Río Cuarto
CONCEJO DELIBERANTE
AUTORIDADES:
Presidente: Concejal Miguel Rodolfo Marcelino GENTILE
Vice-Presidente 1º Concejal Omar Armando ISAGUIRRE
Vice-Presidente 2º Concejal Roberto César BIRRI
Vice-Presidente 3º Concejal Elida María VERNA
DIARIO DE SESIONES - ACTA DE SESIONES
70 ma. Sesión (Especial): 24 de marzo de 2001.
“Las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur son argentinas”.
Presidencia: Concejal Miguel Rodolfo Marcelino GENTILE
Secretario: Jorge Alejandro MÉNDEZ
Prosecretario: Fabián Alberto ACHILLI
Versión recogida de la grabación realizada durante la sesión en cintas magnéticas, que se encuentran depositadas en Presidencia.-
Concejales Presentes:
ABRAHAN, Hugo Daniel JURE, Juan Rubén
ARIAS DE CARRANZA, Marisa Inés LAGO, José Ernesto
BIRRI, Roberto César PÁEZ DE LOURENCO, Sonia Angélica
BRICCA, Bruno Ricardo PATRONI, Héctor Hugo
CENTURIÓN, Sergio Eduardo PERALTA, Luís Marcelo
FOURCADE, Adriana Isabel ROSSI JAUME, Pedro Eduardo
GENTILE, Miguel Rodolfo Marcelino SENN DE FERNÁNDEZ, Norma Angelina
GUTIÉRREZ, Carlos Mario VERNA, Elida María
IRIBARNE, Laura Susana Concejales ausentes:
ISAGUIRRE, Omar Armando REMONDINO, Heraldo Darío
SUMARIO
1 - Izamiento de la Bandera Nacional............. 1286
2 - Golpe de Estado de 1976. Recordación...... 1286
- En la Ciudad de Río Cuarto, a los veinticuatro días del mes de marzo de 2001, siendo la hora 11.30:
(....)
GOLPE DE ESTADO DE 1976. RECORDACIÓN.
Presidente (Gentile): A continuación y por Secretaría vamos a leer una nota que ha llegado y que ha sido emitida por la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba.
Secretario (Méndez): Lee: Río Cuarto, 24 de marzo de 2001. Al señor Presidente del Concejo Deliberante, Dr. Rodolfo Gentile, presente. De mi consideración: Desde la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba, Delegación Río Cuarto, nos adherimos a todos los actos de homenaje que se realicen en recordación de nuestros compañeros desaparecidos y sumamos los nombres de Isauro Arancibia, Marina Vilte, Eduardo Requena, docentes, trabajadores de la educación que siguen presenten en nuestros sueños y en la lucha por una educación para todos.
Atentamente: María Pedretti de Castresana, Secretaria General.
Presidente (Gentile): En la continuidad de esta sesión especial, se va a proceder a leer un documento que ha sido elaborado por la Comisión Encuentro por la Memoria, Verdad y Justicia que durante todos estos días ha estado trabajando en la recordación para no olvidar los lamentables sucesos del 24 de marzo de 1976.
Secretario (Méndez): Lee: Los aquí reunidos ante nuestros representantes queremos dejar sentados los siguientes postulados para que sean asimilados y compartidos en momentos en que rememoramos los acontecimientos que dieron comienzo a la dictadura más sangrienta que tuvimos.
Todo lo que ocurre actualmente, todos estos acontecimientos que hoy nos preocupan, tienen su correlato en el avasallamiento de la democracia hace hoy 25 años.
Con ella vino instaurada una perversa teoría económica que creó marginación en los más y riqueza insolente en los que encubiertamente siempre detentaron el poder. Los hechos históricos del 76 nos marcan el presente. Antes se mató con balas, hoy se mata con hambre, desocupación, desamparo e ignorancia. El oscuro poder económico se valió -ayer- de la mano de obra militar para instalar un régimen de terror que nos costó 30.000 desaparecidos, 10.000 presos políticos y centenares de miles de exiliados.
Los que mandan en la sombra, los que siguen perpetrando golpes, ahora económicos, son los mismos que antes empuñaron las armas contra el pueblo indefenso, mujeres embarazadas y niños arrebatados, militantes con las manos atadas con alambres a la espalda.
