El director de su colegio lo citó para interrogarlo
Un sobreviviente de centros clandestinos declaró que mientras cursaba la secundaria en el Colegio Nacional el director lo citó para un interrogatorio del que participaron un grupo de presuntos represores. Y que meses más tarde fue secuestrado y torturado.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Un ex detenido contó hoy en el Juicio por la Verdad que meses antes de ser secuestrado por las Fuerzas de Seguridad, fue interrogado por el director del colegio secundario al que concurría y por un grupo de presuntos represores.
Luis Favero declaró por la desaparición de su hermano, Daniel Omar, y por su detención ilegal durante la última dictadura. El testigo dijo que el 1° de septiembre de 1976, quien era el director del Colegio Nacional de La Plata en ese momento, Juan Stomo, hizo desalojar el establecimiento quince minutos antes de la salida habitual. Y que junto a un grupo de cuatro compañeros, fue interrogado por el director y unas personas, que más tarde secuestraron a tres de ellos, luego liberados. “Así se inicia ‘La Noche de los Lápices’”, manifestó Favero.
Meses después, el 12 de febrero de 1977, Favero fue secuestrado y permaneció detenido ilegalmente durante una semana en varios centros clandestinos. Pasó por la Brigada de Investigaciones de La Plata, la División de Cuatrerismo de Arana y la comisaría quinta de esta ciudad.
El testigo dijo que en la Brigada de Investigaciones había gente que “colaboraba” con las fuerzas represivas. Allí Favero fue torturado durante un interrogatorio, al igual que en el centro de Arana.
A los cuatro días de ser secuestrado fue llevado a la comisaría quinta, en donde compartió el cautiverio en una celda pequeña con 23 personas. Favero coincidió en su testimonio con otrrió el 1 de junio de ese año en el departamento que habitaba en calle 57 entre 12 y 13. Y aportó un informe sobre actuaciones labradas ante el Ejército, en el que se dice que Daniel Favero, y su compañera, Paula Alvarez, fueron muertos en un enfrentamiento.
Ese informe está firmado por el entonces oficial Raúl Machuca, de la Policía de la Provincia, y por un suboficial de apellido Argüello. “El cadáver de mi hermano no apareció, y en ese informe dice que lo habían entregado a la Morgue”, manifestó Favero.
Fusilamientos en una escuela de Policía
En tanto, Ramón Dos Santos declaró hoy que se enteró que su hija Angela, una estudiante de Medicina desaparecida el 24 de junio de 1977, habría sido fusilada en la Escuela de Suboficiales de Policía junto a otras 8 personas, tiempo después de ser secuestrada.
Dos Santos es ex policía y manifestó que este dato le llegó de un agente de la comisaría primera de Quilmes, que tuvo noticias de ese presunto fusilamiento, ocurrido en ese instituto de formación policial que ya no existe.
El padre de la desaparecida dijo que Angela Dos Santos trabajaba en la Cruz Roja de La Plata y que allí se dirigía la joven cuando fue secuestrada. Días después fue a averiguar el destino de su hija a ese lugar y comprobó que el nombre de su hija había sido borroneado del registro de empleados. “En la Cruz Roja parecía todo encubierto, no me querían dar información”, manifestó Dos Santos.
“Pronto con ustedes”
Por otro lado, Ana María Valdez contó el secuestro que sufrió junto a su marido, Carmelo De Pino, el 21 de diciembre de 1977. La mujer dijo que la noche de ese día un grupo de siete personas con armas largas llegó a su casa de Quilmes y la secuestró a ella y a De Pino, quien se encuentra desaparecido.
El matrimonio fue llevado en una camioneta a un lugar que la testigo no supo precisar, pero que podría ser el “Pozo de Bánfield”. Valdez estuvo secuestrada durante tres días, tras los que fue liberada sin saber qué pasó con su marido. “Después te lo vamos a mandar”, le dijeron los represores a la mujer cuando la soltaron, pero Carmelo De Pino nunca volvió.
“Por una persona le llegó al primo de mi marido una nota, escrita por él. Decía: ‘Pronto con ustedes’. Esta persona pidió plata pero no le dieron. Dijo que de ahí no salía nadie”, relató Ana Valdez.
Otro familiar que declaró hoy fue Irene Dobra, esposa del desaparecido Alfredo José Cajide. El 22 de septiembre de 1976, Cajide vino a La Plata con su mujer para contactarse con Marta Andrade, una joven que desapareció un día antes y que forma parte de los casos que investiga la Cámara.
Cajide tenía que reunirse con Andrade en un bar del centro de esta ciudad, pero al entrar a ese lugar notó algo raro y fingió ir al baño. “Se lo llevaron de ahí dos hombres. Yo me bajé del auto en el que lo esperaba y me fui”, dijo Irene Dobra.
La testigo también señaló que dos días después su suegro fue a ese bar a averiguar qué había pasado Y que allí le dijeron que media hora antes habían llegado policías de civil con Marta Andrade, a quien supuestamente llevaron para poder capturar a Cajide.
Dobra dijo que no supo por que centros clandestinos pasó su esposo, pero que el ex detenido Walter Docters mencionó en un testimonio en la CONADEP que compartió su cautiverio en un centro de Arana.
Secuestro con robo
Carlos Jeanneret fue otro de los testigos que prestó testimonio ante la Cámara Federal. Declaró por la desaparición de su padre, Fermín Jeanneret, un dirigente del Partido Justicialista de 67 años secuestrado en Quilmes el 6 de abril de 1977.
El testigo afirmó que el operativo incluyó la entrada a un negocio que atendía su padre, con robos y destrozos. “Fueron 14 o 16 personas, con chalecos antibalas y armas gruesas”, dijo Jeanneret. Más tarde, agregó: “De mi casa también se llevaron cosas. Le sacaron una cadenita de oro a una nena, y los anillos a mis padres”.
Por otro lado, Omar Abarzúa declaró por la desaparición de su hermano Oscar, el 16 de diciembre de 1977. Manifestó que por informaciones que le llegaron se enteró que Oscar fue secuestrado a la salida de su trabajo, en la Destilería YPF de La Plata, por dos personas que se movilizaban en un automóvil Falcon.
El testigo sostuvo que su hermano podría haber estado ilegalmente detenido en la Base Naval de Río Santiago.
Además, Adela Portela brindó declaración testimonial por la desaparición de su hermana María Rosario y el esposo de ésta, Jorge Arfuch. El matrimonio fue secuestrado el 28 de mayo de 1976, aunque cada uno fue detenido por separado.
Arfuch fue secuestrado en su lugar de trabajo, Astilleros Río Santiago. El abogado de APDH La Plata Jaime Glüzmann, pidió durante la audiencia que la Cámara cite al titular de Astilleros en esa época, el capitán de navío Oscar César Cepeda. Un informe brindado a la CONADEP indica que Cepeda estuvo como interventor en esa empresa desde el 24 de marzo de 1976, día del Golpe de Estado.
En el Juicio por la Verdad se investigan ya otros cuatro casos de trabajadores de Astilleros desaparecidos: el de Rafael y Pablo Tello, y el de Jorge Astudillo y Mario Pinedo.
También declaró hoy María Videla de Troncoso, por la desaparición de su hija María Troncoso y el esposo de ésta, Juan Carlos Bobadilla. La pareja fue secuestrada el 28 de enero de 1977 de un departamento de Tolosa.
La madre de Troncoso dijo que no sabía nada del destino del matrimonio. E informó que otro de sus hijos fue secuestrado en Olavarría (centro de la provincia de Buenos Aires) y preguntado por su hermana, aunque al día fue liberado.
