Los hechos: cuando en 1976 los militares tomaron el gobierno, se encontraron con varios miles de presos políticos en las cárceles legales. Los tenían en sus manos pero de modo públicamente conocido, con registro legal comprobable de la identidad, paradero y situación de cada uno, y causa abierta en la Justicia Federal o decreto del Poder Ejecutivo nominado para cada individuo.
No podían "solucionar este problema" aplicando el método que habían decidido utilizar de modo generalizado: hacer desaparecer a la persona negando la existencia del hecho. Eran muchos miles, su desaparición masiva hubiera sido inocultable e impresentable ante el mundo, ni aún en sus primeros tiempos estaban en condiciones de afrontar semejante costo político.
Entonces diseñaron otra estrategia. Organismos de inteligencia militar, con la colaboración de penitenciarios, clasificaron a los presos en tres categorías: recuperables (muy pocos), difícilmente recuperables (la gran mayoría) e irrecuperables (los señalados como dirigentes). En consecuencia, de marzo a diciembre del 76 se hicieron traslados masivos redistribuyendo en las cárceles de hombres y mujeres de todo el país a los presos políticos según esta estrategia.
La Unidad 9 de La Plata, vaciada de presos comunes, fue uno de los centros del movimiento de los prisioneros legales varones, y sus autoridades reemplazadas por cuadros confiables, adoctrinados para la tarea. Pasaron por allí miles de presos y quedó una población estable muy numerosa.
En enero de 1977 separaron a los considerados "irrecuperables" alojándolos en los pabellones uno y dos de ese penal, que los mismos oficiales llamaban "Pabellones de la Muerte".
En los dias siguientes ejecutaron los primeros fusilamientos, que despertaron un clamor de denuncias y reclamos internacionales, quedando ese grupo de condenados de hecho en la mira de todos los organismos de derechos humanos, costo político insoportable para el gobierno de las fuerzas armadas.
Mantuvieron entonces el plan latente, matando algunos más de a poco y con distintos pretextos, y accionaron secuestrando y asesinando a muchos familiares de los permanecían vivos.
La solidaridad de los familiares fue el principal apoyo para la vida y la dignidad de los presos políticos. Sus denuncias sobre el peligro inminente de exterminio en los Pabellones de la Muerte y el trato brutal generalizado llegaban a instituciones, foros, gobiernos y prensa internacional, y golpeaban en el punto más débil del gobierno militar, obligándolo a limitar o postergar sus acciones.
Pero en la Argentina del Terrorismo de Estado las madres y hermanas eran presas fáciles. Llegaron en los Ford Falcon y se llevaron a tantas que no aparecieron más, negando cínicamente estos hechos.
Treinta años después la situación se ha invertido, aquellos generales y almirantes otrora todopoderosos están repudiados por la sociedad, muchos condenados por sus crímenes y sus colaboradores subordinados, procesados o investigados, mientras los ex-prisioneros sobrevivientes han desarrollado su vida positivamente, ocupando muchos de ellos lugares de gran reconocimiento social. No ha habido ni una sola venganza personal. El Día y la Noche.
Pero el 2006 no es el fin de la Historia, y recordar el pasado en esta cárcel debe alertar sobre estos ámbitos que siguen siendo propicios para la violación de los Derechos Humanos. Debemos apoyar los esfuerzos de los que trabajan para que las instituciones penitenciarias cumplan el rol que la Constitución les asigna, y desterrar definitivamente las prácticas que hoy repudiamos.
Política de destrucción física y psíquica de los presos políticos...
La política de aniquilamiento psíquico y físico de los presos políticos durante la dictadura argentina no fue resultado de la casualidad ni provocada por "excesos" individuales, como trató de justificar el régimen. Esa política de aniquilamiento fue implementada cuidadosa y alevosamente, con instrucciones precisas --válidas para todas las cárceles-- y ejecutores especialmente entrenados para llevarlas a cabo. Existen documentos que lo prueban y que son publicados en esta página.
La destrucción física a la que aludimos no se agota con los casi 70 fusilamientos ocurridos dentro de las prisiones, disfrazados de intento de fuga, ni el del compañero asesinado delante de nosotros con una pistola, ni el del compañero que murió estaqueado (sin dejar de putear a sus verdugos) ni el de los compañeros muertos a causa de palizas, ni los de los compañeros que murieron por falta de atención médica, ni los de los pocos compañeros que prefirieron el suicidio a la muerte en vida, ni los de los de los 157 compañeros a disposición del PEN que fueron secuestrados mediante simulacros de puesta en libertad. (Son cerca de 250 los compañeros que fueron asesinados en las cárceles o continúan detenidos-desaparecidos). Nos estamos refiriendo también a los miles de presos políticos que pagaron con el quebrantamiento de su salud su reclusión en las cárceles del régimen y su sometimiento a torturas, alimentación deficiente y desatención médica. Igual que en Hiroshima, estos compañeros que alcanzaron a recobrar la libertad, fueron muriendo a lo largo de estos años, en un siniestro goteo, pagando con sus vidas truncas los crueles delirios de quienes diseñaron y ejecutaron el mayor plan de eliminación masiva sistemática que ha tenido lugar en la historia de América Latina.
Además de la destrucción física los genocidas pusieron en marcha un plan de destrucción psíquica que incluía el aislamiento entre los presos y con sus familias, el estímulo de la división entre los propios presos, la restricción de toda actividad intelectual, las mil y una formas de humillación, la prohibición de todo derecho, aun los más elementales. El propósito de este plan era evidente: los que se salvaran de la muerte no debían salvarse de la locura. El aniquilamiento por otros medios.
Y hay que decir que si la dureza del trato fue debilitándose con el paso de los años, se debió a que la resistencia dentro de las cárceles y la presión por nuestra libertad fuera de ellas, fue en continuo aumento.
Una de las funciones de esta página será, precisamente, ir contando las experiencias vividas en esta cárcel, relatadas por quienes fueron los protagonistas, hasta sus más mínimos detalles. Y, en especial, los modos de resistencia utilizados y los resultados de esa resistencia.
En esta cárcel fueron asesinados o desaparecidos 12 compañeros y 16 familiares de presos políticos fueron secuestrados y continúan desaparecidos. Conocerán cada historia en las secciones siguientes y serán completadas con las denuncias que nos harán llegar los compañeros.
Compañeros asesinados y desaparecidos Unidad 9
Dardo Cabo Roberto Pirles Angel Georgiadis Horacio Rapaport Gonzalo Carranza Guillermo Segalli Juan Pettigiani Miguel Domínguez Rafael La Sala Alberto Pinto Marcos Ibáñez Juan Deghi
Familiares desaparecidos Unidad 9
Ramona Esther Gastiazoro de Brontes Olga Lutiral Nora Suárez Omar Suárez Delia Avilés de Elizalde Leal Sofía Elizalde Felipe Elizalde Cristina Constantini Matilde Vara Sofía Ester Galansky "Sonia" Pedro Alcides García María Luz Martínez Alberto Braicovich Santiago Villanueva Diana Conde María Angela Elena Gassman
Nuestra resistencia…
Nadie ha dicho todavía, y ya es tiempo de decirlo, que el comportamiento moral de los presos políticos argentinos fue ejemplar. A pesar de la extrema dureza del régimen, que incluía castigos salvajes, la inmensa mayoría de los presos los soportó con dignidad y estoicismo, y aún les quedó tiempo para oponer diversas formas de resistencia. La primera de esas formas de resistencia fue la solidaridad, que preservó nuestra condición de personas y que permitió mantener conceptos básicos de igualdad que formaban parte de nuestras creencias más firmes, herencia de nuestras diversas militancias. En las cárceles se inventaron mil modos de mantenernos en condiciones, desde los diversos sistemas para hacer llegar al exterior lo que estaba ocurriendo dentro de las cárceles hasta la creación de economatos que garantizaran una correcta distribución de los pocos alimentos y medicinas que podían obtenerse, así como la permanente realización de cursos de formación que estimularan la actividad intelectual o los medios de comunicación dentro de los pabellones, entre pabellones y aun entre cárceles, conseguidos gracias a la complicidad de familiares, presos comunes y hasta de uno que otro guardia cárcel angustiado por su responsabilidad en aquella situación.
Los presos políticos argentinos no eran los monstruos sedientos de sangre que difundió la propaganda del régimen, pero tampoco eran las víctimas inocentes, paralizadas ante su suerte, que prefirió ver cierta teoría impulsada por arrepentidos de diversos pelajes. Los presos políticos argentinos sabían que estaban presos por su militancia en la búsqueda de un mundo más justo y supieron vivir esa situación con dignidad y entereza. No estamos diciendo que todos los presos fueron héroes sin fisuras, porque sería faltar a la verdad. Pero sí estamos diciendo que la inmensa mayoría de esos presos consiguió preservar, gracias a su fortaleza moral, su dignidad y su integridad.
En esta página iremos dando a conocer la infinidad de actos de resistencia protagonizados por los presos políticos. Algunos pueden encontrarse en la sección relatos.
Otros se agregaran a medida que los compañeros envíen sus experiencias para ser publicadas en esta página, como forma de preservar la memoria popular.
RESISTENCIA Y LUCHA EN LA UNIDAD 9 DE LA PLATA DE LOS PRESOS DE LA DICTADURA Y SUS FAMILIARES.
Los ex presos políticos de la última dictadura militar desarrollarán actividades de recordación y homenaje a los compañeros caídos y a sus familiares en el marco de la semana en que se recuerdan los 30 años del golpe genocidadel 24 de marzo de 1976,el 22 y el 23 de marzo en el Consejo Deliberante de La Plata y en la Unidad Nº 9 delServicio Penitenciario bonaerense, respectivamente
El miércoles 22 de marzo a las 13, se llevará a cabo una sesión especial del Consejo Deliberante de la ciudad de La Platadonde se impondrá el nombre de Delia Avilés de Elizalde Leal, desaparecida y asesinada por la dictadura y madre de un preso de la Unidad Nº 9, a la calle 76 desde 9 a 11.
Además en la misma sesión se dispondrá la colocación de una placa recordatoria de todos los presos políticos de esa unidad carcelaria asesinados por la dictaduray de losfamiliares de los mismos tambiénultimados por el régimen genocida.
En tanto que el jueves 23 de marzo a las 10 de la mañana los ex detenidosenesa cárcel bonaerense descubrirán una placa en homenaje a los presos desaparecidos y asesinados, como también a susfamiliares perseguidos, desaparecidos y asesinados durante la última dictadura militar.
Al término del acto se llevará a cabo una visitaal interior del penal, particularmente a los pabellones 1 y2 ó “pabellones de la muerte” que funcionaron durante 1977 y 1978 y finalmente se ofreceráun festival musical para los internos de la Unidad Nº 9, a cargo de artistas que también sufrieron la cárcel, entre los que figura Braulio López del inolvidable dúo uruguayo Los Olimareños.
El regreso al horror de la cárcel con la alegría del reencuentro
Los ex presos políticos de la Unidad 9 de La Plata, entre ellos el canciller Jorge Taiana, el ex legislador Eduardo Jozami y el abogado Carlos Slepoy, descubrieron una placa recordatoria por los ex compañeros asesinados y desaparecidos.
Los ex detenidos en la Unidad 9 recordaron la sobrevivencia en medio de la dictadura.Por L. B.
“En esta cárcel, durante la dictadura militar instaurada el 24 de marzo de 1976, se asesinó y se hizo desaparecer a luchadores y familiares que soñaron un país más justo y que comprometieron su vida en la defensa de los derechos humanos”, reza la placa que se descubrió ayer en la Unidad Carcelaria Número 9 de La Plata. Hay una lista de doce prisioneros asesinados y 18 familiares de presos de la dictadura desaparecidos. La explanada de la cárcel estaba repleta de ex presos veteranos con hijos y esposas. Habían pasado los abrazos, los reencuentros, las interminables anécdotas carcelarias que espantan a los desprevenidos pero que a ellos les producen carcajadas y recuerdos.
Los nombres que están en la placa fueron sus compañeros más queridos, todos vinieron preparados para las emociones, ya están curtidos, pero la mayoría no había regresado a la U-9 donde funcionaba el pabellón de la muerte durante la dictadura. De allí sacaban a los prisioneros para fusilarlos como represalia o como advertencia. “El trato no era peor que en otras cárceles, lo difícil era el ambiente, la tensión”, dice el ex legislador porteño Eduardo Jozami. “Cuando se llevaron a Dardo Cabo para matarlo, esa noche nos dieron una comida especial, era siniestro.”
“Vinimos casi todos, yo me traje mis pastillitas y los anteojos”, afirma uno de los ex presos, recordando que la mayoría está entre los cincuenta y los sesenta años. Carlos Slepoy, el abogado que impulsó los juicios en España, relata que estaba en la U-9 cuando le dieron la opción para salir del país en 1977. “Me llevaron de Buenos Aires a La Plata esposado y en tren, con dos custodios de civil. La gente pasaba al lado mío y ni siquiera miraba, era un signo de aquella época”, rememora.
Estaba el canciller Jorge Taiana que compartió celda con Jozami en el pabellón de la muerte. Pero los presos se tratan como cuando estaban adentro, no hay demasiadas jerarquías, todos se tutean y abrazan. Al que todos esperan es a Alberto Elizalde Leal, “Manzanita”, que está retrasado. Todos recuerdan con emoción a Delia, la madre de Manzanita Elizalde. Nunca dejó de visitarlos y de llevarles esperanza, era una de las familiares más activas en la solidaridad con los presos. El 20 de enero de 1977 fue a visitar a Manzanita. Esa noche una patota la secuestró junto con dos de sus otros hijos, Sofía y Felipe y nunca más volvieron a aparecer.