La impunidad instalada en nuestro país, es la madre de la corrupción, el desorden y la inoperancia de la clase gobernante. Son distintos los métodos, pero los resultados son semejantes. Siguen los genocidas libres por las calles a los que ahora se suman los corruptos que desbastaron el país. y todo esto contrasta con la ideología de los que cayeron en búsqueda de un mundo mejor, muchas veces equivocados, perdidos en sus confusiones o mal mandados. Los 30.000 regaron con su sangre el ejercicio de sus ideales saldando su osadía de defender a los sumergidos.
Hoy ya no se sale a secuestrar en Falcón verdes, pero sigue la ley del gatillo fácil, los apremios, las torturas y la cada vez más perfeccionada represión a quienes osan pensar por cuenta propia o reclamar trabajo.
Los modelos, lamentablemente se tocan, hay quienes parecen seguir ciegos ante la realidad presente, pero queda el permanente recurso de la ejercitación de la memoria, ese ingrediente indispensable para parar la avalancha de injusticia del neoliberalismo instalado sin que nadie lo vote.
La sangre derramada nos impone un compromiso de defensa a los valores auténticos de la democracia, hoy jaqueada y arrinconada.
Los hoy reunidos frente a quienes nos representan, expresamos el imperativo popular de la hora presente: resistir, no claudicar, enfrentar la lucha dentro de la solidaridad.
Lo firma: Comisión por la Memoria, Verdad y Justicia.
Presidente (Gentile): Según lo acordado en la Comisión de Labor, cada una de las bancadas que conforman este Cuerpo ha designado a un Concejal que hará referencia al hecho que estamos conmemorando en esta sesión especial. En primer término me ha solicitado hacer uso de la palabra el Concejal Carlos Gutiérrez, en representación del bloque de Unión por Córdoba. Tiene la palabra Concejal.
Concejal Gutiérrez: Compañeros Concejales, querido Intendente, autoridades de distintas instituciones de Río Cuarto, queridos compañeros de viejas historias comunes, queridos familiares.
Siempre -entiendo yo- resulta muy difícil hablar de uno mismo, pero mucho más difícil resulta esta tarea cuando la historia que a uno lo involucra es una historia triste y dolorosa.
Respecto de muchas cosas de nuestro pasado individual uno prefiere callar. Ha sido tan fuerte, tan increíblemente fuerte todo aquello que aún con los años y el necesario e ineludible balance una y otras vez realizado, por más de un momento, en nuestra intimidad, uno permanece incrédulo, impávido, porque no puede terminar de tomar conciencia de la gravedad, extensión y profundidad de lo que se animaron a hacerle a nuestro pueblo en aquellos año de horror.
Por eso señor Presidente, queridos compañeros, uno tiene frente a tanto dolor la sensación de que cada palabra debe ser extremadamente cuidadosa, so pena de hollar la memoria, el sacrificio, la dignidad de tantos compañeros.
Sólo cuando uno entiende que ésta no es una historia individual, sólo cuando se reivindica que uno es una pequeña gota en el mar de toda una generación masacrada, entonces ligado a circunstancias ineludibles, uno se anima a hablar, superando -aunque no sin esfuerzo- todos los sentimientos descriptos.
Y nuestra generación del ‘70 aquí en Río Cuarto tampoco faltó a la cita histórica. Y dimos pelea contra el onganiato y las sucesivas dictaduras de Levington y Lanusse, asumiendo la continuidad de los 18 años de resistencia contra la proscripción de nuestro pueblo.
Eran épocas donde algunas películas que hoy hasta podemos buscar en video de barrio, las veíamos con los compañeros en los talleres, en alguna casa solidaria y por qué, hasta en alguna casa donde Jesús desde la cruz miraba con nosotros “La hora de los Hornos”.
Tiempos en que los documentos internos de las organizaciones se disimulaban en alguna revista “Gente”, donde alguna modelo de moda escondía y alegraba nuestra militancia.
Tiempos en que una cinta magnetofónica llegada desde Madrid, de segunda o de tercera mano tal vez, seguramente desactualizada, nos dibujaba la alegría a los jóvenes peronistas por lo que imaginábamos era el triunfo seguro de nuestro pueblo sobre tanta prescripción, sobre tanto atropello, sobre tanta dictadura.