Miércoles 22 de Diciembre de 1999
Informe de Prensa de la APDH La Plata - Juicio por la Verdad "En la guerra mueren muchos inocentes"
Declaró el teniente de navío (RE) Julio Serrano; con la frase "en la guerra mueren muchos inocentes" justificó la desaparición de un matrimonio amigo..
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Después de varias jornadas de audiencias sin la presencia de un integrante de las fuerzas de seguridad, declaró hoy en el Juicio por la Verdad el teniente de navío (RE) Julio Armando Serrano, amigo de un matrimonio desaparecido por el que hizo gestiones ante sus camaradas de la Armada.
Serrano prestó testimonio por la desaparición de Mónica Sofía Grispón y Claudio Ernesto Logares, secuestrados en Montevideo (Uruguay) el 18 de mayo de 1978 junto a su hija Paula, de 23 meses de edad.
El de Paula Logares fue el primer caso de un niño devuelto a sus familiares biológicos después de haber sido apropiada por una familia allegada al régimen militar. Pero Mónica Grispón y Claudio Logares continúan desaparecidos. Lo único que saben sus familiares es que fueron traídos a la Argentina y que estuvieron detenidos ilegalmente en la Brigada de Investigaciones de San Justo.
La citación de Serrano se produjo a raíz de la declaración en julio pasado de Elsa Pavón, madre de Mónica, quien dijo que el marino le había dicho que "Claudio era irrecuperable, que no lo veríamos más. Pero (que) su mujer y su hijita volverían pronto".
Hoy Serrano manifestó que era amigo de Claudio y Mónica, a quienes conoció después de haber compartido varias excursiones junto a Claudio, quien había sido alumno de la Escuela Naval y tuvo la posibilidad de compartir con Serrano varias horas de conversaciones.
Serrano dijo que su vínculo con el joven Logares fue creciendo con el tiempo y que se cortó abruptamente a fines del '75 "cuando él me dijo que había pasado a la clandestinidad". El marino también comentó que casi dos años después recibió una llamada de Claudio, en la que éste le pidió que se encontrasen en la terminal de ómnibus de Mar del Plata, ciudad donde residía Serrano en esos años.
Según relató el militar -retirado en 1974 después de un accidente en el que perdió un ojo-, Claudio le manifestó que estaba buscando refugio: "Me dijo que había entrado en la Juventud Peronista y en (el Movimiento) Montoneros y que estuvo ahí hasta que se dio cuenta que los líderes de la agrupación lo habían engañado", afirmó el marino. Y siguió: "(Claudio) dijo que había ido a las villas de la zona de Reconquista (Gran Buenos Aires) a decirle a la gente, que él había estado adoctrinando, que dejara las armas porque los (líderes de Montoneros los) habían engañado, y que por esto Montoneros lo había sentenciado a muerte".
Siempre según Serrano, Claudio, Mónica y su hija estuvieron varios días en su casa hasta que la familia decidió irse a vivir a Uruguay porque "estaban siendo perseguidos por las fuerzas legales (sic) y por Montoneros".
Mientras los Logares vivieron en Montevideo, intercambiaron correspondencia con Serrano hasta que un amigo común de Claudio y el marino, que residía en el país oriental, le comunicó a éste último que la familia había desaparecido. "Primero pensé que era una operación de Montoneros, pero como no aparecieron los cuerpos me di cuenta que habían sido las fuerzas legales", sostuvo Serrano ante el Tribunal.
Después de la desaparición, el marino se dirigió a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) para consultar por la suerte de sus amigos. Pidió hablar con Jorge "el Tigre" Acosta -procesado actualmente por el robo de niños nacidos en cautiverio- pero no pudo conseguir una entrevista con el represor. En cambio, pudo hablar con el teniente Néstor Sabio, asistente de Acosta y ex subordinado suyo. A los tres días, Serrano recibió una respuesta por parte de Sabio: "La SIDE -comentó Serrano- no le proporcionó (a Sabio) información porque las relaciones con la Armada eran ásperas. También le dijeron que las fuerzas de seguridad no intercambiaban información entre sí, salvo en operaciones conjuntas, y que esa persona (Claudio) operaba en la columna oeste de Montoneros, en jurisdicción del Ejército".
Serrano también relató que llamó a un ex compañero suyo, oficial de inteligencia de la Armada Miguel Ángel Ita, para decirle que los Logares "portaban documentos originales (no falsos), que no estaban en la clandestinidad y que Montoneros los había condenado", con el fin de que "no les pasara nada" durante su detención ilegal.
Durante su declaración, Serrano se encargó de repetir que "estábamos en una situación de guerra revolucionaria interna". Asimismo, diferenció dos tipos de desaparecidos: "recuperables e irrecuperables". Preguntado por la definición de ambos términos, el marino respondió: "Recuperable era una persona absolutamente normal que podía ser reinsertada en la sociedad; irrecuperable era un enemigo subversivo que había matado y cometido hechos terroristas".
"¿El irrecuperable que suerte corría?", le preguntó al marino la representante legal de Elsa Pavón, Sara Cánepa. "Supongo que era eliminado", contestó Serrano sin vacilar, al tiempo que afirmó: "Si era recuperable, debía aparecer después de la guerra subversiva. Pero claro, en la guerra mueren muchos inocentes. Ellos (Mónica y Claudio) no eran inocentes, pero creo que no debía haberles pasado esto".
En su testimonio Serrano manifestó que "tenía conocimiento que (la represión) se estaba operando a nivel Cono Sur, pero por comentarios", y aludió así al Plan Cóndor. Además dijo que cuando fue a preguntar a la ESMA por el paradero de Claudio, sabía que allí "funcionaba un centro de detención de subversivos".
Desestiman indagatoria a Etchecolatz
En tanto, la Cámara Federal de La Plata resolvió por mayoría desestimar el pedido del juez Leopoldo Schiffrin de citar a declaración indagatoria al ex represor Miguel Etchecolatz.
En una resolución que se dio a conocer recién hoy, la mayor parte de los jueces (y los conjueces convocados para el plenario de ayer) entendieron que el caso debía resolverse con una denuncia ante el Fiscal General de Cámaras de La Plata, si bien dos jueces pidieron que el caso pase al fiscal de Capital Federal. También se adujo que el fin del proceso abierto en abril del año pasado es la averiguación de la verdad, "y carece de propósitos de persecución penal".
El escrito, que resultó ser muy complejo, incluye el pedido de un conjuez que en un primer momento solicitó que se cambie el número de votantes, que finalmente quedó en 13.
Por otro lado, en ninguna parte de la resolución se hizo referencia a la cuestión de fondo, es decir, los casos por los que Etchecolatz está acusado y por los que nunca fue juzgado o amnistiado. En el plenario, los jueces se limitaron a discutir si la Cámara era competente o no, o si las posiciones de los jueces eran coincidentes o disidentes.
En ese sentido, no existió ninguna referencia a los casos de tortura, privación ilegal de la libertad, violación y homicidio calificado por los que fue acusado Etchecolatz, imputaciones que surgieron de la información recabada en el "Juicio por la Verdad" .
Sin datos
En la jornada de hoy también declaró Carlos Alberto Pérez, hermano de Ramón Lucio Pérez, desaparecido el 9 de noviembre de 1976, después de que integrantes del Ejército irrumpieran en su casa.
Pérez relató ante la Cámara lo que le contó su cuñada y varios vecinos. "Dijeron que explotó una bomba en la puerta del departamento" e ingresaron oficiales del Ejército, que se movilizaban en dos camiones de esa fuerza y en autos Ford Falcon. Los secuestradores, según la cuñada de Pérez, tenían sus rostros cubiertos "con pasamontañas y túnicas" y le dijeron que debía preguntar por su marido en la sede del I Cuerpo de Ejército, en el barrio de Palermo de la Capital Federal.