Los ex presos lograron que el Concejo Deliberante de La Plata le pusiera el nombre de Delia a la calle 76 que pasa frente de la cárcel, entre 9 y 11. “Delia Avilés de Elizalde Leal, secuestrada el 20 de enero de 1977” dice ahora la placa que identifica esa calle. “Esté donde esté le va a resultar raro figurar allí –dijo Manzanita–, ella era todo lo contrario a la figuración, siempre militó en los organismos para ayudar a los presos. No lo hacía tanto por ideología o porque tuviera mucha claridad política. Lo hacía porque lo sentía, porque tenía esa convicción fuerte que tiene la gente del pueblo. Lo que quería ella y queríamos nosotros, lo seguimos queriendo: una Argentina sin pobreza, sin chicos en la calle, con dignidad y justicia, donde los criminales estén en las cárceles y no en sus casas lujosas. Por eso seguiremos luchando. Hasta la victoria siempre.” La placa fue bendecida por el padre Raúl, otro ex preso.
Juan Scatolini, que estuvo cuatro años detenido allí durante la dictadura, es desde hace unos meses director de Población Carcelaria. “Antes la cárcel alojaba a los presos políticos, ahora aloja a pobres, jóvenes y analfabetos, es la herencia cruel que nos ha dejado este modelo neoliberal”, afirma. Otros ex presos dan talleres en el pabellón universitario.
Luis Salinas y Beto Sprejer se siguieron viendo después de la cárcel. “Es la primera vez que conozco el frente de la cárcel –dice Beto–, a nosotros nos traían por atrás, con los ojos vendados a veces o con la cabeza gacha y esposados, nunca vimos el frente.” Entre los ex presos están Braulio López, del dúo Los Olimareños que se hizo famoso con el Cielito de los tupamaros, y el diputado Francisco “Barba” Gutiérrez.
Cuando se descubrió la placa todos se acercaron para acariciar los nombres de los caídos: Presos asesinados y desaparecidos: Dardo Cabo, Roberto Pirles, Angel Georgiadis, Horacio Rapaport, Gonzalo Carranza, Guillermo Segalli, Juan Pettigiani, Miguel Domínguez, Rafael La Sala, Alberto Pinto, Marcos Ibáñez, Juan Barrientos. Familiares desaparecidos: Ramona Gastiazoro de Brontes, Olga Lutiral, Omar Suárez, Nora Suárez, Sofía Elizalde Leal, Felipe Elizalde Leal, Delia Avilés de Elizalde Leal, Cristina Constantini, Matilde Vara, Sofía Ester Galansky, Pedro Alcides García, María Luz Martínez, Alberto Braicovich, Santiago Villanueva, Diana Conde, María Elena Gassman, Juan Barrientos, Eva Esther Núñez. Cada nombre se dijo y todas las gargantas gritaron “¡Presente, ahora y siempre!”.
24 de Marzo de 2006
Pagina12
Homenaje en la cárcel de La Plata
El jueves 23/03/06 , a las 10Hs en la ciudad de La Plata
vamos a descubrir una placa con los nombres de los muertos y desaparecidos de la cárcel (U9), tanto presos como familiares, la placa estará en la puerta de la cárcel ,a las 10 de la mañana se descubrirá el nombre de la calle 76 entre 10 y 12 que se llamara Delia Aviles de Elizalde Leal, la mama de Manzanita, luego haremos un acto entre los pabellones 1 y 2 "de la muerte" y tras esto un festival por así llamarlo para los presos actuales.
Se va a confeccionar un documento consensuado entre los ex presos para ser leído durante el acto dirigido a autoridades y presos ya que siguen siendo las cárceles el lugar de mayor violación de los derechos humanos.
Calle 76 de 9 a 11,Delia Avilés de Elizalde Leal,secuestrada el 20 de enero de 1977.
Asesinados y desaparecidos Unidad 9- La Plata
Dardo Cabo
Roberto Pirles
Angel Georgiadis
Horacio Rapaport
Gonzalo Carranza
Guillermo Segalli
Juan Pettigiani
Miguel Domínguez
Rafael La Sala
Alberto Pinto
Marcos Ibáñez
Juan Deghi
Familiares desaparecidos Unidad 9
Ramona Esther Gastiazoro de Brontes
Olga Lutiral
Nora Suárez
Omar Suárez
Delia Avilés de Elizalde Leal
Sofía Elizalde
Felipe Elizalde
Cristina Constantini
Matilde Vara
Sofía Ester Galansky "Sonia"
Pedro Alcides García
María Luz Martínez
Alberto Braicovich
Santiago Villanueva
Diana Conde
María Angela Elena Gassman
y demás asesinados y desaparecidos como consecuencia del terrorismo de estado.
Placas en la prisión
Hoy la Comisión de ex Presos Políticos de la Unidad 9 y el Ministerio de Justicia realizarán un acto en el que colocarán placas alusivas a asesinados y desaparecidos de esa unidad. Allí, durante la dictadura funcionaron los denominados “pabellones de la muerte”, lugares de máxima seguridad donde se alojaba a los detenidos para posibles ejecuciones. Asimismo se bautizará una calle con el nombre de Delia Avilés de Leal, en recuerdo a la madre de un detenido que hoy permanece desaparecida. Entre otros, la Comisión está integrada por el diputado nacional Francisco “Barba” Gutiérrez, Eduardo Jozami y el diputado bonaerense Alfredo Antonuccio.
Jueves, 23 de Marzo de 2006
PEREZ ESQUIVEL RECORDO EL GOLPE EN LA UNIDAD 9
Violencias de ayer y de hoy
El Nobel de la Paz, acompañado por Laura Conte, de Madres, dio una charla, organizada por la Comisión por la Memoria, en la cárcel de La Plata donde el año pasado se probaron torturas a los presos.
El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, contó que estuvo detenido en esa cárcel.
Llegó y, con un largo suspiro, entró a la canchita de la Unidad Número 9 de La Plata. No era la primera vez que Adolfo Pérez Esquivel estaba en ese penal. En 1977 el régimen militar acusó recibo por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y lo encerró allí durante más de un año. Ayer, a horas de que se cumplan los treinta años del golpe, el Premio Nobel de la Paz volvió, pero con un fin muy distinto. Acompañado por la Madre de Plaza de Mayo Laura Conte, participó de una charla que organizó la Comisión Provincial por la Memoria con la intención de “mostrar los lazos entre las violencias de ayer con las impunidades de hoy”. Actualmente la cárcel que alojó a cientos de presos políticos durante la dictadura carga con denuncias por torturas y apremios ilegales.
El sol apuntaba ya bien alto sobre el gran paredón blanco, cuando comenzó a llegar la gente. La mayoría eran detenidos, muy poco familiarizados con el término de “derechos humanos”. Y no por ignorancia, sino porque lo que ven diariamente a su alrededor es cómo se violan esos derechos. “Acá no respetan nuestros derechos porque muchos de nosotros ni siquiera los conocemos. Cuando nos dijeron que venía el Nobel de la Paz, la mayoría preguntó si venía de alguna guerra”, contó Pablo, detenido desde hace once años a la espera de una sentencia. Para él, todavía quedan muchas cosas por solucionar, pero el acto de ayer “fue un paso más para hacer memoria sobre los derechos de todos”.
La Comisión Provincial decidió hacer allí el homenaje para subrayar su preocupación sobre la grave situación carcelaria. Entre los invitados estuvieron presentes el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Edgardo Binstock; el secretario general de la CTA, Víctor De Gennaro, y el abogado de la Acusación Popular de España, Carlos Slepoy. “Tras estas paredes se volvió a utilizar la picana durante la democracia. No se puede ser parte del reclamo de justicia por el genocidio de ayer y ser pasivos ante las violaciones de hoy”, expresó el documento elaborado por el organismo. Pérez Esquivel ahondó sobre la cuestión. “Tenemos que luchar para que la degradación que existe en las prisiones no exista más. La democracia significa derecho e igualdad para todos. La dictadura marcó un individualismo que hay que revertir con unidad”, señaló.
Fue así como en la canchita de fútbol, tras el paredón blanco, el pasado y el presente se cruzaron todo el tiempo. Y no sólo por las consignas. Al llegar, Pérez Esquivel también recordó el día que lo llevaron a esa unidad. “Había un sol como el de hoy. Me sacaron de la Superintendencia Policial y me subieron al avión. Lo único que hacía era tratar de aspirar la vida porque pensaba que se me iba a ir. Una contraorden cambió el rumbo. Ahí me dijeron: ‘Quédese contento, lo llevamos a la Unidad 9’. Nunca pensé que, efectivamente, iba a sentir alegría de estar preso”, contó emocionado. En total, permaneció preso catorce meses. Fue interrogado y torturado sucesivas veces.
Ya pasaron 29 años, pero las cosas parecen haber cambiado poco. La Unidad 9 tiene el triste privilegio de ser el primer penal bonaerense donde la Justicia confirmó el uso de picana en plena democracia. Se trató del caso de Cristian López Toledo, conocido en agosto del año pasado luego de que una pericia judicial ratificó que fue sometido al uso de corriente eléctrica mientras estaba detenido. Cinco días antes había hablado con miembros de la Comisión sobre las condiciones en las que vive con sus compañeros. Vidrios rotos y la falta de agua caliente y de luz apenas sirven para ilustrar la situación, que ayer no pasó inadvertida por Laura Conte. La Madre de Plaza de Mayo, actual integrante de la Comisión y miembro fundadora del CELS, también participó en la charla y reivindicó la necesidad de fomentar el debate sobre la vigencia de los derechos humanos. “Para que la sociedad vea y no pase lo que pasó la dictadura, donde la gente no nos veía”, manifestó. Y así, una vez más, un aplauso logró romper el silencio en la canchita de fútbol, tras el paredón blanco.
Informe: Carolina Keve.
23 de Marzo de 2006
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“Nunca nos quisimos tanto”
Por Hugo Soriani
Ante la mirada azorada de los guardianes, al finalizar el acto en la puerta del penal los ex presos y sus familiares coparon los pabellones y, junto a sus madres, hijos, y nietos, rindieron homenaje a sus muertos.
El canciller Jorge Taiana abrió la puerta de la celda Nº 4 y junto a Eduardo Jozami, su vecino de la celda 3 en aquellos años, explicó a los periodistas las condiciones de vida a los que los sometió la dictadura. Fotógrafos y camarógrafos se apiñaban en el espacio reducido de esa celda para escuchar los testimonios de una cárcel cuyas condiciones de hoy también dan vergüenza.
Los ex detenidos se dividieron en grupos y guiaron a la prensa por las diferentes celdas; muchos de ellos hacía años que no se veían y los abrazos emocionados se repetían, igual que las lágrimas en los ojos de los seres queridos que los acompañaban. Contaron entonces que a esos pabellones se los llamaba “de la muerte”, porque estaban destinados a los presos políticos que la dictadura consideraba más peligrosos y desde donde varios de ellos fueron arrancados de sus celdas para ser asesinados.
Sus nombres fueron recordados por los oradores, que rindieron homenaje a sus vidas y a sus muertes en una mañana que iluminó las oscuras celdas de donde fueron arrancados. Julio Urien, actual presidente de Astilleros Río Santiago, contó que él también fue sacado del penal y se salvó de morir por la rápida intervención de un familiar. Reivindicó su pasado montonero y su presente de compromiso desde otro lugar, pero con los ideales intactos.
Julio Mogordoy, ex militante del ERP y uno de los organizadores del acto, recordó aquellos días terribles para reafirmar que no hay perdón, ni olvido, ni reconciliación posible con los asesinos. También hablaron otros ex detenidos, como Pablo Díaz, sobreviviente de la Noche de los Lápices, que mencionó a Francisco Provenzano, asesinado luego del copamiento a La Tablada y también compañero en aquella cárcel; Horacio Crea y Néstor Rojas, que remarcó la extrema juventud de algunos detenidos, “como Miguelito Paolinelli, que tenía sólo quince años”.
Al final, Eduardo Jozami, con la voz casi quebrada y lágrimas en los ojos, dijo: “Pido perdón por la cursilería, pero no puedo dejar de decir que nunca nos quisimos tanto como en aquellos días en que juntos enfrentamos a la muerte. La entrega, la solidaridad y la valentía de quienes estuvimos aquí encerrados se opusieron y triunfaron sobre las miserias y la perversión de nuestros verdugos.”
En la puerta del Pabellón Cuatro, actual Pabellón Universitario, quedó una placa, regalo y homenaje de los presos sociales, que decía: “Los estudiantes del Pabellón Cuatro, como testimonio y homenaje a los luchadores por la justicia social a treinta años del golpe”.
24 de Marzo de 2006
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Memoria de las memorias (24 de marzo de 2006)
Llego de Estados Unidos y aterrizo en Ezeiza el 20 de marzo. Es un viaje como tantos otros en los últimos veinte años desde que me fui del país. Pero es diferente porque vengo por primera vez a marchar un 24 de marzo.
(…)
El miércoles visito la cárcel de La Plata donde estuve preso entre noviembre de 1978 y enero de 1981. Este es uno de los momentos más esperados y a la vez temidos de mi viaje. La noticia llegada por internet decía que ex presos y familiares se iban a reunir frente a la Unidad Penitenciaria No. 9 para colocar una placa en homenaje a los compañeros allí muertos, y que los ex presos podrían ingresar al pabellón número uno, el célebre Pabellón de la Muerte de donde se sacaban detenidos para fusilarlos.