Eran tiempos donde discutíamos francamente con los hermanos militantes de organizaciones de izquierda, y lo hacíamos con firmeza pero con altura y respeto, sabedores que más allá de las diferencias teníamos un sólo objetivo fundamental: derrotar a la dictadura.
Tiempos, queridos compañeros, donde algunos hechos como el de aquel 22 de agosto en Trelew preanunciaban el verdadero horror que viviríamos pocos años después, porque el campo popular sabía desde muchos años de la represión, la tortura, las cárceles y el exilio.
En nuestro caso, vaya si los peronistas sabíamos de esto desde nuestros muertos en la Plaza de Mayo, pasando por los basurales de León Suárez, por el plan Conintes y el resto de los planes represivos.
Pero no había suficiente conciencia, no podía haberla, no registraba el campo popular la experiencia del horror sistemático que se instalaría en nuestro país a partir del 24 de marzo de 1976.
Nosotros teníamos la experiencia de la cárcel, la tortura en los calabozos de las taquerías, la rápida maniobra para que los abogados amigos y compañeros nos ubicaran y blanquearan rápidamente y las más de las veces nos sacaran de allí sanos y salvos.
Aún en las épocas más duras de las leyes represivas emanadas del tristemente célebre Camarón había margen para el Habeas Corpus, para la chicana de los abogados y en definitiva para zafar.
Cómo nos podía alcanzar toda esta experiencia frente a la desaparición física masiva de los compañeros. Cómo no quedarnos impávidos si no sólo se llevaban al compañero, sino que desaparecía el abogado también y hasta el familiar cuando muchos de ellos, inocentemente a veces, golpearon algún escritorio de la infamia reclamando por nosotros y tampoco ellos volvieron.
No señor Presidente, no registrábamos semejante cosa. Y cuando desde la bruma del miedo fuimos nosotros y nuestros familiares socializando la información que confirmaba las peores sospechas, nos encontramos con los inmensos y brutales monstruos que habían creado: el del terror de Estado.
Y allí comenzó el terrible peregrinaje de los familiares, el duro aprendizaje para moverse en esa nueva realidad de la dictadura. Allí surgieron poco a poco los espacios de encuentro, de solidaridad, del miedo y del dolor que compartidos se hacían más tolerables, hasta desembocar en verdaderas organizaciones de derechos humanos que como las madres, cuyos gritos, surgiendo de las mismas entrañas que habían parido a los ahora desaparecidos, superaron todas las dificultades y se instalaron en el mundo, imparables.
También allí comenzó la lucha por la supervivencia, afuera y adentro de las cárceles, desde donde totalmente aislados y sometidos a una política de destrucción psicológica, moral y física, tratábamos -apelando a veces a métodos increíbles- de tomar contacto y saber cómo estaba el mundo que detrás de los muros había quedado también sobreviviendo.
Estos eran los aprendizajes a que nos sometíamos a cada instante de cada día en aquella nueva realidad que ni siquiera todavía podíamos avizorar en su verdadera profundidad y horror.
Ese impacto, mezclado con el deterioro de su salud, o tal vez una valentía que quien habla tal vez no tenía y por ende no puede comprender, apresuró la muerte de nuestro querido compañero Alberto Pinto, “Pintura” como le decíamos los compañeros del peronismo de base que militábamos con él.
En él quiero rendir homenaje a los compañeros de Río Cuarto muertos. Lo recuerdo bien señor Presidente porque era el día de mi cumpleaños número 28. Ese día del año ‘78, cuando ya el mundial había pasado dejándonos diferentes y extrañas sensaciones que recuerdo cuando me viene a la memoria el pabellón silencioso como una tumba y los lejanos festejos que se colaban por las ventanas como agujas del triunfo engañosos de los genocidas que produjo el traslado.
Casi 200 presos fuimos llevados desde la Cárcel de Córdoba a la Unidad 9 de La Plata, engrillados a la panza de aquel Hércules, a esa enorme ballena ciega que rugía con sus motores mientras los gendarmes descargaban una y otra vez sus bastones sobe nuestras espaldas.
A pesar de que los compañeros más cercanos trataron de ayudarlo, la convulsión y algo indómito en él lo hizo reaccionar pidiendo por su condición de enfermo. Los bastones de los gendarmes se concentraron en Alberto y ahí comenzaron a matarlo. Luego de la enfermería ya en La Plata, vuelto a su celda, un botón flojo de su chaqueta provocó la ira de un Cabo y ante la nueva discusión, Alberto apareció en los chanchos, como en el lunfardo carcelario le llamábamos a los calabozos de castigo. Y allí lo golpearon cinco días seguidos hasta morir.