Tiempo después del secuestro, un oficial del Ejército se hizo presente en la casa de la víctima y le advirtió a su esposa que "no investigara más" sobre el paradero de su esposo Ramón.
Según Carlos Pérez, "un trascendido dice que estuvo en el Pozo de Banfield y que después pasó a un centro clandestino de La Plata, del que no recuerdo el nombre".
Ramón Lucio Pérez era estudiante, trabajaba en la embajada de Cuba, presidía un centro de estudiantes en Lomas de Zamora y militaba en la Juventud Comunista.
"Familiares de Rubén Beratz viajen urgente a La Plata".
Por otro lado, declaró Delia Beratz, hermana del desaparecido Rubén Abel Beratz. Delia contó que el 19 de agosto de 1976 su tío recibió una llamada telefónica anónima con el siguiente mensaje: "Familiares de Rubén Beratz viajen urgente a La Plata".
Cuando la familia Beratz, que reside en Coronel Pringles, viajó a esta ciudad se encontró con la casa de Rubén vacía, porque incluso los secuestradores habían saqueado el domicilio.
Delia sostuvo que "mi hermano desapareció con tres compañeros más" y un arquitecto de nacionalidad boliviana, de apellido Ringolini, que apareció muy golpeado al poco tiempo y se fue a su país natal prometiendo a la familia Beratz que iba a volver a declarar. Según Delia "nunca más lo ubicamos".
Las únicas noticias que tuvo la familia de la víctima fueron una carta del capellán de la Armada, monseñor Emilio Teodoro Grasselli, en donde -según Delia- el clérigo daba a entender "que no se buscara más, que Rubén estaba muerto", y el testimonio del estanciero Jesús Díaz Vega que "nos dijo que mi hermano estaba detenido en la cárcel de Coronda, en Córdoba", según expresó la mujer ante los jueces.
Sin datos para aportar
También se presentó a declarar hoy Luis Fernando Uncal, ex pareja de la desaparecida Hilda Margarita Farias, secuestrada el 20 de diciembre de 1976. Uncal pidió al tribunal declarar en reserva, por lo que los jueces pidieron que se desalojara la sala de audiencias. No obstante, inesperadamente el testigo dijo que no tenía datos para aportar.
Un día detenidos en su casa
En las audiencias de hoy también declaró Lorenza Ávalos, hermana de Jorgelina Aquilina Ávalos, secuestrada en su casa de La Plata el 9 de junio de 1977.
Lorenza contó a los jueces que ese día se dirigió al domicilio de sus padres, que vivían al fondo de un pasillo de una casa comunicada con la de su hermana Jorgelina. "Antes de llegar (cuando iba caminando por el pasillo) unos hombres me detuvieron y me hicieron entrar a la casa de mi hermana", afirmó Ávalos.
Ya en el interior de la casa, Jorgelina le dijo que los represores estaban allí desde las tres de la mañana esperando a su marido Miguel Gómez. En el lugar también estaba la hija del matrimonio, de sólo nueve meses.
Los represores estuvieron en la casa hasta la once de la noche, cuando se cansaron de esperar a Miguel y se llevaron a su esposa Jorgelina junto a un matrimonio que había ido de visita a las tres de la tarde, y que también está desaparecido. Lorenza contó que uno de los militares le dijo: "Tenemos que llevar a su hermana por averiguación, porque su marido no se ha
presentado".
Miguel, que permaneció en la clandestinidad, finalmente apareció con la llegada de la democracia y dijo a la familia Ávalos que no fue ese día a su casa porque se había enterado que lo estaban buscando las fuerzas de seguridad.
Lorenza también afirmó ante los jueces que "a los dos días mis padres y mis hermanos fueron visitados y saqueados" por los represores. Y dijo q
Viajó desde Bolivia para saber qué pasó con su hermano
Una mujer viajó desde Bolivia a La Plata para declarar ante la Cámara Federal, con el propósito de averiguar el destino de su hermano desaparecido en 1976 en esta ciudad.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Amanda Kramer de Torrez declaró que su hermano Hernán, que estudiaba Ingeniería química en la Universidad de La Plata, desapareció junto a un amigo el 11 de septiembre de 1976 de su casa de calle 66 entre 118 y 119.
La mujer contó las dificultades que tuvo la familia para conocer algún dato sobre el paradero del joven. "La represión acá era dura, no nos era fácil venir (desde Bolivia) para hacer gestiones", contó Kramer.
Además relató una historia que incluye la aparición de un hombre que se hizo pasar por un ex compañero de detención clandestina de Hernán Kramer, y que, según la hermana del desaparecido, tenía vínculos con el dictador y ahora presidente constitucional de Bolivia, Hugo Bánzer.
"Una persona que volvió a mi país decía que había salido de un centro clandestino por sorteo, y que mi hermano saldría en quince días", dijo Kramer. Finalmente ese dato resultó ser falso, y la testigo señaló que quien decía ser ex detenido "seguramente sería un represor de acá". Esa persona se llama Miguel Angel Ferrufino.
También declaró que ese hombre "una vez me dijo que si le pagaba una fianza (Ferrufino estaba preso) me contaría lo que le había pasado a mi hermano. Yo le dije que no le iba a pagar". El supuesto represor le contestó entonces que "el general (Hugo) Bánzer le dijo que no contase nada".
La fábula que habría inventado Ferrufino incluye una historia de escape, con el hermano de Kramer y otro detenido, de un tren que se dirigía a Salta. La mujer declaró que este hombre le contó que su hermano Hernán estaba alojado en un hospital de esa ciudad. Este dato también resultó ser falso.
Amanda Kramer pidió a los jueces de la Cámara "que vean si hay fichas sobre mi hermano en el Archivo" de Inteligencia de la Policía, puesto bajo custodia por el Tribunal hace algunos meses y exhibido públicamente la semana pasada. "Quisiera volver a mi país con algo", manifestó la testigo.
La mujer también relató un vínculo que tuvo con un militar boliviano, Ricardo Berazain, quien supuestamente tenía relaciones con las autoridades argentinas. Esta persona le dijo a la familia -sin saber datos sobre el desaparecido- que Hernán Kramer "estaba vivo". "Cuando mi hermano desapareció era la única esperanza que teníamos", expresó.
Además, la hermana del desaparecido contó que concurrió a la Casa Rosada para hacer constar la denuncia de la desaparición de Hernán. "Pedí una constancia y me dieron una tarjeta, con los datos de él. Eso fue un avance", expresó. Luego se conectó con una organización que nucleaba a familiares de extranjeros desaparecidos en Argentina.
Kramer no ahorró en gestiones para dar con el paradero de su hermano. En 1979, en la IX cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se desarrolló en Bolivia, familiares de desaparecidos de esa nacionalidad en nuestro país le entregaron al delegado argentino, Alejandro Formina, documentación sobre lo que había pasado con esas personas. "Nos dijo que en la Argentina no había problemas con los Derechos Humanos", señaló la testigo.
pesar de todos los intentos, la familia no supo nada sobre el destino de Kramer y su amigo. Tampoco pudieron hablar con compañeros de la facultad u otros amigos de su nacionalidad. "Cuando vine aquí tenía 21 años y tenía miedo, no tenía el coraje de ahora", dijo Amanda Kramer al culminar su declaración. La mujer aportó a la causa una lista con los nombres de 43 desaparecidos bolivianos en la Argentina.