El cardenal Jorge Bergoglio viajará a La Rioja por los actos.“Porque el que murió peleando, vive en cada compañero”, dice la última estrofa de una canción de los Olimareños y así cierra el video casero que filmaron los ex presos políticos de la U-9 de La Plata, sobre el homenaje que hicieron en el penal a sus compañeros y familiares de presos muertos y desaparecidos; “30 años, 30 nombres” se llama el documental que se efectuó al cumplirse los treinta años del 24 de marzo de 1976.
En cada imagen está la poderosa carga emotiva de ese reencuentro. Muchos no se habían vuelto a ver y casi ninguno había regresado al penal, algunos ni siquiera conocían el frente de la cárcel porque los sacaban y entraban esposados y con los ojos vendados o con las cabezas gachas. Están los abrazos de ese reencuentro. Son interminables las imágenes de caricias y besos entre hombres, que ahora pasan los cincuenta hermanados por aquella convivencia en la que tuvieron que enfrentar a la muerte y la vencieron.
“Estamos vivos y aquí en primer lugar gracias a nuestros familiares, no solamente porque ellos motorizaron la solidaridad externa, sino porque siempre nos acompañaron, aun en el peor momento y algunos a costa de sus vidas”, dicen los oradores que se suceden en los actos que realizaron dentro y fuera del penal. En la puerta principal hay una placa de mármol con 30 nombres grabados. Son 12 presos que fueron fusilados como represalia o advertencia. Y están los nombres de 18 familiares, padres, madres o hermanos de los presos, que fueron secuestrados y desaparecidos por haber mantenido su solidaridad. La calle 76, que pasa frente al penal, fue bautizada con el nombre de Delia Aviés de Elizalde Leal, madre de Alberto “Manzanita” Elizalde, uno de los presos, que fue secuestrada junto con otros dos de sus hijos, Sofía y Felipe, y permanecen desaparecidos.
Los pabellones 1 y 2 de la U-9 eran conocidos como los “pabellones de la muerte” por los presos y por sus verdugos. Allí eran recluidos los presos a los que la dictadura consideraba “irrecuperables”. Ellos sabían que en cualquier momento podían ser retirados para ser fusilados, como sucedió con ocho de sus ex compañeros.
La vida siguió después de la cárcel. Son varias decenas de veteranos y hay de todo entre ellos, desde dirigentes sociales como Néstor Rojas, hasta el canciller Jorge Taiana, o artistas como Braulio López, ex integrante de los Olimareños. Los discursos se sucedieron ese día. Todos quisieron dejar en claro ante sus hermanos de cárcel que no bajaron los brazos, que mantienen los ideales por un país más justo y más digno. Lo dicen y lo reafirman al mismo tiempo que renombran a sus compañeros caídos y toman las manos de sus hijos o de sus esposas.
Cada imagen del video tiene esa carga explosiva de emociones en las miradas, en los abrazos. Esa mezcla de dolor por la historia pasada y la alegría del reencuentro, el desahogo de poder gritar los nombres de sus compañeros muertos. El video fue dirigido por Carlos Martínez, los camarógrafos fueron Miguel del Castillo, Daniel Saiman y César Trazar, el microfonista fue Adelqui de Luca y la edición estuvo a cargo e Fabio Zabrowski, en tanto que las fotografías son de Julio Menajovsky, Miguel Martelotti, Alberto Elizalde y Página/12. Idea y producción, Julio Mogordoy. Varios de ellos también son ex presos.
Por ahora, el video circula en forma casera. El gobierno bonaerense lo ha declarado de interés provincial, así que no sería de extrañar que en algún momento tenga una difusión masiva. No está filmado durante la dictadura, pero las miradas, los abrazos, las lágrimas de ese homenaje-reencuentro constituyen un documento, mejor que muchos, sobre la dictadura.
Dardo Cabo Roberto Pirles Angel Georgiadis Horacio Rapaport Gonzalo Carranza Guillermo Segalli Juan Pettigiani Miguel Domínguez Rafael La Sala Alberto Pinto Marcos Ibáñez Juan Deghi
Familiares desaparecidos Unidad 9
Ramona Esther Gastiazoro de Brontes Olga Lutiral Nora Suárez Omar Suárez Delia Avilés de Elizalde Leal Sofía Elizalde Felipe Elizalde Cristina Constantini Matilde Vara Sofía Ester Galansky "Sonia" Pedro Alcides García María Luz Martínez Alberto Braicovich Santiago Villanueva Diana Conde María Angela Elena Gassman
Queridos todos:
Hace unos cuantos días que quería escribirles y, por de pronto, enviarles el audio con un segmento de las palabras de Eduardo, que llegaron hondo.
Además, les quería trasmitir algo que desde hace mucho tengo en mi corazón, más o menos desde hace 29 años.
Cuando un miércoles a fines de enero Angel desapareció de la cárcel, yo me enteré por Chela, su mamá, el lunes siguiente. Empecé a buscarlo de todas las maneras a mi alcance. Primero, fui al juzgado de La Plata donde estaba radicada la causa. Y digo juzgado con minúscula, porque a su cargo estaba Leopoldo Federico Russo. Cuando pedí hablar con él para comunicarle la situación, me aconsejó "deje todo en manos de la justicia, señora, porque, si no en vez de uno, van a ser dos". Después no quiso recibirme nunca más y mandó decirme por el secretario que si yo hacía algo inadecuado iba a mandarme detener. Después, cuando ya me habían avisado que Angel había muerto, solicité que me entregaran el cuerpo y pregunté si le habían hecho alguna autopsia, cosa que nunca me contestaron. Pedí que me avisaran cualquier novedad, era más o menos el 20 de febrero ya para ese entonces. Me enteré por un comisario de la Jefatura de Policía de La Plata, adonde me enviaron del juzgado, que a Angel lo habían enterrado en el cementerio de La Plata.
No hace mucho Leopoldo Federico Russo encontró la muerte al término de un juicio por la verdad, de un infarto.
Lo segundo que hice fue ir a Sierra Chica porque, no sé cómo, me enteré que Julio U había aparecido allí. Fuimos con mi cuñado (marido de mi hermana), Chela y yo, a ver si lo encontrábamos a Angel. No estaba.
Entre tanto, mi hermano habló con Monseñor Laguna, de quien era su secretario. Laguna le informó que había recibido cartas de familiares en las que denunciaban la situación de los condenados a muerte de La Plata, con anterioridad a la desaparición de Angel.
El viernes 5 recibí un telegrama de la provincia de Buenos Aires, que firmaba el Servicio Correccional en la que decía "le informo a usted que su esposo, Angel Alberto Georgiadis, al ser trasladado por personal militar de la subárea 113 para ser sometido a interrogatorio militar se infrigió lesiones por autoagresión que le ocasionaron su deceso" (cito de memoria).
A partir de entonces, lo único que me cabía era toda la resistencia posible: pedir el cuerpo de Angel, pedir todos los efectos que estaban en la causa y la mayor divulgación para que su muerte no fuese en vano y sirviese para evitar que los asesinaran a ustedes.
A eso me dediqué. Ustedes estaban cerca mío, ustedes no estaban solos. Yo estaba del otro lado tratando de que se supiera lo que pasaba. Tenía mi testimonio, el telegrama para ver si de alguna manera se podía presionar. Cuanto más se supiera, un poco más seguros iban a estar ustedes. Yo sé que Angel me estaba pidiendo que hiciera algo, que su muerte no fuese en vano. Por eso hoy quiero contarles ese vínculo que yo sentí y que tan importante fue para mí. Como dijo Eduardo que aprendió a querer a los compañeros, a mí me pasó algo parecido. Sentí que mi vida no tenía sentido, ya Angel no estaba. Pero estaban ustedes y yo podía hacer algo.
Hice cosas que vistas hoy son de locos. Pero sobreviví, vaya a saber uno porqué y cómo.
Fui al Regimiento Patricios y estuve como tres horas adentro esperando que me dieran una respuesta sobre el cuerpo de Angel. Me dejaron salir.
Fui a la casa de gobierno a hablar con un marino, cuyo nombre no recuerdo, para pedirle que me permitieran trasladar el cuerpo de Angel a la Chacarita. "Usted tiene toda la razón, señora". Saca una pistola de su cajón y la pone en el maletín y me explica "en estos tiempos hay que tener cuidado", me explica a mí, organizando las cosas que tiene que llevarse.
Me conecté por esas vías que funcionaban en esos tiempos con Emilio Mignone. Un amigo de Angel de sus tiempos de deportista era Quique Lugones y su hermano había desaparecido con el grupo de Flores donde estaba Mónica Mignone.
En lo de Emilio nos juntábamos siempre varios familiares y ahí sentíamos que no estábamos solos, que no éramos locos aunque la gente siguiera caminando por la calle como si tal cosa. Era verdad lo que nos había pasado. Algo atroz sucedía y la gente no se percataba o no quería percatarse.
Emilio mandó la documentación a Jack Anderson, que la divulgó en Estados Unidos. En la casa de los Mignone de la calle Santa Fe nos encontrábamos los familiares con periodistas a quienes contábamos los casos de cada uno. Ustedes estaban presentes.
A fines de junio, gracias al pasaje que me mandó Juan Méndez, me fui a París, como me hubiera podido ir a la Cochinchina. Partí con María de la Paz que tenía tres años. Salí de Ezeiza, no sé cómo, el avión se demoró aproximadamente tres horas en la pista. Llegué a París a las 10 de la noche con María de la Paz dormida. Nadie me esperaba, tampoco tenía ninguna reserva de hotel. Los Méndez ya se habían ido a los Estados Unidos. Era tanta mi ignorancia que no pasé ni por la aduana ni por migraciones porque no tenía ni idea. Tampoco sabía que necesitaba un permiso de residencia y un permiso de trabajo.
Ahí empecé a difundir en París, Ginebra, Londres, Edimburgo lo que estaban pasando ustedes en La Plata.
Bueno, puedo seguir contando más cosas, pero paro acá porque si no este mail no va a llegar nunca.
Los abrazo a todos muy apretado, están en mi corazón.
Teté
Un espejo de treinta años
Por M. J.
Patrick Norman fue secuestrado a mediados del ’76 en una capilla de la Villa 13 de Soldati. El ex sacerdote irlandés nunca estuvo seguro si lo torturaron los marinos de la ESMA o en El Olimpo, que regenteaba la Policía Federal. Poco tiempo después –contó–, “gracias a la valentía del embajador” de Irlanda “que me salvó la vida”, fue “blanqueado” y llegó brutalmente golpeado a la U9 de La Plata, donde estuvo detenido desde octubre a diciembre de ese año. “Yo fui expulsado, de los casos que muestra el expediente bajo la orden de expulsión, fui llevado hasta Coordinación Federal, pasando por la estación de trenes de La Plata; en Constitución, un taxi y en la Federal me llevaron a Ezeiza y me sacaron del país”, relató a Página/12 en el salón Dorado de la gobernación bonaerense, donde le entregaron su ficha personal del penal.
“Estoy totalmente sorprendido, me llamaron anoche, es como ver el espejo de uno hace treinta años. Es muy doloroso, vas viendo como en un espejo todo lo que pasaste. Por eso quise ver la foto del legajo pero no la tiene. Claro, estaba muy golpeado”, cuenta con marcado acento inglés a este diario. “Pero estoy acá porque soy parte de esta historia y por el reconocimiento de todos lo que están trabajando acá para recuperar la memoria”, sostuvo.
Con el regreso de la democracia, Norman volvió a la Argentina a buscar a la chica “que trabajaba en la capilla y que secuestraron junto conmigo” y que ahora es su esposa y madre de sus hijos. Luego de un fugaz paso por Venezuela, hace dieciocho años que se radicó definitivamente en el país.
09 de Mayo de 2006
Pagina 12
Recordando a Dardo Cabo: dos cartas y un brindis
Roberto Bardini
Rebanadas de Realidad - Bambú Press, México, 08/01/06.-
El primero de enero de este año Dardo Manuel Cabo hubiera llegado a los 65 años. Cinco o seis días después, en cambio, se cumplieron 29 años de su asesinato. Lo mataron cuando estaba preso por cuarta o quinta vez en su larga y agitada militancia peronista. Fue fusilado junto con Roberto Rufino Pirles por la dictadura militar en un "traslado" desde la Unidad Penitenciaría Nº 9 de la ciudad de La Plata.
A fines de 1975, poco antes de Navidad y Año Nuevo, Dardo Cabo había enviado desde la cárcel de Sierra Chica una carta con un dibujo a su familia. El dibujo era un retrato de su pequeña hija María, la "Tata", basado en una pequeña fotografía que conservaba en su celda.
Sierra Chica
11-XII-75
Queridos papá, Susy y Vicky:
Con esta sonrisa de la Tata, que es lo más lindo que tenemos Cristina y yo, va un montón de cariño para renovarlo en estas fiestas. Decirles que no estemos tristes, porque tenemos mucha esperanza y si Dios quiere y nosotros hacemos fuerza este año nuevo va a ser mejor para todos. Por eso cuando brinden yo voy a estar con ustedes, así que háganlo contentos. Y ya que algunos vamos a faltar, que esa ausencia física se compense -faltando uno- en que estén los demás todos juntos en estas fiestas. Eso es lo que quisiera y lo que más me alegraría en este momento.
Los abrazo muy fuerte.
