Ubicación: Provincia de Córdoba, sobre la ruta nacional NI 20 aproximadamente a 12 km. de la capital provincial, en el tramo que une a ésta con la ciudad de Villa Carlos Paz, en las inmediaciones de Puente Nuevo que conecta con la entrada a Malagueño. Sus instalaciones están sobre una loma a mano derecha en dirección a Carlos Paz, son visibles desde la ruta. Enfrente se encuentra la fábrica "Corcemar".
Descripción:
Constaba de cuatro edificios de ladrillo a la vista, tres de ellos comunicados entre sí por una galería, de éstos, dos eran utilizados por los oficiales y suboficiales como dormitorios y oficinas administrativas, el tercero era la cuadra donde se alojaban los detenidos. En un extremo de la cuadra estaban los baños, en el opuesto, cuatro oficinas para interrogatorios y tortura y una para enfermería. El cuarto edificio, independiente de los anteriores, era utilizado como garaje.
Usá la memoria, me dice, usá la memoria. Tengo dos hijas rubias, una el pelo un poco más oscuro, como la madre. La más chica tiene los ojos color caramelo y un lunarcito arriba de la comisura de los labios, del lado derecho. La más grande va a ser una mina espléndida. Y no voy a poder estar para cagar a escopetazos a los guachos, que se la van a querer tumbar apenas cumpla los doce. No voy a estar porque de acá no salgo. Me duele una barbaridad acá, debajo de las costillas, como si algo adentro se hubiera roto. Vos estás hecho mierda como yo, pero no pensés en eso, no pensemos. Usá la memoria. Sólo los recuerdos te salvan del presente. Tengo una mujer que siempre me dice, acordate que te amo. Y siempre me acuerdo. Ahora me acuerdo más que nunca. Ahora que necesito los recuerdos para escaparme de acá. Vos seguro no tenés mujer, porque sos muy pendejo. Y si tenés acordate que te quiere, se te pasan los dolores, vas a ver, el ardor de la máquina y ese nudo atado en la panza. Si sentís los pasos del guardia avisame, porque acá está prohibido hablar, y si nos pescan nos cepillan. La puta madre, tengo una pierna quebrada. Una vez tuve un perro, uno marca perro. Me seguía cuando iba a la escuela y me esperaba a la salida. Era marrón y blanco. Me acuerdo cuando se murió, sentí los gritos, así deben sonar los gritos nuestros cuando nos ponen en la parrilla. Prefiero los gritos míos, sabés, no soporto los alaridos de los otros. Hace un rato sentí los tuyos. No pensés en eso. Cuando puedas volver a hablar me contás algo que te haya hecho feliz, un recuerdo. Por abajo de la venda te puedo ver un poco. Si estirás la mano te alcanzo un pucho prendido. A veces, acá te dan un pucho los gendarmes que reparten la comida, a veces son buenos tipos, nada que ver con los interrogadores. Estirá la mano, ahí está, terminalo.
Siento el humo entrando en mis pulmones y el silencio de él, un silencio de quejidos en sordina, para que yo no lo escuche, supongo. Soy de un pueblo de veredas amarillas, le digo. Y en verano las mariposas salen en torrente por las calles a la hora de la siesta. Los pibes del barrio pelábamos ramas de paraísos y las cazábamos. Antes de todo esto, me gustaba salir para el centro a la tardecita, mientras caminaba podía darme vuelta y ver la luna redonda, gigantesca, trepando hacia la punta de la noche. Mujer no tengo, tenés razón. Tenía una novia que se fue con otro tipo. Antes que me secuestraran pasé una noche con una mujer. La primera vez en mi vida que pasaba toda una noche con una mujer. Te parecerá una boludez, pero si me van a matar, es como si hubiera hecho algo que tenía que hacer antes de morirme. Sabés que tenés razón, te cuento estas cosas y el dolor se me va pasando. En mi pueblo hay un puente de hierro que pasa por arriba de las vías. Si te sentás en las escaleras, podés ver el atardecer mientras pasan los trenes. Si tenés suerte y un poco de imaginación, te puede parecer que el sol se pone de acuerdo con algún maquinista. El tren pasa hacia el poniente y el sol va cayendo. Cuando la locomotora se va perdiendo allá lejos, el sol llega al horizonte y los vagones se van metiendo en la pelota de fuego, que se los come y desaparece. Cuando salgamos de acá te voy a llevar para que lo veas.
Yo no voy a salir, me contesta con un hilo de voz. Pero igual te agradezco que me lo contés. Viste que nos hace bien. La cabeza es una cosa de locos, te podés escapar de cualquier lado usando la cabeza. La memoria es como una estantería, vas y sacás el recuerdo que más te gusta. A mi no me enseñó nadie. Es instintivo como todo lo que vale la pena, como dice Malraux. ¿Nunca leíste a Malraux? En una novela de él, un personaje dice que lo único que le gusta de la gente es lo instintivo; el odio, el amor, la inocencia. Me hubiera gustado escribir como Malraux, novelas sobre las epopeyas, la revolución china, la guerra civil en España. Pero bueno, el tipo las escribió porque se las contaron. Igual tiene cosas muy buenas, frases que valen todo el libro. El valor también es una patria, dice Malraux. Y es así, yo no te conozco casi, pero compartimos eso, la patria. Y los recuerdos. Ahora hay que callarse porque viene la ronda.
Al otro día me despertó un ruido de taconazos. Por abajo de la venda vi que una bota empujaba el cuerpo, que no se movía. Lo levantaron por las piernas y sentí que lo arrastraban.
Me quedó eso, de usar la memoria como una estantería. Y me sirvió para escaparme muchas veces de muchos lugares. La imagen de él, justamente, me había quedado en un lugar de los anaqueles que se estaba llenando de telarañas. Por alguna razón, revolviendo en los recuerdos, encontré el suyo. Ya leí a Malraux, que escribe sobre tipos que se juegan la vida; y pierden. Son casi todos iguales, de la misma patria. El escritor no lo dice, pero supongo que todos, cuando los acecha el odio, el amor o la muerte, recurren a la memoria. Se escapan en el tiempo y evitan que los chupe ese inmenso agujero negro, que a veces parece abrirse delante de uno.-
Hugo Basso
NAVIDAD
Nos habíamos prohibido llorar,porque el primero que recordase a su familia y llorase, nos veníamos todos abajo.