Estaba embarazada y pudo salvar a su bebé
En tanto, una sobreviviente de un centro clandestino de detención relató ayer que estando embarazada logró salvar a su bebé, que nació en la Cárcel de Olmos.
Beatriz Grasso fue secuestrada el 29 de marzo de 1976 en la fábrica SIAP -en donde trabajaba-, por un grupo de hombres del Ejército que actuó a cara descubierta y que se la llevó por "averiguación de antecedentes". La mujer dijo que pertenecían al Regimiento 7 de Infantería de La Plata, y que "vinieron con mucho despliegue, incluso con una tanqueta".
Grasso era delegada gremial de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), y no dudó en vincular a sus jefes con su detención ilegal. Dijo que cuando fue interrogada en un centro clandestino que funcionó en la Brigada de Infantería de La Plata, escuchó la voz de un hombre de apellido Fregote, "jefe de relaciones exteriores de la empresa". "Supongo que también estaría Tedeschi, el dueño de la fábrica", agregó la testigo.
La mujer contó que estando detenida en la Brigada Femenina, y luego en Infantería, comprobó que estaba embarazada. "No sé qué me pasó que no me torturaron", expresó. Grasso dijo que más tarde fue llevada a la Cárcel de Olmos.
"Fue el día anterior a la asunción en la Provincia de (el ex gobernador de facto, Ibérico) Saint Jean. Me enteré que luego de ese hecho en Infantería las condiciones de detención fueron más duras", expresó Grasso.
Asimismo, declaró que estuvo cinco años y siete meses a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. En noviembre de 1976 pasó a la Cárcel de Devoto, en donde tuvo a su hija al mes siguiente. A los seis meses de edad, la bebé fue recuperada por su padre, mientras que Beatriz Grasso permaneció detenida en forma ilegal en ese penal hasta el 20 de octubre de 1981.
"Me pedían que firmara un 'arrepentimiento', que era una forma que ellos tenían para demostrar que supuestamente había hecho algo", relató Grasso y añadió: "Nunca lo acepté".
Grasso señaló que una de las personas encargadas de ofrecerle el "arrepentimiento" fue Carlos Oscar Sánchez Toranzo, un funcionario de enlace entre el Primer Cuerpo del Ejército y los presos políticos en las cárceles en esa época.
Sánchez Toranzo es una figura conocida para este Juicio: Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de "La Noche de los Lápices", contó en su declaración ante la Cámara que esta persona lo entrevistaba en la Cárcel de Olmos para preguntarle "qué pensaba de conceptos como familia y religión". También dijo Díaz que Sánchez Toranzo, teniente coronel retirado, le confió que sus compañeros secuestrados el 16 de septiembre de 1976 "fueron fusilados en la primer semana de enero de 1977".
El 27 de abril pasado, durante un careo, Sánchez Toranzo negó todo, si bien admitió que se entrevistó con Pablo Díaz: "La misión dada por las autoridades militares era la de ir viendo cuál era el comportamiento de los detenidos dentro de las unidades penitenciarias", explicó.
Secuestro a media cuadra de la Gobernación
Oscar Fueyo es el actual secretario de Administración y Finanzas del ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y declaró ayer por la desaparición de su hermano Roberto René. Por esta misma causa, también prestó testimonio el tercero de los hermanos, Juan Carlos, quien estuvo detenido junto al desaparecido Roberto.
Los hermanos Fueyo relataron ante el tribunal que la madrugada del 21 de octubre de 1976 un grupo de ocho personas de civil, armadas y con las caras cubiertas, secuestraron a Roberto René y a Juan Carlos de la casa de sus padres, ubicada sobre la calle 53 de esta capital, a cincuenta metros de la Casa de Gobierno provincial. "Se produjo una 'zona liberada'", dijo Oscar Fueyo, "la Guardia de Gobernación no vio nada".
Según contó el testigo, en uno de los cuatro autos Torino en los que se movían los secuestradores estaba un compañero de estudios de su hermano Roberto, apodado "El Vasquito".
Cuando los represores golpearon a la puerta, Roberto salió a atenderlos. Pero cuando preguntaron por él, les dijo que no estaba. Sin embargo, según el relato de Oscar Fueyo, "El Vasquito", desde el auto, les indicó a los secuestradores que Roberto René era el que los estaba atendiendo. Y, así, se lo llevaron junto a su hermano Juan Carlos, después de saquear el domicilio.
Ayer, Juan Carlos Fueyo relató a los jueces de la Cámara que cree que el lugar donde estuvo detenido ilegalmente junto a Roberto fue el Batallón de Infantería de Marina Nº3 (BIM3): "Se notaba que (los represores) eran de Marina por el vocabulario", sostuvo.
Juan Carlos permaneció detenido durante una semana tras la que fue liberado en el bosque platense. En la declaración que prestó ayer recordó que había una detenida, apodada "chilena", "a la que le pegaban con una goma en los pechos para que reaccionara a la picana. Decían: 'Se nos fue la mano'", dijo Juan Carlos ante el Tribunal . Y añadió: "Hacían abuso (lo represores) de las mujeres. El 'cura' (apodo de un represor) decía: 'Dios las cría y estos hijos de su madre las violan'".
El testigo también afirmó que en el operativo de secuestro participaron la Marina y la Policía Federal: "Mi hermano (Oscar) había trabajado junto a (el arzobispo de La Plata, monseñor Antonio José) Plaza y fue a preguntarle por el caso de Roberto. Plaza le dijo que fue un operativo de Marina y de la Policía Federal, y que uno de nosotros dos saldría", manifestó Juan Carlos.
Por otro lado, Oscar Fueyo, abogado, sostuvo que durante la detención de sus hermanos presentó varios hábeas corpus, "tantos, que cansamos a los jueces", dijo. "A mí me tocó una persecución económica. Todos los juzgados generaban costas.
Esto hizo que la gente (familiares de desaparecidos) a la que yo le llevaba los recursos desistiera de seguir enviando" hábeas corpus, completó el ahora funcionario del ministerio de Justicia y Seguridad. Además, afirmó que en 1982 lo notificaron que debía 30 mil pesos de las costas no pagadas y le dictaron el embargo de todos los bienes, medida que finalmente no se ejecutó y ya prescribió.
Oscar Fueyo hizo denuncias por la desaparición de Roberto René ante varias dependencias públicas e incluso declaró ante el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, en una audiencia en la que, según dijo, estaba como acusado el ex jefe de la Policía bonaerense, coronel Ramón Camps.
Al promediar su relato, el funcionario provincial dijo que conocía el funcionamiento de las Fuerzas Armadas (FFAA) "porque entre los 14 y 19 años viví en un colegio militar". Y a continuación, para la indignación de varios familiares de desaparecidos y víctimas de la represión ilegal que se pararon y se fueron de la sala de audiencias, justificó la obediencia debida: "En las FFAA hubo mucha gente de buena voluntad que no se enteró de lo que pasaba hasta el juicio a los comandantes", afirmó. Y remató: "Era una estructura muy cerrada; no se está en una estado deliberativo y se cumplen órdenes".
Ex detenidos
Otra de las personas que declaró ayer fue Patricia Pozzo, una ex detenida de centros clandestinos que contó su historia y la de su hermana Julia, desaparecida junto a su esposo, Roberto Castañet.
Pozzo, quien actualmente reside en Francia, relató que fue secuestrada de su casa el 29 de julio de 1976, junto a su hermana y su cuñado. "En mi dormitorio me interrogaron sobre un chico asesinado por la Triple A en diciembre del '75", expresó la testigo. "Como no querés colaborar, vas a tener que hablar con 'el coronel'", contó Pozzo que le dijeron los represores.