Este Cabo Fernández del Servicio Penitenciario Federal, basura humana que no era digno ni de atarle los cordones a Alberto Pinto, lo mató cobardemente, con la cobardía más despreciable de un ser humano, la del que se aprovecha de la debilidad del otro, de su imposibilidad para defenderse.
En su historia final quiero también recordar a nuestros queridos José “Mamadera” Villegas, Gabriel Braunstein, Raúl Vijande, Carlos Berti, Jorge Harriague, Conrado Ceretti, Ricardo “Azulejo” Tissera, Rodolfo Espeche, Raúl “Paco” Bauducco, José Amato, Héctor Fabiani, Ignacio “Corcho” Cisneros, Rita Ales, Ignacio Luna, Juan Vila, Helena Harriague, María Mauro, Diana Guerrero, Alberto Pinto, Sergio Comba, Berta “La Gringa” Perassi, Rodolfo Ponce, Juan Merchante, Gerardo Espíndola, José “Pecos” Duarte, Félix “El Gordo” López, Federico Harriague, María de Espeche, Miriam Demichelis, José “Pato” Svaguza, Gladys Comba y “El Negro” Juan Carlos Díaz.
Y seguramente otros que no están en esta lista, 32 compañeros de este Sur cordobés asesinados por la dictadura genocida.
Luego también vinieron los exilios, esa otra experiencia masivamente inédita para nosotros que sumergió a tantos compañeros, a tantas familias, separando, cortando vínculos para sufrir desde la distancia los terrores de la patria lejana. Ellos, es justo aclararlo, no fueron privilegiados, fueron también víctimas del mismo proceso destructivo y así fuimos completando el tétrico rompecabezas que nos dejó con el paso del tiempo profundas enseñanzas, la mayor de las cuales fue saber, siguiendo tal vez aquel poema, que así como nunca debíamos caminar muy atrás del pueblo porque podía éste no reconocernos, tampoco debimos caminar muy adelante pues este podía no poder seguirnos.
En todo caso, siempre el camino es junto al pueblo, respetando que los niveles de conciencia son verdaderamente tales y progresistas cuando son patrimonio del conjunto.
Así aprendimos muy duramente a valorar la democracia popular que habíamos conquistado y rápidamente perdido; a ver que las diferencias no pueden poner en peligro el patrimonio político del conjunto; al convencimiento del inmenso valor que esos compañeros hubiesen tenido en los tiempos por venir, en el mejoramiento que hubiese aportado a la dirigencia de nuestro país en la profundización y mejoramiento del sistema democrático.
No porque creamos y nos conformemos con lo formal del sistema sino porque creemos que en esta etapa histórica el único freno posible al avasallamiento del pueblo, más allá de lo que indiquen nuestros deseos, el único camino de progreso para el pueblo, es la profundización y el mejoramiento de nuestra democracia.
Y en ello, el factor subjetivo se muestra cada día como más importante y escaso en nuestra patria. Profundizar la democracia, devolver la fe en la política como única política válida para transformar hoy la realidad, he allí el desafío que hoy enfrentamos. De lograrlo, habremos cumplido con el cierre de una etapa.
Ya las nuevas generaciones se encargarán del porvenir, de las nuevas o viejas utopías, de seguir -en definitiva- construyendo un destino feliz para nuestro pueblo.
Nunca el peronismo señor Presidente hizo de los derechos humanos el eje de sus políticas, es cierto. Y hecho paradójico porque nuestro movimiento desde su nacimiento siempre tuvo sangre derramada. Tal vez la disculpa, si cabe, sea que nuestros mayores esfuerzos fueron puesto siempre en el reclamo cotidiano, en la urgencia de nuestros laburantes, de nuestros “cabecita negras” que desde la panza e’ mama ya vienen a este mundo sufriendo la falta de esos derechos.
Pero a 25 años del golpe, los actores de aquel momento histórico merecían este homenaje nacional a sus vidas ofrendadas y nos encuentra a todos juntos.