Todas las cabezas con vendas o trapos anudados en la nuca y todos y todassin cejas; caras sin frente y sin cejas.
Los30 que éramos estábamosahí, en la cuadra, sin poder ver que un guardia vino a buscarmemandado por el Capitán Ernesto Barreiro...:” Hernández”
Y me pasa al otro lado de la reja. Escucho la voz de Barreiro.
Temía a Barreiro, porque sabía del odio que me dispensaba y otras veces mehabíatorturado ejerciendo los más diversos métodos
Todos temíamos a Barreiro.
Me lleva ala sala de torturas, “margarita”, la llamaban.
Me deja en la entrada, me saca la venda y entre la nebulosa, al pasar de la oscuridad a la luz,veo un cuerpo flaco, mojado, herido, desnudo, atado de pies y manos, a un elástico con respaldo de hierro.
Olor a carne quemada, a sudores, olor al agua podrida del tacho.
Era una mujerde unos 25 años, alta parecía, de pelo negro, tez blanca, bonita, parecía. Sobre su cabeza y sentado en el respaldo estabaelSargentoHugo Herrera “Quequeque” o “Tarta”, con los extremos de la picana en cada mano. Sudado, con los ojos desorbitados entre las chispas de la electricidad.
A la izquierda de la persona torturada, parado, estabael Sargento Luís Manzanelli“Luís” con un garrote de madera, con la camisa blanca arremangada y sudado.
Y dos pasos detrás de él estaba el CapitánJosé Carlos González “Juan XX III”. Llamado así por su profundo cristianismo.
Combinaban picana, con golpes de garrote y fustazos, además de los baldazos de agua para que la electricidad corra como rayo por el cuerpo.
Las chispas volaban por la Margarita.
Por tres veces me condujo el Capitán Barreiro desde la reja hasta la sala de torturasy de acá a la reja, yotra vez... y me quitaba la venda en una ceremonia macabra., Herminia gritaba“mis hijos no, mis hijos no, mis hijos no.”…
Su cuerpo lacerado, searqueaba a lo alto, mientras sus brazos y pies permanecían atados.
“ Mis hijos no!!!Eran sus gritos desgarradores.
“Abrí los ojos,mírala “- gritaba Barreiro- pegando él también con una fusta.
Ahora sentado en el respaldo y sobre su cabezaestaba El Sargento Luís Manzanelli con los extremos de la picana en la mano
El Sargento Hugo Herrera era el que estaba con el garrote de madera.
Herminia, sin fuerzas a merced de la picana, y yo, sometida aesta sesiónplanificada de destrucción.
En la Cuadra, los 30 secuestrados hacían como si estuvieran vivos.....
ElGrupo de Tareas había llegado a conocer el funcionamiento y el estado de ánimo de la gente que desde diferentes lugares sociales resistía al Golpe.Y ellos decían que “de tanto esconderse muchos estaban pálidos y flacos “.
Herminia esperaba el ómnibus y en la cola estaba, cuando pasó un auto con la Patotade LaPerla., la vieron flaca, pensaron “esta no la está pasando bien” y saltaron todos a la vez sobre ella yal revisarle elbolso, llevaba una revista sindical y unos escritos sobre el estado de la represión, contaron luego.
No era la primera vez que secuestraban a alguna persona teniendo en cuenta esas características.
Estaban desbordando felicidad y por ello decidió el Capitán. Barreiro ampliar la fiesta de su espíritu, llevando ala otra secuestrada.
Con el tiempo pudimossaber el nombre de aquella mujer integra, y por fin sentimos que la devolvíamos ala sociedad, a su familia, a sus hijos, a sus compañeros de trabajo, ya su país.
La arrebatamos del olvido. La quisieron borrar de la faz de la tierra.
Y para que todosla conozcan y la recuerden: EsHerminia Falik-Obrera del Calzado.....Militante del PRT.
Se hace tarde!!Tenemos que brindar!Es Navidad!!!! Se escuchaquegritan los militares, mientras ponían los autos en marcha.
Que sejoda esta hija de puta, dicen.
Y subieron a sus autos
Estaba en silencio la Cuadra, y todos y todas hacíamos como si estuviésemos dormidos
Desde afuera de la Cuadra, llegan unas notas de guitarra y unas voces desafinadas que decían:
“que dulce encanto tienen... Mercedita” eran algunos Gendarmes que noscantaban desde afuera.
Los militares deLa Perla se fuerona festejar Navidadcon sus familias, dejando atada y moribunda en la mesa de torturas a Herminia Falik.
Murió sola,atada, delirando, destrozada...
Era la noche del 24de diciembre de 1976...
Y muertacubierta de moscas,la retiraron de la sala de tortura, a la mañana siguiente.
Liliana Callizo
RECUENTO MIS CANAS
Teresa Meschiati
Tengo 62 años y me defino como anarquista errante. Lo primero, porque sigue triunfando mi revuelta interior y errante porque no he encontrado mi lugar en el mundo. Pertenezco a un pueblo de exodos. Ninguna sociedad me contiene : ni a la desarrollada, ni tampoco la del sur -que tambien existe- en constante modificacion . Remarco este ultimo termino y no digo revolucion, porque estamos atravesando una« etapa reformista » -como diria Mujica - un Tupamaro al que respeto por su trayectoria.
Naci un 4 de julio.Tengo una puta cara. Rescato dos piropos que amplificaron mi autoestimay me permiten aun rememorarlos con desagravio de mujer : « me gustas mas que el dulce de leche »y « las arrugas profundas en tu cara revelan que has vivido ». Mis ojos me venden. No puedo impedirles que expresenlo que pienso. A veces sirvieron para telegrafiar con exito, las ondas de seduccion que iban directo al plexo solar del unico hombre que amé. Por él perdi toda mi piel en la tortura y le di mi mas grande prueba de amor : no lo entregué. La garra inmoral de los militares del 3er Cuerpo de Ejercito por obtener datos sobre nuestra actividad clandestina no pudo conmigo. El ya no esta. Lo mataron un 9 de marzo de 1977. Aun busco sus disgregados restos en las fosas comunes del cementerio de San Vicente en Cordoba.