Dardo
Lo acribillaron a tiros cuando acababa de cumplir 38 años. Había estado preso, prófugo o clandestino prácticamente la mitad de su vida. Al recordar la fecha, descarté escribir una semblanza de Dardo. En este mismo sitio ya he publicado algo sobre él:
Cuando se cruzaron los destinos del Bebe y Lito (Leer)
1966: el Operativo Cóndor (Leer)
Pero el 6 de enero, día de los Reyes Magos, recibí un mensaje de mi amigo Alejandro Barris. El mensaje finalizaba así:
Hoy traté de acercarme a la tumba de Dardo Cabo, donde supongo que están sus restos, en el cementerio de Avellaneda, pues se cumplen 29 años de su asesinato y el de otros compañeros, pero no tuve suerte ya que en la administración no supieron darme datos de su ubicación. Supongo que no ha habido homenajes. Al menos en los diarios o medios de comunicación no hubo información al respecto. No me sorprende que ni él ni ninguno de nuestros caídos tengan algún tipo de recordación. Habría que empujar a los notables que quedan para que en el futuro se pudiera construir alguna memoria al respecto. Como en los 60 o 70, cuando siempre se recordaba a los nuestros. En ese sentido las ideologías extremas de uno y otro signo y también los países del "primer mundo" y de ideologías totalitarias, son más consecuentes con sus caídos. Es una opinión y no significa que voy a agarrar la botella ni que me voy a deprimir. Simplemente una opinión. Aunque después de todo, tal vez hoy haga unos brindis por ellos.
A diez mil kilómetros de distancia, también levanté mi copa. Y una idea comenzó a darme vueltas en la cabeza: es hora de recordar a Dardo con una placa de bronce en algún lugar de Buenos Aires. O de ponerle su nombre a una calle o a una placita.
Pensé que si algún concejal, diputado o senador se decide a concretar la iniciativa, unos cuantos grandulones de tres o cuatro generaciones distintas sentirán que han recibido uno de los mejores regalos de los Reyes Magos. Y entonces le escribí al único legislador que conozco. Espero que responda pronto. Que yo sepa, Gaspar, Melchor y Baltazar nunca decepcionaron a nadie.
Recordando a Gonzalo Abel Carranza
En la noche del 2 al 3 de febrero de 1978 lo sacan a Gonzalo del pabellón junto con los presos Guillermo SEGALLI, Alejandro DOMINGUEZ y otro preso de apellido GALLARDO.
Alberto Pinto fue asesinado en la cárcel de La Plata (UP9). Su muerte sobrevino después de una larga agonía, como consecuencia de haber sido sometido a intensas torturas por varios guardia cárceles en los calabozos de la cárcel.
Estas consistían en sesiones de golpes con los pies y los puños dadas varias veces al día, hasta que un día es sacado de la celda de castigo arrastrado de los pies. Luego agonizaría tres meses antes de morir, custodiado en una clínica como el más peligroso de los delincuentes argentinos.
Sus compañeros le rinden un caluroso homenaje en este sitio
OTROS DOS JEFES DEL SPB EN DISPONIBILIDAD POR TORTURADORES
Mano de obra ocupada en la cárcel
Los nuevos casos se suman al de Manchado Fernández. Y otros 25 jefes también están investigados por su papel en la dictadura.
Por H. C.
“El Manchado” Ramón
Fernández, hasta hace unos días jefe de inteligencia del Servicio Penitenciario Bonaerense, no era el único denunciado como torturador y en funciones en un cargo estratégico. El director de Régimen Penitenciario del SPB, Roberto Beriay, y el ex jefe del penal de Dolores, Pedro Guerrero, fueron apartados de sus cargos y pasados a disponibilidad después de que se comprobara que figuran como torturadores en legajos de la Conadep y en testimonios del Juicio de la Verdad. El pedido lo realizó la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense, junto con el de otros 25 jefes de unidades que durante la dictadura pasaron por la Unidad 9 de La Plata. Estos últimos son investigados aunque no fueron pasados a disponibilidad. El domingo pasado, Página/12 reveló que el Manchado Fernández había sido designado como jefe de inteligencia el 18 de noviembre pasado, pese a figurar como uno de los torturadores más perversos de la UP 9 de La Plata durante la dictadura.
Hasta ayer, Roberto Beriay ocupaba el cargo de director de Régimen Penitenciario. El área es estratégica. En ella se decide todo lo que tiene que ver con los presos. Desde reunir la información de sus antecedentes, hasta decidir la unidad donde será derivado, además de encargarse de los traslados. El traslado y el destino es uno de los argumentos más preciados para los presos, más aún que la comida o las visitas, ya que de ellos depende su vida o su muerte. Conocer al detalle los antecedentes, saber de quién es amigo o de quién enemigo, estar enterado de los pedidos de traslado del propio preso no son meros datos estadísticos o burocráticos: revelan dónde enviarlo para transformarlo, mediante régimen de tratamiento, eufemismo de torturas, en un hombre dócil a trabajitos y encargos. Como también si es un preso díscolo a la autoridad, saber exactamente las unidades donde sus días estén contados.
Beriay conoce esa tarea desde hace tiempo: según testimonios de detenidos-desaparecidos, lo conocían como “el Sátiro de la Zapatilla”. Formaba parte de la patota del prefecto Abel David Dupuy, jefe de la UP 9 de La Plata entre el ‘76 y el ‘80.
“El Sátiro de la Zapatilla” y “el Loco” Guerrero se conocían de formar la misma patota de Dupuy. “El Loco” aparece mencionado en los legajos 2397 y 6769 de la Conadep, relacionados con la Unidad Penal 9. El tratamiento de la patota de Dupuy a los detenidos aparece registrada en detalle por los testimonios del fallecido diputado socialista Alfredo Bravo, el periodista Eduardo Anguita, el abogado Carlos Slepoy que representa la acusación popular en el juicio en España, Julio Mogordoy, Eduardo Saposnik, y otros.
El Sátiro y el Loco actuaban junto al Nazi Juan Rivadaneira, el Vietnamita, Monona García, Cabeza de Candado y el Manchado Ramón Fernández, entre otros. El domingo pasado, una investigación de Horacio Verbitsky reveló que el Manchado había asumido como jefe de inteligencia del SPB el 18 de noviembre pasado. La corporación mafiosa del SPB queda en evidencia tras la revelación. Todos los puestos claves son ocupados por hombres de confianza, capaces de guardar secretos y de mantener el mismo estilo de readaptación social de los presos que utilizaban durante la dictadura. Así, además de la jefatura de inteligencia, se controlaron por ejemplo la dirección clave de Régimen Penitenciario en manos de Beriay. “El Loco” Pedro César Guerrero recibió la jefatura del penal de Mercedes. Su historia reciente lo instaló públicamente. Fue a mediados de febrero pasado, cuando el fiscal general de San Martín, Luis María Chichizola, presentó una denuncia por amenazas. Durante una visita de Chichizola y su adjunto Fernando Domínguez al penal de Dolores, un preso pidió entrevistarse con ellos. Los fiscales lo conocían porque es asmático y habían logrado que le administraran la medicina necesaria para su enfermedad. El preso no quiso hablar en el lugar. “Ellos escuchan todo”, dijo el interno en relación con los guardias. La audiencia se realizó a la semana siguiente. En el ínterin, otro preso llamó al fiscal para decirle que al interno asmático lo habían molido a palos. Ese segundo preso también recibió la medicina del penal, no la correspondiente al asma porque no era asmático, sino la que suelen administrar cuando desde la perspectiva penitenciaria alguien se va de boca.
Ambos llegaron al despacho de Chichizola acompañados por un tercer preso testigo de las palizas. “Jamás había visto que un hombre haya sido golpeado de la forma en que habían sido golpeados ellos. Ni siquiera durante la dictadura”, confió Chichizola a este diario. Los dos presos mostraron que en la suela de sus ojotas habían guardado bisturíes con los que las autoridades del penal les habían encargado atacar a Chichizola y al camarista de San Isidro Fernando Marotto a cambio de drogas, visitas de familiares, y mejoras en su situación.
La lista de denunciados como torturadores no termina en el Manchado Fernández, Beriay o Guerrero. Ahora, el secretario de DD.HH. Remo Carlotto pidió la investigación de otros 25 altos jefes del SPB. Sus nombres surgen luego de que la Secretaría cruzara datos surgidos de los testimonios en el Juicio de la Verdad en La Plata y los archivos de la Conadep. El eje se concentró en todos aquellos que pudieron haber pasado por la Unidad Penal 9 de La Plata durante la dictadura. La tarea obvia dio resultados.
El gobernador Felipe Solá debió reconocer la infinidad de denuncias de presos que mencionan haber sido torturados, luego de aceptar lo publicado por este diario cuando reveló que el Servicio Penitenciario había encargado la compra de picanas eléctricas. Del mismo modo, desde ayer, el gobernador bonaerense Felipe Solá no podrá negar que prácticamente toda la primera línea jerárquica de su Servicio Penitenciario Bonaerense estuvo complicada en casos de tortura durante la dictadura.
Aparecieron 1500 legajos de la tenebrosa Unidad 9
La documentación aporta datos precisos sobre los presos políticos en la dictadura en La Plata. Entre ellos figuran el canciller Taiana y el secretario Legal y Técnico, Zannini.
SOLA ENTREGO LOS LEGAJOS DE LOS PRESOS EN LA U9 DE LA PLATA DURANTE LA DICTADURA
Los sólidos eslabones del plan criminal
Como adelantó Página/12, el gobierno bonaerense difundió ayer los archivos encontrados en la Unidad 9 de La Plata. Los calificativos de “judío”, “subversivo”, “expulsado del país” figuran en las carpetas que dejan constancia del blanqueo de prisioneros.
Solá designó en la cúpula del Servicio Penitenciario Bonaerense a un torturador, denunciado por crímenes de lesa humanidad. Desde el servicio de inteligencia se encargará de la destrucción física y psicológica de los presos y del espionaje externo sobre jueces y periodistas, con los que el SPB dice estar en guerra. El gobernador intenta destruir la Comisión Provincial por la Memoria, que se atrevió a señalar la inconstitucionalidad de los decretos que concedieron a la policía facultades de allanar, detener y requisar.
Transcurría el mes de Febrero de 1978 en la cárcel de La Plata. Para ese entonces, se encontraban alojados allí alrededor de 900 presos politicos.La carcel se compone de 16 pabellones de 60 metros de largo con la capacidad para 480 celdas de 2 metros 20cm de largo por 1 metro 60 cm de ancho. Tambien hay un pabellón especíal con celda de castigo (los Buzones).
Las sanciones y los golpes estaban a la orden del dia. Nadie sabia cuándo la iba a ligar ni por que. Y cuando la ligabas era un triunfo volver al pabellón con los huesos sanos. Varios compañeros fueron asesinados en los buzones. A otros, sacados del penal, los habian matado afuera: Dardo Cabo, Segalli, Marcos Ibañez, Chorchadi, Rapapofy otros.
Como es costumbre todos los años, para esa fecha, a lo largo y ancho del pais se celebraba el carnaval. Afuera, jóvenes y niños se divertian o se preparaban para hacerlo, tirándose toneladas de agua y papel picado.
Los presos politicos tambien nos preparábamos, claro está que no para participar en el carnaval, si no para sobrevivir un dia más en los pabellones del terror.
-Prepararse para el recreo- se escuchó apenas en la celda 38, la ultima del pabellón 14B.
Como ya se habia hecho costumbre en la celda, el Negro y yo estabamos embarcados en una discusión.
-Prepararse para el recreo?- estas loco, Negro. Si fue el enfermero que gritó el nombre de algún compañero. Es muy temprano para el recreo todavia.
-El que está loco sos vos. Yo escuché clarito "prepararse para el recreo".
Y asi, afirmación por afirmación, transcurrian los minutos. Hasta que se eschuchó el característico golpe de las llaves en las puertas de las celdas mas cercanas, seguido de la vos prepotente del guardia:
_Sale?_
_Si, salgo-
!Y como para no salir! Si llegas a decir que no y no tenés authorizacion para quedarte vas de cabeza a los buzones y te tenés que comer como 5 dias, más lapaliza.
Somos los últimos en salir, Los compañeros ya están en el patio. Algunos jugando al dominó o al ajedrez o caminando en grupos de a tres por la orilla del patio. !Patio!parece una jaula de 20 metros de largo por 15 de ancho ocupadas por 110 compañeros.
Los recreos son de1hora y media. En los papeles figuran 2 horas. Pero en los relojes de los militares, las horas siempre pasan más rapido.
-Tengan cuidado que esta es la guardia del ofiche Fernandez- Dice Pampero a unos compañeros que se estan riendo y haciendo barra a otros que están jugando al domino.
-!Che, hagan caso!- les dice el Fatiga- Con esta guardia cabrona uno no se puede ni reir....
-"Iseise"(cuidado, cuidado)- Dice Capullo que fue el primero en ver al Ofiche Fernandez esperando en la puerta que el encargado del patio le abra.
Todos damos vuelta la cabeza. Alli está el verdugo, escrudiñando con sus ojos malignos a los que están en el patio.
-A quien irá a cagar hoy este hijo de puta?- Dice en voz baja el Ciruja.
-A ver, ustedes, Como se llaman?- Grita el ofiche, dirigiéndose al grupo de compañeros que estan jugando al dominó, al lado de los "biorsi"(baños).
Todos le dan el nombre. Uno le pregunta: Pasa algo oficial? La respuesta es la misma de siempre: Ya se van a enterar.
Y efectivamente, antes del mate cocido de la tarde, los compañeros se enteran que están sancionados por haber estado jugando con agua al carnaval, durante el recreo.
Los llevan a los calabozos, los golpean, y los tienen allí 8 dias en aislamiento completo.
Lo mas tragicómico de todo esto es que en los patios de recreo no hay agua, y cuando alguno de nosotros tenia sed, tenia que hacer de tripas corazón y barriga y tomar del agua del inodoro.