Señor Presidente, cada mañana en estos 25 años mientras uno se arma nuevamente para enfrentar la jornada, en algún instante, siempre en algún instante, aparece alguna imagen de aquella dura batalla porque según se mire, 25 años siguieron siendo nada pero para 30 mil compañeros han sido la negación de cada día de los que -bien o mal- cada uno de nosotros hemos tenido la suerte de disfrutar durante 25 años.
También se que los que sobrevivimos, más viejos, con las canas avanzando en nuestras cabezas, cuando nos cruzamos por la calle o tomamos alguna vez un café hablamos poco. No nos hace falta, tenemos muy en claro lo que significó aquello, aunque yo me animo a decir señor Presidente que en cada mirada reconozco la chispa de la bronca por lo que nos quedó pendiente en la derrota y también creo reconocer la esperanza de que nuestros jóvenes continuarán la lucha en otro momento histórico y con otros métodos, pero con la continuidad que dará sentido a todo lo realizado.
Presidente (Gentile): Tiene la palabra el Concejal Birri.
Concejal Birri: Autoridades provinciales, autoridades municipales, queridas Madres de Plaza de Mayo, HIJOS, compañeros de este Concejo Deliberante.
Con el dolor que desgarra por ese recuerdo de los que no están, hemos convocado a este recinto para recordar el aniversario del último golpe de estado que sufrió la vida institucional de nuestro país.
Estos momentos son ocasiones especiales pare reflexionar, para evaluar cuánto se ha avanzado, para evaluar cuánto es lo que falta, cuánto es lo que queda por hacer y todo aquello que nos debe servir para hacer memoria.
El golpe de 1976, su gestión y fundamentos, seguramente se inscriben en los propios antecedentes de la violación de nuestra Constitución, de modo especial en los de 1930, en los de 1955, en el de 1966. Cada uno de los gobiernos de facto que se estableció en el poder después de cada golpe de estado proclamaban ante la sociedad nacional y ante el mundo insólitamente que lejos de alzarse contra el sistema consagrado en la Constitución Nacional, era este y su defensa el fin primordial que los animaba.
Fueron en realidad, como lo dijo alguna vez Arturo Orgaz, rebeliones desde arriba; fueron asaltos al poder dentro del mismo poder programados y ejecutados a espaldas del pueblo.
De todos ellos señor Presidente, el golpe de estado de 1976 inició el tiempo más terrible de nuestra historia en la cual el terrorismo de estado fue el elemento esencial para dar comienzo a una profunda reestructuración de la sociedad civil, así como la del propio estado. El principio básico de ese golpe de estado, como lo expresara en uno de los documentos que se leyó por Secretaría, fue establecer una nueva distribución del ingreso que favoreciera a los sectores económicamente dominantes en la sociedad, a los que el desenvolvimiento legal de las instituciones obstaculizaba y a veces impedía alcanzar sus objetivos.
Así señor Presidente, ante un país desintegrado, debilitado institucionalmente al extremo luego de la muerte del General Perón, los intereses de las administración republicana de los Estados Unidos, la cúpula de las Fuerzas Armadas, junto con los sectores más retrógradas de la sociedad argentina, impusieron desde entonces sus objetivos a sangre y fuego.
Corría 1976 y estaba ya globalmente en juego el inicio de un nuevo orden económico mundial y los grandes centros de poder económico inducían a las primeras políticas de ajuste, sobre todo en esta parte del mundo, en los países del tercer mundo.
La drástica reducción de la participación del asalariado en la renta general fue acompañada por el intento de imposición de valores culturales impregnados por el individualismo que favorecían la deserción del estado en el rol de prestador subsidiario de las necesidades sociales y como instrumento reparador de las desigualdades.
Se impuso a partir de allí una política económica neoliberal de marginación y exclusión cuyas consecuencias pensadas eran la opresión de los trabajadores, la desintegración de la familia y la marginación social de una cada vez mayor cantidad de jóvenes de nuestra patria.
Este plan solamente era viable a través de la implementación de un régimen de terror y así se hizo señor Presidente, se cercenaron todas las libertades de los argentinos, de los partidos políticos, de los sindicatos, de las asociaciones estudiantiles; se reprimió violando los más elementales derechos humanos, terminando con la vida de 30 mil argentinos, los más de ellos adolescentes, jóvenes, estudiantes y trabajadores.
Se estableció una mecánica de violación de los derechos humanos que no desmerece ante las peores atrocidades realizadas por los más descalificados regímenes políticos de la historia de la humanidad.