Fui militante politica en mi plena y henchida juventud. Crei misticamenteque podiamos transformar el mundo. En la calle, la marcha imparable del pueblo llegaba a mis oidos receptivos, tambien el tableteo de las ametralladoras del Che. Solamente habia que abrir las ventanas y dejarse cautivar. Elegi no quedarme afuera. En medio de la lucha cruenta compartimos solidaridad, amor e hijos.
Nuestra derrota fue relativa, porque las condiciones sociales objetivas por las cuales luchamos siguen vigentes. Perdimos, pero no todo fue dicho : Eureka…E pur si muove !
Entramos en la historia con nuestras virtudes y errores. El genio existe, en tanto y cuanto se apoye en la espalda de sus predecesores. Los que vendran, podran pararse sobre nuestras experiencias politicas y aprender de nuestros fracasos.
Soy sobreviviente de un campo de concentracion y exterminio. Todo lo siniestro se intento con nosotros. Las reglas de juego impuestas por los « oficiales jovenes », -léase asesinos-, eran de vida o muerte. Nuestra lucha fue de vida. Pensaron que sometiendonos a servidumbre, iban a lograr nuestra complacencia y complicidad. Ganamos en esta pulseada atroz que nos dejo secuelas indelebles.
Partimos al exilio para no comprometer a los pocos que quedaban en el pais. La discreta Suiza de bajo perfil me albergo. Vivi alli durante 24 años, trabajando por la memoria de todos los desaparecidos del mundo y luchando por la verdad y justicia.Tambien crie a mi hijo.
Hoy estoy de nuevo en este sur cambiante y desesperado. Avido de respeto, trabajo y paz que necesita ser escuchado. Compruebo cada dia mas, que hay pocos dirigentes con orejas honestas.
En esta vuelta me doy tregua. Lucho por recuperar mi confianza empobrecida, porque tengo el almallena de medias suelas. Sin embargo, sigo creyendo que los pueblos pueden cambiar los destinos, cuando logran unirse detras de propuestas politicas que abarquen el conjunto de la sociedad.
Viendo mi pelo encanecido en el espejo, recuerdo las palabras que decia Brecht: « cuando el hombre sea amigo del hombre, pensad en nosotros con indulgencia ».
Liliana Callizo fue secuestrada en su domicilio el 1 de septiembre de 1976 por un grupo armado perteneciente al ejército argentino.
Liberada en noviembre de 1978, se exilo en España donde hizo una extensa declaración que denuncia el funcionamiento del centro de detención clandestino “La Perla”.
Hector Kunzmann fue secuestrado en la vía pública el 9 de Diciembre de 1976 por un grupo armado perteneciente al ejército argentino.
Fue liberado a fines de 1978. Se exilió en Suecia.
Denunció su secuestro y cautiverio y el funcionamiento del centro de detención clandestino “La Perla”, ante la Conadep, desde Suecia, y ante la Justicia Federal de Córdoba, a su regreso al país.
Teresa Meschiati fue secuestrada en la vía pública el 25 de julio de 1976 por un grupo armado perteneciente al ejército argentino.
Fue liberada el 28 de diciembre de 1978. Se exilió en Ginebra, Suiza, donde hizo una extensa declaración que denuncia el funcionamiento del centro clandestino de detención “La Perla”.
Denuncias de Piero Di Monte sobre
el campo de exterminio
“La Perlaâ€
Piero Di Monte fue
secuestrado en junio de 1976 junto con su mujer, embarazada de 7 meses, por la
patota de La Perla.
Junto a Graciela Geuna,
Liliana Callizo y Teresa Meschiatti, a denunciado todo lo vivido en sus años de
cautiverio en el campo de exterminio La Perla.
A continuación presentamos
varias de sus denuncias.
Denuncia de Piero Di Monte sobre el campo militar de
detenidos-desaparecidos La Perla, ante la Justicia Federal de Córdoba.
La denuncia fue
dividida en nueve partes para una lectura más cómoda ya que los ficheros son
muy “pesadosâ€
Denuncias de Graciela Geuna sobre
el campo de exterminio
“La Perlaâ€
Graciela Geuna fue
secuestrada el 10 de junio de 1976 junto con su marido, Jorge Omar Cazorla, por
la patota de La Perla.
Junto a Piero Di
Monte, Liliana Callizo y Teresa Meschiatti, a denunciado todo lo vivido en sus
años de cautiverio en el campo de exterminio La Perla.
A continuación presentamos
varias de sus denuncias.
Denuncia de Graciela Geuna sobre el campo militar de
detenidos-desaparecidos La Perla
La denuncia fue
dividida en dos partes para una lectura más cómoda ya que los ficheros son muy “pesadosâ€
Capítulo I La acción represiva F. La muerte como arma política. El exterminio (Continuación)
Fusilamientos en masa
El «Pozo» en la «Loma del Torito». A poco de comenzar el trabajo de la Comisión, se fueron recibiendo un gran número de denuncias sobre las desapariciones de personas en Córdoba, convergiendo el destino de las mismas al centro clandestino de detención de «La Perla».
Las violaciones más tremendas de los derechos humanos se cometieron en este lugar. También se dio muerte por fusilamiento en masa.
Los testimonios de los sobrevivientes, hablan del temor a los «traslados» que periódicamente se llevaban a cabo en un tétrico «Mercedes Benz», que al poco tiempo regresaba sin su cargamento humano, asociandolo con las repetidas amenazas de sus carceleros de que serían enviados «al pozo».
Tal referencia, duele decirlo, hacía mención al exterminio de muchos detenidos por medio del fusilamiento al borde de un pozo, previamente cavado para el enterramiento de los cuerpos. El lugar está ubicado en la zona denominada «Loma del Torito», dentro del campo «La Perla», en jurisdicción militar donde tiene su asiento el Escuadrón de Exploración de Caballería Aerotransportada N° 4, en Córdoba.
Esta Comisión requirió judicialmente la excavación del terreno, procedimiento que se llevó a cabo el día 22 de marzo de 1984, arrojando la diligencia un resultado negativo. Sin embargo, la comprobación por el testigo - agricultor de muchos años en la zona - de que la tierra había sido removida, unido a otros testimonios coincidentes y al de quienes señalan la realización de trabajos de exhumación allí de restos humanos, nos indican que el temor de los detenidos por su propia vida, estaba plenamente fundado. Veamos algunas de las constancias que lo acreditan.