Patricia Pozzo, su hermana y el esposo de ésta, fueron llevados a un centro clandestino de Arana que, por los datos que dio la testigo, se trataría de la División de Cuatrerismo, ubicada en las calles 610 y 16 de esa localidad. Allí fue torturada con la picana eléctrica. "A mi hermana la torturaron varias veces, y a mi cuñado, también, yo escuché sus gritos", señaló.
Del centro de Arana, Pozzo fue llevada junto a un grupo de personas al "Pozo de Quilmes". Entre esas personas ya no estaban su hermana y su cuñado. "Allí estuvimos dos días sin comida, agua, y sin poder ir al baño".
La testigo contó que en una oportunidad los represores le sacaron la venda (que utlizaba todo el tiempo), para darle de comer a los detenidos. "La comida era basura: pedazos de cáscara, huesos, migas de pan sucio", detalló Patricia Pozzo.
A los 15 días fue llevada a la comisaría 3° de Lanús, en donde el comisario de apellido Piñi "nos dijo que el Ejército nos había dejado de depósito". A esa dependencia policial concurrieron varios ex detenidos antes de ser liberados; allí eran "legalizados" (puestos a disposición del PEN) y luego llevados a cárceles comunes.
Pozzo pasó por las cárceles de Olmos y de Devoto, en donde firmó la opción para salir del país, trámite que hizo efectivo en diciembre de 1979.
"Espero que esta declaración no sea en vano"
Declaró una ex detenida que tiene a su esposo desaparecido. Muy emocionada dijo "espero que esta declaración no sea en vano". También declararon tres familiares de víctimas. En tanto, en la resolución por el caso Etchecolatz, un juez se excusó y ya está designado el conjuez que lo reemplazará.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Una mujer cuyo esposo está desaparecido, reclamó a los jueces de la Cámara Federal de La Plata que su historia no quede archivada y que se haga justicia: "Espero que esto no sea un circo para exponernos", pidió.
Mirta Alicia Mazza relató que su marido, Jorge Alday, fue secuestrado el 22 de agosto de 1977, a la salida de la fábrica metalúrgica en donde trabajaba, en Valentín Alsina (Lanús). Al día de hoy la mujer no supo nada del destino de Jorge.
La testigo declaró que ella también fue secuestrada el mismo día que su esposo, por un grupo de civiles armados que la esperaba en su domicilio, manteniendo a su madre como rehén. Y que los represores saquearon la casa: "Nos robaron todo, quedó el departamento sin nada, teníamos todo nuevo porque eramos recién casados", dijo Mazza.
La mujer dijo que al llegar a su domicilio un grupo de hombres la introdujo en un auto, y que fue llevada a un sitio que no supo identificar. "Llegamos a un lugar donde se abrió una cortina de hierro, se escuchó el chirrido", precisó. Ese lugar sería el centro clandestino "El Olimpo". El dato se afirma con la presencia de un represor apodado "Conejo", a quien Mirta Mazza nombró.
"Me atan a un elástico. . .-continuó la mujer en su testimonio-, no sé si tengo que contar esto. . .", se preguntó y comenzó a llorar. "Espero que no sea en vano, que esto no sea un circo para exponernos", solicitó compungida Mazza, al sentir que una vez más tenía que contar el modo en que fue apremiada ilegalmente sin que los represores rindan cuentas ante la
Justicia.
En este punto de la declaración, en la que la testigo continuaba llorando, el presidente del Tribunal le expresó: "Me alcanzaría con saber si fue golpeada". "Me torturaron", respondió la esposa del desaparecido Jorge Alday. Y explicó que le hicieron un "interrogatorio incoherente", mientras permanecía vendada.
Cuando el juez le preguntó si podía identificar a alguno de sus secuestradores o torturadores, la testigo reveló: "Yo salí de garante en un crédito, a uno que me secuestró". "¿Podría identificarlo?", requirió el Tribunal. "Sí, nunca lo dije".
Los jueces consideraron que, dado el estado de la testigo, ese dato podría revelarse en privado. De esta forma, se pidió el desalojo de la Sala de Audiencias, y el público presente esperó afuera hasta el final del testimonio de Mirta Mazza.
No obstante, durante la declaración "en privado", la mujer no aportó datos de importancia para la causa.
Declaró la madre de un desaparecido
Por otro lado, María Teresa Bailo contó a los jueces de la Cámara cómo secuestraron a su hijo la madrugada del 7 de enero de 1978.
Según la testigo, un grupo de hombres golpeó la puerta de su domicilio violentamente y luego preguntaron por el apellido de una persona que ni ella ni su esposo conocían. "Dijeron que saliéramos con las manos en alto y entraron como 50 hombres armados", relató la testigo.
Luego de revisar la casa, los secuestradores se llevaron a su hijo Julio César Acuña, a la pareja de éste y al novio de su hija, un tal "Daniel", que según contó Bailo habría pertenecido a la Armada en aquel momento. La testigo comentó, muy emocionada, que a los pocos días apareció Daniel diciendo que lo habían golpeado y luego lo habían arrojado de una camioneta.
"Pero si a vos te tiraron de una camioneta y te pegaron, cómo no estás lastimado", le preguntó el cuñado de Bailo a Daniel, que no ofreció respuesta.
Después del secuestro, Daniel y la hija de María Teresa Bailo -que estaban comprometidos- se pelearon y nunca más la familia volvió a ver al presunto marino.
A los dos meses de su desaparición, la pareja de Julio Acuña fue liberada con graves signos de golpes y torturas con picana. Bailo contó que acompañó a su nuera a un hospital. "El doctor preguntó cuando la vio: '¿La agarraron las ratas?'. Y como le dije que había estado desaparecida no la quiso atender", afirmó la testigo.
Bailó relató también que su hijo tenía una moto que, al momento de su secuestro, estaba en arreglo. Cuando habían pasado dos meses de la desaparición de Julio, ella y su esposo fueron al taller a retirarla y se encontraron con que "se la había llevado la policía", según manifestó. La noche del secuestro, en el barrio hubo un gran operativo en el que se detuvieron ilegalmente a decenas de personas.
Secuestraron a su esposo y a su hermano
Por otro lado, declaró Silvia Isabel Pinedo, esposa del desaparecido Jorge Omar Astudillo, secuestrado el 2 de julio de 1976 en su casa de Ensenada, a las 5 de la mañana. "Tiraron la puerta abajo. Yo estaba durmiendo junto a mi marido", manifestó Pinedo. Luego dijo que los secuestradores los encandilaron con una luz y se llevaron a su esposo, que nunca más volvió a ver.
En ese mismo episodio, las Fuerzas de Seguridad secuestraron a su hermano, Ángel Mario Pinedo, del que tampoco tuvo noticias en 23 años. Las dos víctimas trabajaban en Astilleros Río Santiago.
"En la Unidad Penal N°9 (de Olmos), en Infantería, en la Armada, en la Curia... Nos echaron de todos lados", afirmó la testigo sobre las averiguaciones que hizo acerca del paradero de su esposo y su hermano.
Tuvo noticias de su marido después de 21 años
En la jornada de hoy también declaró Laura Ethel Mannarino, esposa de Néstor Edgardo Arrúa, secuestrado el 3 de julio de 1978 en su domicilio.
La testigo contó que los secuestradores, primero, "amenazaron y arrinconaron" a sus padres, que vivían en una casa vecina, y luego ingresaron en su domicilio y se llevaron a su marido. Laura Mannarino y su padre intentaron perseguir los dos autos Ford Falcon en los que se movían los represores, pero fue en vano. Luego, dijo, "intentamos hablar por teléfono y nos habían cortado la línea".
