Ramiro Menna espera encontrar a su madre
El joven manifestó que el equipo de antropología está trabajando en Avellaneda, en procura de hallar su cuerpo.
En la despedida de los restos de María Cristina Lanzillotto estuvieron presentes familiares que vinieron especialmente desde La Rioja, tal es el caso de Ramiro Menna, hijo de Ana María, hermana melliza de Tina, quien también fue secuestrada en la dictadura militar.
Consultado sobre el momento que le toca atravesar, Ramiro comentó: «Lo que se dio hoy tiene diversos significados, a nivel familiar fue muy especial, es un duelo por la pérdida de un ser querido en circunstancias horrendas y a nivel personal el hecho de encontrar los restos de la tía Tina me interpela, sus huesos interpelan los míos. La presencia de ella aquí me urge a preguntarme sobre el proyecto de vida que yo quiero seguir; ella con su vida y muerte aportó para la construcción de un país diferente, no el de ahora, sino uno más justo. Tina me está dando una cátedra, me señala que este es el camino a seguir para un futuro mejor».
Sobre la posibilidad de encontrar los restos de su madre, Ramiro comentó que «existe una esperanza de que los restos de mamá estén en una fosa de Avellaneda, dentro de las cincuenta y pico de mujeres que se han encontrado, el equipo de antropología está trabajando en eso y veremos cómo se dan las cosas. Con respecto a mi papá, Domingo Menna, hay un testimonio de un militar que es el sargento Ibañes, que dice que después de varios meses de tortura fue anestesiado y tirado al mar junto a Liliana Delfino, la segunda esposa de Robi Santucho».
Por último expresó que «espero justicia y encontrar a mi hermano o hermana, porque mi mamá cuando desapareció estaba embarazada y hay testimonios de gente que sobrevivió a los centros clandestinos de detención que dicen que la vieron dar a luz». «En este momento -continuó- en algún lugar, está mi hermano, que hoy tiene 30 años, al cual deseo encontrar y contarle con orgullo quiénes fueron sus papás».
Tras el caso María Cristina Lanzillotto, se abre la esperanza de miles de familias argentinas
El Equipo de Antropología Forense trabaja para identificar a víctimas de la dictadura
Su labor es la búsqueda de los cuerpos de las víctimas de violaciones a los derechos humanos, ocurridas a partir de 1976.
El caso María Cristina Lanzillotto abre la esperanza de miles de familias argentinas, de reencontrarse con los restos de sus desaparecidos en la dictadura militar de 1976.
Este trabajo está a cargo de especialistas del Equipo de Antropología Forense y de la Universidad de Buenos Aires, quienes permitieron que el año pasado los restos óseos de Tina Lanzillotto pudieran ser identificados entre los 342 cuerpos hallados en una fosa común en el cementerio de Avellaneda, Buenos Aires.
Por la memoria
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) es una organización científica, no gubernamental y sin fines de lucro, que nació en 1984, a partir de un pedido de la Conadep y de Abuelas de Plaza de Mayo.
Su trabajo es colaborar en la búsqueda e identificación de cuerpos de víctimas de violaciones a los derechos humanos.
Este equipo fue pionero en la aplicación de los métodos científicos en este tipo de investigaciones, hoy es reconocido internacionalmente y sus miembros trabajan como peritos y consultores de la Justicia en distintos países.
Un aspecto que caracteriza el trabajo del equipo es su sensibilidad hacia las víctimas, algo que no es muy frecuente en otros países.
En una conferencia de prensa brindada en la provincia de La Rioja, una de los miembros de EAAF, Cecilia Ayerdi, explicó: «Nuestra tarea no hubiera sido posible sin el aporte de los familiares de desaparecidos, sobrevivientes de los centros clandestinos y compañeros de militancia, que nos ayudaron a poder seguir la lógica de los grupos que existían en esa época, saber quiénes lo integraban y reconstruir su historia. Ese trabajo conjunto que desde hace 20 años se hace, es lo que hoy permite un contacto desde el afecto con estas investigaciones».
Por su parte, Marcos Castillo, docente de la Facultad de Arquitectura de la UBA, explicó que su tarea consiste en colaborar con los organismos de derechos humanos «para echar luz sobre las consecuencias del terrorismo de Estado».
Con respecto al hallazgo y posterior identificación de Tina, su hermana Alba señaló que «esto implica una guía para encontrar al hijo de Ana María, (la hermana melliza que fuera secuestrada mientras estaba embarazada). Ese bebé nació en cautiverio, hoy vive en la mentira y no sabe de los padres y de la existencia de su hermano».
Por su parte, el hijo mayor de Ana María, Ramiro Mena, expuso sobre lo que para él representa este hallazgo: «Los restos de Tina me hablan de un proyecto de vida, de entrega, de pasión, por una causa justa. Me señalan el futuro y me preguntan qué voy hacer de ahora en adelante. Ahora tengo la esperanza de encontrar a mis padres Ana y Domingo y la ilusión de que en algún momento voy a estar frente a mi hermano y que juntos vamos a reclamar justicia por todos estos hechos que aún están impunes».
IDENTIFICAN LOS RESTOS DE MARIA CRISTINA LANZILLOTTO