Dardo Cabo, Horacio Rapaport, Roberto Pirles y Angel Georgiades fueron retirados en Enero de 1977 de la Unidad Penitenciaria 9 de La Plata y luego fusilados por los asesinos de la dictadura. El lunes 2 de noviembre de 1998 el diario Pagina 12 publico un volante distribuido en el homenaje a los presos fusilados. Era Maria de la Paz, hija de Angel Giorgiades:
"Cuando era chica, a los argentinos nos gobernaban unos hombres que se habían robado todos los chocolates del mundo. O al menos eso me explicó mi papá en mis visitas a la cárcel.Después tuve que irme a otro país, a Suiza, donde casualmente se fabrican unos chocolates muy ricos y desde donde yo planeaba el rescate de todos los defensores de golosinas encarcelados. Para salvar a mi papá ya era tarde, aunque yo me seguía extrañando ante el hecho de que nunca conocería lo que se siente al pronunciar la palabra "papá" todos los dias, con todos los tonos posibles y de un modo automático. Pero ahora que acepté que nunca voy a conocer su voz, me tranquiliza saber que mi padre anda cerca porque además de sus genes me queda algo de él, una certeza que me guía en los momentos difíciles y me hace distinguir lo importante de lo superficial, lo correcto de lo inmoral".Finalmente decía:"Quiero agradecerles que no se hayan olvidado de él ni de sus compañeros, quiero agradecerles que estén hoy acá".
NOCHE Y DÍA
CRÓNICA TESTIMONIAL
A partir de los testimonios de Alberto Elizalde, Julio Urien, Dalmiro Suárez, José Brontes, Eduardo Jozami y Julio Mogordoy fue elaborada esta crónica que pretende dar una base histórica y, a la vez, convertirse en la base del preguión de la película. Los setenta fragmentos elegidos están ordenados de acuerdo a un criterio cronológico y pretenden abarcar el período que va desde diciembre de 1976 hasta diciembre de 1978 en los pabellones 1 y 2 de la U9 de La Plata. La denominación de “escenas” responde a que la selección y ubicación responde a un criterio narrativo y no sólo al valor testimonial que tienen en sí mismos. Desde ya, los episodios contados y los protagonistas elegidos no son los únicos y fueron tomados de entre muchos otros protagonistas y situaciones vividas en esa cárcel y por muchos otros presos políticos. Esperamos que todos ellos, y sus familiares, pueden sentirse expresados en esta historia.
Roberto Pizarro, compañero
chileno, preso en las cárceles argentinas víctima del plan Cóndor, escribe
sobre Gonzalo Carranza, asesinado por los genocidas en La cárcel de La Plata.
Roberto conoció a
Gonzalo en una celda de castigo y su recuerdo quedo grabado en su retina.
En esta sección presentamos una selección de artículos publicados por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de La Plata – APDH-LP -donde se ha denunciado particularmente el terrorismo de estado en la cárcel de La Plata.
Queremos resaltar la extraordinaria importancia de los Juicios por la Verdad en la recuperación de la memoria popular de los hechos cometidos por el terrorismo de estado en esta ciudad. Desde el abril del año 1998, este ámbito ha permitido hacer denuncias a cientos de victimas.
Es en base a toda la información recogida en estos juicios que los organismos DDHH de La Plata han podido hacer presión sobre la Justicia Federal para que diversos juicios sean abiertos contra los represores, entro otros, el juicio contra los represores de la U9.
El terrorismo de estado ejerció la represión globalmente. La cárcel de La Plata era uno de los eslabones de este circuito. Por eso la selección de artículos no pretende separar la cárcel de los campos de concentración. Es mas, todos los compañeros que llegaron a la cárcel después del golpe de estado pasamos por distintos CCD.
Entonces, lejos de separar la cárcel de los CCD, la idea es reagrupar la información para permitir un mejor conocimiento y comprensión de cada uno de los centros represivos. En un futuro próximo haremos lo mismo con los CCD que funcionaron en esta ciudad.
Saludamos el inmenso trabajo realizado por los organismos de DDHH de La Plata, apoyando los juicios por la verdad e impulsando los juicios contra los represores.
No podemos dejar de resaltar la importancia que el juez SCHIFFRIN a tenido en la impulsión de estos juicios. Pero no es el único. Hay cientos de compañer@s de esa ciudad que se han movilizado en esta larga lucha contra la impunidad.
Unidad 9: un nuevo testimonio complica al jefe Dupuy
La esposa de Ángel Georgiadis declaró en la causa penal en la que se investigan los crímenes cometidos en la cárcel de La Plata. Dijo que días antes de morir su esposo fue llevado a la oficina del jefe del penal, donde le advirtieron que iba a ser asesinado.
LA PLATA.- La esposa del asesinado Ángel Alberto Georgiadis aseguró hoy en el Juzgado Federal N°1 de esta ciudad que su marido fue encapuchado y llevado a lo que identificó como el despacho del jefe de la Unidad Penal N°9, Abel David Dupuy, donde un grupo de represores le advirtió que iba a correr la misma suerte que Dardo Cabo y Rufino Pirles, ultimados en enero de 1977 en una falsa fuga.
Más ex detenidos de la U9 hablan de asesinatos a la salida de la cárcel
"No queríamos que se concretara la libertad porque el peligro era más alto", dijo uno de ellos, que sufrió la desaparición de tres miembros de su familia mientras estaba preso.
Por último, prestó declaración el ex detenido Eduardo Rubén Andrade. Relató que en poco más de un mes pasó por seis centros clandestinos de detención, y que luego estuvo detenido a disposición del PEN durante tres años en el penal de Devoto y la Unidad Nº 9 de La Plata.
"En la Unidad 9 se golpeaba como sistema. Siempre tenían una excusa", subrayó el ex detenido. "En los 'chanchos', que eran las celdas de castigo, nos reventaban a golpes. A raíz de eso y de los chorros de agua fría que nos echaban en invierno, hoy soy asmático", contó, y añadió que como consecuencia de las torturas y los malos tratos que sufrió en el penal "se me declaró una psicosis paranoica y estuve internado en Sanidad más de un mes. Hoy estoy bajo tratamiento y jubilado por esa razón".
U9: “A partir del golpe, el régimen fue militarizado”
El diputado Gutiérrez responsabilizó a SAIAR del secuestro de los operarios Apuntó contra el entonces gerente general, de apellido Martínez Riviere. Dijo que tras el golpe en la fábrica hubo “una política de secuestros”. Estuvo más de siete años detenido ilegalmente. También declaró un ex comisario que estuvo apunto de ser denunciado por reticencia.
El legislador nacional, asimismo, describió el funcionamiento criminal de la Unidad Penal N°9 de La Plata durante la última dictadura. “A partir del golpe, el régimen fue militarizado. Hubo mucha tortura, con golpes y sanciones. Había torturas con baldes de agua helada a las dos de la mañana y después nos dejaban desnudos, por ejemplo”, relató.
Identifican a represores del CCD de Infantería y de la Unidad 9
Son oficiales de la Policía de la Provincia y del Servicio Penitenciario. Un ex delegado de Propulsora declaró que un guardiacárcel lo castigó ferozmente pegándole en la planta de los pies.
Ante una pregunta del representante del Ministerio Público, Hernán Schapiro, Rivadeneira describió al represor Ramón "Manchado" Fernández: "Era de los más nefastos", señaló. También dijo que el jefe de la U9, Abel David Dupuy, estaba "avalando todo lo que sucedía".
Otro de los castigos en esa dependencia carcelaria eran las duchas de agua fría y la prohibición de que los prisioneros pudieran estar al sol en el patio, durante el invierno.
Slepoy: "En la ESMA me dijeron que si era subversivo iba a aparecer en el río" Fue en marzo de 1976, antes del golpede Estado. El hoy abogado de la AAPDH de Madrid pasó también por dependencias de la Policía Federal y dos unidades penales. Además, el periodista Eduardo Anguita relató los asesinatos de presos “liberados” de la Unidad 9.
Anguita aseguró que a mediados de 1978, su madre, Matilde Vara, fue secuestrada en su lugar de trabajo en la Avenida de Mayo, al lado del Café Tortoni. "Le dijeron que podía hacer una llamada y avisó a mi cuñado, diciendo que eran policías federales", explicó Eduardo Anguita.
El periodista agregó que "hasta el día de hoy no apareció", y que "siento orgullo por la lucha que hizo para recuperar mi libertad", en referencia a los habeas corpus que la mujer presentó por él.
Unidad Penal Nº9, otra línea de investigación del Juicio por la Verdad
Como en un centro clandestino, pero “legalizado”
La Cámara Federal de La Plata investiga el rol del Servicio Penitenciario en la represión ilegal. Varios ex detenidos de la U9 contaron cómo se vivía barrotes adentro y dejaron bien claro cuál era la conexión con el circuito de represión clandestina.
Los ex detenidos Carlos Slepoy, Eduardo Anguita, Alberto Calvo, Alberto Elizalde, Julio Mogordoy, Horacio Micucci y Alfredo Bravo prestaron testimonio este año ante la Cámara sobre sus días en la U9, y coincidieron en el temor que tuvieron de ser asesinados o secuestrados a la salida del penal.
También convergieron a la hora de relatar los malos tratos. “Cuando entramos nos desnudaron. Los detenidos formamos en fila india y pasamos, entre golpes del personal penitenciario, hasta nuestra celda”, recordó el abogado de la AAPDH de Madrid, Carlos Slepoy.
El ex detenido Alberto Elizalde denunció lo mismo: “Nos recibió un comité de bienvenida que nos hizo desnudar, nos golpeó y nos puso en celdas de castigo”, sostuvo. Y aclaró que “con el golpe de Estado, (las cárceles) se convirtieron en una especie de réplica de los campos de concentración”.
U 9: "Dupuy aplicaba una política sistemática de destrucción de detenidos"
Un sobreviviente describió su cautiverio en ese penal y aportó datos sobre el homicidio de un prisionero en noviembre de 1978, mientras el prefecto Abel David Dupuy comandaba la cárcel. También identificó a cuatro guardias que torturaban a los detenidos. Mañana declarará en la causa penal que instruye el juez Blanco.
"La cárcel de La Plata para mí fue mucho más sutil y brutal que la cárcel de Córdoba. La política de Dupuy era de acoso, maltrato y humillación permanente. Una política sistemática de destrucción de los detenidos", definió Andenmatten, y agregó: "Cualquier gesto significaba una posible sanción. Ahí aprendimos a tener cara de nada, de zombies. Cualquier excusa era ir a parar a los «chanchos» de castigo".
"Albertono tuvo tiempo de comprender este nuevo sistema. El 14 o 15 de noviembre fue castigado y enviado a los calabozos", narró hoy su compañero de detención. Pinto estuvo allí durante cuatro días, en los que fue permanentemente golpeado. Andenmatten indicó que los guardiacárceles de la Unidad 9 tenían "un ensañamiento hacia la persona enferma, débil" y que en particular los torturadores castigaban a Alberto por su condición de judío.
Los últimos testigos de hoy fueron Alcides Chiesa y su esposa, Norma Leanza, secuestrados el 15 de octubre de 1977. (…)
En octubre pasó a la Unidad 9 de La Plata, donde "no había mucha diferencia con un centro clandestino, salvo por las visitas de loo familiares", expresó Chiesa, y agregó: "No podíamos apoyarnos en la pared de la celda, nos vigilaban por la mirilla".
El ex detenido manifestó que tenían requisas "realmente terroríficas" y que "no nos dejaban tener ni siquiera la Biblia". "Era muy duro, tuve que presenciar dos suicidios", recordó.
Tras una pregunta, Alcides Chiesa mencionó la visita que le hizo el coronel Carlos Sánchez Toranzo, quien era el funcionario de enlace entre el Primer Cuerpo del Ejército y los presos políticos "legalizados". Descargar el artículo de la APDH en formato PDF
“Cuando llegó Dupuy "comenzó la represión total”
Unidad 9: cuando llegó Dupuy "comenzó la represión total" Lo contó un ex detenido que estuvo secuestrado en ese penal durante cuatro meses antes de ser "legalizado". Dijo que el día en que Dupuy asumió el mando de la cárcel "rompieron todo, no nos quedó nada". También declaró un ex policía que trabajó en la comisaría 3º de Lanús, en donde funcionó un centro clandestino.
Machado, un ex trabajador de Astilleros Río Santiago, estuvo detenido en la Unidad 9 durante casi dos años. Y relató que el 13 de diciembre de 1976, el mismo día en que Dupuy asumió el mando del lugar, "nos sacaron de las celdas, nos llevaron a un salón, desnudos, y a medida que íbamos llegando nos iban pegando, con bastones y a patadas". "Ellos lo llamaron requisa general. No me lo voy a olvidar nunca", añadió Machado.
Astiz interrogaba prisioneros en la Unidad 9 de La Plata
Lo dijo un ex detenido, que estuvo tres años en esa cárcel. También señaló que Monseñor Plaza dio una misa en el centro clandestino de 1 y 60. En tanto, declararon dos familiares de víctimas de “La Noche de los Lápices”.
Horacio García dijo que “el Ángel Rubio” lo visitó junto a otras dos personas y le hizo preguntas sobre su militancia en un partido de izquierda. Astiz participó de los secuestros y desapariciones ocurridos en la Escuela de Mecánica de la Armada, y el dato sobre su actuación en la Unidad 9 —y la conexidad represiva que esto podría implicar— es nuevo en el Juicio por la Verdad.
un grupo grande de detenidos fue llevado a la Unidad 9 de La Plata "y ahí comenzó la tortura gorda"
Después de estar en el Liceo Naval, un grupo grande de detenidos fue llevado a la Unidad 9 de La Plata "y ahí comenzó la tortura gorda". El traslado fue igual: lancha y un colectivo, el mismo que los había sacado de sus casas.