1. Testimonio de Gustavo Adolfo Ernesto Contemponi y Patricia Astelarra-Legajo N° 4452
«A los secuestrados, luego de ser fusilados, se los tiraba a un pozo previamente cavado. Atados de pies y manos, amordazados y vendados, eran sentados en el borde del mismo y simultaneamente se les pegaba un tiro. Numerosos prisioneros recibimos este testimonio de diversos militares e incluso en ocasiones pudimos ver personas sacadas en estas condiciones. Se los sacaba de La Perla generalmente a la hora de la siesta; la cantidad y frecuencia de los traslados fue variable. Eran retirados de la cuadra por la guardia de gendarmería, a veces llamándolos por sus números en voz alta, otras se acercaban el sentenciado diciéndole algo en voz baja y lo llevaban. Todos escuchábamos el ruido del camión, así que cuando a lo largo de varias horas sus colchonetas permanecían vacias teníamos la certeza que habían sido llevados en el mismo. Durante el 76 y hasta principios del 77, a casi todos los secuestrados se nos informaba que nuestro destino sería el «pozo» y eran habituales las amenazas al respecto. Dos prisioneros pudimos observar espiando por la ventana de una oficina , cómo era cargado al camión un grupo de conde ados. Los detenidos, totalmente maniatados de pies y manos, vendados y amordazados habían sido llevados horas antes al galpon y luego pudimos observar como fueron cargados por los interrogadores y numerosos uniformados en un camión Mercedes Benz arrojándolos a la caja como bolsa de papa. Presenciando esto estaba el Gral. Centeno y unos cinco oficiales de alta graduación, que partieron tras el camión en una camioneta Ford del Ejército».
2. Testimonio de ]osé Julián Solanille-Legajo N° 1568
«Como jornalero en actividades agrícolas, después del golpe de marzo de 1976, pasó a trabajar a un sitio contiguo el campo «La Perla» denominado «Loma del Torito». Aproximadamente en mayo del mismo año observó un pozo de aproximadamente 4 metros por 4 y 2 metros de profundidad. Un domingo, observó el ingreso de diez a quince automóviles, entre ellos dos Ford Falcon de color blanco en uno de los cuales identificó como ocupante al Comandante del III Cuerpo de Ejército, Generel Menéndez, a quien reconoció por haberlo visto en numerosas ocasiones anteriores; y dos camiones del Ejército con la caja tapada, con lonas militares, uno con una cruz blanca pintada. Momentos después, salió el campo arreando sus animales vacunos; y en el trayecto se encontró con un vecino llamado Giuntoli, que explotaba un campo vecino, quien le dijo que quería constatar si eran ciertos los comentarios que había escuchado obre la existenda de fosas en el lugar, donde se enterraba gente. Accedió a acompañarlo cediéndole un caballo y montando él mismo otro, ambos de su propiedad. Al acercarse al lugar donde estaba esta fosa grande antes descripta - aproximadamente a 100 metros de distancia - observó que estaban los vehículos cuyo acceso había presenciado previamente. Entonces advirtió a su acompañante Giuntolo: "esperá, que puede pasar algo feo", y por tal motivo se retiran, pero en ese mismo instante comienzan a escuchar nutridos disparos de armas de fuego. Hace notar que cuando vieron los autos junto a la fosa a su borde había un numeroso grupo de personas que parecían estar con las manos atadas a la espalda y los ojos vendados o con anteojos con los cristales pintados de negro. Al día siguiente retornó el lugar y observó que el pozo estaba tapado, y sobraba abundante tierra. Estima que el número de personas que habrían sido fusiladas en esa ocasión supera los 50».
3. Procedimienro de excavación en «Loma del Torito» - Legajo N° 1568
Los tramos más relevantes del acta de constatación son los siguientes:
«...comenzando las tareas motivo del presente, a cuyo fin se practica la excavación en el sitio señalado... llegándose aproximadamente a los dos metros veinte centímetros de profundidad. Ante el resultado negativo de la mencionada excavación, Solanille expresa que no obstante su certeza, resulta innecesario continuar en dicho lugar. Seguidamente se traslada al lugar al que el testigo refiere como la "tumba chica" donde habría restos humanos. Hecho lo cual se procede a cavar en forma manual en el sitio indicado. En la tarea participó voluntariamente el testigo Solanille tras lo cual estimó que resultaba innecesario cavar a mayor profundidad dado que a su criterio, la tierra se hallaba removida desde la oportunidad en que él habría observado restos humanos».
4. Testimonio de Julio César Pereyra - Legajo N° 3801
«...prestó el servicio militar en la Compañía de Apoyos de Equipos Aerotransportados No 4 - III Cuerpo de Ejército - Provincia de Córdoba desde febrero de 1976 hasta el 5/9/77. Durante el mes de junio de 1976 estando con un compañero an La Mezquita se dirigieron al Área denominada «Loma del Torito», detectaron una fosa por la tierra removida y al excavar hallaron casi en la superficie restos humanos (una mandíbula) y un sweater azul de lana que también contenía restos óseos....También hallaron cápsulas percutadas de Itaka...».
5. Testimonio de Ernesto Facundo Urien - Legajo N° 4612
«En el año 1978 se desempeñaba como Jefe de la Compañía B del Liceo Militar de General Paz. A raíz de que se conocía el arribo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Teniente de Caballería Gustavo Gelfi recibió una orden sin que le sea transmitida a través del dicente consistente en cumplir una actividad ajena al Instituto donde estaba destinado. Posteriormente, dicho oficial le confía al dicente en que consistía la actividad que tenía que cumplir manifestándole que era secreta. Dicha actividad consistía en desenterrar cuerpos en una zona perteneciente al campo de instrucción del Comando del Tercer Cuerpo de Ejército, mediante máquinas viales que ellos mismos debían operar. Dichos cuerpos ya desenterrados (que evidenciaban muestras de no haber sido enterrados ni en cajón ni en bolsa alguna, diseminados por la zona, algunos con sus documentos) eran introducidos en tambores, en algunos colocando cal viva para luego ser trasladados con destino incierto».