No existe hoy en nuestra patria prácticamente ningún argentino que no haya sufrido en carne propia, directa o indirectamente, por la represión que se desató en aquella larga noche. No somos la excepción señor Presidente, por supuesto, muchos de los que ocupamos hoy algunas de estas bancas de la democracia.
Y amarga el corazón y enturbia la razón el saber que muchos de sus autores, partícipes y cómplices, se pasean aún hoy impunemente entre nosotros. Sin embargo, señor Presidente, queridos compañeros, la lucha por la verdad y la justicia nunca cesa, como no cesará nunca la lucha de esos pañuelos blancos que nos honran hoy con su presencia.
A 25 años de aquel funesto episodio de nuestra historia, recordamos con dolor cuando nuestro pueblo sufrió el oprobio de la dictadura. Los argentinos no queremos nunca más volver al pasado del horror pero debemos ser concientes que el nunca más se constituye en realidad cuando la inmensa mayoría de la población tiene una firme y profunda vocación y conciencia democrática con raíces en la memoria histórica.
La memoria para los argentinos tiene que ver con la posibilidad de que la experiencia trágica de los años de oscurantismo, el terrorismo de estado que vivimos no se repita. Para ello, debemos reconstruir la historia, aprender del pasado y proyectar un futuro en donde lo esencial sea además que todos los hombres y mujeres pueda vivir con dignidad y se respeten sus derechos fundamentales.
Debemos reforzar la convicción de que la democracia es un valor que se construye día por día, hora por hora, minuto por minuto; se consolida cuando disminuimos el espacio de la injusticia y se debilita cuando la realidad de la miseria, del hambre, del analfabetismo y de la exclusión social se abalanza -como se abalanza hoy- sobre nuestros pueblos.
Como se señala Presidente en el prólogo del libro “Nunca más” de la Conadep, las grandes calamidades son siempre aleccionadoras y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el período de la dictadura militar iniciado en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella pueda mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de criatura humana, ese estado de derecho de quien nos hablaba un gran jurista quien nos decía que para llegar a él es necesario recorrer un camino que no es si no el de la lucha.
El derecho es una idea de fuerza, he aquí porque la Justicia que sostiene en una mano la balanza donde pesa el derecho, sostiene en la otra la espada que sirve para hacerla efectiva. La espada sin la balanza es la fuerza bruta, y la balanza sin la espada es el derecho en su impotencia. Se completan y se complementan recíprocamente y el derecho no reina verdaderamente más que en el caso en que la fuerza desplegada por la justicia para sostener la balanza iguala a la debilidad que se emplea en manejar la espada y la balanza.
Señor Presidente, proponemos todos los que estamos aquí presentes y la inmensa mayoría de nuestros compatriotas construir una memoria colectiva para contribuir y construir un futuro mejor, a imaginar y edificar una sociedad donde el hombre sea sagrado para el hombre, donde la marginalidad, la exclusión y la corrupción que nos acercan peligrosamente a los precipicios de la democracia sean finalmente erradicados de la faz de esta patria; y donde el nunca más no sea el informe más terrible de las violaciones a los derechos humanos sino que se convierta en un acuerdo básico de convivencia para la sociedad argentina.
Presidente (Gentile): Se han agotado los motivos de la convocatoria a la sesión especial que hemos desarrollado. Reitero el agradecimiento a la presencia del señor Intendente Municipal, del señor Secretario de Gobierno, del señor Rector de la Universidad Nacional de Río Cuarto, de la Senadora Griselda Baldata, del señor Presidente del Tribunal de Cuentas, de la Agrupación HIJOS, de los representantes de las entidades intermedias, de las queridas Madres de Plaza de Mayo y a todos ustedes les agradezco por habernos acompañado en este recuerdo para no olvidar jamás.
Si me permiten quiero estrechar en un fuerte abrazo a los dos queridos compañeros Concejales que han hecho uso de la palabra porque sé que sintetizan el pensamiento acabado de este Cuerpo.
Ahora sí, para dar por concluida la sesión, invito al Concejal Isaguirre para que proceda a arriar la Bandera.
-Se arría la Bandera.
-Se levanta la sesión. Es la hora 12:12.
RODOLFO GENTILE
Presidente
JORGE MÉNDEZ
Secretario