Del operativo participó personal de Infantería de Marina uniformado, detalló. "El oficial a cargo dentro del micro (ómnibus) dijo: «Tengo dos granadas. Si alguien los viene a rescatar, las tiro y nos vamos el chofer y yo»". Los detenidos estaban colgados del pasamanos del colectivo, y uno de los represores se entretenía ajustando las ataduras. "Yo sentía que se me iban a cortar las manos", declaró Cipollone, y puntualizó que en el trayecto el colectivo se detuvo en el Cuerpo de Infantería de la Policía (1 y 60 de esta capital), donde fueron bajados varios prisioneros para ser alojados en el centro clandestino que funcionaba en esa dependencia.
Dijo que al llegar a la Unidad 9 los detenidos fueron sometidos a golpes y vejaciones. A Cipollone le quebraron una costilla. La golpiza cesó cuando llegó el director del penal: "Basta de pegar", ordenó a los guardias. Y al mismo tiempo informó a los secuestrados: "Ustedes están ahora bajo autoridad militar".
La Cámara Federal de esta ciudad trató también hoy el caso del abogado Juan Carlos Deghi, asesinado días después de salir en libertad de la Unidad Penal N°9 de La Plata, en marzo de 1978.
Deghi, un político conocido en la ciudad de Zárate de donde era oriundo (norte de la provincia de Buenos Aires), permaneció desde abril de 1976 a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, luego de sufrir una serie de persecuciones. Su hija, Elena Deghi, fue la primer testigo que habló sobre este caso.
El cuerpo de Deghi fue encontrado en el kilómetro 20 de la ruta provincial 36, dos días después de haber sido secuestrado a 200 metros de la Unidad 9. Tenía dos balazos y panfletos que atribuían falsamente la acción a Montoneros.
Otro detenido estuvo con Delhi en un campo de concentración
Iglesias dijo que en el "Pozo de Bánfield" eran comunes los simulacros de fusilamiento, y que "en dos o tres oportunidades fuimos drogados". Después de estar cerca de seis días secuestrado en ese centro, fue llevado al Hospital de Gendarmería de Campo de Mayo, donde logró recuperarse parcialmente de los efectos de la tortura y el cautiverio.
Fue en ese hospital que Iglesias pudo encontrarse con el abogado Juan Carlos Deghi. El testigo aseguró que habían estado detenidos juntos, por lo menos, desde el "Pozo de Bánfield", aunque no pudo recordar si también estaba en los demás lugares por los que había pasado.
Un médico admitió que en la U9 operó a un ex detenido ilegal
Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de "La Noche de los Lápices", lo había señalado en el Juicio como la persona que lo atendió en esa prisión por una hernia producida por las torturas que sufrió en un centro clandestino.
(…)
El médico admitió haber visto en algunos detenidos "marcas como de quemaduras" correspondientes a torturas con corriente eléctrica. "Pero eran viejas, no actuales", agregó.
Cuando la abogada de la APDH Marta Vedio le preguntó si un médico del Servicio Penitenciario tiene la obligación de hacer una denuncia por lesiones dudosas en el cuerpo de un detenido, Favole respondió que "ahora sí, pero en esa época, no".
Un sobreviviente relató su periplo por distintos centros clandestinos. Pasó más de seis años en cautiverio. Dijo que el Ejército visitaba las cárceles y amenazaba con la picana. En esos interrogatorios participaba el coronel Sánchez Toranzo.
"En la U9 nos golpearon muchísimo"
El testigo señaló que en la Unidad 9 los malos tratos más frecuentes eran baldazos de agua fría y golpes con goma. Y señaló a un tal Manso como uno de los encargados del pabellón de detenidos políticos. "Con él tuve un entredicho, porque no nos dejaba prender la luz de las celdas para leer. Me mandó al chancho (celda de castigo)", recordó.
Messa, militante peronista, fue liberado más de seis años después, en junio de 1982. Hasta tres meses antes del secuestro había trabajado en Fabricaciones Militares, en donde fue perseguido y luego expulsado por su actividad sindical.
El director de la Unidad 9 durante la dictadura se negó a declarar
LA PLATA.- Abel David Dupuy, director de la Unidad Penal Nº 9 de La Plata durante la última dictadura militar, se negó hoy a prestar declaración ante la Cámara Federal. Se lo considera responsable indirecto de las torturas de prisioneros legales y del secuestro de varios de ellos en las puertas del penal, durante el período en que fue jefe de la dependencia.
Ex funcionario penitenciario negó saber de asesinatos en la U9
Se trata del ex jefe de la División Detenidos Especiales, quien también trabajó en el Primer Cuerpo del Ejército durante la última dictadura.
LA PLATA.- Un ex funcionario del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura negó saber que hubiesen existido malos tratos y asesinatos de detenidos políticos en la Unidad 9 de esta ciudad, contradiciendo así lo manifestado por los ex prisioneros en el Juicio por la Verdad.
Unidad 9: dos fiscales pidieron la nulidad de las leyes de impunidad
Marcelo Molina y Carlos Dulau Dumm solicitaron que se investiguen los delitos cometidos en esa cárcel durante la dictadura. Hay 19 imputados, entre militares, civiles y agentes penitenciarios.
"Entre los años 1976 a 1984 en la Unidad N°9 de la ciudad de La Plata, (las víctimas) fueron privados ilegítimamente de sus libertades, sometidos a torturas, sumidos a condiciones infrahumanas de detención y asesinados por personal de las fuerzas de conjuntas que ejercieron el terrorismo de Estado durante el denominado 'Proceso de Reorganización Nacional'", señala el dictamen fiscal.
Unidad 9: APDH La Plata solicitó las detenciones de Dupuy y "Manchado" Fernández
El jefe del penal entre 1976 y 1980 fue imputado de nueve homicidios, cinco desapariciones y casi veinte tormentos. Fernández está acusado de tres desapariciones y un caso de torturas.
La APDH La Plata acusa a Dupuy por los homicidios de Juan Carlos Deghi, Ángel Alberto Georgiadis, Dardo Cabo, Rufino Pirles, Horacio Luis Rapaport, Roberto Lasala, Marcos Ibañez, un hombre apodado "Gorosito" y otro de apellido Pinto; las desapariciones de Juan Pettigiani, Gonzalo Abel Carranza, Guillermo Oscar Segalli, Miguel Alejandro Domínguez y un hombre de apellido Gallardo; y las torturas sufridas por Eduardo Alberto Torres, Horacio René Matoso, Horacio Alejandro Micucci, José María Iglesias, Juan Antonio Frega, Luis Horacio Fernández, Pablo Monsegur, Raúl Codesal, Francisco Gutiérrez Virgilio, Mario Colonna, Julio César Morgodoy, Horacio García Gerboles, Gabriel Oscar Marotta, Diego Barreda, Carlos Alberto Slepoy, Alfredo Pedro Bravo, Pablo Díaz, Eduardo Alfredo Anguita, Alberto Clodomiro Elizalde, y Alberto Calvo.
Declaración completa de ALBERTO ELIZALDE en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…) la desaparición de mi familia está muy relacionada con mi detención, porque precisamente mi familia desaparece por la acción de las Fuerzas Armadas que eran las que mantenían el control de, sobre las cárceles, además de sobre el país por supuesto y la desaparición de muchos familiares no solo los míos sino de muchos otros compañeros que estaban detenidos, no solo en La Plata sino en otros puntos del país, y la muerte de militantes populares dentro de las cárceles formaba parte de todo un mismo accionar de las Fuerzas Armadas, así que lo que pasa con mi familia pasa básicamente porque ellos estaban relacionados con la actividad de solidaridad con los presos políticos y por otro lado por el simple hecho de ser familiares de un detenido político, un subversivo como ellos lo llamaban.(…)
Declaración completa de Alfredo BRAVO en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…) El Chancho era una celda, una celda que era un poco más grande porque ahí entraban todos los que venían a la Unidad 9 y esta en todas las Unidades Carcelarias, es decir, es el ablandamiento del que viene y le tienen que informar el Reglamento y de qué forma se tiene que comportar y todo lo demás. La única visita que usted tiene es cuando le traen el colchón para dormir y a la mañana cuando se lo retiran, y además usted tiene que hacer sus necesidades a las doce el mediodía, si no hace sus necesidades a las doce del mediodía que pasan y tiran la cadena de afuera, eso queda ahí y usted convive con todo eso porque el baño estaba adentro de la celda si, y si hacía después todavía era “que sos un chancho” entonces, “es un puerco”... (…)
Declaración completa de ALBERTO RUBEN CALVO en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…) yo me fui muy intranquilo ese día de la casa de Deghi, porque me di cuenta de lo que me contaban sus sobrinas que esa era la situación que estaban pasando,bueno no pasó más que unos días y hasta que se dio lo que yo había previsto, Deghi cuando sale de la cárcel es capturado nuevamente y ejecutado.
(…)
me golpearon una sola vez, que fue el día en que el Ejército, a fines del año 76, tomó la cárcel y sacó al señor este Director y puso otro. Ese día nos golpearon a todos, a mí me destrozaron un codo, porque se dobló para el otro lado en vez de para aquí y todavía lo tengo bastante mal... bah, quedó bastante mal siempre.
Declaración completa de EDUARDO ALFREDO ANGUITA en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…) en diciembre de 1976 yo fui trasladado desde la cárcel de Devoto a la Unidad 9 de La Plata y en los primeros días de enero en la cárcel de La Plata se produjo una reorganización de los que estábamos detenidos en esa cárcel, yo estaba en un Pabellón y repentinamente llegó una requisa muy numerosa, nos sacaron primero todos los libros que hubieran en todas las celdas, después nos hicieron sacar la ropa y nos hicieron ir en fila india con la ropa en la mano hasta la capilla del Penal. Eh, a medida que íbamos yendo nos golpeaban y nos tuvieron sin la ropa o con la ropa tirada en el piso durante algún tiempo en la capilla del Penal, después nos hicieron vestir y nos llevaron a distintos Pabellones, yo fui llevado al Pabellón 2 y pocos, al rato los que estábamos ahí nos dimos cuenta en qué consistía esta reorganización... (…)
(…) Camps apareció, habló con dos detenidos, con uno de mi Pabellón que era Carlos Ponce de León y le dijo: Bueno, ahora van a ver lo que les toca... Eh, al, el día 5 de enero del Pabellón 1 fueron, después de la visita, fueron sacados dos detenidos... eh, los militantes Dardo Cabo y Rufino Pirles en un supuesto traslado los acribillaron, los mataron (…)
Declaración completa de CARLOS ALBERTO SLEPOY en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…) me retrasé en ponerme la ropa nuevamente, porque nos hacían desnudar antes de la visita y después de la visita, eso motivó de que me llevaran al calabozo, entonces viví lo que comentaban los compañeros que pasaban esa experiencia, que eran los sistemáticos golpes a los que eran sometidosquienes entraban en los calabozos, particularmente tuve dos experiencias, una de una persona que por la voz que tenía porque luego no pude determinar quién era, pero era una persona mayor sin duda, por lo menos de sesenta años, a la cual ponían como a todos debajo de una ducha fría, lo golpeaban de tal modo de que éste hombre recibía la ducha fría en pleno invierno, el chorro de agua fría tirado en el piso y hacían, vivían una especie de festín de esto, recuerdo que éste hombre pedía por su madre, pedía por Dios y se divertían con este ejercicio y luego otro compañero que en un momento se negó a obedecer una orden de hacer saltos de rana, entonces lo llevaron al, al calabozo estando yo ahí y le empezaron,lo empezaron a pegar para que hiciera saltos de rana y cuerpo a tierra y todos en general estos ejercicios, eh, durante un tiempo absolutamente interminable, él lloraba, pedía que cesaran y le seguían pegando hasta la extenuación, felizmente se pudo recuperar pero bueno, son dos experiencias especialmente graves que he vivido. Y luego he vivido situaciones de requisa donde entraban Fuerzas de Seguridad, yo supongo que entraban en ese caso por la cantidad de gente que intervenía, gente externa al Penal, nos hacían desnudar y nos revisaban todo lo que teníamos y se repetía esta cuestión de la filas indias. He vivido dos experiencias más aparte de la entrada en la cárcel y una fue especialmente grave porque hubo varios compañeros con rotura, con quebradura de brazos, de nariz, etc... Específicamente y en cuanto a la cárcel se vivía según las épocas, el clima era distinto según las épocas, pero yo viví lo que fue la aplicación de la Ley de Fugas, en el principio de enero del año 1976, de Dardo Cabo, de Pirles, de Giorgiadesyde Rappaport.