6. Testimonio de José María Domínguez
«En el año 1976 ingresé a la Gendarmería Nacional; en noviembre o diciembre de ese año me destinan a cubrir objetivos en distintos lugares tales como la U.P. 1, La Perla, La Perla Chica y La Ribera... En el lugar La Perla tuve oportunidad de cubrir numerosos objetivos... En dos oportunidades pude ver cómo en horas de la madrugada entraban camiones del ejército y procedían a cargar a alojados en la cuadra. Una vez llevaron a 5 personas, mientras que en otra oportunidad fueron once los trasladados. Los camiones no regresaban a la cuadra y se comentaba que a las víctimas las llevaban para fusilarlas en El Pozo...»
7. Testimonio de Carlos Beltrán - Legajo N° 4213
«Yo he pertenecido a la Gendarmería Nacional desde el año 1971 hasta el año 1980, año en que me dieron de baja. Alrededor de 1977 ó 1978 me informaron que había sido destinado a cubrir objetivos, consistente en realizar tareas de seguridad en la U.P.1, y los Lugares de Reunión de Detenidos conocidos como La Perla, La Perla Chica y La Ribera (...) Los vehículos esperaban en el patio. Una vez fuera de la cuadra, los detenidos que habían sido obligados a acompañar a los interrogadores, eran subidos, siempre maniatados y vendados, haciéndoselos acostar en el piso del mismo... entonces partía... Después de una o dos horas de haber partido los vehículos los mismos regresaban ya sin los detenidos. Una vez le pregunté a "Gino" adónde llevaban a los detenidos y éste me respondió: "Los llevamos a uno ochenta..." En una oportunidad el "Capitán" me ordenó que lo acompañara junto a otros gendarmes al interior de la cuadra. Una vez allí ordenó a cuatro detenidos: un hombre joven de apellido Castro; un hombre más bien alto, de unos 36 años de edad, creo que vendía helados en Villa Carlos Paz (en La Perla quedó su bicicleta) otro hombre de 28 años y una mujer embarazada que vestía un delantal de plástico que se utilizaba para lavar ropa y calzaba botas de goma, (la mujer habría tenido unos 25 años y estaba en avanzado estado de gravidez), que se pusieran de pie y que lo acompañaran. Los detenidos fueron subidos al camión en cuya caja también viajábamos junto a un gendarme y cuatro suboficiales del ejército, mientras en la cabina viajaban un Sargento como chofer, acompañado de un oficial joven, quizá un Teniente primero, más bien de baja estatura, algo gordo, de unos 36 años, usaba bigotes. Partió el camión, seguido del automóvil marca Torino que conducía habitualmente el "Capitán" a quien acompañaba "Gino". Los vehículos tomaron por un camino de tierra trasponiendo el alambrado que rodea el edificio de La Perla. Luego de recorrer alrededor de tres kilómetros detienen la marcha sobre una huella rural ubicada entre un terreno de sorgo y otro terreno sembrado de maní. Luego de estos predios, sólo había vegetación de montes (camalotes, tuscas y árboles pequeños), en donde todos descendemos de los vehículos y recorremos un trecho de unos cincuenta metros sobre ese terreno sin sembrar, con muchos yuyos. Una vez allí, el "Capitán" ordenó que se desataran las manos del más joven de los detenidos y que se le hiciera antrega de una de las palas que habían traído los suboficiales, ordenándole a la víctima que comenzara a cavar una fosa. Dicha fosa alcanzó alrededor de 1,80 metros de profundidad y tres metros de largo y 1,20 metros de ancho. Los otros tres detenidos eran custodiados por dos militares cada uno. Yo y otro oficial estábamos junto al mayor de los cuatro detenidos; pude advertir, entonces, que mientras rezaba muy despacio comenzó a llorar. Nadie hablaba, reinaba un profundo silencio cuando el "Capitán" hizo subir al borde de la fosa al detenido que estaba cavando e hizo colocar a los tres restantes junto a la víctima, uno junto a otro, detras de la fosa. Luego de una seña del "Capitán" y previo a haberme dicho textualmente: "a éstos hay que mandarlos a 1,80", a lo que yo manifesté que no lo iba a hacer, "Gino", los cuatro suboficiales y el Teniente Primero comenzaron a disparar sobre los detenidos; también accionó su arma de fuego el gendarme. Mientras que los tres hombres quedaron inmóviles, luego de los disparos la mujer, que había caído pudo reincorporarse y caminar unos pasos en dirección opuesta a la fosa; en esa circunstancia, el "Capitán" sacó su pistola y le descerrajó un balazo en la cabeza. Los cuatro cuerpos fueron arrojados a la fosa, rociados con cinco litros de nafta. Luego se fabricó un hisopo con un palo el cual una vez encendido fue arrojado al interior de la fosa, hecho que provocó una fuerte explosión. Durante unos veinte minutos se mantuvo el fuego, tiempo en que se empezó a percibir un olor muy desagradable seguramente producto de la combustión de cuerpos y vestimenta. Una vez que comenzaron a tapar el pozo yo me acerqué y pude observar en el interior del mismo a dos de los cuerpos calcinados y como si hubieran reducido su tamaño normal al de 70 u 80 centímetros. Luego de cubierta la fosa y apisonarla con los pies, los comisionados, arrojaron yuyos y ramas en la superficie. Yo tuve una fuerte discusión con el "Capitán" por no haber acatado la orden, ordenándome que me retire del objetivo, puesto que no servía para ser militar, que era un inútil y un cobarde».
Nunca Mas
Informe de la comisión nacional sobre la desaparición de personas
La Perla
Fue el C.C.EL. más importante de Córdoba, ubicado sobre la ruta nacional N° 20 que lleva a Carlos Paz, donde funciona actualmente el Escuadrón de Exploración de Caballería Aerotransportada N° 4.
Por su volumen, naturaleza y capacidad operativa es solamente comparable con Campo de Mayo o la ESMA. Fue incorporado a la red de C.C.EL. a partir del golpe militar.
Se estima que por este campo han pasado más de 2.200 personas entre esa fecha y fines de 1979.
Desde La Perla se coordinó la actividad represiva ilegal en todo el territorio de la provincia. Desapariciones ocurridas a centenares de kilómetros fueron planificadas y ordenadas desde allí; también se manejaban las conexiones con los centros clandestinos del resto del país.
Esta Comisión realizó constataciones en La Perla, con la participación de testigos que reconocieron todos y cada uno de los lugares donde vivieron días de horror.