Mannarino afirmó ante los jueces que nunca más supo de su marido, pero el fiscal Julio Piaggio recordó en la audiencia que semanas atrás, la ex detenida Inés Paleo había dicho que vio a Néstor Arrúa en el centro clandestino de detención conocido como "La Cacha", que funcionó en las afueras de esta ciudad. Piaggio también dijo que Laura Bretal, sobreviviente de ese mismo centro, lo había nombrado en su testimonio. La mujer dijo que recién ahora, después de más de 20 años, tenía noticias sobre su marido. Personas pertenecientes a organismos de derechos humanos y el propio personal judicial la contactó con las dos ex detenidas de "La Cacha".
Etchecolatz: un juez se excusó
Ayer, los nueve jueces de la Cámara Federal de esta ciudad y los cuatro jueces federales de primera instancia del distrito de La Plata se reunieron para resolver el pedido del camarista Leopoldo Schiffrin de citar a prestar declaración indagatoria al ex director de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Miguel Osvaldo Etchecolatz.
Durante el cónclave, el juez federal de primera instancia Ramón Miralles se excusó porque su familia y él sufrieron la represión ilegal de la última dictadura. El caso de la familia Miralles sirvió para condenar a los comandantes de las juntas militares y al ex jefe de la Policía Provincial, coronel Ramón Camps.
Según el Código Procesal Penal de la Nación, un juez debe excusarse de intervenir en un proceso-entre otras razones- si anteriormente fue denunciante de una de las partes, si sus familiares estuvieran interesados en el proceso o si él tuviera interés en el caso, cuestiones que se cumplen en la situación de Miralles.
De esta manera, Miralles no integrará el grupo de trece jueces que decidirán sobre el pedido de Schiffrin. En su reemplazo votará el conjuez Isidoro Goldenberg.
El próximo plenario se llevará a cabo el jueves 2 de diciembre, y de no lograr una mayoría de siete votos, la Cámara seguirá llamando a otros conjueces hasta que se llegue a un acuerdo.
En el primer plenario, en el que participaron sólo los nueve jueces de la Cámara, la votación arrojó cuatro posiciones diferentes. Tres votos -entre ellos el del propio Schiffrin- adhirieron a la citación indagatoria de Etchecolatz; dos jueces propusieron que el caso lo tomara un juez de primera instancia; otros dos votos sostuvieron la intervención de la Cámara Federal de Buenos Aires; y los restantes dos rechazaron el pedido.
Ahora, la presentación de Schiffrin precisa de cuatro votos más para llevarse adelante (7 del total de 13 jueces que votará el 2 de diciembre). Si esto sucediera, el Juicio por la Verdad se convertiría en un proceso penal.
Miércoles 24 de Noviembre de 1999
Informe de Prensa de la APDH La Plata - Juicio por la Verdad
Un ex-detenido brindó más detalles de la comisaría 5°
Un ex detenido ubicó en un plano el lugar donde estuvo en ese centro clandestino. Y contó que fue secuestrado en Chacabuco y traido a La Plata. También testimonió un hombre que estuvo cuatro años privado ilegalmente de su libertad, y el hijo de un desaparecido.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Un hombre que estuvo detenido ilegalmente en la comisaría quinta de esta ciudad durante la última dictadura, contó hoy las circunstancias en las que permaneció secuestrado en ese centro clandestino ante la Cámara Federal de La Plata.
Hugo Marini fue secuestrado el 11 de enero de 1977 en su domicilio en Chacabuco, en el norte de la provincia de Buenos Aires. Un grupo de personas "a cara descubierta" lo llevó a la Brigada de San Nicolás, donde estuvo privado de su libertad diez días, y más tarde fue llevado a un centro clandestino en Arana, en las afueras de La Plata.
Marini no pudo precisar si ese centro fue el "Pozo de Arana" o la "División Cuatrerismo" de la Policía de la Provincia. "Decían que era 'el campito'", contó el testigo.
A fines de enero de 1977, Marini fue llevado a la comisaría quinta, donde estuvo hasta abril de ese año, cuando recuperó la libertad. "El 24 de marzo nos dieron un golpe, para festejar (el aniversario) del Golpe", expresó.
El testigo nombró a varias personas con las que compartió el cautiverio y que permanecen desaparecidas: Carlos Ciancio y su esposa, Federico Bachini, Juan Miguel Iglesias, Carlos Simmons y Mauricio Reboredo, hijo de uno de los jueces presentes en la sala. También nombró a dos jóvenes que tenían apellido Díaz, sin ser parientes, que eran estudiantes de Periodismo. En un reconocimiento fotográfico, el ex detenido ubicó a Simmons y a Reboredo.
"Estábamos atados, vendados y tirados en el piso. La celda era un contrapiso", contó Marini. El testigo, mirando un plano de la comisaría 5° que le exhibió el Tribunal, identificó el lugar donde estuvo ilegalmente detenido. Al igual que otros ex detenidos de ese centro clandestino, Marini señaló en el plano el lugar donde ahora funciona el archivo de la comisaría.Esa celda era de tres por cuatro metros, y allí llegaron a estar treinta personas.
El relato de Marini también coincidió con el de otros ex detenidos de la 5° en la descripción de la estructura del lugar de detención. El testigo dijo que tenían acceso al baño, y que los represores les traían la comida en una olla y les dejaban platos para que se sirviesen.
Hugo Marini fue liberado días antes de la Semana Santa de 1977, junto a otras tres personas. "Me dijeron: 'Ya sabés, el silencio es salud'", señaló sobre las "recomendaciones" que los represores le dieron.
Cuatro años en cautiverio
En la jornada de hoy también declaró Luis Horacio Fernández, un ex detenido de centros clandestinos de detención, que pasó por el "Pozo de Quilmes", la Comisaría de Valentín Alsina y terminó su periplo en la Unidad Penal Nº9 de Olmos.
Fernández trabajaba en la fábrica automotriz Peugeot del Gran Buenos Aires, y fue secuestrado una madrugada del año 1976 en su casa, mientras dormía.
"Llegaron entre diez y quince personas, me golpearon, me vendaron los ojos y me llevaron al 'Pozo de Quilmes'", afirmó el testigo ante los jueces de la Cámara.
En este lugar, Fernández permaneció once meses en una celda con varios centímetros de agua. En este período fue torturado cuatro veces: "Estaba estaqueado sobre un colchón mojado y me daban la picana durante dos horas", afirmó.
Sobre las condiciones diarias de su detención, Fernández contó que comía y tomaba agua cada cuatro o cinco días. Y durante la declaración fue gráfico: "Mi lengua era un talco", manifestó. Luego, la abogada de la Asociación Ex Detenidos-Desaparecidos le pidió que describiera el lugar y que contara cómo eran los baños del centro clandestino. "¿Baños?... Había un tanto así de agua", contestó Fernández con gestos, dando a entender que en ningún momento tuvo la posibilidad de usar un sanitario y que las necesidades biológicas las hacía en su celda.
Después de los once meses en Quilmes, Luis Fernández fue trasladado a la comisaría de la localidad de Valentín Alsina, con apenas 23 kilos de peso. Allí permaneció durante cuatro meses y en ese tiempo recuperó 16 kilos, porque las condiciones eran otras: estaba a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
Luego de pasar por la comisaría fue trasladado, como tantos otros ex detenidos, a la Unidad Penal Nº9 de Olmos, en las afueras de La Plata, y después de tres años recuperó la libertad.
Durante la audiencia, Fernández fue interrogado acerca de sus compañeros de detención y sobre los nombres de represores, pero no recordó ninguno, a pesar de haber permanecido cuatro años detenido.