Declaración completa de FRANCISCO VIRGILIO GUTIERREZ en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…) el régimen en la Unidad Nueve digamos, a partir del Golpe Militar también fue estrictamente Militarizado y una política sumamente represiva y una política de inteligencia interna que se vivió dramáticamente digamos todos esos años, hubo muchísima tortura en la cárcel...(…)
(…) tortura no de picana eléctrica, pero si de golpes permanentes, sanciones por cualquier tipo de tonterías, esto implicaba treinta días de calabozo sin visitas, golpes permanentes, cuando uno estaba en le calabazo, yo fui quince veces al calabozo, así que puedo ser testigo fiel de eso,ehhh,nuevamente era golpeado, o sea con golpes de todo tipo, trompadas, patadas, con gomas, zapatillas, bueno, torturas con baños de agua helada a las dos de la mañana, dejarnos a nosotros en los calabozos desnudos, sin ropa, sin colchón, sobre el piso, la política de inteligencia significó que en la cárcel durante el año 76 se clasificaran a todos los presos, se los clasificara por ideología política, según su ideología política, Peronista, no Peronista, Comunista,Marxista, etcétera, (…)
Declaración completa de JULIO CESAR MORGODOY CARECCE en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…)
Cuando sucedió la desaparición de la familia ELIZALDE, su madre, su hermano y su hermana, estábamos detenidos juntos en el Pabellón 2 de La Plata, fue en enero de 1976. Yo vi a la mamá de ELIZALDE por última vez, en la visita del 19 de enero, luego nos enteramos de que había desaparecido y en esa unidad había dos, tres o cuatro oficiales, que eran quienes manejaban, digamos, la represión interna y manejaban la información hacia afuera, de nuestro comportamiento, de quiénes traían cosas, quiénes no traían cosas y bueno, mi interés en declarar es nombrarlos a ellos, que eran el oficial RIVADANEIRA, a quién le decían "El Nazi"; PERALTA, a quién le decían el "Vietnamita"... (…)
(…)Y dos oficiales, FERNANDEZ los dos de apellido, uno que le decían "Manchado", porque tenía vitiligo, y otro FERNANDEZ también, que le decían, creo que "Virulana"... no en el caso exacto de ELIZALDE, perosí en otras desapariciones, en la de GUILLERMO SEGAL y GONZALO CARRANZA, yo he escuchado a estos oficiales, datos que ellos manejaban de la desaparición de estas personas. Mi interés era nombrarlos, porque creo que ellos saben parte de la verdad que nosotros desconocemos. (…)
Declaración completa de DAVID ANDENMATTEN en el Juicio por la Verdad de La Plata
(…) cualquier gesto, era, significaba una posible sanción, o sea que teníamos cara de zombis o no podíamos estar ni contentos, ni tristes ni nada, nada porque cualquier gesto significaba una sanción y ahí aprendimos a tener cara de nada, cara de zombis, manejar con, caminar con la cabeza gacha, las manos atrás, al paso Militar que ellos nos ordenaban, cualquier excusa significaba ir a los chanchos de castigo, lo que voy a hablar de vuelta, nos hacían baños, que eran toda una tortura, porque era con agua helada y con permanentes vejaciones e insultos y patadas.(…)
(…) Ricardo fue testigo durante tres días de los castigos, a los que Alberto fue sometido eh, no podía verlo porque tenían todo un sistema, eh, en el cual golpeaban a las personas individualmente, venían, tres, cuatro guardias y lo golpeaban y se podía escuchar pero no ver, eh, o le daban duchas frías, bueno, y aparte lo golpeaban. También pasó que Alberto después de esas golpizas se hacía a veces, se orinaba, y se, hacías sus necesidades encima, vomitaba también y, eh, este muchacho cuenta que él sentía que le tiraban agua, eh, con Alberto para limpiarlo, porque estaba todo sucio, en sus, en su excremento, en su orina y su vómito. Y bueno, resulta que todos los días, eh, un médico, de los médicos venía a controlar, si Alberto era apto o no para seguir, eh, en ese calabozo y siempre fue autorizado, eh, eh, sin embargo eh, al tercer día que, que, que Ricardo Strzelecki, está en el calabozo, él ve que Alberto se queja durante mucho tiempo y después deja de quejarse...(…) Alberto muere el 5 de marzo de 1979 después de más de tres meses de agonizar (…)
Declaración del represor ABEL DAVID DUPUY en el Juicio por la Verdad de La Plata
Después que le fue leída la acusación que hicieron varios ex detenidos políticos, el represor, ex director de la cárcel de La Plata, se negó a declarar.
Declaración del represor Carlos Oscar Sánchez Toranzo en el Juicio por la Verdad de La Plata
Después que le fue leída la acusación que hicieron varios ex detenidos políticos, el represor, miembro de los servicios de inteligencia, negó todas las acusaciones.
Declaración del represor JUAN ALFREDO LEFROU en el Juicio por la Verdad de La Plata
Después que le fue leída la acusación que hicieron varios ex detenidos políticos, el represor, ex jefe de la división “detenidos especiales” de la U9, negó todas las acusaciones.
La Fiscalía pidió la detención e indagatoria de 15 ex agentes del Servicio Penitenciario
Se trata del ex jefe del SPB Fernando Guillén, el ex director de la Unidad 9 Abel Dupuy y el ex agente Ramón "Manchado" Fernández, además de otros 12 represores del Servicio que actuaron en esa cárcel y en el centro clandestino "La Cacha". El fiscal Franco le imputa hasta 44 casos al grupo de la U9 y 172 casos al conjunto de represores del campo que funcionó en Lisandro Olmos.
Por Vanina Wiman y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
LA PLATA (01feb05-B).- La Unidad Fiscal Federal que investiga los crímenes del Terrorismo de Estado pidió hoy la detención e indagatoria de 15 represores del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), en el marco de dos expedientes que investigan los delitos cometidos en la Unidad Penal Nº 9 de esta ciudad y en el centro clandestino de detención conocido como "La Cacha".
Los escritos, firmados por el fiscal federal Sergio Franco y presentados ante el juez Humberto Blanco, incluyen al ex titular del SPB durante la dictadura, Fernando Guillén, a dos ex jefes de la U9 —los prefectos Abel David Dupuy y René Jacinto Parenti— y al agente Ramón "Manchado" Fernández, señalado como torturador por los ex detenidos del penal. También se imputa a otros siete agentes penitenciarios de esa cárcel, y a cuatro que actuaron en "La Cacha".
En la presentación correspondiente a la U9, Franco consideró a los once represores responsables "prima facie" de decenas de casos de privación ilegal de la libertad, torturas y homicidios de detenidos ilegales alojados en esa cárcel durante la última dictadura cívico-militar (ver recuadro).
La APDH La Plata ya había pedido al juez Blanco, en agosto del 2004, que detenga e indague a Dupuy y a Fernández, sin obtener respuesta. Hoy, la Fiscalía adhirió a esa solicitud y la amplió, agregando a otros nueve represores: el coronel Fernando A. Guillén (ex titular del SPB), René Jacinto Parenti (quien precedió a Dupuy en la jefatura del penal), los agentes Raúl Aníbal Rebaynera, Raúl Ceferino Videla y Catalino Morel y los médicos Raúl Oscar Ferrer, Jesús Lorenzo Herrera, Enrique Leandro Corsi y Carlos Domingo Jurio.
El fiscal Franco consideró en su solicitud que "el Estado Terrorista funcionó con aceitados mecanismos de conexión entre las fuerzas de seguridad y, en este esquema, no puede ignorarse la conexión del Servicio Penitenciario Bonaerense con las autoridades militares".
Para fundamentar la imputación del ex jefe del SPB como autor mediato de los delitos cometidos en el penal, el fiscal sostuvo que "Guillén no pudo desconocer la situación existente en la Unidad 9, mucho más cuando esta última era, para esa época, un conspicuo centro de detenidos políticos, con sede en la misma ciudad en la que se encuentra ubicada la Jefatura del Servicio".
Y añadió: "Esto significa que, de manera similar a Dupuy y Parenti, para que se cometieran todos los delitos señalados, Guillén debió haber prestado su asentimiento o al menos no haberse opuesto a ello". Guillén, coronel del Ejército Argentino, fue jefe del SPB mientras duró la dictadura, desde 1976 hasta 1983.
La Fiscalía aplicó a Guillén el mismo criterio de imputación que a Parenti y Dupuy: "Debido a su grado y ubicación en la cadena de mando, poseía claro dominio sobre los hechos en cuestión, a través del aparato organizado de poder al que pertenecía". En ese esquema, señaló Franco, "la responsabilidad aumenta a medida que se asciende en la jerarquía".
Por otra parte, la presentación fiscal imputa también —como autores materiales o partícipes necesarios— a agentes penitenciarios que ejecutaron la política represiva dentro del penal, y a médicos del SPB que prestaban servicios allí.
El pedido de la Fiscalía se apoya en gran medida en las declaraciones testimoniales brindadas en el marco de esta causa penal y en los elementos de prueba reunidos durante las audiencias del "Juicio por la Verdad", en las que numerosos ex detenidos relataron las condiciones inhumanas de detención que vivieron, las torturas que sufrieron y los numerosos casos de detenidos que eran asesinados a la salida de la cárcel.
Cuatro represores identificados de "La Cacha"
En la segunda presentación, el fiscal Franco pidió la detención de cuatro represores identificados del centro clandestino "La Cacha", que funcionó en la localidad de Lisandro Olmos durante la dictadura, a quienes acusó de 172 casos de privación ilegítima de la libertad y torturas.
Se trata de los ex agentes penitenciarios Héctor Raúl Acuña (a) "el Oso", Osvaldo Uset (a) "El Negro", Víctor Irineo Garay (a) "pájaro" o "pájaro loco" y Domingo Mac Tier (a) "Mister Y" o "Mister X", quienes fueron identificados en un informe presentado a la Justicia en diciembre pasado por la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense y forman parte de un grupo de agentes en cuyos legajos hay constancias de felicitaciones de las Fuerzas Armadas por su accionar en "la lucha antisubversiva".
El pedido también fue presentado ante el juez Blanco, que tiene en sus manos una causa iniciada por una denuncia del anterior representante delegado del Ministerio Público, Félix Crous, quien estableció en esa presentación el recorrido del denominado "circuito La Plata" de centros clandestinos de detención.
Franco y su equipo de trabajo realizaron un entrecruzamiento de datos entre el informe de la Secretaría de Derechos Humanos y los testimonios de algunos sobrevivientes en el Juicio por la Verdad, todos ex detenidos ilegales de "La Cacha".
En 11 de esos testimonios aparece mencionado el represor apodado "el Oso", quien según el informe de la secretaría de Derechos Humanos y una sobreviviente de la represión es Héctor Acuña.
"Los declarantes coincidieron en expresar que, por su voz de mando, parecía que Acuña estaba a cargo del centro clandestino, además de que torturaba personalmente", indicó Franco en su presentación.
También se identificó en cuatro testimonios al represor "pájaro" o "pájaro loco", quien fue identificado como el ex agente Víctor Irineo Garay.
Franco imputó tanto a estos dos represores como a Uset y Mac Tier la responsabilidad en la privación ilegal de la libertad y torturas de 172 prisioneros de "La Cacha", secuestrados en ese lugar entre 1976 y 1978.
El fiscal se basó en un trabajo de recopilación de datos de la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos, que identificó con nombre y apellido a un total de 125 prisioneros, mientras que de otras 47 personas se conoce el apodo o alguna referencia física.
"La lectura de los testimonios de los sobrevivientes revela el hacinamiento de decenas de personas, la falta de higiene y aseo, la falta de alimentación, el abandono de las personas heridas, el aislamiento en el que se encontraban, la situación de desamparo total, la amenaza de que los iban a torturar con picana eléctrica o con cualquier otro método", reseñó Franco en su presentación.
La fiscalía también realizó un estudio de las calificaciones y felicitaciones que figuran en los legajos de los cuatro represores imputados y de un grupo de otros 21 oficiales, en los que constan reconocimientos de funcionarios de las Fuerzas Armadas por "su participación en la lucha contra la subversión" o en "cursos de lucha antisubversiva".
En el escrito se consigna que entre todos estos represores existió "algún tipo de relación de los denunciados entre sí, lo cual se ve reforzado por el hecho de que en la sección calificaciones de los legajos personales de cada uno, el calificador suele ser alguno de los denunciados".
Franco deduce así que los represores, aún cuando en sus legajos figuran destinos diferentes, mantuvieron una relación en los años de la dictadura, lo que supondría su participación en los "grupos de tareas".
Es llamativo el caso de un subprefecto, Isaac Crespín Miranda, en cuyo legajo figura expresamente el nombre vulgar de las unidades que se encargaban de secuestrar personas:"Las actividades realizadas por el subprefecto Isaac Crespín Miranda, en el grupo de tareas hasta el presente, merecen el concepto de sobresaliente, demostrando dedicación e iniciativa", consigna Franco, al transcribir una felicitación en el legajo del represor.
Además de los cuatro pedidos de detención e indagatorias, el fiscal pidió al juez Blanco que incorpore a la causa los legajos de los otros 21 ex oficiales, para lograr su identificación.
Los represores del centro "La Cacha" son quienes han pasado más inadvertidos, a pesar de las denuncias de los sobrevivientes: su pertenencia a diferentes grupos —como la Policía, la Marina o el Servicio Penitenciario—, más la total clandestinidad de sus operaciones, ha permitido que hasta hoy permanezcan en el más estricto anonimato.
prensa
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Once ex penitenciarios procesados por crímenes contra la humanidad
El juez platense Manuel Blanco ordenó que sigan detenidos once represores de la Unidad 9. Además, tres médicos fueron procesados pero excarcelados. En esa causa se encontraron más de mil ochocientos legajos de presos políticos de la dictadura.
Los expedientes de la cárcel platense recuperados hace diez días son parte de las pruebas de esta causa.
El ex jefe de la Unidad 9 de La Plata Abel Dupuy y diez de sus ex subordinados fueron procesados ayer y quedarán detenidos por crímenes cometidos en ese penal durante la época de la última dictadura. La medida fue adoptada por el juez Manuel Blanco, quien además embargó a los acusados y dispuso que fueran alojados en la cárcel de Marcos Paz.