El gendarme Beltrán también cumplió funciones de guardia en La Perla, las cuales tenían las mismas características que en La Ribera:
«En La Perla cubríamos puestos extemos en las garitas de vigilancia e intemos en el edificio. Los gendarmes éramos los encargados de llevar a los detenidos a una sala donde había un cartel que decía: "Sala de terapia intensiva - No se admiten enfermos". Allí presencié la tortura a detenidos. Se mencionaba insistentemente que el llamado "Yanqui" era un delincuente común, que había sido sacado de la cárcel por orden expresa del Gral. Menéndez, para cumplir con todas las tareas específicas relacionadas con los automóviles. Recuerdo haber visto en tres oportunidades al Comandante del III Cuerpo. Una fue para alguna fecha patria, y las otras dos fueron inspecciones de la sala de interrogatorios, de la cuadra de detenidos y de una habitación donde se guardaban los elementos sustraídos en los allanamientos y secuestros» (Gendarme Carlos Beltrán, Legajo 4213).
«En una oportunidad pudé observar en la sala de tortura, la muerte de uno de los detenidos. El cuerpo fue luego sacado de la habitación y colocado en el interior de una casilla de gas, lugar donde se apilaban los cadáveres para después trasladarlos en un camión con rumbo que desconozco» (Gendarme José María Domínguez, Legajo N° 4213).
Además de constituir un centro de privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos, La Perla fue un campo donde se practicaron ejecuciones sumarias, dentro de una política de exterminio.
Como anexo de este campo, funcionó otro C.C.EL. situado en los terrenos colindantes, que recibió el nombre de Perla Chica o «Malagueño». De dimensiones mucho más reducidas que el anterior, este C.C.E. fue reconocido en los procedimientos realizados por esta Comisión. El siguiente testimonio nos brinda detalles sobre su existencia y características:
«Estábamos detenidos en la cárcel de encausados de Villa María, para la época del mundial de fútbol, cuando una madrugada nos cargaron en un camión, vendados y atados. Hicimos una breve parada en Córdoba y luego proseguimos viaje hasta llegar a un lugar. Primero estuvimos en una habitación y luego nos llevaron a una cuadra. Poco después nos devolvieron a la habitación pequeña. Ya sabíamos que se trataba del campo llamado Malagueño. En esa celda nos tuvieron una semana parados, vendados y atados de pies y manos con alambres, sin comer y bebiendo de vez en cuando agua salada. Allí debíamos hacer nuestras necesidades, eso era un verdadero chiquero. Al que caía vencido por el sueño y el cansancio, lo golpeaban con saña. Uno por uno pasamos por la tortura para ser interrogados. En una oportunidad advertí la presencia de alguien muy importante. Oí entre los guardias - que estaban muy nerviosos - el nombre de Maradona, 2do. Comandante del III Cuerpo» (Pujol, Legajo N° 4080).
Nunca Mas
Informe de la Comisión nacional sobre la desaparición de personas
Procedimientos de la CONADEP en Córdoba
La Perla: El 3 de mayo de 1984, se procedió a efectuar un reconocimiento del cuartel del Escuadrón de Caballería Aerotransportada N° 4, donde funcionó el C.C.D. La Perla, con la participación de dieciséis testigos. Estos reconocieron inmediatamente las losetas de hormigón y el mástil del patio de entrada, donde algunos de ellos fueron sacados a tomar sol.
Perelmuter (legajo N° 3950) identificó el hall de entrada y las cinco oficinas. Dijo reconocer la pared de la derecha, donde los sometieron a un simulacro de fusilamiento. También Ana María Mohamed (legajo N°4306) se situó perfectamente en el hall, el cual ya había descripto en su denuncia:
«Es aquí, entrando a la izquierda, en la segunda y tercera habitación, donde fui interrogada por Luis Manzanelli.»
En la cuadra, todo permanece de la misma forma, salvo los jergones donde permanecieron los detenidos, a veces separados por biombos y que fueron cambiados por cuchetas para conscriptos. El conjunto de los liberados reconoció unánimemente los baños, retretes y mingitorios. La grifería era la misma.
Saliendo al exterior, reconocieron la puerta de chapa de un galpón:
«Este es el lugar donde aplicaban torturas», dijo Contemponi (legajo N°4077). También identificaron el lugar donde estuvieron ubicados los implementos de tortura, asociando cada sitio con las personas que allí sevieron:
«La pared que enfrenta la puerta de entrada, sobre el pasillo, representa para mí un mojón, casi una lápida - dijo Estela Berastegui - allí vi con vida por última vez a mi hermano. Se quejaba de dolor, se le aflojaban las piemas, mostraba signos de tortura y pedía ser atendido por un médico», (legajo N° 3319).
Igualmente patética resultó la declaración de Elmer Fessia (legajo N° 4075): «En esta primera oficina que da al hall, había un elástico igual al que está ahora. Allí estaba tendido el Dr. Eduardo Valverde, quien era golpeado por un grupo de personas, mientras a mí me interrogaba un capitán. Se quejó durante toda la noche y después dejé de escucharlo.»
Todo esto constituye una mínima parte de las situaciones vividas durante el reconocimiento de La Perla. La coincidencia y unanimidad de los datos recogidos en los testimonios, fue corroborada in situ punto por punto, debido a las pocas transformaciones producidas en la construcción.
Bajo el mando de Luciano Benjamín Menéndez, el Tercer Cuerpo del Ejército tuvo a su cargo 60 campos de concentración. Fueron muy pocos los que sobrevivieron a ese infierno. En sus denuncias aparecen fusilamientos como los que relata Bruno Laborda.
Camilo Ratti
Todas y cada una de las violaciones a los derechos humanos que se cometieron durante la dictadura en el noroeste argentino conducen al mismo lugar: el Tercer Cuerpo de Ejército que, encabezado por el represor Luciano Benjamín Menéndez y con base en Córdoba, coordinó la represión ilegal en las diez provincias bajo su control. En jurisdicción de esa unidad militar funcionaron cerca de 60 centros clandestinos de detención y tan sólo por La Perla –el más grande de los campos de exterminio y comparable por su magnitud a la ESMA– pasaron unos tres mil detenidos. Fueron muy pocos los que consiguieron sobrevivir a ese infierno para contarlo.