Declaró el hijo de un desaparecido
Jorge Luis Carpinetti tenía sólo ocho años en 1976. El 30 de noviembre de ese año vio cómo un grupo de personas armadas se llevó a Jorge, su padre, de su casa del barrio Altos de San Lorenzo, de esta capital, y nunca más lo vio.
"Eran una docena de personas vestidas de civil y uno llevaba uniforme del Ejército", señaló ante el Tribunal Jorge Carpinetti, respecto del grupo de secuestradores. Y luego contó que su madre, su hermana de cinco años y él
fueron introducidos en un pasillo de la casa, mientras los represores saqueaban el domicilio y se llevaban a su padre, Jorge.
El testigo dijo que los vecinos vieron que los secuestradores se movían en seis vehículos y que a su padre lo metieron en un baúl y se lo llevaron. La familia Carpinetti no supo nunca más de Jorge. Pero hoy su hijo recordó ante la Cámara que cuando él tenía entre 15 y 16 años, un compañero de militancia peronista le contó que a su padre lo habían visto detenido en la Unidad Penal Nº 9 de Olmos.
Por otro lado, el testigo relató que días antes del secuestro, "el sacerdote de la Parroquia de Fátima (en esta ciudad) le avisó a mi padre que iba a desaparecer". Y agregó: "Llevó dinero para que pudiera salir del país y se lo rechazamos". Durante la audiencia, una mujer que se encontraba en el público manifestó en voz baja que el prelado es conocido como "Padre Miguel", que tiene algo más de 70 años y que actualmente es el encargado de la parroquia.
J orge Carpinetti trabajaba en la otrora empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Dos meses antes de su detención había sido delegado gremial en el sector Mecánica Externa del Taller Naval de esa empresa. Tres días después de su desaparición, fueron secuestrados su hermano Roberto y su cuñada Alicia Rodríguez, quienes también trabajaban en YPF. Jorge Luis Carptinetti le dijo hoy a la Cámara que tampoco supo nada acerca de ellos, que eran sus tíos.
La desaparición de otro trabajador de YPF fue otro de los casos tratados hoy ante la Cámara Federal. María Alejandra Romero, esposa del desaparecido Eduardo Clavijo, contó que su marido fue secuestrado la medianoche del 3 de diciembre de 1976.
La mujer no supo nada del destino de su esposo, ni en dónde estuvo privado ilegalmente de su libertad. Por una versión se enteró que Eduardo habría estado en la Brigada de Infantería de La Plata, en las calles 1 y 60.
Romero también dijo que para averiguar el paradero de su marido concurrió al Ministerio del Interior, al igual que cualquier familiar de un desaparecido, y que en ese lugar le retaceaban la información.
Miércoles 17 de Noviembre de 1999
Informe de Prensa de la APDH La Plata - Juicio por la Verdad
La detuvieron en forma ilegal y después la juzgaron
Declaró una ex detenida que estuvo más de un año prisionera y luego fue juzgada por un consejo de guerra. Además, prestó testimonio un sobreviviente de centros clandestinos que pasó cinco años detenido.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- En la jornada de hoy la Cámara Federal de La Plata recibió el testimonio de Nora Patricia Rolli, una ex detenida que pasó por el centro clandestino de detención "La Cacha" y que fue juzgada por un tribunal militar.
Nora y su padre fueron secuestrados de su casa la madrugada del 15 de abril de 1977 por un grupo de personas que se identificaron como "fuerzas conjuntas" y que irrumpió violentamente en el domicilio. "Usaban pelucas, gorros, pasamontañas y barbas y bigotes postizos", declaró Rolli durante la audiencia.
La ex detenida sostuvo que cuando llegó al centro clandestino la hicieron desnudar y recostar en un elástico metálico y la ataron. "Preguntaban violentamente por mis compañeros de (la Facultad de) Medicina y por vecinos del barrio, y me aplicaron picana con una araña de cables que partía del abdomen hacia las extremidades", manifestó. Y agregó: "Un guardia me dijo: 'Bienvenida a La Cacha'".
Rolli contó que se enteró que su padre -quien también recuperó la libertad- sufrió tres simulacros de fusilamiento y que mientras la torturaban a ella, lo pusieron en una sala contigua para que escuchara: "Eso era tortura psíquica", sostuvo la ex detenida. Nora Rolli contó que un día pudo escuchar cuando un oficial informaba a Enrique Reggiardo que su esposa había dado a luz: "'¡Quique, Mochocha (María Rosa Tolosa) tuvo mellizos!'", le habría dicho el represor al padre biológico de los mellizos Reggiardo Tolosa, protagonistas de unos de los tantos casos de niños apropiados durante la dictadura.
A principios de junio del mismo año, padre e hija fueron trasladados a la comisaría 8° de esta capital, donde permanecieron detenidos durante un año y pudieron recibir visitas. Después de este período, el padre de Rolli fue trasladado a la Unidad Penal N°9 de Olmos y ella al Penal de Devoto. Ambos fueron juzgados por un Consejo de Guerra, bajo el cargo de asociación ilícita. En el veredicto, los militares sobreseyeron al padre de Rolli y a ella también la sobreseyeron pero provisoriamente. "Tenía que presentarme en el Regimiento de Patricios una vez por año y no podía salir del país. Además, tenía inhabilitación para cargos públicos", relató la ex detenida. Con el retorno de la democracia, Rolli averiguó cual era su situación en esa causa y no encontró ningún documento de todos los trámites legales a los que fue sometida. Por otro lado, otra ex detenida de "La Cacha" también contó su experiencia ante la Cámara Federal. María Inés Paleo fue detenida en julio de 1978 y liberada a principios de septiembre de ese mismo año. Durante este período, pasó, además, por la comisaría 2° de esta ciudad. Los represores, que se identificaron como policías federales, la secuestraron junto a su bebé y fueron a la casa del hoy desaparecido Alejandro Gutiérrez sin un motivo aparente. Allí a María Inés le permitieron dejar a su hijo y luego se la llevaron.
La testigo identificó como represores de "La Cacha" a dos individuos apodados "El Oso" -un oficial de la Policía de la provincia cuyo apellido sería Acuña- y "El Pájaro". Además contó que en la puerta del baño del centro clandestino había un dibujo que ilustraba a un grupo de personas sobre un bote, con una valija de dinero, identificados como integrantes del movimiento Montonero. Según Paleo, el dibujo estaba acompañado por la leyenda: "Ustedes están acá y ellos se fueron con la plata".
Cinco años detenido
En la jornada de hoy, la Cámara Federal de esta ciudad también recibió el testimonio de un ex detenido que estuvo privado durante cinco años de su libertad.
Rubén Saposnik militaba en el Partido Comunista de La Plata y, justo después del secuestro de un militar que vivía cerca de su casa, las Fuerzas de Seguridad comenzaron con allanamientos y operativos en su domicilio, porque -según contó- lo vinculaban con ese hecho. Los operativos comenzaron un día que él y su hermano habían ido a cursar a la Facultad de Ciencias Médicas. Rubén, antes de volver a su casa, llamó por teléfono: "Acá hay unos señores de la Policía Federal que te buscan", le había dicho su madre. "Yo, por supuesto, no fui porque sabía la realidad que estaba viviendo el país", sostuvo Saposnik hoy ante la Cámara. El testigo afirmó que estuvo mucho tiempo sin volver a su domicilio, porque sabía que los procedimientos eran reiterados.