Blanco resolvió que continúen detenidos Dupuy, jefe de la U9 entre 1976 y 1980; Isabelino Vega, subjefe entre 1976 y 1979; Víctor Ríos, jefe de seguridad del área vigilancia y tratamiento entre 1976 y 1978, y Carlos Alarcón y Segundo Basualdo, ambos del área de vigilancia y tratamiento de la cárcel. Los otros procesados son Jorge Peratta, encargado de turno entre 1976 y 1977; Elbio Cosso, director de seguridad hasta noviembre de 1976, cuando fue designado subjefe interino; Héctor Acuña, del área seguridad desde abril de 1976, y los guardias Catalino Morel, Ramón Fernández y Valentín Romero. Algunos de ellos llegaron a ocupar cargos importantes dentro del Servicio Penitenciario bonaerense en democracia.
El magistrado también procesó a tres médicos que se desempeñaron en la cárcel de La Plata durante la última dictadura: Enrique Coris, Luis Favole y Carlos Jurio. A ellos, sin embargo, se les concedió la excarcelación.
Testimonios recogidos durante la investigación –y recopilados por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata– indican que “a partir de una brutal toma del penal por el Ejército en diciembre de 1976, donde se reestructuró la distribución de los internos, el sistema de detención para los mismos incluía requisas permanentes y denigrantes y golpizas en las celdas de castigo, duchas prolongadas con agua fría en invierno ‘hasta gastar el jabón’. La atención de heridos y enfermos era nula y las torturas eran cotidianas”.
En la Unidad 9 funcionaron dos Pabellones de la Muerte, uno para miembros de Montoneros y otro para los del ERP. Los detenidos que estaban alojados en esos sitios eran rehenes que podían terminar muertos como advertencia o represalia. Durante ese período, Dardo Cabo, Rufino Pirles, Horacio Rapaport, Juan Carlos Deghi y otros presos políticos fueron sacados del penal para ser trasladados o liberados y asesinados inmediatamente. Otras personas que estuvieron detenidas y fueron sometidas a tormentos en ese penal son el canciller Jorge Taiana, el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y el fallecido dirigente socialista Alfredo Bravo.
El juez Blanco cuenta, además, con más de mil ochocientos legajos completos de presos políticos de la Unidad 9 que fueron recuperados por miembros de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires. Esos documentos muestran, entre otras cosas, la relación entre el circuito clandestino de centros de detención y las cárceles.
19 de Mayo de 2006
Pagina 12
INDAGARON A CATORCE EX MIEMBROS DEL SPB
Guardias en su jaula
Fueron agentes penitenciarios en centros clandestinos en la dictadura. Les imputan asesinatos.
El juez Manuel Blanco les tomó ayer declaración indagatoria a los catorce ex guardias de la cárcel de La Plata –Unidad 9 del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB)– acusados de secuestros, torturas y homicidios en el penal y en el centro clandestino de detención La Cacha, que fue dirigido por los propios penitenciarios. Entre ellos se encuentra Abel Dupuy, el director de la U9 en enero de 1977, cuando se inauguraron los “pabellones de la muerte” para presos políticos. Allí asesinaron detenidos con dos metodologías: los sacaron de la cárcel y fusilaron en un falso “intento de fuga” o los secuestraron en la puerta del penal, tras darles la libertad.
Las declaraciones fueron en medio de un clima de tensión, en el que las familias de los ex penitenciarios increparon a la prensa. Además de Dupuy, fue detenido el subjefe de la cárcel Isabelino Vega, el ex jefe de seguridad Víctor Ríos y el ex guardiacárcel Héctor “Oso” Acuña, identificado por un sobreviviente de La Cacha como responsable del centro clandestino de detención. Además, el juez indagó ayer a Ramón “El Manchado” Fernández, Carlos Alarcón, Segundo Basualdo, Roberto José Alvarez, Valentín Romero, Jorge Peratta, Elbio Cosso, Germán Vázquez y los ex médicos del penal Enrique Corsi y Carlos Jurio. Según trascendió, la mayoría se negó a declarar. En tanto, permanecen prófugos Jorge Luis García, Raúl Rebaynera, Catalino Morel, Ramón Hernández y Pedro Guerrero.
Guerrero dirigía el penal de Dolores y “El Manchado” Fernández fue jefe de inteligencia del SPB hasta abril de 2004, cuando ambos fueron separados de sus cargos, luego de que se comprobase que figuran como torturadores de la U9 en los legajos de la Conadep y en los testimonios del Juicio por la Verdad de La Plata. Allí, los ex detenidos los describieron como los más sádicos de la cárcel. “El sistema de detención incluía requisas denigrantes, golpizas en las celdas de castigo, duchas prolongadas con agua fría en invierno. ‘¡Hasta gastar el jabón!’, decían los guardias”, detalló ayer la titular de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Plata, Marta Vedio, que informó que Dupuy “está imputado por 67 casos de torturas en concurso real con 78 casos de imposición de tormentos”.
La causa se inició con esos testimonios en el Juicio por la Verdad y fue motorizada por un informe de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense, en el que reconstruyeron –a partir de un intenso trabajo de dos años– la nómina de personal de la U9 durante la dictadura e identificado a los responsables jerárquicos y a quienes conocían por un apodo. En noviembre del año pasado, la secretaría presentó otro informe en el que denunció la responsabilidad del SPB sobre La Cacha. Desde el gobierno bonaerense consideran que esta causa desnudará la estrecha relación entre el circuito de centros clandestinos y las cárceles legales, de las que se sacaron presos para matarlos. Entre los asesinados en “los pabellones de la muerte” de La Plata estaban Dardo Cabo, Rufino Pirles, Horacio Rapaport, Angel Giorgadis, Juan Carlos Deghi, Alberto Pintos, Marcos Ibáñez, Miguel Alejandro Domínguez, Guillermo Segalli y Gonzalo Abel Carranza.
Informe: Werner Pertot.
04 de Mayo de 2006
Pagina 12
Detienen a ex agentes de la Unidad 9 de nuestra ciudad
Les imputan presunta participación en crímenes y secuestros durante la dictadura
La justicia federal platense ordenó ayer la detención de 19 ex integrantes del Servicio Penitenciario bonaerense (SPB) en el marco de una causa que investiga homicidios, secuestros, torturas y tormentos que se habrían cometido en la Unidad 9 (U9) de La Plata durante la última dictadura militar.
Así lo revelaron a este diario voceros judiciales, quienes precisaron que el juez federal de nuestra ciudad Manuel Humberto Blanco dispuso las detenciones -al cierre de esta edición se habían concretado 13-, tras varios años de investigación basada en informes oficiales y testimonios brindados en el marco del Juicio por la Verdad que se desarrolla en la Cámara Federal de La Plata.
Las fuentes consultadas explicaron que en la causa se investigan los asesinatos de tres detenidos en la cárcel U9 y numerosos casos de privación ilegal de la libertad, tormentos y torturas, en los que habrían participado o colaborado efectivos del SPB.
También informaron que por primera vez se procesa a agentes del SPB por casos de represión durante el último régimen de facto.
Fuentes de tribunales afirmaron que el Juzgado Federal I de La Plata inició la causa en el 2001, a partir de una denuncia realizada por la Cámara de ese fuero para que se investigaran acciones ilegales cometidas en la U9 entre 1976 y 1983.
La causa consta de 12 cuerpos y varios anexos, en los que se recopiló una gran cantidad de testimonios y se reunieron informes sobre las actividades que se desarrollaron en la cárcel platense, ubicada en 10 y 76, según indicaron los voceros consultados.
También señalaron que el juzgado valoró, para ordenar las capturas, un informe de secretaría de Derechos Humanos bonaerense, que reconstruye la nómina del personal que prestó servicio en esa unidad durante la dictadura.
Se trata -agregaron- de un trabajo realizado para esta causa y que, sobre la base del análisis de más de 700 legajos, detalla la presunta participación de personal penitenciario en la comisión de delitos de lesa humanidad en esa unidad carcelaria.
LOS DETENIDOS
Fuentes judiciales revelaron que los detenidos son Abel Dupuy, jefe de la U9 entre 1976 y 1980; Isabelino Vega, subjefe de la U9 entre 1976 y 1979; Víctor Ríos, jefe de seguridad del área vigilancia y tratamiento de la U9 entre 1976 y 1978; Carlos Alarcón, empleado de la U9 entre 1969 y 1987, especialista en vigilancia y tratamiento; Segundo Basualdo, del área vigilancia y tratamiento de la U9; y Roberto José Alvarez, de la sección maestranza entre 1976 y 1978.
Fueron detenidos también Valentín Romero, guardia de la U9 a partir de 1977, Jorge Peratta, encargado de turno en la U9 entre 1976 y 1977; Elbio Cosso, director de seguridad de la U9 hasta noviembre de 1976, cuando fue designado subjefe interino; Germán Vázquez, subjefe de vigilancia de la U9 desde 1977; y Héctor Acuña, del área seguridad desde abril de 1976 en la U9.
Asimismo fueron apresados, bajo sospecha de haber tenido algún tipo de participación o responsabilidad en la muerte del detenido Alberto Pinto, los médicos Enrique Corsi -clínico de la U9 entre 1977 y 1979- y Luis Favole -clínico de esa cárcel entre 1977 y 1989-, señalaron voceros consultados.
Por las mismas sospechas -agregaron las fuentes- se ordenó la detención del médico Carlos Jurio -se desempeñó en la U9 entre 1977 y 1979-, pero hasta el momento no pudo hacerse efectiva la medida de coerción dispuesta.
También tienen orden de captura y todavía no fueron detenidos -se informó- los ex agentes penitenciarios Jorge Luis García, Raúl Rebaynera, Catalino Morel, Ramón Hernández y Pedro Guerrero.
Los trece detenidos están alojados en la comisaría Primera de La Plata y hoy a las 8 serán trasladados al juzgado nº 1 de 8 y 50 para ser indagados.
La Fiscalía pidió la detención e indagatoria de 15 ex agentes del Servicio Penitenciario
Se trata del ex jefe del SPB Fernando Guillén, el ex director de la Unidad 9 Abel Dupuy y el ex agente Ramón "Manchado" Fernández, además de otros 12 represores del Servicio que actuaron en esa cárcel y en el centro clandestino "La Cacha". El fiscal Franco le imputa hasta 44 casos al grupo de la U9 y 172 casos al conjunto de represores del campo que funcionó en Lisandro Olmos.
Ordenan detener e indagar a represores de la Unidad N° 9 por delitos cometidos durante la dictadura.
El entonces director, Abel Dupuy, el "Manchado" Fernández y el "Oso" Acuña son algunos de los nombres de quienes serán indagados.
Secretaría Jurídica
LA PLATA (2mayo06).-El juez federal Manuel Humberto Blanco ordenó la detención e indagatoria de diecinueve represores, a quienes les recibirá declaración indagatoria en los proximos días. Para ello declaró la inconstitucionalidad de las leyes de punto final y obediencia debida y estableció que los delitos bajo investigación se corresponden con la categoría de crímenes contra la humanidad.
Durante la instrucción del sumario y antes, en el Juicio por la Verdad, declararon numerosos presos políticos que estuvieron alojados en la Unidad Penal N° 9 durante la dictadura militar o desde antes de comenzar la misma. Quienes se hallaban en ese lugar durante 1976 coincidieron en señalar el terrible endurecimiento del régimen carcelario a partir de la llegada del Director del Penal, Abel Dupuy.
A partir de una brutal toma del penal por el ejército en diciembre de 1976, donde se reestructuró la distribución de los internos, el sistema de detención para los mismos incluía requisas permanentes y denigrantes, golpizas en las celdas de castigo, duchas prolongadas con agua fría en invierno (“hasta gastar el jabón”), etc. La atención de heridos y enfermos era nula, las torturas eran cotidianas y se produjeron varios homicidios, dentro y fuera del penal.
Dardo Cabo, Rufino Pirles, Horacio Rapaport, Juan Carlos Deghi y otros internos fueron sacados del penal para ser trasladados o liberados y asesinados inmediatamente. Esos homicidios forman parte también de la investigación y por ellos deberá responder el entonces Director de la Unidad, Abel Dupuy.
Los médicos Luis Favole y Enrique Corsi serán indagados por su participación en la tortura seguida de muerte del interno Alberto Pinto. La investigación por la muerte de Pinto había sido cerrada, sin embargo el juez Blanco declaró que por tratarse de un delito de lesa humanidad resulta imprescriptible y revocó por ello la resolución que decretaba la prescripción de la acción penal. La muerte de Pinto es también atribuida a Dupuy, Vega, Fernández y otros represores, así como el homicidio con alevosía de Marcos Ibáñez.
Entre las personas que fueron sometidas a torturas en forma directa o mediata por los imputados se encuentran el fallecido dirigente de la APDH, Prof. Alfredo Bravo, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el abogado Carlos Slepoy, el dirigente político Francisco Gutiérrez, el periodista Eduardo Anguita, el actual canciller Jorge Taiana y numerosos militantes que declararon en su momento en el Juicio por la Verdad de La Plata, base de la presente investigación.
Dupuy está imputado -además de los homicidios mencionados y privaciones ilegales de la libertad- por la aplicación de torturas en reiteradas oportunidades en el caso de 67 víctimas y en concurso real con el delito de tormentos sobre 78 personas. Similares cifras arroja el recuento de víctimas de Isabelino Vega.
Víctor Ríos, Raúl Rebaynera, Ramón “el Machado” Fernández, Carlos Jurío, Carlos Alarcón, Roberto Álvarez, Jorge Peratta, José Luis García, Elbio Cosso, Germán Vázquez y Héctor Acuña son también imputados en diversos hechos de torturas.
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata
Información de Prensa
Denuncia por la represión ilegal en la Unidad 9
Para que los represores vuelvan al lugar del crimen
Dos fiscales pidieron que se investiguen los delitos cometidos en la unidad penitenciaria y la invalidez de las leyes de impunidad. Hay 19 imputados.