Quien lo logró fue Liliana Susana Geuna, que aportó datos sobre el modo en que funcionó el sistema represivo del Tercer Cuerpo de Ejército. Como partícipe de la represión, el teniente coronel Bruno Laborda puede brindar ahora muchas más precisiones.
A las órdenes de Menéndez, el Tercer Cuerpo de Ejército controlaba durante la dictadura diez provincias: Córdoba, Mendoza, San Luis, San Juan, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy y Salta. Según los informes de la Conadep, dentro de su jurisdicción funcionaron 59 centros clandestinos de detención. Allí actuó también el represor Antonio Domingo Bussi, quien en el ‘80 sucedió a Menéndez en el mando.
El testimonio de Geuna –quien fue liberada en 1978 y al año siguiente huyó del país– describió la estructura y el funcionamiento de La Perla, ubicado sobre la ruta que vincula Córdoba con Carlos Paz.
De la Base, como Geuna identificó a la sede central del campo, dependían cinco secciones. Una de ellas era Política, encargada de centralizar y archivar la información y de seleccionar los blancos. La sección de Calle investigaba en función de las prioridades que fijaba Política: ponía micrófonos, hacía seguimientos y controlaba a los agentes secretos. Los secuestros, la aplicación de las torturas y la ejecución de prisioneros corría por cuenta de la sección de Operaciones Especiales. La estructura represiva la completaban Logística y el Campo de la Ribera, al que eran derivados los prisioneros de menor compromiso político.
En La Perla los prisioneros eran fusilados en los campos aledaños al centro. Hasta allí eran trasladados en un camión bautizado “Menéndez Benz”. Geuna contó: “Antes de descender del vehículo, eran maniatados. Luego se los bajaba y se les obligaba a arrodillarse delante del pozo y se los fusilaba. En los fusilamientos participaban oficiales de todas las unidades del Tercer Cuerpo, desde los subtenientes hasta los generales”.
En el Tercer Cuerpo funcionó en Tucumán La Escuelita de Famaillá, el primer centro de exterminio de la dictadura. También tuvieron lugar matanzas como la Masacre de las Palomitas en Salta, donde fueron fusiladas doce personas que estaban detenidas en la cárcel de Villa Las Rosas.
Pagina 12
LUCIANO BENJAMIN MENENDEZ ESTA OTRA VEZ PRESO EN CORDOBA
Sale a la luz el horror de La Perla
Por Victoria Ginzberg / PAGINA 12
Al igual que al represor Alfredo Astiz, la libertad que recuperó después de que el gobierno español no pidiera su extradición por genocidio, terrorismo y torturas, le duró poco. El ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez fue arrestado el lunes por la noche por orden de la jueza federal de Córdoba Cristina Garzón de Lascano. Lo mismo ocurrió con cinco torturadores del centro clandestino de detención La Perla. Todos están acusados de la desaparición y asesinato de cuatro personas, hechos que no fueron investigados antes. "Esto es el inicio de lo que esperamos sea el camino de la lucha contra la impunidad. Lo único que queremos es la verdad y la justicia", afirmó Claudio Orosz, abogado de HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) y Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Córdoba.
En marzo de este año, Garzón de Lascano rechazó un pedido de la fiscal Graciela López de Filoñuk para declarar la inconstitucionalidad y nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y el indulto en incidentes que se habían derivado del Juicio por la Verdad. La fiscal había respaldado un reclamo realizado por diferentes organismos de derechos humanos, como el Servicio Paz y Justicia (Serpaj), HIJOS y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). La jueza no estuvo de acuerdo con el planteo, pero dejó abierta la posibilidad de que se iniciaran acciones penales por delitos cometidos antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 o por casos que no se hubiesen incluido en la causa Menéndez, cerrada luego del indulto que benefició al máximo represor cordobés.
En base a la resolución de la jueza, el viernes pasado la fiscal impulsó una denuncia por las desapariciones de Osvaldo Raúl Cardozo, Humberto Horacio Brandalisis, Carlos Enrique Lajas e Ilda Flora Palacios. Ellos fueron secuestrados en noviembre de 1977 y llevados a La Perla, el mayor centro clandestino de la provincia, por el que se estima que pasaron al menos 2200 personas entre 1976 y fines de 1979.
El 15 de diciembre de 1977 los cuerpos de Cardozo, Brandalisis, Lajas y Palacios aparecieron en la intersección de la avenida Colón (en ese entonces Ejército Argentino) y Sagrada Familia. La versión oficial fue que habían muerto en un enfrentamiento después de que no se detuvieron ante una voz de alto en un control vehicular. Los cuatro fueron enterrados en el cementerio San Vicente y en la causa figuran sus certificados de defunción. El Equipo Argentino de Antropología Forense, que está trabajando en Córdoba desde hace meses, recuperó restos que podrían pertenecerles, pero aún no pudieron ser identificados. Silvia Lajas, hermana de una de las víctimas, aseguró ayer que la detención de Menéndez le provocó "alegría por conocer que está preso y tristeza y odio por revivir de nuevo ese episodio". "Ahora vamos a seguir con todas las causas que quedaron excluidas de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, las que tratan de hechos anteriores al 24 de marzo de ‘76, o las referidas al tramo de las desapariciones forzadas que van del ‘87 (cuando se sancionó la Obediencia Debida) al 2003. Todo esto, más allá de que planteamos la anulación de las leyes ante la Cámara Federal", explicó a Página/12 María Elba Martínez, abogada del Serpaj.
El coronel César Emilio Anadón, que fue jefe del destacamento de Inteligencia 141 y de La Perla, fue arrestado ayer junto a Menéndez, quien, como jefe del Tercer Cuerpo, fue responsable de los crímenes que se cometieron durante la última dictadura no sólo en Córdoba, sino también en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, San Luis, Mendoza y Santiago del Estero. Los otros detenidos fueron Luis Alberto Manzanelli, Carlos Alberto Díaz, Oreste Valentín Padován y Ricardo Alberto Lardone. Los tres primeros eran sargentos e integraron el grupo Comando de Operaciones Especiales de La Perla, donde actuaron como torturadores y secuestradores. El mismo roltuvo Lardone, quien era miembro de la patota desde su puesto de personal civil de inteligencia.