"Un día hicieron un operativo con militares. Se llevaron a mi padre y a mi madre a 1 y 59 -sede de la Guardia de Infantería de la Policía bonaerense- y los torturaron. Estuvieron allí cerca de 33 días", manifestó Saposnik. Una semana después de que las Fuerzas de Seguridad se llevaran a sus padres, a principios de junio de 1976, Rubén Saposnik se encontraba parado en la esquina de 19 y 44 esperando un colectivo, y un hombre se le acercó: "Era un cabo del Regimiento 7; me preguntó si yo lo conocía a él, porque hacía un mes que yo había sido dado de baja del servicio militar. Sacó un arma y me dijo: 'Lo estamos buscando'", relató Saposnik ante el Tribunal. Con el revólver en la mano, el militar detuvo un taxi que pasaba por allí y se llevó a Saposnik detenido al Regimiento, donde lo encerraron en un calabozo. Según el relato del testigo, previamente, un cabo junto a tres oficiales le preguntaron por qué no se presentaba si sabía que lo estaban buscando y le propinaron una golpiza.
Después del encierro en el calabozo, Saposnik se entrevistó con el teniente primero Del Río, quien le reiteró la misma pregunta que sus subordinados. "En otra habitación -contigua a la de Del Río- había una foto de mi hermano Jorge y otra mía con un cartel que decía 'buscados'", contó el ex detenido. El periplo de Saposnik continuó en un centro clandestino. Después de viajar media hora vendado y esposado, el auto que lo llevaba se detuvo: "Me bajaron y entramos a un lugar donde había otras personas (detenidas). Me desnudaron, me ataron de manos y pies a un elástico y comenzaron las sesiones de torturas", dijo el testigo ante los jueces del Tribunal. La estancia en ese centro clandestino -que sería Arana, según le manifestaron otros ex detenidos a Saposnik- duró aproximadamente un mes y medio. Durante este tiempo, su padre, ya liberado, comenzó a hacer gestiones por Rubén y se dirigió al Regimiento 7 a preguntar por él. Los militares que lo recibieron, reconocieron la detención de Rubén. Por eso, inmediatamente, el padre del detenido envió cartas a una decena de funcionarios públicos, entre ellos el dictador Jorge Rafael Videla, agradeciendo que el Ejército reconocía que tenía detenido a su hijo. "A los dos días, dos personas de inteligencia del Ejército fueron preocupadas a mi casa a preguntarle a mi padre cómo sabía que me tenía el Regimiento 7", relató Saposnik.
Después del paso por el centro clandestino, el ex detenido fue trasladado a la comisaría 3° de Valentín Alsina junto a otros 18 prisioneros, donde las condiciones de detención fueron distintas: sin vendas, sin esposas y hacinados en un pequeño calabozo.
Cuando ya había pasado esto, su padre, que todavía ignoraba su destino, tuvo una audiencia con el Jefe de la Policía provincial, coronel Ramón Camps, quien le prometió que iba a resolver la situación de Rubén. Días más tarde, el padre de Saposnik fue notificado de que su hijo estaba detenido en la comisaría 3° de Valentín Alsina y la Policía le expidió un certificado para que pudiera visitarlo. Así, Rubén tuvo contacto con su familia.
Pero la historia de su detención ilegal no terminó ahí. Recién terminaría casi cinco años después, el 18 de octubre de 1981. Para ese entonces, a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, había pasado por la Unidad Penal N°9 de Olmos y el Penal de Caseros.
Cuando recuperó la libertad, Rubén se enteró de algunos episodios que había vivido su familia. Cuando fueron liberados de la Guardia de Infantería de la Policía, los padres de Rubén salieron con un "certificado donde constaba que no tenían actividad política", sostuvo el testigo, y explicó que de alguna manera ese documento trataba de legalizar una detención que había sido ilegal.
Sin rastros
Por otro lado, también declaró Rubén Gorosito, Director de Servicios Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Gorosito testimonió en la causa por la desaparición de dos amigos, entre ellos el estudiante de Derecho, Fernando Fracchia. El testigo contó que poco después del mediodía del 16 de noviembre de 1976 escuchó ruidos en el patio de la pensión donde vivía, ubicada en 4 y 36 de esta capital. "Me asomé y vi personas armadas corriendo. Me fui por una puerta que da a 36 y, después, pude observar cómo personas de civil armadas hacían un procedimiento", relató Gorosito ante la Cámara. Adentro de la casa había quedado Fernando Fracchia y otro amigo que vivía junto a ellos, a los que Gorosito no vio nunca más. El testigo contó que cuando ya estaba en la calle comenzó a escuchar varios disparos. Al otro día, cuando abrió el diario, se enteró que ese operativo había arrojado un saldo de cuatro víctimas que no fueron identificadas.
En otro caso en el que tampoco se tuvo rastros de la víctima, declaró Laura Gerenschtein, hermana del desaparecido Rubén Gerenschtein, secuestrado en su casa la tarde del 27 de mayo de 1977. La testigo contó escuchó el timbre de su casa y cuando fue a atender vio correr a una persona armada. Después de ver eso, volvió hacia adentro de su casa y se encontró que en el patio había "una persona arriba de mi hermano con un arma", según contó. Tres secuestradores más entraron en la casa, la encapucharon y se llevaron a su hermano. Nunca más supo de él, sólo que una amiga ex detenida lo vio en "La Cacha".
Declaró un ex comerciante
Por último, en las audiencias de hoy declaró Héctor Siniego, un ex comerciante de esta ciudad, en la causa por la desaparición de Alejandro Gutiérrez.
Siniego era propietario de una vidriería y Gutiérrez había sido contratado por él para la colocación de vidrios en un colegio de la Capital Federal . Según la familia Gutiérrez, cuando fueron a avisarle a Siniego que Alejandro había desaparecido, el vidrierista les respondió que ya sabía del secuestro porque había hablado con los integrantes de la Fuerzas de Seguridad que se habían llevado a Alejandro.
Ruth Penette, madre del desaparecido, contó el mes pasado a los jueces de la Cámara que al concluir su tarea, los dueños de la obra le habían entregado a Alejandro el "final de obra", un documento que confirma la finalización del trabajo y que con su presentación se pueden cobrar los honorarios por el trabajo realizado. Según Ruth Penette, sin el "final de obra" "Siniego no podía cobrar la colocación de los vidrios. Entonces se preocupó mucho porque Alejandro no venía y llamó a dos amigos de él: oficiales Nuñez y Vacaro, de la Policía Federal. Estas personas le trajeron el 'final de obra' que tenía Alejandro en su bolsillo, para que pudiera cobrar". Además, en la oportunidad que declaró, Penette agregó: "Yo le pedí a Siniego si podía interceder por la suerte de Alejandro, si conocía a esta gente (los oficiales). Él me dijo: 'Si no hizo nada, quédese tranquila porque lo van a largar' y no ofreció ningún tipo de ayuda".
Hoy Siniego negó la existencia de un documento como el "final de obra" y afirmó que se enteró de la desaparición de Alejandro porque un día que tenía que presentarse a trabajar no fue: "Lo mandé a buscar con un empleado y volvió desesperado porque vio a la Policía y al Ejército en la casa de Gutiérrez", sostuvo Siniego. Además, el ex comerciante manifestó que conocía a Vacaro -sindicado por la madre del desaparecido como policía federal- desde la infancia pero que no sabía a qué se dedicaba. Y contó que éste lo fue a ver junto a un "hombre vestido de verde", que sería Núñez, y se lo presentó. Según Siniego, Vacaro se limitó a presentarlo ante Núñez, quien le preguntó si sabía que tenía Montoneros de empleados. "Yo les dije que todo el mundo sabía que ellos defendían sus ideales", dijo hoy el ex comerciante.
Miércoles 10 de Noviembre de 1999
Informe de Prensa de la APDH La Plata - Juicio por la Verdad
|