Los acusados, que fueron alojados en la sede del Tercer Cuerpo de Ejército, serán interrogados hoy por la jueza. La fiscal solicitó que fueran trasladados a un lugar de detención ordinario, aunque se estima que los mayores de 70, Menéndez incluido, quedarán presos en su domicilio. No sólo los organismos de derechos humanos celebraron la detención de "Cachorro". Ayer se reunió en Córdoba la Mesa de Diálogo local y López de Filoñuk concurrió como representante de la Justicia Federal. Fue recibida de pie y con aplausos por sus compañeros, entre los que había rectores de universidades, representantes de periodistas, de la Asociación de Magistrados y del Colegio de Abogados.
Si bien en este caso las detenciones no se basaron en la inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sí funcionó como disparador la anulación de las normas por el Congreso, que también provocó la apertura en Buenos Aires de las causas ESMA y Primer Cuerpo de Ejército. La fiscal, además, se reservó la posibilidad de impugnar las leyes de impunidad por la vía judicial, ya que se prevé que los represores atacarán la validez de la medida legislativa. "Menéndez siempre representó los intereses de ciertas elites pero ya estaba muy desprestigiado. Lo que falta ahora es avanzar en la estructura administrativa y los cuadros importantes de inteligencia", afirmó Martínez en referencia a los pasos a seguir en el caso. Orosz señaló que el actual arresto de Menéndez es "distinto a la situación de un pedido de extradición que depende exclusivamente de voluntades políticas, ya que se trata de un proceso judicial" y que "este proceso va a garantizar el derecho de defensa de los imputados, cosa que ellos no le dieron a sus víctimas".
Nochebuena en La Perla
A partir de las 20 de esa Nochebuena, la guardia de Gendarmería se relajó por completo. Sólo quedaron dos uniformados en la gran barraca, del otro lado de la reja, mirando para otro lado en actitud cómplice.
Tímidamente, los presos comenzaron a levantarse las vendas. Algunos se la colocaron a modo de vincha, o se la bajaron hasta el cuello, los más osados directamente se las sacaron. Se fueron reconociendo unos a otros. Los más “viejos”, los que colaboraban en las tareas de la cocina, ya conocían los rostros, pero siempre atravesados por la venda. Esta vez era a cara limpia.
Se sucedieron los abrazos, las lágrimas encubiertas, alguna risotada, un chiste. Los que apenas podían caminar eran ayudados por los más fuertes. No faltaron los quejidos ante el intempestivo retorno a la posición vertical. Todos se fueron emborrachando sin alcohol, con un extraño brebaje en el que no faltaba la alegría por estar vivos, el desenfreno de un momento increíble, el terror que aflojaba las rodillas y quemaba el pecho como una brasa caliente.
Allí está Tomás Di Toffino, el dirigente sindical de Luz y Fuerza, está Graciela Doldán. En el fondo dialogan “el Sapo” Ruffa, “Cacho” Alvarez y Juan Carlos Perucca. Ellos jamás podrán contar esta reunión navideña: fueron asesinados. Acomodando sus ropas raídas, conversan en rueda Alicia Tejerina, Julián Pusseto y Héctor Kusman, que lograron sobrevivir al horror. También vivieron y brindaron un testimonio de un valor superlativo una vez que estuvieron a salvo en Europa, Piero Di Monte, Graciela Geuna, Liliana Callizo y Teresa Meschiatti. Sus extensos relatos que suman miles de páginas escritas a máquina constituyen la más vasta memoria documental que se conserva del horror de ese campo de concentración y de los nombres de todos los responsables de la masacre.
Una extraña ceremonia
La noche que desembocaba en la Navidad llegó, también de la mano de los gendarmes, una pequeña radio que comenzó a inundar con nitidez el amplio galpón y que pronto se incorporó al murmullo generalizado.
Los “muertos-vivos” acomodaron las colchonetas en las que estaban tirados todo el día (sólo se levantaban para ir al baño, para comer, para ser torturados o para el “traslado”). Formaron un gran círculo con esas esterillas de paja y se sentaron a charlar de cualquier cosa, a comer el pedazo de pan dulce, a “brindar” con un vaso de agua.
“¿Y por qué no bailamos?”, propuso uno desde el anonimato. “¿Se animan?” Entonces, la radio comenzó a mandar en la barraca de La Perla y se fueron descolgando los temas. Algo de folklore, un tango. El grupo de fantasmas realizaba movimientos torpes en la semipenumbra del campo de concentración, pero la calidez de las miradas y la suavidad de las caricias suplían toda aspereza. “Estamos todos locos”, se decían los participantes de esa extraña ceremonia.
Luego llegó la hora del “recital” que ofrecieron dos gendarmes con pinta de norteños. La carcajada fue generalizada cuando los acordes de la guitarra dieron paso al grito desafinado de Estamos prisioneros, carcelero, el tema de Horacio Guarany. Justo esa canción se les ocurrió cantar...
Demasiado pronto terminó el concierto y el festejo se fue apagando. Los “muertos-vivos” fueron recogiendo sus esterillas y reconstituyeron las filas en el piso de la barraca. Aún no habían dado las 12 de la noche, pero era evidente que la hora se acercaba porque había mermado el tráfico en la entonces ruta 20, hoy autopista Córdoba-Carlos Paz. Los ecos de los primeros festejos en la cercana gran ciudad encontraron a cada uno recostado en su sitio, metido en su mundo de silencio y oscuridad, tapado con una frazada sucia.
No habían dado las 12 de la noche y los represores de La Perla apuraban la tortura para poder llegar al brindis con sus familias. A cien metros de la barraca, en la sala denominada La Margarita, el grupo de tareas de La Perla acababa a fuerza de picana y golpes con la vida de Herminia Falik de Vergara (ver Testigo de una tortura). La mujer había sido capturada esa misma tarde y se resistía a brindar el nombre y dirección de su compañero y de sus hijos.
En la madrugada llegaría una nueva serenata de parte de los gendarmes, que desde el exterior de la barraca largaron con Merceditas. Pero la lamentable calidad interpretativa, potenciada por el alcohol, animó a los prisioneros a reclamar a los gritos el cese de la presentación.
Detrás de la loma, a menos de 10 kilómetros hacia el este, los cordobeses vivían las primeras horas de la Navidad.